
—Hemos construido una. Será para la sirena y estará sobre El mar de seda, al que ahora llamamos así por su rebelde naturaleza. En cierto modo, estamos orgullosos de ello. Nos sirve para dominar desde este castillo inexpugnable del infierno, para continuar dominando sobre este reino de tinieblas en el que nadie puede hacernos frente, ni aventurarse a explorar, azorados por la angustia y sus represiones. Y mientras, somos los causantes de crímenes cuya resolución pasa necesariamente por nuestra destrucción.
Ahora ya has visto morir a Tristán e Iseo que, enterrados bajo el árbol, habitan en las tinieblas. Han ascendido la sagrada escalera para alcanzar el cielo de Zóhar, cuyo sol se apaga esta mañana entre la niebla para mostrar su luto por los amantes.
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