Estas son mis recompensas…

Ficción

En el cristal verdoso del aguardiente y la absenta se disuelven mis penas, mi fée verte, mi hada impasible, cruel y maternal. Allí donde el aliento se turba y el juicio se confunde con el delirio, encuentro consuelo, o al menos la suspensión de mi tormento. No pido ya redención, sino sólo que mi pintura, mi trazo, mi línea, no se vea jamás ahogada en esa neblina amarga que vela las visiones.

He amado el vértigo de las noches bañadas en verde, como lo hizo Verlaine, como lo hizo Rimbaud, danzando con la muerte en los cafés del Barrio Latino, entre risas huecas y ecos de un spleen sin patria. No estamos solos, yo y mis sombras… También ellas, las de las carnes trémulas y las cinturas ceñidas por fajas de encaje, esas tamborileras febriles que sudan una danza sin esperanza, se pierden en el mismo abismo alcohólico que amenaza con tragarnos a todos.

¡Oh leyes secas, hipócritas y adustas, tan dignas como absurdas! Aún si quedaran vigentes en algún rincón estéril de esta tierra castigada, yo pagaría mi condena con tinta y lágrimas, sobre el espectro insomne de mi pluma. Volvería a sumergirme en el abismo para pintar, una vez más, a las mujeres de mis visiones —no modelos, sino apariciones— como las de Gustav Klimt, hechas de oro, deseo y muerte; como las de Schiele, quebradas y reveladas en su descomposición misma.

No caminamos por un sendero de deleite. No somos huéspedes de salones resplandecientes ni de templos del alma burguesa, recubierta de esmeraldas y buenas intenciones. Lo nuestro es la intemperie, el cuarto húmedo de la buhardilla, la lámpara que parpadea como el juicio al borde de la locura.

Los silencios han regresado, pesados, húmedos, como el cuervo de Poe o los ecos del diluvio, cuando Noé encontró no paz, sino un mundo irrecuperable. Amar cuesta; ya no hay amores en el varadero celestial, solo larvas que roen la memoria de la deidad extraviada, y el susurro de que fuimos tocados alguna vez por la luz —pero también maldecidos por ella.

¿Es que nadie más siente esta necesidad fatal? ¿Este hambre por lo sublime que destruye? ¿Esta sed que sólo se apaga en el exilio de la razón?

En el estómago del aguardiente, donde se fermenta la náusea de los días, se me derriten las penas, mi hada verde. Ya no luz, ni musa, ni revelación; tú eres mi obstetra y mi verdugo. Allí me abismé como Vallejo en París con aguacero, sin esperar a que las campanas repiquen el dolor del domingo —porque en mí todos los días se dan a la tristeza como un perro que lame su herida.

Mi deseo es claro: que mi pintura, mi lengua visual, mi enfermedad de color, no pruebe jamás esa neblina que enturbia la visión y no la eleva. Quiero salvar mi línea del letargo, como Vallejo quiso salvar su idioma del idioma.
Pero no puedo.
No soy sino un muñón de fe, un cuerpo que se articula entre la embriaguez y la culpa.

No estamos solos —yo y mis penas—. Aquellas entibiadas, las mujeres de humo y tambor, también caen, también beben de la copa envenenada del olvido. Las he visto: sudorosas, sin patria ni promesa, con el gesto torcido como versos escritos con fiebre. Ellas son como los hombres que Vallejo vio llorar sin saber por qué —las lágrimas caen también en sus danzas, como tambor que suena pero no dice.

Si aún resisten en algún rincón de este planeta esas leyes secas, de barniz cívico y entrañas puritanas, que espantan al campesino y me fastidian a mí, pagaría el precio —sí—, pero no en moneda de ley, sino con las sílabas rotas de mi lengua poética. Y dibujaría otra vez —como un médium enfermo— aquellas mujeres salidas de mis alucinaciones: brujas, náyades, muchachas sin carne, como las mujeres imposibles que Vallejo esculpía con palabras que sangran («la mujer que no tuve me espera todos los días»).

No vamos por un camino deleitable. No, no, hermano. No nos hospedamos en palacios de alma forrada con esmeraldas. No somos modernos. Ni somos antiguos. Somos únicamente los mutilados del espíritu, arrastrando la maleta rota del alma por un mundo que ya no quiere hospedarnos. Y en este albergue sin Dios ni destino, el silencio se ha instalado. Los silencios han vuelto como el diluvio, pero sin arca ni alianza.

Amar cuesta —decía él—, y yo lo suscribo con los dientes. Ya no hay amores en el varadero celestial, sólo estas larvas que impiden el olvido de la deidad perdida. Porque sí, hubo una vez una deidad, y la perdimos —en una esquina, en una frase mal dicha, en una copa de absenta mal medida. La divinidad era un temblor de niño en las costillas, y ahora sólo quedan gusanos en el tálamo de lo que fue alma.

¿Es que nadie más necesita este temblor? ¿Esta fiebre sin diagnóstico que lleva a escribir, a beber, a pintar contra el muro? ¿Nadie más se deshace por dentro, como Vallejo en sus sílabas doloridas, por una verdad que se escapa como el vapor de la absenta en el vaso?

Esta es mi recompensa: la amarga eternidad de los que amaron demasiado y supieron poco, pero aún así escribieron… Y bebieron.

Felipe Juan Lainez Cansino

Ficción

Me llamo Juan, pero en el barrio me dicen Perro Juan. No porque ladre ni muerda —aunque eso también—, sino porque siempre ando con el hocico metido donde no me llaman, oliendo culos literarios y lamiendo frases como si fueran pezones calientes. Soy un perro flaco, vicioso y con biblioteca. Imagínate el asco. En esta ciudad eso no se perdona.

Desayuno con Nietzsche, almuerzo con Faulkner y ceno con Lezama Lima, aunque no tenga arroz ni Paradiso. En la alacena tengo más libros que comida, y en la cama más cadáveres que novias. Algunos creen que eso me vuelve interesante. Son imbéciles. Lo que soy es un mal polvo con buena retórica. Eso es todo. O eso creo.

Jueves. El orgasmo metafísico de Madame Bovary.

La historia comienza —como todas las buenas historias— con una mujer con olor a tragedia. Se llamaba Nora o Emma o Solange, no sé, pero yo le decía “Madame Bovary”, no por amor, sino por costumbre. Cada vez que una mujer se me mete debajo, le pongo el nombre de alguna muerta célebre. Así me excito más.

Esa noche ella vino buscando abrigo y le ofrecí una novela de Duras y una toalla húmeda. Me preguntó si tenía vino, y le di un vaso de ron con media aspirina disuelta y otras pirulas caducadas, de amables y generosos turistas.

—Esto sabe a mierda —dijo.

—Exactamente —le respondí—. Así sabían las palabras de Anaïs Nin cuando la censuraron.

Nos fuimos al colchón como dos náufragos sabiendo que el mar estaba podrido, revuelto de sargazos. Ella me montó como quien busca redención pero encuentra filosofía de la dura. En el medio del polvo, me pidió que recitara algo de Rimbaud. Se lo grité en francés mientras ella gemía como una heroína rusa:

Je est un autre, perra! —y la nalgueé con un ejemplar viejo de El segundo sexo de Beauvoir. No apreció la gentileza.

Después del sexo me preguntó por qué no tenía sábanas. Le dije que ya no tenía fe en nada que no se manchara. Ella se puso a llorar. Me dijo que estaba cansada de ser personaje secundario en todas las novelas de los hombres que le abrían las piernas. Le respondí que nadie la obligaba a leerme. Ni tampoco a Beauvoir. Ella encendió un cigarro, me escupió en el pecho y dijo:

—Eres una contradicción con patas.

Y yo:

—No. Soy un ensayo sin tesis.

Durmió encima de mis libros. Literalmente. Tenía el culo sobre Cortázar y los muslos hundidos en Bolaño. Al despertar me robó un ejemplar de Crimen y castigo y un encendedor sin gas. No me molestó. Sabía que no lo iba a leer ni encender.

Me fui a caminar por el Vedado, sin un zapato y con el corazón colgando como una medalla vieja. Me senté en el muro, con el culo frío y el alma tibia, y leí unas líneas de Cioran que me sabían a semen seco: «La lucidez es el infierno de lo viviente.»

Volví a casa y encontré el cuarto desordenado. Olía a humedad, desesperanza y clítoris. Sobre la mesa, ella me había dejado una nota escrita con tinta roja: “Nunca aprendiste a querer sin comillas.”

La guardé en el lomo hueco de un libro de Sartre. Era la crítica literaria más honesta que me habían escrito en años.

Viernes. Las jineteras tropicales del Hotel Nacional.

Esa tarde bajé sin rumbo, con el estómago lleno de humo y la entrepierna palpitando con un entusiasmo que ya no se justificaba. Había leído tres páginas de Los sonetos a Orfeo y me sentía listo para cualquier derrota elegante. Me eché a andar con una camisa sin botones, los zapatos sin suela y el alma sin aspiraciones, ni siquiera ilegítimas. Terminé, como siempre, frente al Hotel Nacional. Ese mausoleo tropical donde los fantasmas cobran en dólares.

Ahí estaban ellas. Las cuatro carros. Paradas como esfinges en la sombra de las palmas. Las jineteras. Las diosas sucias del turismo espiritual. Todas con piernas como signos de interrogación, tetas perfectas de silicona imaginaria y ojos como citas a pie de página que nadie revisa. Se llamaban, según el orden en que me clavaron la mirada: Yailén, Lulú, Claudia y la otra carro. La otra nunca me dijo su nombre. Mejor así. Las mujeres y los hombres sin nombre te joden menos la memoria.

Me acerqué sin miedo. Ellas olieron la literatura en mis bolsillos. Lulú me dijo:

—¿Tú no eres escritol, mi amol?

—No, peor —respondí—: soy lector con úlcera.

Rieron. Les gusta cuando un hombre no quiere convencerlas de nada. Les ofrecí cigarros sin filtro y una botella de ron con sabor a epígrafe y hada verde. Hablamos del amor, de la humedad vaginal y yo de los poetas franceses Verlaine, Rimbaud, Baudelaire… Yailén me preguntó si era cierto que Sartre era feo y bisexual.

—Sí —le dije—, como todo lo que vale la pena. Pero no era poeta.

Claudia, que tenía las uñas negras y el acento de Ciego de Ávila, me recitó un fragmento de Alejandra Pizarnik mientras se acomodaba las tetas con una dignidad sacerdotal y venérea propia de Babalú Ayé. Me enamoré de inmediato. No por la cita. Por el descaro de decirla sin saber si estaba bien dicha pero con esa «r» tan suave del avileño.

Nos fuimos los cinco. Como si fuéramos una banda de son decadente y furtivo. Subimos al cuarto más barato que tenía un francés calvo que alquilaba habitaciones por horas y cobraba en postales. Yo sólo tenía libros. Les pagué con un ejemplar de Rayuela forrado con un poema mío adentro. Les pareció justo. Se desnudaron sin urgencia, como quien abre un archivo confidencial. Me dejaron ver todo. Lo real, lo sucio, lo hermoso. Me hicieron preguntas incómodas. Me desnudaron:

—¿A cuántas mujeres has amado sin meterles la lengua?

—¿Por qué siempre escribes en pasado?

—¿Cuándo fue la última vez que alguien te dijo “quédate”?

Me tocaban como quien busca errores ortográficos en un texto largo. Yo me dejaba corregir.

Después, cuando el cuarto olía a semen, a humo y a frase incompleta, nos quedamos tirados mirando el techo. Hablamos de Silvio, de los polacos que dejaban propinas de plástico, de si Dios aceptaba transferencias en peso o en dólar. La que no tenía nombre me miró sin lástima y me dijo:

—Tú no coges, tú citas.

Tenía razón. Pero esa noche sudé como si me hubieran borrado todos los subrayados y artificios. Me dejaron en letras desnudas.

Al amanecer me fui caminando por Línea, con el sol en la nuca y la vergüenza hecha pulpa. Me senté en una escalera y escribí en una servilleta mojada:

“Amé a cuatro mujeres que no creían en el amor, pero sí en los pronombres posesivos. Me dijeron ‘tú’ como quien dice ‘pan’. Las entendí. Las entendí demasiado.”

Guardé la servilleta en el bolsillo de atrás, justo al lado del condón sin usar durante años. Me reí. En voz baja. Como si me escuchara Cortázar. Porque en esta ciudad, si no aprendes a reírte de tus erecciones inútiles, acabas rezándole a Hemingway.

Sábado. Revelación barroca en la trastienda de La Bodeguita del Medio.

Ese día me desperté con el hígado protestando en francés y el corazón dando coletazos como una mojarra en el fondo de un cubo vacío. Había dormido vestido, como un suicida interruptus. En el piso, entre colillas, restos de tostón frío y páginas arrancadas de La náusea, había una nota escrita con lápiz labial que decía: “Tu problema no es el alcohol, es el tiempo.”

Me la guardé sin leerla dos veces. Como todo lo importante.

Salí a caminar por La Habana con la convicción de que esa mañana iba a ser irrepetible, aunque oliera a orine y a coco rancio. Llevaba en el bolsillo una edición desvencijada de El siglo de las luces, que me había prestado un ciego en Alamar a cambio de recitarle a Neruda en voz baja mientras él le sobaba las piernas a su mujer. Esa historia es cierta, aunque suene a simbolismo sucio.

A la altura de Empedrado, sentí un hambre que no era de comida. Me metí en La Bodeguita del Medio no por el mojito —que ya no sabe a nada—, sino por un presentimiento. A veces el delirio tiene instinto premonitorio. Pedí un ron y una libreta de servilletas. Me las dieron sin sonreír. Yo ya no inspiro ternura. Ni siquiera asco. Inspiro referencias.

Me senté al fondo, entre turistas con cara de dopamina y deportiva de marca y camareros con espíritu disociado. Ahí fue cuando vi la puerta. Una trastienda apenas visible, oculta tras un biombo de mimbre y olores fermentados. Me levanté sin pedir permiso y la crucé. Porque a veces el cuerpo decide por uno, como en el sexo o en los funerales.

Dentro, la penumbra olía a madera vieja, tinta china y tiempo detenido. Un piano desafinado agonizaba en la esquina. Y sentado en una silla de mimbre, con un habano apagado en la boca y los ojos como vitrales rotos, estaba Carpentier. No un imitador. No una aparición. El mismísimo. Vivo. Más o menos. O algo parecido. Carpentier.

Me miró con la gravedad de quien ya ha descrito todos los portentos del universo y sólo le queda esperar el último.

—¿Tú eres el que anda citando autores en los burdeles? —me preguntó, sin mover la boca.

—A veces también cito a Dios —le respondí—, pero sólo cuando el polvo es bueno.

Se rio. O eso creí. El aire se contrajo como si lo chupara una campana de bronce.

—Ven —me dijo—. Siéntate. ¿Tú crees en la realidad?

Me senté sin responder. Con respeto. Él siguió.

—La realidad, chico, es un invento de los flojos. Yo te voy a mostrar lo real-maravilloso, pero sin folklore, sin putas vestidas de guayabera. Lo que tú haces es lindo, Perro Juan, pero sigue siendo diarrea existencial. Lo mío era… otra cosa.

—Lo tuyo olía a biblioteca con fiebre —le dije—. Pero igual me gusta.

Él asintió. Me pasó un vaso de algo oscuro y espeso como una misa negra.

—¿Sabes lo que pasa contigo, Juan? Que eres un místico sin fe. Un creyente del fracaso con vocación de testigo. Tú no escribes. Tú sobrevives en letra cursiva.

—Y tú estás muerto —le dije—.

—Todos estamos muertos. Lo difícil es darse cuenta.

Entonces lo entendí. No con la cabeza. Con el estómago. Todo lo que yo había vivido —el sexo barato, el hambre culta, los poemas escritos en cuerpos resudados— no era otra cosa que barroco tropical, escupido desde la ruina. Yo era un personaje de Carpentier. Solo que más sucio. Y con menos música.

Me desperté tirado en el baño de la Bodeguita, abrazado al inodoro como a una madre enferma. El sol pegaba en las baldosas como una trompeta desafinada. En la mano tenía una servilleta arrugada. En ella, escrito con letra antigua, decía:

“Lo real maravilloso no es un estilo. Es una condena.” —A.C.

Me limpié la boca. Me subí el pantalón. Y salí a escribir mi próxima caída.

Domingo. El secuestro intercontinental de Vallejo.

Ahora vamos al hueso. Vallejo, el poeta de la fractura. El que sangró sílabas y escupió humanidad. Y un yanqui, cómo no, el eterno policía del alma ajena. Los encuentro —uno arrastrado por la oreja, el otro arrastrando su imperio por dentro— en una esquina donde la poesía se vende más barata que el pan.

Aquella tarde me ardía el hígado y el español. Había discutido con un comunista de salón que me acusó de escribir como un burgués sin ideas claras. Yo le respondí que tenía ideas clarísimas: vivir, comer algo y tal vez —si la suerte me babeaba encima— corrérmela antes del apagón. El tipo me quiso citar a Brecht, pero le escupí a Vallejo y me fui.

Caminaba por Centro Habana, con el alma colgando como una bandera sin viento, cuando lo vi. En la esquina de Galiano con San Miguel. Un yanqui enorme, camisa de flores, piel de langosta recién hervida y cara de beisbolista jubilado, iba jalando de la oreja a un hombre huesudo, vestido de negro, con los ojos como dos domingos tristes.

Era César Vallejo.

No un actor, no una visión, no un poema mal leído. Vallejo. En carne, hueso y desconsuelo. El yanqui lo arrastraba como a un niño desobediente, mientras él balbuceaba algo en castellano fracturado:

—“¡Me moriré en París con aguacero…! ¡Un día del cual tengo ya el recuerdo…!”

Me congelé. No por miedo. Por reconocimiento. Era como ver a un tío muerto sacado por perro, caliente, con la cara de Dios escupida.

Me acerqué. No podía dejarlo así. Le grité al yanqui:

—¡Oye, socio! ¡Eso que llevas no se jala así, se lee!

El gringo se volteó, furioso, con cara de que no entendía un carajo pero igual se sentía ofendido.

—This fucking guy tried to recite poetry in the Marriott. Naked. In the sauna. While crying.

Miré a Vallejo. Temblaba. Llevaba un cuaderno mojado, hojas arrancadas, el rostro más arrugado que la moral de un banquero.

—¿Estás bien, maestro? —le pregunté.

—Estoy exactamente donde no debía estar —me respondió, y me abrazó sin permiso.

Me soltó palabras como espasmos:

—Ellos quieren cifras, yo tengo llagas.

—Ellos quieren turismo, yo traigo hueso.

—Me han golpeado sin que les hiciera nada.

El yanqui lo seguía sujetando, ya más cansado que molesto. Le ofrecí un trago de mi botellita escondida, y el gringo, confundido, la aceptó. Le di ron con pastillas añejas para la tos. Cayó de golpe sentado en el borde de la acera. Murmuró:

—I hate poetry, man. It makes my stomach feel weird.

Vallejo aprovechó y se soltó. Me tomó del brazo.

—Sácame de aquí, Perro Juan. Esto no es París ni Lima ni ningún infierno con nombre. Esto es otra cosa. Esto es una metáfora mal escrita por el capitalismo.

Corrimos. Vallejo, yo y su cuaderno hecho trizas. Lo llevé a una librería cerrada en la esquina de 23 y H. Rompí la cerradura. Encendí una vela. Le di una camisa mía. Le ofrecí arroz frío con sardinas. Comió como un apóstol. Como un Cardenal.

Luego lloró. Lloró por dentro. Lloró sin lágrimas.

—No puedo volver, Juan. Mi muerte ya está escrita. Sólo vine a comprobar que el dolor sigue vigente. Y que los yanquis aún no entienden nada.

Le pedí que me firmara el cuaderno. Me lo devolvió con una sola frase escrita con tinta roja:

“Hoy me muero otro poco. Lo dejo aquí. Cuídenme.”

A la mañana siguiente, ya no estaba. Ni su cuerpo, ni el cuaderno, ni el olor. Sólo un par de versos garabateados en la pared, con carbón:

“Hay golpes en la vida, tan fuertes… yo no los invito.

Pero llegan. Se sientan. Y me beben el café.”

Me senté en el suelo. Me encendí un cigarro. Pensé:

¿Y si todo esto no fue real? ¿Y si fui yo el arrastrado por el yanqui invisible?

Me reí. Como se ríe un loco en un velorio. Después salí a escribir otra derrota. Con la oreja aún doliéndome.

Lunes. Borrachera cubista con Picasso y Guillén en una barbería de Marianao.

La historia comienza con un diente flojo. Así, como casi todo lo importante en la vida: por el lado más absurdo y puñetero. Me dolía la muela como si me estuvieran recitando a Neruda dentro del cráneo. Y no tenía un peso. Ni uno. Así que me fui a Marianao, donde un viejo barbero —ciego y chamánico— arregla encías, corta pelo y exorciza penas con el mismo movimiento de muñeca y sincretismo.

La barbería no tenía nombre. Solo un letrero que decía:

«Aquí se afeita la desesperanza»

y debajo, en tiza, alguien había escrito:

«y a veces, se sirve ron.»

Entré. Un calor espeso como un tango mal parido me dio en la cara. En el fondo, dos figuras estaban sentadas frente a un espejo rajado:

Nicolás Guillén y Pablo Picasso.

No, no era una fantasía de fiebre. Estaban ahí. Uno con una libreta en la mano y el otro con una copa de ron que parecía pintada en óleo espeso.

Guillén me saludó con un gesto de compadre:

—¿Y tú quién eres, perro triste?

—Uno que sangra por las palabras —le dije.

—Entonces siéntate. Estás entre iguales.

Picasso no hablaba. Me miraba como si estuviera dibujando mis entrañas sin permiso. Tenía los ojos de un tipo que ha dormido con sus propios cuadros. Y en la cara, el cansancio milenario del que ya lo vio todo, incluso lo que no existe.

El barbero —ciego pero no sordo— sirvió ron en tazas de afeitar.

—Aquí no se brinda —dijo—. Aquí se muerde.

Brindamos igual. Empezaron a hablar. Guillén, afilado como machete:

—A mí me quitaron el ritmo, compay. Lo vendieron a un festival en Suiza.

Picasso, ronco como templo sin feligreses:

—Yo vi el alma. Está sobrevalorada. Prefiero un buen muslo o una curva mal intencionada.

Yo los escuchaba. Sin respirar. Era como ver a Martí hacer el perreo en cámara lenta. Guillén recitó un verso sobre mulatas cósmicas que me dejó con la piel erizada. Picasso hizo un dibujo en una servilleta con pasta de dientes: era yo, cagando tristeza.

—Ese soy yo —le dije.

—Ese somos todos —dijo él.

Hablamos de la revolución como orgasmo interrumpido. Del arte como enfermedad tropical. De cómo Cuba es un cuadro de Braque, pero con más ron y menos galería.

En algún punto, el barbero sacó una navaja y empezó a afeitarme el alma hasta los huesos. No mi barba. El alma. Sentí cómo me raspaba el pasado, los fracasos, las traiciones. Cuando terminó, escupió al piso y dijo:

—Ya. Estás casi limpio. Falta el tuétano.

—¿Y el dolor de muela? —pregunté.

—Eso no se quita. Eso se escribe.

Afuera empezaba a llover. Una lluvia oblicua. Cubista. Fragmentada.

Guillén me abrazó. Picasso me regaló la servilleta. En ella había escrito:

“Si el arte no te da ganas de vomitar o correrte, no sirve.” —P.P.

Salí a la calle con el diente aún latiendo. Y un poema nuevo que decía:

Hay barberías donde se corta el tiempo.

Hay hombres que no envejecen, solo se parten en ángulos.

Y hay días en que el arte no se mira: se bebe.

Apaga la luz, cierra la puerta con doble vuelta y escucha el ronco eco de los santos cansados.

Porque esta vez Perro Juan se enfrenta a el apagón final, y la Muerte —sí, ella, la gran mulata de ojos vacíos— no viene con guadaña, sino con timbal y son.

Esto no es el final del cuento. Es el principio del gran silencio.

Martes. Apagón final o con la Muerte tocando timba.

Esa noche el apagón fue tan profundo que se borraron hasta los recuerdos. No quedaba una vela, ni un fósforo, ni siquiera el resplandor miserable del celular de un vecino. Todo era sombra espesa, como vientre de estatua. Caminé a tientas por Centro Habana, con el corazón latiéndome en los dientes y el alma como una cucaracha boca arriba.

En los balcones se oían susurros, radios apagados por decreto y madres acariciando hijos que ya no estaban. Alguien cantaba un bolero sin letra. Un gato me siguió durante tres cuadras, como si supiera a dónde iba. Yo no.

Hasta que llegué a una esquina donde nunca había estado, aunque la ciudad me la había prometido muchas veces. Un solar. Grande, abierto, con una tarima improvisada de madera podrida. Y ahí, en el centro, bajo una lámpara que brillaba sin corriente —milagro o truco, no sabré decir—, estaba la Muerte.

No con capa, no con calavera. Era una mulata vieja, encorvada, con cuerpo de tambor y mirada de eclipse. Llevaba un vestido rojo deshilachado, unas chancletas rotas y tocaba los timbales como si estuviera desenterrando el universo.

El ritmo era brutal. Afrocaribeño. Doloroso. Una timba que no bailaba nadie, pero que hacía temblar las piernas.

—¿Vienes a buscarme? —le grité.

Ella no respondió. Solo tocó más fuerte. Cada golpe era un año. Cada golpe era un nombre que ya no podía pronunciar.

Entonces lo entendí: no venía por mí.

Venía para mí.

—¿Por qué ahora? —le pregunté.

—Porque ya estás vacío, Juan. Te sacaron las palabras, los orgasmos, los cigarros y las ganas. Ya no escribes. Ya confiesas.

—¿Y los otros?

—Están esperando turno. Vos sos VIP. Te ganaste la despedida con música.

Cerré los ojos. Respiré hondo. Pensé en Vallejo, en Virgilio Piñera, en las jineteras del Nacional, en Picasso dibujando con pasta dental, en Carpentier encendiendo velas de otro siglo. Pensé en la barbería, en Guillén, en el primer poema que escribí en un cuerpo sudado. Pensé en mi madre, en el hambre, en el ron, en el son.

La Muerte me miró por última vez. Y sonrió.

Tenía los dientes de mi infancia.

Me ofreció una copa.

La bebí. Era oscura, caliente y dulce.

Sabía a punto final.

Y entonces bailé.

Con ella.

Conmigo.

Con todo lo que alguna vez fui.

Y que ya no volverá.

Esto no es resurrección, ni epílogo, ni redención.

Esto es la persistencia del hueso.

Porque Perro Juan no se fue.

Solo se pudrió un poco.

Y regresó.

Con un redoble en los pulmones.

Y Vallejo, sí, Vallejo, tocando el bombo de su cráneo como si Dios le debiera sueldo y paga extra perpetua.

Miércoles. El regreso con redoble de cráneo.

Dicen que morí.

Que la Muerte me bailó hasta dejarme seco, que toqué el fondo del apagón y me abracé a la sombra como se abraza un cuerpo que ya no nos quiere.

Mentira.

Me fui un rato.

Eso sí.

Me apagué como se apagan los transistores en la tormenta.

Pero no era el fin.

Era el eco.

Y el eco, ya se sabe, tiene mal carácter y peor memoria.

Volví porque alguien —no sé si fue Vallejo, Lezama o un viejo bolero descompuesto— gritó mi nombre desde abajo. Desde muy abajo. Desde donde no hay voz, pero sí golpe.

Volví arrastrándome. Con barro en la lengua y ceniza en los dedos.

Volví sin palabras. Solo con ritmo.

Y ese ritmo era un redoble.

Y ese redoble lo tocaba Vallejo.

Sí, Vallejo.

Con cara de profeta descalzo y manos de carpintero loco.

Tocando un tambor que era su propio cráneo.

Tocando con rabia. Con hambre. Con verbo.

Me encontró tirado entre ruinas de hospitales y poemas mal recitados.

Me pateó el costado.

Me gritó:

—¡Juan, carajo! ¡Esto no se acaba así! ¡Aquí nadie se muere sin repetir tres veces su nombre en voz alta!

—¿Qué nombre? —le dije.

—El tuyo, imbécil —me dijo—. El que no te dio tu madre ni tu patria.

El que te inventaste a fuerza de perder.

Entonces lo supe.

Yo no era Perro Juan.

Yo era lo que quedaba después de Perro Juan.

La cáscara. El hueso con música.

El tam-tam de los que no se rinden porque no saben qué otra cosa hacer.

Subí.

No al cielo, porque no me dan la visa.

Subí a La Habana.

A la de verdad. La sucia. La caliente. La que no sale en los folletos.

Volví al malecón.

Las putas me reconocieron.

Los perros me ignoraron, después de olerme hermano.

Las viejas me dieron café.

Y me senté.

Con un cuaderno nuevo.

Una botella vieja.

Y el redoble de Vallejo haciéndome temblar el hígado.

Escribí esto:

Regresé.

Sin carne. Pero con ruido.

Sin patria. Pero con el tambor del cráneo.

No me esperen. No me entierren.

Que todavía me falta morder otra metáfora

y orinar en el altar de algún dios correcto.

El tambor suena.

Sigue sonando, como cráneo roto.

Vallejo me mira.

No sonríe. No puede. Pero golpea.

Y con cada golpe, me devuelve una palabra.

Ya no soy Perro Juan.

Soy el ritmo que quedó cuando el poema se fue.

Miércoles, noche.

Margarita Carmen Cansino me hubiera definido como su carne, sus sentidos y sus placeres. Pero eso mismo podría decirlo también más de un negro cubano del malecón. De mi condición sexual no voy a hablar, pues he sido de todo y, con este apunte, baste. Por lo demás, a quien nunca he podido serle infiel es a Katy Jurado. Ahora me acomodo en la decadencia y en el ron. Por último, mi lema: la única interpretación posible de la vida tiene que ser erótica.

Me renombré muchas veces. Una de ellas —quizá la más escandalosa— fue cuando Margarita Carmen Cansino, más conocida como Rita Hayworth en las tardes alcohólicas de la posguerra, me definió como su carne, sus sentidos y sus placeres. Una definición modesta, la suya. Poética incluso, si uno no supiera que me lo dijo después de vomitar sobre sus zapatos Ferragamo en el baño de un hotel en Acapulco. Aun así, se lo agradezco. Hay algo digno en que una estrella en decadencia reconozca a otra.

No fui exclusivo. Ni ella lo esperaba. También podría decir lo mismo de mí más de un negro cubano del malecón —el de las madrugadas eternas, el que tocaba el contrabajo como si tuviera el corazón colgado del cuello— y no se equivocaría. Cada amante fue un ensayo, una nota disonante en mi sinfonía corporal. De mi condición sexual no hablaré. No por discreción, sino por tedio. La identidad, a estas alturas, me parece un invento nada reciente. He sido de todo: flor y fango, máscara y espina. Fui sodomita en el Renacimiento, musa andrógina en el Berlín de Weimar, dama en el burdel de Colette, y un trazo mal hecho en una orgía de Egon Schiele. Con este apunte, baste.

A quien nunca pude —ni quise— serle infiel fue a Katy Jurado. Ella representaba lo que ni Hollywood pudo desvestir: la altivez de la tierra, el peso del maíz y la sangre bajo la falda. Nunca me amó, y eso la hace aún más deseable. Uno no se enamora del amor correspondido: se esclaviza del imposible. Katy fue mi diosa laica, mi religión de carne.

Con los años, me acomodé en la decadencia. No como derrota, sino como estilo. La decadencia, bien llevada, es un arte que pocos saben vestir. La juventud es pornografía barata; la vejez, si se la interpreta con cinismo, puede ser literatura. Me volví lector de Proust por necesidad y de Bukowski por venganza. Vivo entre ruinas que decoré con sarcasmo. Levanté altares a mis propios errores. Adoro el fracaso como otros adoran a sus hijos. El ron es mi cómplice. El cigarro, mi editor. Y el espejo… un viejo enemigo al que aprendí a parodiar. No tengo herederos, ni perros, ni ahorros. Pero tengo historias que no se pueden escribir sin escándalo ni demanda judicial.

Mi lema, sí. Mi único lema es que la única interpretación posible de la vida debe ser erótica. Porque todo lo demás —la política, la religión, la bolsa, la moral, la buena educación— son excusas mediocres para disimular que lo único que nos conmueve verdaderamente es la posibilidad de rozar otra piel, aunque sea con la mirada. El erotismo no es sexo. Es estilo. Es hambre. Es no saber si uno quiere amar o destruir. Es la contradicción como forma de existencia.

He sido amante, fantasma, travestido, traidor, profeta de burdel y mártir de sábana. Ahora solo soy un eco, un perfume, una nota al pie en la biografía de otros. Pero si algo queda de mí cuando el ron se acaba y el cuerpo ya no responde, es esta certeza: fui carne. Y la carne, por un instante fugaz, me hizo creer que estaba vivo.

Y sin embargo, aquí estoy. Esta habitación donde escribo —sí, esta con las cortinas cerradas desde hace diez años, con la radio rota que solo emite interferencia— no existe. Nunca existió. Ni el ron, ni los amantes, ni siquiera el cuerpo que mencioné. Lo descubrí hace unos días, cuando intenté salir por la puerta. Y la puerta no daba a ningún lugar. Era una superficie lisa, como una escenografía mal terminada. Rompí el espejo —no había reflejo. Quemé una carta antigua —las llamas no consumían nada. He llegado a sospechar que no soy más que el residuo de una historia contada tantas veces que ya nadie recuerda su origen. Una ficción mal cerrada. Una voz extraviada en una novela que nadie terminó de escribir. ¿Y si esta autobiografía es sólo el epílogo de un personaje que fue descartado en la página treinta y tres? ¿Y si nunca viví, y mi vida fue una digresión literaria, un pie de página sin texto al que anclar? Quizá fui inventado por alguien que no soportaba envejecer solo. O por una mujer que perdió a su amante en el mar y necesitó escribirle a un fantasma. Quizá tú me estás leyendo ahora… y al cerrar este párrafo, yo desaparezca. O peor aún: me quede atrapado aquí, repitiendo esta historia una y otra vez, como una maldición barroca en la biblioteca de los personajes olvidados.

No tengo patria, ni vocación de víctima, ni biografía que soporte el peso de una cronología limpia. Fui carne antes que conciencia, deseo antes que doctrina, y nunca aprendí a pedir permiso ni a callar en los entierros. No fui un hombre, ni una mujer, ni un poeta. Fui una circunstancia, un delirio con piernas, un error sostenido con tanto estilo que algunos se atrevieron a llamarlo personalidad. Mis padres —si existieron— me abandonaron en un teatro en ruinas; aprendí a hablar repitiendo los diálogos de películas dobladas al español neutro y a amar sin pronombres. Mis primeras certezas fueron el tacto y la música, y hasta el día de hoy desconfío de toda verdad que no se exprese con las yemas de los dedos o con un contrabajo en fa menor. Nadie podrá decir que no viví como un exceso, que no quemé la vela por los dos extremos y por la mecha intermedia, que no besé donde dolía y no mentí por puro arte. Me vendí por joyas falsas, me regalé por vino barato, pero jamás, escúchese bien, jamás me alquilé por seguridad o costumbre.

Margarita Carmen Cansino, la que el mundo adora como Rita Hayworth, me describió —en una de sus madrugadas más lúgubres— como su carne, sus sentidos y sus placeres. Lo dijo sin solemnidad, como quien anota un número telefónico en la piel de alguien que sabe que no volverá a llamar. Pero no fue la única. También me declararon suyo, en distintos idiomas y dialectos del cuerpo, un marinero portugués con dientes de oro, un seminarista colombiano que juraba ver a Cristo en los orgasmos, y un actor francés que sólo podía tener erecciones si recitaba a Racine durante el coito. A todos les dije lo mismo: “No soy tuyo. Soy del instante.” Y el instante, como es sabido, no tiene dueño ni tumba.

Del sexo no tengo anécdotas: tengo monumentos. He visto cuerpos abrirse como himnos y cerrarse como juicios finales. He sido herido con ternura y amado con crueldad, he llorado en las espaldas de extraños, he fingido placer por compasión y he sentido compasión por no sentir nada. En mí se han cruzado géneros, estéticas, pronombres y categorías que ni Foucault hubiera sabido etiquetar sin una copa de más. Pero si insisten, si verdaderamente necesitan una etiqueta para dormir tranquilos, digan simplemente que fui libre, aunque a un precio tan alto que sólo los desesperados y los lúcidos se atreverían a pagarlo.

Fui fiel, eso sí. Fiel a una sola figura. Katy Jurado. No a la mujer real —que ni siquiera llegué a conocer— sino a la imagen que de ella forjé: una mezcla de la Virgen de los Dolores con una reina tolteca exiliada en un western. Esa mujer de cejas como puñales y voz de petróleo fue, para mí, un país imposible. Cada vez que el mundo me decepcionaba (y lo hacía con alarmante regularidad), pensaba en Katy, en su forma de mirar como quien mide distancias entre pecados, y me prometía resistir un poco más. A ella le dediqué mi lealtad más irracional, mi última mentira, mi primer silencio.

Y llegó el tiempo. El tiempo verdadero. Ese que ya no tiene minutos, sino ausencias. Me acomodé en la decadencia como otros se acomodan en la jubilación. Aprendí a encontrar belleza en los objetos rotos, en las pieles marchitas, en las voces que tiemblan al final de una canción. Me hice amigo del ron y del insomnio, del olvido parcial y del espejo sin reflejo. Abandoné la nostalgia por ser un vicio de los cobardes y abracé el sarcasmo como se abraza a un amante que uno sabe que lo traicionará, pero que besa como nadie. Mi biblioteca andante se redujo a tres autores: Duras para la melancolía, Cioran para las mañanas, y Sade para cuando quería recordar que aún tenía cuerpo. Lo demás era memoria viva en mi sesera.

Y ahora, aquí estoy. En este cuarto sin ventanas, sin relojes, sin eco. No sé desde cuándo. Tampoco sé si alguien encontrará esto o si ya lo encontraron y lo volvieron a esconder. Lo que sé es que esta vida —si fue vida— no fue un error, sino una excepción. Me niego a creer que fui una nota marginal. Prefiero pensar que fui un ensayo para una obra que aún no se ha escrito. Tal vez por eso no puedo morir del todo. Tal vez por eso sigo dictando esta, sin manos, sin boca, sin papel. Tal vez yo ya no sea yo, Rita, sino la forma que ha tomado tu olvido.


Nota. Fragmentos de un manuscrito hallado entre las ropas de un cadáver no identificado escrito en servilletas. La caligrafía es irregular, bellísima, pero ya casi ilegible. Posiblemente redactado en La Habana entre 1962 y 1987. Va firmado por un tal «P.J.»

El Libro de Khafaal de Thaunn

Poesía

«Es conocida así una tablilla cuneiforme, sumeria, antiquísima, rescatada de las ruinas, compuesta de fragmentos poéticos, visiones, glosas y versos proféticos rotos. Su tono es solemne, mítico, pero tan íntimamente humano que habla desde la herida, no desde el estrado.» (Philaletha de Kadmea).

NOTA PRELIMINAR: He dejado en blanco las partes que no eran legibles en la tablilla encontrada. Hay quien interpreta que la tablilla se va reescribiendo a lo largo de la historia, cuando pierde palabras, sin perder nunca su sentido y su potencia profética. Según esta teoría, el libro marcará el final del mundo cuando sólo quede la última palabra. Por ahora quedan 1722 palabras que he traducido como sigue…

Oh tierra batida por soles negros
tierra donde no germina el nombre
tierra donde el viento guarda juramentos rotos
escucha ahora el relato que nadie pidió
pero que aún así persiste

Había un hombre
No un rey No un dios No un héroe
Un hombre sin escudo
sin sangre real
pero con una herida que no cerraba

A él se le apareció el dragón de los siete rostros
el que se oculta en la raíz del silencio
el que devora nombres y los olvida
sin saborearlos

Y el hombre
el sin-manto
el que ya había perdido la ciudad de su infancia
sacó la fíbula de su cintura
símbolo inútil
símbolo último

No como arma
No como escudo
sino como juicio

Y fue entonces que descendió
no en carro de fuego
no con trompetas
no con antorchas
sino con polvo en los pies
y verdad en los ojos

“¡Tarde vienes!” gritó el hombre
“¡Todo está perdido!”
Pero él respondió
“No vengo a ganar
Vengo a mirar contigo”

Entonces el cielo se cerró
No con trueno
No con ira
sino con esa calma espesa
que anuncia la extinción del lenguaje

El dragón se alzó
No era un monstruo
Era la memoria sin dueño
Era el pasado que nadie sostuvo
Era el olvido con forma de aliento

Y el hombre caminó hacia él
Solo
Con el nombre roto colgando del pecho
como un amuleto vencido

El fuego no lo consumió
El dragón no lo devoró
El cielo no lo reconoció

Pero la ceniza supo su nombre

Y eso para algunos
fue suficiente

Amante de la verdad

He sacado la fíbula fuera de mi cintura
para poder acosar al dragón con ella

Estaba realmente enfurecido

Y vino en mi ayuda Khafaal de Thaunn
afortunadamente

Adiós
Adiós viejo cielo

He sacado la fíbula fuera de mi cintura
No como adorno
No esta vez
Como acero
Como grito
Como rabia

Con ella acosé al dragón
No el de escamas y fuego
El otro
El que se arrastra bajo la piel
El que devora los nombres de los caídos
El que susurra en las noches sin estrellas
«Ya no queda nada por salvar»

Estaba realmente enfurecido
No por miedo No por honor
Por memoria
Por los que creyeron
Por los que aún me llaman
Hermano
desde los huesos

Y entonces vino en mi ayuda Khafaal de Thaunn
Khafaal que juró no volver a empuñar su lanza
Khafaal que perdió a su hijo en las minas de Lorsamm Aar
Khafaal el último justo en esta tierra torcida
Gracias a los dioses rotos vino

Y juntos lo enfrentamos
El dragón
El pasado
El fin

El cielo
Ah viejo cielo
tan cansado de mirar guerras de hombres
Tan azul Tan inútilmente azul

Adiós
Adiós viejo cielo
Que otro levante la espada
Que otro recuerde nuestros nombres
Yo
Yo me duermo ya

Me la quité sin temblor
No era un adorno
era el eco de mi nombre
cosido al pecho

La lancé como lanza
y silbó en el aire
como si supiera
lo que el acero ha olvidado
«Que toda belleza
puede volverse herida»

No ruge
No alza el vuelo
No duerme sobre oro

Se arrastra por los pasillos
donde guardo los nombres de los que amé
Sabe deletrear el olvido
con lengua de humo

Y cada vez que dudo
se hace más real
Más hueso
Más rastro

Él llegó sin armadura
Solo una mirada
de quien ya ha muerto dos veces

No preguntó por qué luchaba
Clavó su lanza
como quien siembra algo
en tierra yerma

Luchó sin fe
pero con memoria
Y eso quizás
fue suficiente

Ese cielo
azul de cansancio azul de olvido
gris de tanto mirar sin tocar
no tiene dioses
Solo testigos

Cada estrella es una promesa rota
Cada nube un juramento olvidado

Le dije adiós
como se saluda a un padre
que nunca estuvo ahí

Cuando la sangre calla
el viento habla

Dice cosas que olvidamos
Que no hay victoria
Que no hay tumba justa
Que el mundo no recuerda

Pero aún así
mientras caía
apreté la fíbula en mi puño
como si fuera una flor

Y sonreí
Porque no me rendí

El Fuego de Thaunn
No descendió del cielo de ningún dios
Nadie abrió los cielos con relámpagos
La tierra no tembló
Y sin embargo supimos que había llegado la hora

El dragón no vino desde los bosques lejanos
ni surgió del abismo con alas negras
Estaba ya allí
en los pliegues del silencio
en la palabra no dicha
en la carne que recuerda
lo que la mente querría olvidar

Yo arrojé al suelo la fíbula
ya sin manto sin escudo
con el pecho expuesto al juicio del acero
No porque creyera en la victoria
sino porque aún me aferraba
a una forma rota de la verdad

Entonces llegó Khafaal de Thaunn
No traía estandarte
ni un nombre grabado en los anales
Solo cicatrices en el rostro
y una lámpara encendida
que parecía arder sin aceite

“No hay oro que salvar” dijo
“Ni mundo que redimir
Solo tú
y la llama que aún se resiste a extinguirse”

No me dio órdenes
No tomó mi mano
Se sentó a mi lado
y esperó

El dragón nos encontró así
uno con su lanza enterrada en la tierra
el otro con la mirada vuelta hacia adentro
Y cuando rugió
no fue su aliento lo que nos amenazó
sino su pregunta

“¿Por qué aún estás de pie?”

Yo no respondí con palabras
La fíbula ya era hierro candente entre mis dedos
Y la arrojé
No para matar
sino para marcar el límite
entre la oscuridad y lo que aún puede arder

El dragón no cayó
El cielo no se abrió
Pero en el humo
algo se quebraba

Y en el crujido de ese instante
supe que el mundo no se salva
pero uno puede salvar
una chispa
Una memoria
Un gesto limpio
en medio del caos

Khafaal asintió
Se levantó
Y sin mirar atrás
se perdió por el mismo camino
por donde vino

No todas las brasas son ceniza
Hay algunas que fingen haberse extinguido
pero en la noche del alma
arden más que el sol

Khafaal dijo
«Guarda esas brasas
No para incendiar el mundo
sino para iluminar tu nombre
cuando te sea negado»

El dragón no se alimenta de cuerpos
Devora los nombres
Los pronuncia lentamente
hasta hacerlos polvo

Por eso luchamos
no por el cuerpo
sino por el eco que lo sigue

El cielo es testigo pero no aliado

Khafaal alzó la mirada y dijo:
«No reces No maldigas
Mira ese azul
como quien mira una piedra
sin esperar respuesta
pero sabiendo que existes
porque puedes contemplarlo»

El umbral no es la puerta
Es la pregunta antes de cruzarla

¿Qué de ti debe morir
para que lo que debe vivir
respire?

Cuando el guerrero partió la fíbula en dos
ya no era un broche
Era el primer signo de revelación

Uno de los fragmentos se hundió
en el pecho del dragón
El otro en el suyo

Y así se volvieron iguales
dos cuerpos marcados
por la misma herida

Aquel que no haya sentido
el peso de un símbolo
no ha sentido aún el mundo

No busques la verdad como un mapa
búscala como se busca un recuerdo
sabiendo que quizás lo que encuentres
te cambie

El fuego no pregunta por tu causa
Solo consume lo que arde

Khafaal habló ante las llamas:
“No hay metal noble sin horno
Ni rostro verdadero sin incendio”

Y arrojó su nombre al brasero
como quien entrega una llave

Algunos fueron tocados
por una llama distinta
no los hirió
pero tampoco los dejó igual

Se les conocía por la mirada
ardían en silencio
y no buscaban testigos

No es el cuerpo el que muere primero
sino el nombre al que ya nadie llama

El dragón lo sabe
por eso guarda los nombres
en su vientre
como huesos no digeridos

“Cuando digas mi nombre
dilo despacio
No por reverencia
sino por precisión
Cada sílaba fue ganada
como una trinchera”

Lo que no se nombra
se desvanece
Pero lo que se nombra mal
también perece

La noche no es oscuridad
Es el silencio donde se decide
si aún eres tú

Cuando no pude dormir
Khafaal habló
“La noche es el rostro
de lo que no pudiste perdonar
Pero si la atraviesas
te hablará sin mentir”

Si ves una figura en la noche
que no tiene sombra
síguela

No te llevará a la luz
pero tampoco al engaño

No hay mayor consuelo
que aquel que no promete consuelo

Khafaal no prometió nada
Se sentó
Y en su silencio
supe que no estaba solo

El compañero no lucha por ti
Lucha para que tú no olvides
cómo hacerlo

“¿Y si caemos?”
“Entonces no caerás solo”

“¿Eso basta?”
“A veces es todo lo que hay”

No todo lo olvidado está perdido
Hay cosas que duermen bajo la ceniza
esperando que alguien respire hondo

El olvido no borra
Desvía

Un día miras un rostro y no sabes
si fue un enemigo
un hermano
o tú mismo

La muerte no es olvido
El olvido es más lento

Es el crujido del nombre
mientras cae
sin que nadie lo recoja

Yo no fui testigo
No combatí en los días de la fíbula
No hablé con Khafaal de Thaunn
No vi al dragón
ni al cielo viejo
ni al fuego sin causa

Y sin embargo he vivido con estas tablillas
más tiempo del que he vivido con mi propio nombre
Las heredé de manos temblorosas
en un zigurat sin lámparas
entre estantes rotos y juramentos carcomidos

Nadie recuerda ya por qué se escribió este libro
Algunos creen que es un canto épico
disfrazado de fragmentos
Otros dicen que es alquimia
disfrazada de mito

Para mí es un espejo

No uno liso no uno de palacio
sino de los antiguos
curvo oxidado
que muestra el rostro
que no sabías
que llevabas dentro

Hay quienes buscan aquí instrucciones
No las hay
Hay quienes buscan consuelo
Lo encontrarán pero no como esperaban

Aquí hay fuego Nombre Noche Compañero Olvido
Y algo más
Un Eco Un eco
un eco

Porque cada vez que recito estas líneas
aunque las sepa de memoria
hay una palabra que suena distinta

Como si el libro no fuera un libro
sino un ser que escucha

Que espera
Que no olvida

Que quizás recuerda de ti
más de lo que tú mismo recuerdas

Biblioteca de Ramón

Poesía
  1. El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
  2. El reloj despertador es un gallo de acero.
  3. La luna es el espejo de los enamorados pobres.
  4. La risa es una erupción instantánea.
  5. Las golondrinas son pájaros vestidos de etiqueta.
  6. El lápiz escribe bostezando.
  7. El cigarro es el palo de las fiestas solitarias.
  8. El gato es un tigre de salón.
  9. La estrella fugaz es la lágrima de un deseo.
  10. El tren se traga las estaciones sin saborearlas.
  11. El paraguas es un sombrero que se suicida.
  12. Los zapatos tienen la cara triste del que trabaja.
  13. El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
  14. La nube es el pañuelo del cielo.
  15. Las rosas tienen más espinas que disculpas.
  16. El eco es el alma de las voces.
  17. El bostezo es un suspiro que se aburre.
  18. La jirafa es una grúa que come hojas.
  19. La nieve es la caspa del cielo.
  20. El espejo es el primer invento de la vanidad.
  21. El pavo real es el abanico de la vanidad.
  22. El pez es el único animal que se ahoga fuera del agua.
  23. La barba es la hierba que crece en el silencio del rostro.
  24. La calvicie es una playa sin olas.
  25. El semáforo es el ojo que vigila sin parpadear.
  26. El ascensor nos sube la autoestima.
  27. El cuervo es el abogado de la muerte.
  28. Las lágrimas son la sangre de los ojos.
  29. El faro es el ojo tuerto del mar.
  30. La niebla es el fantasma del aire.
  31. El beso es el truco de la boca.
  32. El ventilador es el pájaro mecánico del verano.
  33. El vino da sueños colorados.
  34. El teléfono es el timbre de los ausentes.
  35. El humo es el alma de lo que se quema.
  36. La mosca es el punto final de la siesta.
  37. El piano es una máquina de suspiros.
  38. La silla vacía es la ausencia hecha mueble.
  39. El pan caliente tiene alma.
  40. El bostezo es un grito sin ruido.
  41. El otoño es el andén de las hojas.
  42. La lluvia son lágrimas que no son de nadie.
  43. La bicicleta es el esqueleto del caballo.
  44. El fósforo es el estornudo del fuego.
  45. El sol es el pan del día.
  46. El silencio es el único paisaje que no cambia.
  47. La luna se peina en los charcos.
  48. La cabra es el paréntesis de la montaña.
  49. Las mariposas son flores que aprendieron a volar.
  50. La llave es el confidente de las puertas.
  51. El bostezo es una carta sin dirección.
  52. La lámpara es la luciérnaga doméstica.
  53. La muerte es una señora vestida de olvido.
  54. El murciélago es el ratón con paraguas.
  55. El acordeón es el fuelle de la música.
  56. El reloj es el dictador del tiempo.
  57. El papel es el eco de lo que pensamos.
  58. El beso es un punto y coma en el diálogo del amor.
  59. El zapato aprieta más cuando se va el amor.
  60. Las canas son las flores del tiempo.
  61. La chimenea es la nariz de la casa.
  62. El globo es un niño que quiere volar.
  63. El gato ronronea porque tiene el alma llena de cascabeles.
  64. El caracol lleva su casa a cuestas porque tiene miedo de perderla.
  65. El frío es el silencio del calor.
  66. La vejez es la niñez vuelta al revés.
  67. El espejo es el cómplice de Narciso.
  68. La radio es el periódico que habla.
  69. El mar es un sueño de agua.
  70. El cine es el circo de las sombras.
  71. La aspirina es la novia del dolor de cabeza.
  72. La cebolla hace llorar por dentro.
  73. El sollozo es la manera de llorar por dentro.
  74. Las cartas de amor se escriben sin tinta.
  75. El gato es la sombra con bigotes.
  76. La biblioteca es el cementerio de los pensamientos vivos.
  77. El ascensor es la montaña rusa de los edificios.
  78. La escalera es la lengua de los pisos.
  79. El paraguas se convierte en bastón cuando deja de llover.
  80. La escoba es la pluma con que se escribe en el suelo.
  81. El helado es el suspiro del verano.
  82. El tranvía es un gusano de hierro.
  83. La mecedora es la cuna de los abuelos.
  84. El cigarro es la bandera del ocio.
  85. El bigote es el toldo de la boca.
  86. El peine es el verdugo del enredo.
  87. Las campanas son el idioma de las torres.
  88. El pan se parte con respeto.
  89. La vejez es el invierno del cuerpo.
  90. El calendario es el carcelero de los días.
  91. Las pestañas son las persianas del alma.
  92. El corazón tiene razones que el pulso ignora.
  93. La almohada es el confidente de las noches.
  94. El beso robado es el más dulce.
  95. El bostezo es el abrazo del aburrimiento.
  96. Las tijeras son las serpientes mecánicas.
  97. El vino rojo es la sangre feliz de las uvas.
  98. La lluvia es el llanto del cielo.
  99. El tren es el lápiz que dibuja caminos.
  100. La sonrisa es el idioma más corto del mundo.

Aforismos (Leonardo da Vinci)

Ficción

Atención: fichero muy grande, pulse en el título para verlo.

Nefastissimus

Poesía

guadaña que le alarga
de regalo forzoso
sobre el héroe primero
qué hacer con lo que vivo?
ley rige el cruel tablero
labor será quimera
me rodea su presencia
la orilla que sutura
dudando en el alero
que todavía excitada
alegre pulse un verso
la lluvia no era suave
a las esferas del seis
viste letal esencia
lo que me estás pidiendo
al muro encaramada
ensalza al que se inclina
miradas de serpiente
sólo quedó poesía
como duna que emerge
desteje incertidumbres
por nácar irisado
de fraterna indolencia
de los carros ajenos
acaso es el destino
por todo su dinero
como labio ligero
por los pelos aferra
publicamos primero
infunde nuevo fuero
con labia laborable
mas tus deseos no valen
se extiende el derrotero
oculto en la sentina
extraiganle a los mares
bella hasta en la demencia
porque en lo impropio nada
de ti me ha hecho sincero
de la rabia indomable
sangre que se detiene
de unidad, qué profunda
o tú o lo venidero
pezones de estricnina
si sólo fuera helada
viles o repelentes
alusión a la fiebre
no inventó la carencia
del estado latente
memoria que imagina
amarga piel besada
madre tan submarina
el malestar hechizo
dando un sentido nuevo
que primero recuerde
hermano que ama a hermano
alarga un huso ausente
el pan que no germina
en franca disciplina
hay que darle en el pecho
lo distinto es hermoso
solo en las negaciones
no está en venta el paisaje
atroces días mudos
sonriendo indulgente
más no se difumina
mis sueños de clemencia
cabeza es espantosa
tornase en aguacero
por paradoja, el río
haciéndome a mí pobre
cabeza que, postrera
bullente el hormiguero
agonizan muchachos
de los oscuros tiempos
reverdece en afluente
mayo, dolor, morfina
la gota suspendida
también piel insurgente
nuestros sueños imberbes
linde o flujo voraz
imposible aguacero
nuestros sueños deciden
la luz que ríe y declina
límite, umbral, paso postrero
latente en la neblina
por nuevo derrotero
rodeada de ausencia
quiero que ya lo sepas
me pregunto intrigado
su figura esplendente
bajo un cielo infinito
mi casa silenciosa
conjugando los verbos
por qué se equivocaba
el alma ya es certera
no corran por las playas
hasta en el desespero
que avanza cual la sed
con gurús sin solvencia
buscaba en sus calores
tus labios que se cierran
por huir de lo adyacente
la fuente que bebiste
que al fin estalla el gesto
en similar secuencia
en el gran laberinto
tenebrosa conciencia
que jamás se termina
agotó mi paciencia
con más fiebre termina
mezclándose en tus venas
pateras y decencia
libre y vital me hermano
todo texto indolente
con rigor que se instala
la ecuación sea servida
acercarse, con prisa
tan fugaz cual esquina
un temblor que se inicia
da pie a la disidencia
sangre que riega el torso
radical risa alpina
de cuerpo lastimero
criatura más salvaje
el ritmo de las olas
materia o carne muerta
se encara codiciosa
por temor al intruso
lo que en ti más quiero
con manto de guerrero
sube por la pendiente
igual que una pechina
hallé solo su inquina
llega el común hastío
si tanto la quería
esparce el fruto amargo
lo que de ti más quiero
sangre que niega al corso
que todavía conservo
acaso es el damero
beneficencia ciega
y un orgasmo truncado
como siempre dañina
agotada la ciencia
ingente y laborioso
del tarro nunca abierto
tras quienes les dominan
o indiferente o bella
deviene la conciencia
el hundido rebaño
agostó mi potencia
cometió con esmero
ofensa se contagia
demandando obediencia
por las fiestas Lunares
un alma tan mezquina
pues ella enfrenta al sol
por qué no yace entera
huyen vanos y alados
en forma de aguacero
de semblante inocente

un viento cimarrón…

Poesía

un viento cimarrón cabalga
como vestigio mudo
tengo que caminar dos mil millas
aprendiendo sin sangre
de pálido gris que me estremece
hasta volver a mi lado del sofá
una fiera serenata
por ti bebe y brinda
no asoma el llanto
viejo lirio del campo
por ahora
nada, corre y vuela
regresa pronto
no importa el nombre
está aquí para quedarse
un audaz banquete de chorlitos
bailando en la calle
esa arena tan hija del mar
ligeros hay que cabalgar
hoy, cuando más joven soy
un himno que suena en lo lejano
otra chica, otro planeta
del arrecife al piélago
alodial
abandona tu sombría opinión
dónde estás?
escucha la música del céfiro
con azulado delirio
en los finales clandestinos
con juventud de mayo
el mundo está dispuesto
asciende vulnerable
serpiente fría del invierno
mi beso cuelga de tu labio
cada tibia mañana
relumbrando en mi cabeza
porque quiero escribir
el lago a donde va el cisne
estoy pensando en ti
incluso la bruja más vieja
se suicida
coreando alegremente
abreva la intemperie
entre las flores muertas
puntual y certeramente
aunque hable solo
una muerte glacial
hinchada vela para un largo viaje
entre la sepultura ciega
te dejas embriagar
capaz de morir sin decibelios
toda la gente lo dice
ardiente
en el estanque quieto
donde suena el eco
versa, ora hasta el infinito
un sol, cuya aurora sonríe
una noche robada
en el enigma de un rincón
comienza a despertarse
la bruma nocturna exhala
un glorioso estruendo mudo
ágil y diligente
se agostó de desidia
sale una rana
en la quinta avenida de neón
el sol era memoria
ni rastro
junto a la charca
en el ebrio verano
entre las cortesanas
penetra su voz hasta la roca
en mi faro perdido
camino solitario
apacible insulario de desdichas
con su ala única de águila
chica furtiva del viernes
aunque ¿quién sabe?
del lado oscuro
víctima de la ebriedad
luce remotamente
un cantar fuera de tono
te abrazo
sin miedo de lavar la herida
en la brisa meditada
según se agita
oh, noble dama
insaciable
más que una sensación
el viento de otoño
ya no me acuerdo
el espejo no aprende nuestro gesto
en el fondo, sin límite
en tu boca aletea
una pandemia del alma es Pandemonia
transeúnte
en el cabaret celeste
la vibrante cigarra
con brisa matinal
mi nube tormentosa de mayo
nube, limusina del cielo
no lo pienses dos veces
dónde o cuándo?
febril sirena de las esferas
angelote con alas
solapante y teatral
mi trueno tras tu rayo
fiel a las migajas de la luna
—y qué?
un insondable río
no tienes que ser lejana estrella
tiene un destello divino
una herida amapola
luz de la hoguera
¿por qué sobre mí?
carajo
replegado en mi estancia
te escribo otra canción?
tiempo de alegría, oh virgen!
ondulando las aguas
en tu cristal solemne
un nuevo mirlo
despioja su camisa
nuestra salvaje foresta
deja que el buen tiempo llegue
un pirata del caribe
en el oscuro camino del astro
la suerte está eyaculada
se dijo alguna vez
en tu regazo
en el vals de un pífano ronco
un sepelio de voz
dulce muchacha del paraíso
feroz es el viento implacable
oscuro cigarro tras caoba café
lóbrego sobre lóbrego
el templo yermo de la duda
en el profundo y ancho azul
mágica mujer de rojo
si se empaña
por el crepúsculo del blues
una sideral región
si los fantasmas duermen
mira la hierba germinar
en un instante
con voz quebrada
si puedes palpitar solitario
ponme un café, lleno de noche
quizás por eso está
la colina de cerezos
para hacer esperar al hombre
lo más seguro salga el sol
una esquiva noche
al nuevo sol
al parecer escapa
el día que llegas al mar
la luna es un mendigo tuerto
¿soy yo esa chica?
con el suspiro de la bruma
se pudre o se renueva?
oh, valquiria
de etéreo simulacro
el sol es un caldero bien fregado
aquel trofeo nebuloso
caen las alas al abismo
parte de ti
—día tras noche—
ríndete al murmullo de la ciudad
una nube sombría y remolona
mejor aún?
lloreando cencellada
más sereno
en un viaje de mil millas
frente a las puertas de la luna
puedo soñar despierto
contra el rompedías
encontré la eternidad
más viva, más desnuda
de la perdición
corazón de cerezo
rezuma olor a madera
más me vuelvo a mirarla
dentro de la sombra caoba
se inclina sobre el cadáver diciendo…
el tiempo corre
amante de Roma
con viento fresco
cae hialino el cristal de nieve
un salvaje día
embiste sin domar
balido tras balada
cabalga de nuevo
conmigo eternamente
no puedo tomarme en serio
nada nos queda
seguramente también
mendigo ciego que murmura
está luciendo suave
indeleble y sublime
un rescoldo estelar
el espejo no entiende nuestra cara
recuerda siempre
un nocturno homenaje
insumisa noche del desierto
para salir de esta estrella
al borde del abismo
en blanco y negro
más…
cae sobre mi
de ausencia desnuda y cenicienta
se ruboriza el piélago
enciende mi peregrina voz
leve y lívidamente
sueño en el desierto
deja tu huella hoy
espera…
sueño del terafante
en voz alta y sonora
—absurdo! demencia!
pones una sonrisa en mi cara
bordado con mi cuerpo
un eco se hizo campo de corales
se anuncia silente
otra embriagadora balada
en un oscuro trueno
mientras hablo sola
no necesita eso
ahora y siempre
otro naufragio
la mente resopla confundida
como judío errante, no tengo precio
sin penas y sin pan
el verano lo viste
en cada historia
silente todavía
no lloro lágrimas
¿alguien puede explicarlo?
una bagatela de violín
día tirado al retrete
del azul lacrimoso
en toda su eternidad
del arrítmico latido
la luna sigue girando
no se acaba el camino
canta hasta el trébol
un nardo lanza al viento
para romper el techo de cristal
mi montón de huesos
con la oblicua mirada del loco
un hombre al piano
se infla optimista
no puede ver tu esencia
el liego abandonado
tiembla en el silencioso paisaje
corcoveando equino
Toda ley humana es una forma de opresión sobre otros.
soy yo quien te escribe
una grave montaña
febril cual mosca cojonera
mira el hervor de su cicuta
salvo en la sombra
de París y Madrid
me pregunto
encontraba otro mar
moldeable de promesas
el universo en su rescoldo
un collar de perlas engarzado
se desmayó de primavera
un día de nieve todo cesa
se pavonea el pisaverdes
sin pensar en el desolado lirio
a sueldo de Moscú
nuestro fuego rezonga
el banquero araña su ábaco
delirescente, azulino
laberintos delusorios
de pereza sufrida
si supiera bailar
la ninfa ya no huye
nadie sabe…
caen las hojas
un ingenio penetrante
lo que todo el mundo dice
esta oscura y densa selva
lo que nos atraviesa
—¡oh, roedores judiciales!
parte de mi
caminando bajo el verde tilo
en un fundido a negro
la cúpula de una nube
herida de los labios
todo mi fuego
aguacero de versos
—¡abrid la ventana
un par de corazones escarlata
tras el verde ciprés
tras vivir y soñar
veo mi palabra perdida
háblame de la ociosa pubertad
sobre el verdor inédito
«allegro ma non troppo»
con sanguino añejo
llora en la lluvia, redundante
jugando al escondite
sólo a veces
pétalo de azahar
… mutis por el fiordo
mi satán desatado
postreramente
sin soñarlo siquiera
crepitando sutil
de tierra y cielo
también llega a su ocaso
Destructor y creador
tan risible como arrogante
el azul que me llena
sin nombre
mas, sin sobresaltos
nuestro amor
cruzar la puerta
sin embargo, oh sin embargo
si anochecen lunas en tu piel
más cerca aún, más cerca
pero di que serás mía
abrázame con fuerza, insensato!
ora interminable
ahora que llueve
sumiso como esclavo
ven a bailar conmigo
ante un vendaval
se convierte en canción
con ceniza de luna
indemne entre el cieno de cloaca
bajo el fuego impetuoso
al emerger de las aguas
gimoteando lluvia
estrella fugaz
amada ninfa
entre penumbra e intemperie
de nieve pegajosa
agradable recuento del latido
en la ladera
con el brillo de un alma brumosa
puede ser poco inteligible
pavimento de tumba
el verano sestea entre mies
con hervor sanguíneo
con lágrima de abril
rebosante de gracia
llueve suavemente
conspirando en el cielo
en el muro con lepra de un siglo
sometiendo a las olas de arena
como vieja armadura oxidada
acaso no es así?
tocaba el saxo
para, gozosos, celebrar el día
¿cómo reparar un corazón roto?
limusina
bacante surgida de mi sombra
amor de verano
mi silencio indolente y cobijado
en el profundo cielo y en el mar
huele a miel y rosa
¡ay la leche!
hay señales en la niebla
contigo siempre
ora breve y fugaz
por el oleaje empecinado
embiste nuestro rostro
con mística ebriedad
qué nos queda?
sombra sin ojos
bebe un vino amargo
¡toma castaña, Pandemonia!
cuando estás aquí
las hormigas arrastran
mi domingo de harápos
con la mítica valquiria
latiendo al unísono
di lo que quieras
pongo una sonrisa en tu boca
vuelo a casa
una palabra que grita
en la ensenada
con herrumbroso atardecer
—las olas están rotas
no se acaba la calle
escarcelante, libre
llueve un raudal de luz
llega otro día
surge siniestramente del naufragio
ninfa del cielo
ondea la nieve su bandera
al volver triunfal
un delusorio suspiro
con párpado de escarcha
niño de escarcha
se disuelve y coagula
a su embrujada hora
de vuelta a la melodía
rescoldo sepultado
cuanto más me alejo
sin azul ni desierto
una nada nadea
no será alcanzable
—la savia no está lejos
un silencio invisible
capitán Cebada
en la caverna
el eco claro de tu voz
su satán, otra vez!
agua llorada que cae
mientras pescas en un río revuelto
semejante a las sendas del mar
nuestro caballo más veloz
te entiendo, hermana
viejo y olvidado amor
si ya no significa nada
el origen de toda actividad
a veinte bajo cero
a veces
al alba y al ocaso
del frío monte al salvaje lago
breve cortejo nupcial
el azul es fácil de amar
radiante por el áureo
mira de cara o de reojo
dios bendiga el blee blop blues
mi candor nativo
lanza sus perlas la tempestad
te entiendo, hermano
mi frente sangrante
rompe las enseñanzas de Orfeo
fascinando sin más
con este swing sombrío
nada puede quedar
incontestable
en mi propia piel
si no hay forma de decir adiós
de estrellas deslunadas
con el humo y ceniza terminales
a remojo del cielo
la sombra mendiga

enlaces

Poesía

$ky
-Entonces, mátalo… -Para empezar, vale.
-No me escuchaste. -Sí… ¿Qué decías?
…cinturón niveo y labios encendidos
35 millones de años antes…
A bird-brain banquet melts bold Mistress Mog
A daring baron pockets precious Mings
A la pupila poseida
A la salud de Baco!
A la vuelta te espero -sentenciaba Boomerang.
a las 10 en casa
a las hojas del arce
a las nubes del monte
a mis princesas
A partir de hoy, cuando te dirijas a mí, empieza por la palabra ‘adiós’.
A pesar de estar manchado de sangre, sonreia.
A piercing wit would sprightliest horses flog
a sueldo de Moscú
a una amapola
a veinte bajo cero
A ver si te enteras, que son 20 pegas!
A wise loaf always knows its humblest crumb
Aburrirse es besar a la muerte.
Acerca
Adoremos sus palabras
Ahasvero es el judío errante
ahora que me voy
Ahora, Susana, las sonrisas son para ti.
Al marinero mar
al mendigo
Al mudo cobijo de tus bosques axilares
al oscurecerse el monte
Al pálido palacio del débil desconsuelo
al subir una loma
al viejo gallo
alba de estío
algo me han dicho
Algo que contar
Allá va el mar
alrededor de la garza
alzado
amandoossodia
Amante de alquiler
ambienteg
Amemos el haiku
amigo gagarin
An icicle of frozen marrow pings
anaitgames
analiebana
Anécdotas, historias y relatos
And empty cages show life’s bird has flown
And lessors’ dates have all too short a sum
And let you off from your opinions glum
And loudly sang off-key without a tone
And played their mountain croquet jungle chess
And starve the snivelling baby like a dog
And yet ’twas he the beggar Fate just flings
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Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York
ante el respetable público
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Apenas intercambiamos una palabra.
Apestando a infernal sofisma
Apetitos tallados en el tórrido caucho
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Aquel fatal diluvio, de cándidos desdenes
Aquellos seres estaban como locos.
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¡Cuando pienso en todos los tíos con los que me he peleado para provocar un escándalo!
¡Dios mío, un negro homosexual y de derechas! ¡Creía que se había visto todo!
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¡Qué dura le ha salido la barba al erizo!
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cuando calienta el sol
cuando el viento regrese
Cuando gira el espejo del armario gira el mundo con él.
Cuando las cucharas de toda la familia arremeten con la sopa, parecen remeros de regata.
Cuando los tipos de ciento treinta kilos dicen cosas, los de sesenta escuchan…
Cuando quieras que la gente te escuche, no debes contentarte con unos golpecitos en la espalda, hay que ir a golpes de martillo.
Cuando se habla de pasta, a partir de cierta cifra, todo el mundo escucha.
cuanto más me alejo
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cubierta esta mañana
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de amarillo calabaza
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De la embustera complacencia
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de la libélula
de la luna creciente
de mairena
De mis bajeles
de no estar tú
De nubes grises
De rebaños enfermos y engañosos
de repente el sol sale
De repente se encontró bajo un árbol.
De sed del tiempo
De siervas vaciedades
de tierra y cielo
De un mágico tuareg
de vita et moribus
deakialli
debohemia
deja sus alas la mariposa
dejasteis por cubrir
Del bandolero alquímico
Del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos
Del mar surgido
Del quejumbroso Nilo…
demasiado grande
dentro de un jarrón
dentro del frío
desdeguate
desdelatribuna
desegundos
desinformados
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despertar
Después de adentrarse profundamente, desfalleció.
Después de aquello, nunca olvidaron lavarse los pies.
después de los sesenta
después en las tinieblas
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Detesto la aurora. La hierba tiene la apariencia de haber sido descuidada toda la noche.
detrás, delante
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Dispersas en las marismas de infortunio
Disuelto en informes frondas
Do bank clerks rule their abacus by thumb?
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Edison incubó la primera bombilla eléctrica.
edmz
eduardo allende
eduardocollado
Efímera
El agua.
El aldabón acuña la moneda de la llamada.
El ácido bórico tiene ternura para los ojos
El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.
El beso es una nada entre paréntesis. {}
El beso, ¿es un préstamo o un regalo?
El Blog de Enrique Dans
El Blog de Loretahur
el blog de pepi
El blog del futuro del libro
El café con leche es una bebida mulata.
El caudaloso riachuelo estaba seco ahora
el cazador de libélulas
el cerdo agridulce
El ciclista es un vampiro de la velocidad.
El colchón está lleno de ombligos.
EL CONCEPTO DE FICCIÓN
el día de hoy también
El despertador mete en la casa un ruido de peluquería, cortando el pelo del tiempo a la tijera.
el despertar tranquilo
El director de orquesta aletea sin alas.
el dulce aroma
El enjuagatorio del alma es la jaculatoria.
el equipo t
El Escritor
El espejo cromático del estanque de luna
el frío
El gato cree que la luna es un plato de leche.
el gran bosque sería
el grácil sauce
el haijin con su haiku
El huevo nos mira con su roja pupila interior.
El humo no logra pintarle bigote al cielo.
El jardín se fuma en pipa las hojas caídas.
el jefe de los bandidos
El jugo pancreático es el jugo más griego que poseemos.
el ladrón olvidó
El libro es una sopa de letras ordenada.
El lunar es el punto final del poema de la belleza.
El Mar de las Tormentas
el mar oscurece
El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender.
el mundo cabe
el mundo está loco
El olor de la flor le despierta y sale
El ombligo se quedó guiñando el ojo
El piano de cola se hace pajas musicales.
El picnic ha terminado: no tenemos hormigas rojas.
El poeta multimedia
El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos
el propio corazón
el que os mira
El rebuzno es un suspiro frenético
El refugio de Orpheus
El reloj nos va afeitando la vida.
el riachuelo va
el rojo atardecer
el ruiseñor
el sapo de este matorral
El sexo aligera las tensiones y el amor las provoca.
El sueño es un depósito de objetos extraviados.
El tenedor es el peine de los tallarines.
el vendaval
El Ventanuco
el verano lo viste
el viento de otoño
el viento ha pasado
El viento soplaba sobre el lago
elastico
elblogsalmon
eldoctorhache
Ellos continuaban sin parar.
elqudsi
elquemuchoabarca
elsabanon
elsacoroto
elsentidodelavida
elviajeaningunaparte
elvoyeur
Emboggled minds may puff and blow and guess
emcatarse
emerecindo
emezeta
emigrando
en diecisiete sílabas
en el azul, cómo sube
En el desierto
En el fondo, en el fondo…
En el hipo tropieza nuestro aliento para convertirse en desaliento
en el horizonte azulísimo
En el murmullo se cuecen las palabras
en el que comeré caquis
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
en este sucio mundo
en guerra eterna
en la campiña
En la gruta bosteza la montaña.
en la ventana indiscreta
en las tinieblas
En los eternos mares de arena
En los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo
En los mustios calveros de las plazas públicas
en mi barca yo solo
en mi vida anterior
en mini falda
en oriente se apilan
en páramos quemados
en primavera
En que dejabas mis lánguidas vidrieras
en ruiseñor
en su sonrisa
en tierra firme
en tu correo!
enberlin
encuentros aleatorios
enelcaos
Enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos
Engadget
enjambreliteral
enlavalla
enriquedans
Entenderemos el ruido y la borrachera si te quedas aquí.
Entonces le dio una palmada y despertó sobresaltado.
Entre el sillón de un ministerio y estar fuera de la sociedad sólo hay un paso en falso.
entre retoños
entreteneos jugando al amor
Era el hombre más viejo del mundo
Era evidente que a la madrastra no le gustaban los niños.
Era uno de esos días en que el viento quiere hablar.
Ere meanings new to ancient tribes are thrown
erebe
Eres un imbécil y un desconfiado porque cuando te digo que eres un imbécil no te lo crees.
Erotismo na Cidade
error500
Error500 | Tecnología + Internet + Conocimiento
es ahora otra cosa
Es guapo, pero cuando se le habla no entiende todos los verbos.
Es tan estúpido que necesita un test de inteligencia para sonarse la nariz.
Es triste que el interior de los baúles esté empapelado de pasillo.
es una mariposa
es ya mi aldea
es.appleweblog
Esas ineptas e inmundas que huríes se creyeron
escalextric
Escapó de las cobras
escolar
Escolar.net – Ignacio Escolar
escritor
escritores
escritores
Escritores aficionados
Escritores da História
ESCRITORES NOVATOS
Escritores.
escritoresdominicanos
escritos
EsCrItOs
EscritoS
Escritos
escritos
Escritos Profanos
Escritos…
escritoscarolina
escritura de pájaros
Espacio de mabel
espartakocc
Espero que algún día alguien te diga lo que realmente pienso de ti.
espiadelbar
esquivaesto
esquizopedia
Estaba tan cansado que me quedé dormido allí mismo
Estación: claridad
estamos a salvo
está el árbol en flor
está lo que más importa
Estás pálido, triste… Se diría que eres abstemio.
Este amuleto es perfecto –exclamó sonriente.
Este blog ha recibido el premio “Pelourinho 2006 - Blog do Ano - Internacional” en Plata
este camino
Este chaval quiere ganar con su cara un concurso de caretas sin mover un músculo facial.
Esto no funciona, ¿es normal?
Estos dramáticos mendigos de la oportunidad
Estoy muerto? -pensé.
estoy solo
estoy viendo flores caídas
estratega ( )
estrella
estudiomatica
etc.territoriocreativo
Etruscan words which Greece and Rome engrave
eventoblog
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evitándolo
Evolucionarios
evoncando un viejo ayer
extracine
Extraviados en los juegos infantiles
Fall apart right here under a sky that knows no stars
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Filching the lolly country thrift helped save
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filozoofar-es-dar
Find her an empty lap, fellas
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florece el ciruelo
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For burning bushes never fish forgave
For Europe’s glory while Fate’s harpies strum
For tea cucumber sandwiches a scone
Forms shadowy with indecision wheeze
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Frágil espejo
frente al gran río
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golosinacanibal
gorrión sin padres
gracias sean dadas
grandes y pequeñas
grazna una garza
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Gregón de Oro
greguerias de greguerias
Greguerias y paraphernalia
grosero cuco
guardas del templo tocan
guerra y paz
gulgulan
gurusblog
guti
Hacía tanto ruido que no podía escucharle.
hachemuda
haciendo versos
halondisparado
hasta los astros
hasta qué región
Hay cosas peores que la muerte. Si has pasado una tarde con un vendedor de seguros sabes a lo que me refiero.
hay mariposas
Hay quesos que son puro cáncer.
Hay quien busca el sentido de la vida
He bent right down and well what did he seize
He bent right down to pick up his valise
He visto desfilar mi vida delante de mis ojos… y era aburrida.
He visto una inglesa. Diría que su aliento era como el de un pez muerto.
He’s gone to London how the echo rings
hechoseinterpretaciones
hectormilla
Her native chauffeur waited in the breeze
Hespérides de heno
Hi there
Hilos de Ariadna
hiperdef
hipersonica
hipertextual
His exaltation shocked both youth and crone
His nasal ecstasy beats best Cologne
His toga rumpled high above his knees
Historia en la red / www.dhistoria.com
hojasdenacar
Holanda: palabra que calma.
hosting
How it surprised us pale grey underlings
hoy a la luna
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huecos de luz
huye el rocío
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Idle Words
iglesia rústica
ihatedesign
ilmaistro
im-pulso
Imdugud
imprimir?
In cognac brandy is Bacardi rum?
In Indian summers Englishmen drink grog
In purest cradles tha’s how they behave
In salads all chew grubs before they’ve wings
indefinível narrativa
Index – Libro – A Different Design
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It’s no good rich men crying Heaven Bless
It’s one of many horrid happenings
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IV Certamen de narrativa breve · Canal #Literatura
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Jesús, qué humildad en su enfado…
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l’atelier des mots – POESIAS
La amistad entre un hombre y una mujer no puede funcionar. Es la moneda falsa.
La belleza con lunares es una belleza certificada.
La bruja se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa.
La C es una galleta mordida.
La cafetería
La Casa del Poio
la chica de la oficina
La CIA no se la juega, parte de sus hombres luchan con el presidente y los otros luchan contra él.
la cigueña
La Coctelera: Ciberescrituras – Inicio
La Coctelera: El Ignoto Malvino – Inicio
La Coctelera: El Reparador de Sueños – Inicio
La Coctelera: El rey de blogs – Inicio
La Coctelera: micro-latencia – Inicio
La Coctelera: Tribulaciones de un guionista – Inicio
La Dama de Elche es la primera mujer que gastó auriculares.
La diferencia entre la muerte y el sexo es que la muerte es algo que puede hacer uno solo y sin que nadie se ría de ti.
La economía es un arma. La política consiste en saber cuando apretar el gatillo.
La eternidad envidia lo mortal.
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales
La ficcion derrotada
La gaita canta por la nariz.
La humareda de escarcha de los valles de plata
La jirafa es el periscopio para ver los horizontes del desierto
La lagartija es la rendija verde de la tapia.
la larga oruga
la lejana montaña
la lengua
La liebre es libre.
La lira está hecha con los cuernos del poeta
la literatura me la pone dura
La lluvia se puso a teclear en su máquina de escribir.
La luna adora los acantilados.
la luna en la ventana
La luna es el ojo de cristal del cielo.
La luna es la lavandera de la noche.
La luna es la mujer que gasta tacones más altos
La luna pone en el bosque luz de cabaret.
La luna sobre el mar es aviador y buzo
la luna sobre la plaza
la luna y el trébol
la maté por un yogur
la mentira
la mitad de las flores
La muerte de un dios
La muerte es hereditaria.
la mujer objeto
La mujer se pinta las uñas para tener diez corazones a mano.
La niña vudú
la nieve pegajosa
la nieve sobre mi manta
la orgía perpetua
la patata de la libertad
la página definitiva
la que ronda mis ojos
La razón pura es un pasquín en blanco
La sandía es una hucha de ocasos.
la sombra de una cometa
La sorpresa más grande que puede dar un tonto es detenerse.
la tarde y la montaña
la tempestad
la tormenta en un vaso
La tortuga está perdida porque lleva el mapa a la espalda.
la vasta noche
La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes qué sabor te va ha salir.
La vida es estar cayendo hasta el fragor de la muerte
la virginal zarza de látex de tu sexo
la voz de la cigarra
la voz del viento
labitacora.net
labitacoradelmonosabio
labrujulaverde
lacarceldepapel
lafotografia
lafragua
laiababel
Lanzad a inocentes y lánguidos poetas alli -susurraba.
lapalabra
lapastillaroja
lapenultimapalabra
lapetiteclaudine
Las Desdémonas
las dos manzanas
Las flores que no huelen son flores mudas.
las hojas secas
las hormigas arrastran
Las lilas son la blusa de percal de la primavera.
las partes de un todo
Las porcelanas nos acompañan en la vida, pero fríamente.
Las serpientes son las corbatas de los árboles.
las sotanas de Satán
Lágrimas rezagadas
Lóbrego lago de lágrima empedrado
le sobrevive
le sobrevive a todo
Lectura Obligatòria
Lecturas
lejana tarde de primavera
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Ler e bibliotecas
les grazna un cuervo
leve es la primavera
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Libro: hojaldre de ideas.
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Licks round carved marble chops on snails full-blown
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Literatura – Francisco Juan Prieto
Literatura Eskola
Literatura Fantástica
llamamelola
llave de hielo
llega a su ocaso
llegó el deshielo
llenando el firmamento
Llenaos la barriga! -les grité.
lluvia de anoche
lluvia de primavera
lluvias de mayo
Lo llevó al pozo para lavarlo.
Lo molesto de los barcos es que la salsa de espárragos no está nunca donde debe.
Lo que dijo Nicolás Pertusato
lo que ronda mis ojos
Lo que sepas o no me importa un bledo. De todas formas he decidido torturarte.
lo tiene todo
Lobsters for sale must be our apologue
Loic Le Meur Blog
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Los archivos de Justo Serna
Los arcos de triunfo son elefantes petrificados.
los crisantemos
los días lentos
los gorriones
Los griegos se morían soltando palabras griegas por la boca.
Los insectos no hacen política. Son brutales. No tienen compasión ni compromiso. No se puede confiar en un insecto.
Los pasodobles debían tener dos autores.
Los párpados son persianas que nos protegen de la luz de la vida.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
los puntos cardinales
Los remos son las pestañas de los barcos.
Los sábados escucho Sugar Dumpling
Los senos de la bella están llenos de mariposas de besos.
Los tramoyistas son los marineros del teatro.
Los tubos fluorescentes padecen de epilepsia.
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Luce la mercancía de infancia evocadora
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más me vuelvo a mirarlos
Música
Música
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Me acerqué a ella y me despedí con ternura.
Me gustaba la canción de aquella niña.
Me gustan las mujeres en bikini. No pueden esconder armas.
Me gustaría ser detective. Eso exige cerebro, coraje y pistola. Y yo ya tengo la pistola.
Me he convertido en el hombre que siempre tiene miedo de llegar a ser algo. Pero me siento muy feliz así.
Me he instalado definitivamente en la libertad provisional.
Me preguntó que si encontrar el amor físico era sucio y yo le respondí: “Lo es, si se practica correctamente”.
Me siento como si todo el ejército ruso en calcetines hubiese desfilado sobre mi lengua.
medtempus
memoria-de-una-desmemoriada
memorias del viento
merodeando
merodeando
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Metafilter | Community Weblog
Mi boca está tan seca que podría proyectar Lawrence de Arabia.
Mi casa es mi castillo.
mi choza en primavera
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Microcuentos en 30
Microsiervos
Microsiervos
Microsiervos
Microsiervos
Mientras canta su nana
miguemora
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Minid.net
mira bien, mira bien
mira, iba a decir, pero
miradas y voces
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moebius
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moscas de mi ermita
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motrildigital
Muerto: boda con el ciprés.
Mujer Adentro
Mujer preocupada: doble sal en la comida.
mujeres que pasáis por la Quinta Avenida
mujeres reales o fantásticas?
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Mutabilidades Inconsecuentes
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nachovigalondo
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Navegan las promesas salvajes
navegando en mares de reflejos amarillos
NEGRALUZ
Neuronas Digitales
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ni ninguna mirada
Ni tu magia podrá secuestrarme
niebla del monte
Ninecuentos
No confiéis demasiado en la raya blanca que divide la calle.
no encontrará ningún árbol
No es educado leer delante de la tele.
No es mala persona… si nos olvidamos de su apariencia, su inteligencia y su personalidad.
no es nada vivir
no hago nada
No hay abrazo más fatal que el de la tierra -tarareaba.
No hay nadie que soboree el agua como el pájaro.
No hay pulso. El corazón no late. Si la cosa no cambia, este hombre está muerto.
no hay telegramas hoy
No juzgarán al pérfido viático
No le cabe la polla entre sus dientes de conejo! -exclamó con ironia.
no lloréis, bichos
No mandes a un pato a hacer la labor de un conejo.
No me gusta ver llorar a las mujeres. Nunca lloran por mí.
No me pises el cielo que acabo de encerarlo!
No need to cart such treasures from the fog
No soportaba el ruido de furias gobernantas
No tiene enemigos en el mundo. Sólo los amigos le odian.
no tiene nada
No, no, no… un miasmático señor tuvo la culpa! -exclamaba histérico mientras se alejaba corriendo.
nopuedocreer
Normal one aims to be and share the throne
Nos quedaremos sordos! -lamentaba.
notasdefutbol
notasmoleskine
Noticias ciencia-ficción
notitia-criminis
Nought can the mouse’s timid nibbling save
novaciencia
novela
Novela do terravista
Novela Negra y Cine Negro
NuNa
Nunca hay que confiar en alguien que lleve una pajarita. La corbata cuelga para acentuar las partes genitales. ¿Por qué habría de confiar en alguien que quiere acentuar sus orejas?
Nunca he sido tan feliz como el día en que besé a mi madrastra olvidando que tenía un cigarrillo en la boca.
Nunca mezcles el hielo con el whisky, ocupa mucho espacio.
nuncajamas
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
O en el regazo pérfido del cuello
O es el primer error que cometemos hoy o es que este tipo nos ha vendido el puente de Brooklyn.
O Parthenon you hold the charger’s strings
O se asfixian en acostumbrados manjares
oberon
obm
ociocritico
ociotakus
oclcyc
octaviorojas
Odio las duchas frías. Me estimulan y después no sé qué hacer.
Oh desesperación vivaz
Oh how oh how he hates such pilferings
Oh muñeca de goma y amante de alquiler
Oh reina violeta que ahuyenta la alegria
Oh, eso será tan fácil como pelar una tortuga.
oink
ojo al texto
ojobuscador
ojos en la escarcha!
Ojos Rojos
Old corned-beef’s rusty armour spreads disease
Old Galileo’s Pisan offerings
olganza
olor a crisantemos
Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies
On fish-slab whale nor seal has never swum
On wheels the tourist follows his hostess
One gathers rosebuds or grows old alone
One misses cricket hearth and croaking frog
One of your old favourite songs from way back when
One tongue will do to keep the verse agog
online
ooohmyblog
openbet
opiniones
Or grinning like a pale-faced golliwog
ora va al este, ora al oeste
orfa
orsai
orteuiperelloisalvado
Os Trechos
otexto
otromundoesposible
otros viene dos veces
ounae
p.n.e™
p03m4s
paco al día
pacocostas
palavrasesentimentos
palomas despistadas
pandeblog
la endiablada cueva del deseo
papelcontinuo
para conocer la flor del ciruelo
Para el ejército me declararon inutilísimo. Si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén.
Para una cantidad grande, ¡cuidado que es chico el cheque!
Parafrenia
pasó el ayer
pasó también el hoy
Patricia pondría nervioso al café.
paubel
paullop
pájaro cuco
pétalos de azahar
pétalos de cerezo
pc-actual
Pedromoreno.net
pekinhouse
peluche
penetra en las rocas
“Aqui se puede descansar”.
periodismoincendiario
periodistas21
pero estoy solo
Pero las frutas maduras cayeron al suelo.
perpectivas desde el centro del caos
perroqueladraymuerde
perturbatronics
Pez: alfiletero de espinas.
phil ringnalda
picapiedra
Pintarán resplandores
pisitoenmadrid
pitodoble
pituteando
Pixel y Dixel
pixelydixel
pjorge
pjorge.com: Pedro Jorge Romero
planetamac
plastico
Platonic Greece was not so talentless
pobre de aquel que nada escribe
podcastellano
Poemas
POEMAS
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Poemas De Noche
Poesías y Poemas
Poesia Jazz
Poesias
poesias
Poesias
Poesias
poesias
Poesias
Poesias…
Poetic licence needs no strain or stress
Poor reader smile before your lips go numb
Poor Yorick comes to bury not address
PopMadrid.com
Por amores locos
por donde van las niñas
Por fin los encontró, dibujando en la pared con maestria.
por haber asustado
Por La Boca Muere El Pez
Por la calidad de sus pensamientos, Bob se sitúa cerca del nivel de Custer y de Nixon.
por la hojarasca
Por las perfectas bondades del pecado carnal
Por tus muertos! -dice- ¡Eres un brasas!
porcar
porfinesviernes
Portal de Ciencia Ficción
PortalCab.com
posado un cuervo
poseo la luna
Post Concurso Sky4YouOrg
Post-its sacados de la papelera
Posts Urbanos
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Preciosos y olvidados sueños de la dulce niñez…
Prefugas
PREMIÀ DEL MAL
presentimiento
Primeiros escritos – Rafael’s
primer amor
proletarium
Prose took the minstrel’s verse without a squeeze
Proud death quite il-le-gi-ti-mate-ly stings
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psicobyte
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Pues peor -exclamaron los niños.
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Qué blog blogsearch!
Qué dices!
Qué estabas haciendo hace cinco minutos?
Qué harapientas mujeres
Qué leprosas familias
Qué miserables joyas
qué pasa, follador
Qué pena, bodhisattva!
que caen
Que es la vida la que mata
Que Fluya WacK
Que Fluya WacK
que retornan a la rama
que se halla de viaje
que una fragancia
Que, acariciando a los lobos
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Quo vadis?
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rápida es la marea
Rápidamente, le explicó lo que estaba pasando.
Realidad o ficcion
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saudade
Sólo aprecias que funciona una vejiga cuando fluye.
sólo el monte Fuji
Sólo el sol puede dar vacaciones a las nubes.
Sólo eran rosas?
Sólo la girafa intentó besar a la luna.
sólo más hojas
sólo un viento que va
Scotland Yard estaba tras las pista.
scuaret
se adhiere a las cosas
se agarran a las hierbas
se apilan
se arriman al farol
se desata la bufanda
se incorporan etéreos
Se le antojaba frecuentemente…
se le olvidó
se me habrá ido hoy
se ondula el agua
se presenta
se refleja en los ojos
se siente orgulloso, el gatito
se va el estío
se va el otoño
se va la primavera
Se zambullen en el vaudeville vertiginoso
según tu antojo
sehizotarde
Semilla de otros tantos
senda del monte
sentidoweb
septemediciones
Ser rico no es tener dinero: es gastarlo.
Sergio Hernando » Archivos
sergiodelatorre
sferazero
Shallots and shark’s fins face the smould’ring log
Si el odio fuera un país, !yo sería la China!
si fueran cinco
Si se lanzaba desde el infinito no temia al mamporrazo…
Si te conoces demasiado a tí mismo, dejarás de saludarte.
Si todas las hormigas se ponen a cantar, nos oirá.
Si tuviéramos que decir siempre la verdad a la clientela, no haría negocio.
Si tuviera una voz así, me colgaría de mis cuerdas vocales.
Signalling gauchos very rarely shave
sigt
silose
sin cerebro
Sin duda aquello le recordó el brillo de las estrellas…
sin teñirse
sin tocar cosa alguna
Since Elgin left his nostrils in the stone
sindefinir-riz
sinembargo
sinmiedo
sistemasdecisionales
skarcha
Slashdot: News for nerds, stuff that matters
Smoke Rising From the Sun
Sobre corregüelas
Sobre el seto oxidado del afanoso otoño
sobre la arena
sobre la campana del templo
sobre la nieve
Sobre las tardes de otoño
sobre los campos azules de lavanda
Sobre praderas olvidadas del desierto
sobre una rama seca
sociedaddelainformacion
Socrates watched his hemlock effervesce
sofanaranja
solenoide
Soliloquies predict great things old chum
solitarioyfinal
solo.infames
solodelibros
sombras especulares
Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
son vagamente blancos
sopla el poniente
sotano71
Southern baroque’s seductive dialogue
soycoco
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spanish.engadget
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Staunch pilgrims longest journeys can’t depress
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studio
Study notE~LOGOS
Su Oriente derrotado de emociones falaces
su ropa sin doblar
Subió al bote y remó durante horas.
Such merchandise a melancholy brings
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sueña que se convierte
sueños sin rumbo
sufriendo desengaños
sufriendo estaba
sufro distinto al ver
Suits lisping Spanish tongues for whom say some
Super 45
Supergospel :: Música gospel
Surge la vana audacia del bastardo que alardea
sus caracolas
Susurrando luz
T
t-s-i
tabernil
tan cerca de mis ojos
tan lejos de mi vida
Tan Nada es la muerte
Tan segura y protegida del combate
Tantas armas en esta ciudad y tan poco cerebro…
Tantos hombres y tan poco tiempo – Peluche
tarde de otoño
Tarjeta del suicida: una hoja de afeitar.
tú en esta choza
tú, caracol
Te amo. Pero no me hagas mucho caso. También amo a las moscas y a los incendios.
tecnochica
tecnogadgets
tecnogeek
tecnomaps
tecnorantes
telendro
Tenia frio y odiaba la humedad.
Tenía una boca tan perferta, que se dudaba si la podría abrir.
Tengo la carne de gallina. De una gallina que ya tenía la piel de gallina.
Tengo necesidad de ti como de un grano en el culo.
Tepasmas.com – Curiosidades de Cine
terechacon
teuve
Th’outrageous Thames a troubled arrow slings
That every verbal shock aims to deprave
That horde of crooks felt they’d more right to own
That metred rhyme alone can souls enslave
That suede ferments is not at all well known
Thérèse no es fea porque tenga un físico difícil; es distinta.
the
The acid tongue with gourmet’s expertise
The answer is they could be twins full-grown
The bell tolls fee-less fi-less fo-less fum
The best of all things to an end must come
The bull’s horns ought to dry it like a bone
The colonel’s still escutcheoned in undress
The country lane just thrives on farmyard mess
The fasting fakir doesn’t smell the less
The fertile mother changelings drop like kings
The Frisian Isles my friends are cherished things
The geneologist with field and fess
The J-Walk Blog
The leaning linguist cameramaniac sings
The marble tomb gapes wide with jangling keys
The nicest kids for stickiest toffees crave
The North Wind bites into his architrave
The peasant’s skirts on rainy days she’d tress
The roundabout eats profits made on swings
The showman gargles fire and sword with ease
The Taj Mahal has trinkets spice and gum
The thumb- and finger-prints of Al Capone
The Turks said just take anything you please
The understanding critic firstly sees
The wild horse champs the Parthenon’s top frieze
The wolf devours both sheep and shepherdess
theinquirer
Their sculptors did our best our hulks they clog
therainbowgarden
thewildrose
They both are right not unformed smatterings
They both are right not untamed mutterings
They’re kings we’re mammal-cousins hi ho hum
Though bretzels take the dols from board-room drum
Through homestead hillside woodland rock and cave
Through snobbish growing round her hemline zone
Through the red eye – By NOlo
tiene una gota
Tierragramas ( cuentos )
tierrasdetormenta
Till firemen come with hose-piped tidal wave
tintachinaceluloide
tiscar
titokokin
To break a rule Brittania’s might might waive
To one sweet hour of bliss my memory clings
To prove mamma an adult with a tress
Tocar la trompeta es como beber música empinando el codo.
tochismochis
tocomocho
toda la noche
todas
Todo acabó mal. Sin lo cual, nada acabaría.
Todo contrato tarda un rato.
todo en calma
Todo Música
todorss
todos los años
Todos sabían que era amable pero anciana
tomasmartin
torreholderlin
torresburriel
totumrevolutum
Trabaja deprisa y no ensucies mucho el suelo. ¿Qué más se le puede pedir a un pintor?
trabajarsinconexion
tradicionclasica
traduccionydoblaje
Tranquilo solloza en el equívoco camino
Translate
trapo
tras el chubasco
Tras el sonámbulo telón de las farándulas
tras el vivir y el soñar
Trazosdepiel
Tránsito traslaticio…
trendencias
tropiezosdelavida
tu destino
Tu entrada al abismo
tu propia sombra
tufuncion
Two due to Fall…
u2fanlife
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un aguacero
un arroyuelo
Un dia, el más largo del verano, despertó.
un mendigo me mira
un par de casas
un principe mestizo
un sueño en un viaje
un viaje a mi cabeza
un viejo estanque
un viento fresco
Una cosa que no sé si ha sucedido nunca: que una golondrina se haya metido por el agujero de una guitarra colgada.
Una cuestión personal
Una de zarandajas
una mariposa
Una mujer que se va con su amante no abandona a su marido, lo libra de una esposa infiel.
una sencilla flor de papel
unhombresoloenlared
uniondebloggershispanos
unjubilado
unos días no viene
Upon his old oak chest he cuts his cheese
va corriendo
va persiguiendo
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…
vagué junto al estanque
valechumbar
vas provocando ecos
Vaya estética poliglósica de constructos heteroglósicos -exclamé.
vayatele
veaseademas
ven a jugar
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What things we did we went the whold darned hog
When dried the terrapin can naught express
When flame a form to wrath ancestral gave
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While homeward thirsts to each quenched glass say yes
While sharks to let’s say potted shrimps are prone
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Whiskey will always wake an Irish hog
Whiskypedia de ficción
Whispers of Escapades
Whose ocean still-born herrings madly brave
whowantsabetterworld
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With breaking voice across the Alps they slog
With cherry pips his cottage floor is sown
With gravity at gravity’s great cog
With marble souvenirs then fill a slum
With quill white-collared through his life will jog
With sombre thoughts they grimly line the nave
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wwwhatsnew
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xataka
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xavier duarte artigas
xolotl
Y ahora febril y disipado
Y bien, querido abuelito, si tu ponías esa cara todas las mañanas después de la boda, ¿cuál sería la de los entierros?
y canta el ruiseñor
Y chacales del desierto
Y de los sagrados linces
Y el vago impulso de brasas decorado
y en Nara
y escondido en la hierba
y la noche le quita cada día
Y padres infantiles, que acallan sus instintos
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Y tan de egoísmo deletéreo desprovistas
ya lo he perdido
ya nadie lo recorre
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
yaxelay
Yet from the City’s pie pulled out not one plum
yo contra el mundo
Yo fui expulsado del colegio por copiar en el examen de metafísica; miré en el alma del muchacho que se sentaba a mi lado.
Yo por norma nunca hago el amor antes de la primera cita.
Yo sufría de incontinencia cuando era pequeño y, como solía dormir con una manta eléctrica, estaba continuamente electrocutándome.
Yogur Griego
You’re lookin’ swell, Dolly
You’re still goin’ strong, Pert
yukei
zifra
zona literaria aysen
zonageek

El tren

Ficción

El tren es la cremallera del jersey del campo, un hilo metálico que cose las dos orillas de la naturaleza con su vaivén constante, como si de un aliento mecánico se tratase, entre la niebla matinal que se deshace sobre los pastizales. Sus vagones son eslabones que enlazan lo estático y lo efímero, uniendo montes y llanuras como puntadas invisibles en un tejido de colinas ondulantes y árboles dormidos.

Al avanzar, rompe el silencio de los campos, ese eco antiguo que yace entre las piedras y los caminos de tierra, donde el viento susurra secretos de siglos. Las vías brillan como cicatrices que narran historias de distancias y trayectos pasados, y el tren, ajeno a todo, continúa su curso, uniendo lo que parece eterno en la lejanía.

¿Puedes sentir ese cosquilleo en el aire, ese leve crujido en los rieles que recuerda al deslizar de una cremallera al abrirse camino entre las texturas suaves de la tela verde del campo?

El tren es la cremallera del jersey del campo, que se desliza sigilosa y puntual, cerrando y abriendo mundos en su paso de hierro. Las vías, como dientes de acero, son una cicatriz perenne que hiere el corazón de la tierra, separando sus vastas extensiones, pero al mismo tiempo, reuniéndolas en un abrazo forzado y frío. El viento, cómplice de este ir y venir, acompaña al tren con un aullido suave, casi melancólico, que acaricia las hojas de los árboles y hace temblar las espigas de trigo que ondulan como un mar detenido en el tiempo.

A lo lejos, los pueblos son apenas parches grises sobre el horizonte, costuras sueltas en este gran manto verde que se extiende hasta donde la vista se atreve a imaginar. Casas diminutas y dispersas se asoman con timidez, sus tejados oxidados, como mechones desordenados, coronan las colinas. Los arroyos serpentean bajo puentes que parecen susurrar antiguas leyendas mientras el tren los cruza sin detenerse, indiferente a las historias que duermen bajo sus arcos de piedra.

El tren sigue su curso, un coloso que arrastra consigo el eco de mil vidas pasajeras, rostros desconocidos que se asoman por las ventanas, testigos fugaces de un paisaje que no les pertenece, pero que por unos instantes se vuelve suyo. Cada estación es un suspiro, un paréntesis en el camino, y luego, de nuevo, el zumbido constante de las ruedas sobre los rieles, como un mantra hipnótico que embriaga los sentidos.

El campo se estira y se encoge al ritmo del tren, como si respirara al compás de sus movimientos. Las nubes, retazos de algodón en un cielo límpido, parecen seguirlo en su carrera, reflejándose en las charcas que se forman tras la lluvia, espejos donde la naturaleza contempla su propio reflejo, roto solo por el paso de esa serpiente metálica que se desliza sin pausa.

Y es que el tren no es solo una máquina que corta el paisaje; es un puente entre tiempos y espacios. Cada trayecto es una historia, una posibilidad, una promesa. En su interior, los pasajeros llevan consigo sus sueños y nostalgias, sus esperanzas y desilusiones, como si, al moverse entre estaciones, dejaran parte de sus vidas impresas en los rieles. ¿Quiénes somos, entonces, al mirar el tren pasar? ¿Somos las colinas inmóviles que observan, o somos el tren que avanza imparable, buscando siempre el próximo horizonte, la próxima estación?

La cremallera sigue deslizándose, uniendo el cielo con la tierra, el silencio con el murmullo. Las flores silvestres, flores suicidas, ajenas a todo, siguen creciendo a ambos lados de las vías, pequeñas y frágiles testigos del incesante diálogo entre lo natural y lo mecánico, entre lo que permanece y lo que se desliza hacia lo desconocido.

Haiku del corsario

Poesía

Rumor de velas:

élitros traslaticios

de mis bajeles.


El rumor de las velas apenas se distinguía en la vastedad azulina del horizonte. Era un susurro que se confundía con el crepitar de las olas, como si el aire, perezoso y antiguo, soplara con una timidez que no quería ser descubierta. Los bajeles avanzaban sigilosos, deslizándose sobre una superficie inmensa, casi ajena, que parecía más de sueños que de agua.

Sus velas, extendidas como alas translúcidas, respiraban el viento con la delicadeza de un insecto en pleno vuelo. Eran élitros traslaticios, frágiles, sutiles, pero cargados de un poder que sólo conoce quien comprende que, a veces, lo más ligero es lo que más pesa. Los mástiles se erguían hacia el cielo como antenas, queriendo tocar algo más allá de las estrellas, acaso el eco de una vieja llamada, el rastro de una canción olvidada en las profundidades del cosmos.

Los bajeles no llevaban prisa; parecían habitar un tiempo distinto, uno en el que las mareas obedecían a ritmos secretos, a voluntades que no se desvelaban ante el ojo humano. Cada ola que lamía el casco era una caricia lenta, un murmullo entre amantes distantes, resonando en las entrañas de la nave. Las aguas oscuras reflejaban las velas en una danza de sombras, donde el arriba y el abajo se confundían, y lo tangible se disolvía en lo irreal.

Quizá navegaban hacia ninguna parte o tal vez hacia el mismo corazón del silencio. Pero eso no importaba, porque esos bajeles eran más que madera y cuerda; eran promesas encarnadas, vehículos de una travesía que no terminaba en la geografía física, sino en los pliegues del alma.

Cada movimiento, cada hálito de viento que se filtraba por las velas, dibujaba mapas invisibles, trazaba rutas sobre el aire, y en ese trayecto suspendido se cifraba un misterio. ¿Era el viaje lo que importaba o el rumor constante de esas velas, que seguían cantando una canción de libertad y destino? Los bajeles seguían, aunque nadie supiera si alguna vez alcanzarían el puerto que anhelaban.

El viento, cómplice eterno de las almas libres, susurraba con una cadencia diferente sobre aquellas velas translúcidas. En ese rumor, resonaba un eco lejano, un canto olvidado que, entre el vaivén de las olas y la vasta soledad del océano, aún vibraba en la memoria de los navegantes. Era la Canción del pirata, esa misma que proclamaba con audacia que el mar es la única patria posible, el único imperio donde la libertad se extiende sin cadenas.

Y sin embargo, estos bajeles no llevaban banderas ondeantes ni corazones ardiendo con la furia de una tempestad. Su viaje, si bien también desafiaba al destino y a los reinos de los hombres, no se forjaba en la rebelión del acero ni en el desprecio de las leyes terrenales. Aquí no había puertos que conquistar ni navíos que saquear. La libertad que perseguían estos barcos era otra, una más sutil, más profunda, y tal vez, más solitaria.

La Canción del pirata clamaba la soberanía del océano como la última frontera, donde la voluntad del hombre no era más que espuma arrastrada por la marea. Pero en estos bajeles de élitros, la libertad no era una exclamación altiva, sino un susurro íntimo. La inmensidad del mar, que para el pirata era el vasto reino sobre el que reinaba, para estos viajeros era el espejo insondable donde buscarse a sí mismos, una travesía hacia lo invisible, hacia aquello que no podía medirse ni con brújulas ni con astrolabios.

En el canto del pirata, las olas eran amigas fieles, aliadas de su desafío a todo poder humano; pero para estos bajeles, las aguas eran el lenguaje secreto del alma. No navegaban en busca de tesoros terrenales, ni de conquistas materiales. Lo que ansiaban era la revelación de un misterio más antiguo que cualquier corona: la esencia misma de la libertad, esa que no grita «Soy rey del mar», sino que susurra «Soy libre en lo desconocido».

Y aunque la Canción del pirata proclamaba la libertad con violencia, estos bajeles la buscaban en el silencio. No había cielo ni infierno que los limitara, pues su viaje trascendía la misma idea de límites. Eran naves etéreas, fantasmas de antiguos sueños, moviéndose entre las aguas como si navegaran sobre el tejido del tiempo, llevando consigo la verdad oculta de que, a veces, el mayor acto de libertad es simplemente dejarse llevar, sin nombre ni destino, en el vasto e interminable océano de lo posible.

Quizás en el fondo, tanto el pirata de Espronceda como estos silenciosos viajeros compartían una misma certeza: que la única patria auténtica es la que habita en lo indómito, en lo inexplorado. Y aunque las formas fueran distintas —el canto rebelde de uno y el murmullo introspectivo de los otros— ambos seguían siendo hijos del mar, buscando su propia verdad en la infinitud del universo y en los insondables océanos.