Cuaderno Estacional de Haikus

Poesía

🌸 Primavera

Estambres de fuego

Bajo ciruelos,
se enciende en los estambres
un mar de abejas.

Renacer

Bajo ciruelos,
el aire lleva aromas
de antiguos sueños.

Flores y vuelo

Entre cerezos,
las sombras se disuelven
con los gorriones.

Charcos de cielo

Charcos de lluvia,
en el agua danzan
cielos rosados.

Viento y aurora

Viento en el pino,
se encienden en la hierba
gotas de aurora.

Trémula orilla

Cruza la garza,
al filo del crepúsculo
tiembla la orilla.

 

☀️ Verano

Pausa en la noche

Noche sin viento,
cantan grillos de plata
bajo la grama.

La lagartija

Sol en la roca,
salta la lagartija
como una chispa.

Tejedoras de sombras

Noche serena,
las cigarras tejen hilos
de fuego y sombra.

El canto ardiente

Sol en la arena,
la cigarra resuena
como un incendio.

Juegos de espuma

Olas que rompen,
en la orilla los niños
construyen mundos.

Tarde serena

Al caer la tarde,
la brisa de la higuera
alivia el fuego.

 

🍂 Otoño

El ciervo y la luna

Montes dorados,
el ciervo se detiene
bajo la luna.

Hojas en polvo

Cruje la senda,
mil hojas se disuelven
en polvo rojo.

Silencio de campos

Viento del norte,
la cosecha se duerme
junto a los campos.

Velado camino

Cruje la senda,
las nuevas hojas cubren
huellas antiguas.

Lluvia dorada

Sombras de pinos,
el río se ilumina
con polvo estelar.

 

❄️ Invierno

Escarcha y luna

Cruje la escarcha,
sobre campos dormidos
tiembla la luna.

Joyero de luna

Blanco silencio,
el río bajo el hielo
guarda la luna.

Rama y gorrión

Sobre la rama,
la nieve se acurruca
como un gorrión.

Niebla y silencio

Cruza la niebla
cual perro solitario
junto al establo.

Alba ceniza

Nieve callada,
la montaña respira
luz de ceniza.

Neblina y sauces

Cae la neblina,
los sauces se doblegan
sobre el arroyo.

un viento cimarrón…

Poesía

un viento cimarrón cabalga
como vestigio mudo
tengo que caminar dos mil millas
aprendiendo sin sangre
de pálido gris que me estremece
hasta volver a mi lado del sofá
una fiera serenata
por ti bebe y brinda
no asoma el llanto
viejo lirio del campo
por ahora
nada, corre y vuela
regresa pronto
no importa el nombre
está aquí para quedarse
un audaz banquete de chorlitos
bailando en la calle
esa arena tan hija del mar
ligeros hay que cabalgar
hoy, cuando más joven soy
un himno que suena en lo lejano
otra chica, otro planeta
del arrecife al piélago
alodial
abandona tu sombría opinión
dónde estás?
escucha la música del céfiro
con azulado delirio
en los finales clandestinos
con juventud de mayo
el mundo está dispuesto
asciende vulnerable
serpiente fría del invierno
mi beso cuelga de tu labio
cada tibia mañana
relumbrando en mi cabeza
porque quiero escribir
el lago a donde va el cisne
estoy pensando en ti
incluso la bruja más vieja
se suicida
coreando alegremente
abreva la intemperie
entre las flores muertas
puntual y certeramente
aunque hable solo
una muerte glacial
hinchada vela para un largo viaje
entre la sepultura ciega
te dejas embriagar
capaz de morir sin decibelios
toda la gente lo dice
ardiente
en el estanque quieto
donde suena el eco
versa, ora hasta el infinito
un sol, cuya aurora sonríe
una noche robada
en el enigma de un rincón
comienza a despertarse
la bruma nocturna exhala
un glorioso estruendo mudo
ágil y diligente
se agostó de desidia
sale una rana
en la quinta avenida de neón
el sol era memoria
ni rastro
junto a la charca
en el ebrio verano
entre las cortesanas
penetra su voz hasta la roca
en mi faro perdido
camino solitario
apacible insulario de desdichas
con su ala única de águila
chica furtiva del viernes
aunque ¿quién sabe?
del lado oscuro
víctima de la ebriedad
luce remotamente
un cantar fuera de tono
te abrazo
sin miedo de lavar la herida
en la brisa meditada
según se agita
oh, noble dama
insaciable
más que una sensación
el viento de otoño
ya no me acuerdo
el espejo no aprende nuestro gesto
en el fondo, sin límite
en tu boca aletea
una pandemia del alma es Pandemonia
transeúnte
en el cabaret celeste
la vibrante cigarra
con brisa matinal
mi nube tormentosa de mayo
nube, limusina del cielo
no lo pienses dos veces
dónde o cuándo?
febril sirena de las esferas
angelote con alas
solapante y teatral
mi trueno tras tu rayo
fiel a las migajas de la luna
—y qué?
un insondable río
no tienes que ser lejana estrella
tiene un destello divino
una herida amapola
luz de la hoguera
¿por qué sobre mí?
carajo
replegado en mi estancia
te escribo otra canción?
tiempo de alegría, oh virgen!
ondulando las aguas
en tu cristal solemne
un nuevo mirlo
despioja su camisa
nuestra salvaje foresta
deja que el buen tiempo llegue
un pirata del caribe
en el oscuro camino del astro
la suerte está eyaculada
se dijo alguna vez
en tu regazo
en el vals de un pífano ronco
un sepelio de voz
dulce muchacha del paraíso
feroz es el viento implacable
oscuro cigarro tras caoba café
lóbrego sobre lóbrego
el templo yermo de la duda
en el profundo y ancho azul
mágica mujer de rojo
si se empaña
por el crepúsculo del blues
una sideral región
si los fantasmas duermen
mira la hierba germinar
en un instante
con voz quebrada
si puedes palpitar solitario
ponme un café, lleno de noche
quizás por eso está
la colina de cerezos
para hacer esperar al hombre
lo más seguro salga el sol
una esquiva noche
al nuevo sol
al parecer escapa
el día que llegas al mar
la luna es un mendigo tuerto
¿soy yo esa chica?
con el suspiro de la bruma
se pudre o se renueva?
oh, valquiria
de etéreo simulacro
el sol es un caldero bien fregado
aquel trofeo nebuloso
caen las alas al abismo
parte de ti
—día tras noche—
ríndete al murmullo de la ciudad
una nube sombría y remolona
mejor aún?
lloreando cencellada
más sereno
en un viaje de mil millas
frente a las puertas de la luna
puedo soñar despierto
contra el rompedías
encontré la eternidad
más viva, más desnuda
de la perdición
corazón de cerezo
rezuma olor a madera
más me vuelvo a mirarla
dentro de la sombra caoba
se inclina sobre el cadáver diciendo…
el tiempo corre
amante de Roma
con viento fresco
cae hialino el cristal de nieve
un salvaje día
embiste sin domar
balido tras balada
cabalga de nuevo
conmigo eternamente
no puedo tomarme en serio
nada nos queda
seguramente también
mendigo ciego que murmura
está luciendo suave
indeleble y sublime
un rescoldo estelar
el espejo no entiende nuestra cara
recuerda siempre
un nocturno homenaje
insumisa noche del desierto
para salir de esta estrella
al borde del abismo
en blanco y negro
más…
cae sobre mi
de ausencia desnuda y cenicienta
se ruboriza el piélago
enciende mi peregrina voz
leve y lívidamente
sueño en el desierto
deja tu huella hoy
espera…
sueño del terafante
en voz alta y sonora
—absurdo! demencia!
pones una sonrisa en mi cara
bordado con mi cuerpo
un eco se hizo campo de corales
se anuncia silente
otra embriagadora balada
en un oscuro trueno
mientras hablo sola
no necesita eso
ahora y siempre
otro naufragio
la mente resopla confundida
como judío errante, no tengo precio
sin penas y sin pan
el verano lo viste
en cada historia
silente todavía
no lloro lágrimas
¿alguien puede explicarlo?
una bagatela de violín
día tirado al retrete
del azul lacrimoso
en toda su eternidad
del arrítmico latido
la luna sigue girando
no se acaba el camino
canta hasta el trébol
un nardo lanza al viento
para romper el techo de cristal
mi montón de huesos
con la oblicua mirada del loco
un hombre al piano
se infla optimista
no puede ver tu esencia
el liego abandonado
tiembla en el silencioso paisaje
corcoveando equino
Toda ley humana es una forma de opresión sobre otros.
soy yo quien te escribe
una grave montaña
febril cual mosca cojonera
mira el hervor de su cicuta
salvo en la sombra
de París y Madrid
me pregunto
encontraba otro mar
moldeable de promesas
el universo en su rescoldo
un collar de perlas engarzado
se desmayó de primavera
un día de nieve todo cesa
se pavonea el pisaverdes
sin pensar en el desolado lirio
a sueldo de Moscú
nuestro fuego rezonga
el banquero araña su ábaco
delirescente, azulino
laberintos delusorios
de pereza sufrida
si supiera bailar
la ninfa ya no huye
nadie sabe…
caen las hojas
un ingenio penetrante
lo que todo el mundo dice
esta oscura y densa selva
lo que nos atraviesa
—¡oh, roedores judiciales!
parte de mi
caminando bajo el verde tilo
en un fundido a negro
la cúpula de una nube
herida de los labios
todo mi fuego
aguacero de versos
—¡abrid la ventana
un par de corazones escarlata
tras el verde ciprés
tras vivir y soñar
veo mi palabra perdida
háblame de la ociosa pubertad
sobre el verdor inédito
«allegro ma non troppo»
con sanguino añejo
llora en la lluvia, redundante
jugando al escondite
sólo a veces
pétalo de azahar
… mutis por el fiordo
mi satán desatado
postreramente
sin soñarlo siquiera
crepitando sutil
de tierra y cielo
también llega a su ocaso
Destructor y creador
tan risible como arrogante
el azul que me llena
sin nombre
mas, sin sobresaltos
nuestro amor
cruzar la puerta
sin embargo, oh sin embargo
si anochecen lunas en tu piel
más cerca aún, más cerca
pero di que serás mía
abrázame con fuerza, insensato!
ora interminable
ahora que llueve
sumiso como esclavo
ven a bailar conmigo
ante un vendaval
se convierte en canción
con ceniza de luna
indemne entre el cieno de cloaca
bajo el fuego impetuoso
al emerger de las aguas
gimoteando lluvia
estrella fugaz
amada ninfa
entre penumbra e intemperie
de nieve pegajosa
agradable recuento del latido
en la ladera
con el brillo de un alma brumosa
puede ser poco inteligible
pavimento de tumba
el verano sestea entre mies
con hervor sanguíneo
con lágrima de abril
rebosante de gracia
llueve suavemente
conspirando en el cielo
en el muro con lepra de un siglo
sometiendo a las olas de arena
como vieja armadura oxidada
acaso no es así?
tocaba el saxo
para, gozosos, celebrar el día
¿cómo reparar un corazón roto?
limusina
bacante surgida de mi sombra
amor de verano
mi silencio indolente y cobijado
en el profundo cielo y en el mar
huele a miel y rosa
¡ay la leche!
hay señales en la niebla
contigo siempre
ora breve y fugaz
por el oleaje empecinado
embiste nuestro rostro
con mística ebriedad
qué nos queda?
sombra sin ojos
bebe un vino amargo
¡toma castaña, Pandemonia!
cuando estás aquí
las hormigas arrastran
mi domingo de harápos
con la mítica valquiria
latiendo al unísono
di lo que quieras
pongo una sonrisa en tu boca
vuelo a casa
una palabra que grita
en la ensenada
con herrumbroso atardecer
—las olas están rotas
no se acaba la calle
escarcelante, libre
llueve un raudal de luz
llega otro día
surge siniestramente del naufragio
ninfa del cielo
ondea la nieve su bandera
al volver triunfal
un delusorio suspiro
con párpado de escarcha
niño de escarcha
se disuelve y coagula
a su embrujada hora
de vuelta a la melodía
rescoldo sepultado
cuanto más me alejo
sin azul ni desierto
una nada nadea
no será alcanzable
—la savia no está lejos
un silencio invisible
capitán Cebada
en la caverna
el eco claro de tu voz
su satán, otra vez!
agua llorada que cae
mientras pescas en un río revuelto
semejante a las sendas del mar
nuestro caballo más veloz
te entiendo, hermana
viejo y olvidado amor
si ya no significa nada
el origen de toda actividad
a veinte bajo cero
a veces
al alba y al ocaso
del frío monte al salvaje lago
breve cortejo nupcial
el azul es fácil de amar
radiante por el áureo
mira de cara o de reojo
dios bendiga el blee blop blues
mi candor nativo
lanza sus perlas la tempestad
te entiendo, hermano
mi frente sangrante
rompe las enseñanzas de Orfeo
fascinando sin más
con este swing sombrío
nada puede quedar
incontestable
en mi propia piel
si no hay forma de decir adiós
de estrellas deslunadas
con el humo y ceniza terminales
a remojo del cielo
la sombra mendiga

Ojos rasgados

Ficción

1

El gato, con su andar sigiloso y mirada enigmática, ha ocupado un lugar peculiar en la mitología y la cultura china desde tiempos ancestrales. No es extraño pensar en él como un «eslabón perdido», una criatura liminal que se desliza entre lo mundano y lo místico, entre la domesticidad y la independencia absoluta.

Los antiguos chinos observaban a los gatos con reverencia y misterio, pues estos animales parecían moverse en perfecta armonía con los ritmos de la naturaleza. Los felinos capturaban el aura de lo divino, el perfecto equilibrio entre el Yin y el Yang. Su cuerpo, suave y flexible, era el símbolo viviente de la adaptabilidad, mientras que sus ojos reflejaban la luna y el sol, fusionando lo diurno con lo nocturno.

En la cosmogonía felina de los pueblos chinos, el gato era un guardián entre mundos. Los emperadores de las dinastías pasadas tenían a sus gatos no solo como mascotas, sino como protectores contra los espíritus malignos. Quizás sea esta dualidad mística la que lo sitúe como el «eslabón perdido»: un animal que, a simple vista, se muestra mundano y cercano, pero que en sus profundidades oculta los secretos de los ancestros.

¿Qué ves cuando el gato te observa desde las sombras? Tal vez sea el eco de los viejos sabios chinos quienes, al intentar descifrar la naturaleza misma de la existencia, encontraban en los felinos una clave oculta, el eslabón perdido de una sabiduría que aún hoy permanece esquiva y silenciosa.


2

La neblina se había asentado como una alfombra etérea sobre el pequeño pueblo al pie de la montaña. Bajo la tenue luz del amanecer, los tejados de las casas se alzaban como siluetas fantasmas, mientras en las calles dormía un silencio denso, quebrado solo por el leve crujir de la escarcha bajo el peso de los pasos felinos.

Había rumores en el aire. Rumores de siglos que hablaban de una conexión perdida, un vínculo entre humanos y gatos que nadie se atrevía a nombrar en voz alta. Decían que los primeros hombres que llegaron a esas tierras no venían solos. Traían consigo a los felinos, no como simples compañeros, sino como iguales. Los ancianos susurraban que las líneas entre ambos se difuminaban, como si fueran ramas del mismo árbol genealógico que, en algún momento de la historia, se habían desviado, pero no completamente.

Bai Ling había oído toda su vida aquellas viejas historias. Sin embargo, lo que realmente le inquietaba no eran las palabras de los mayores, sino los ojos de su propio gato, Shen. Cada mañana, cuando ella se levantaba y se encontraba con esos ojos amarillos, rasgados y penetrantes, algo en su interior vibraba con una sensación de extraña familiaridad, como si no fuera una simple mirada animal lo que le devolvía la atención, sino algo más antiguo y profundo. Algo que la observaba desde un pasado enterrado.

—Los gatos son los guardianes de nuestro secreto —le había dicho su abuela una vez, sentada junto al fuego, mientras Shen, apenas un cachorro entonces, se enroscaba en su regazo—. Hace mucho tiempo, los primeros que llegaron aquí trajeron consigo una sabiduría oculta, y la sellaron en los ojos de los felinos. Ellos recuerdan lo que nosotros hemos olvidado.

Bai Ling, por supuesto, había reído entonces. ¿Cómo no hacerlo? Eran solo cuentos. Sin embargo, en las semanas recientes, algo había cambiado. Sentía que Shen la seguía de cerca, con una intensidad que nunca antes había percibido. Sus movimientos eran sigilosos, pero sus ojos, siempre esos ojos, parecían esperar algo de ella. Una respuesta, una reacción, como si aguardara el momento preciso para revelar algo que cambiaría la forma en que Bai Ling veía el mundo.

Una noche, incapaz de dormir, salió al patio bajo la luna creciente. Shen estaba allí, como si la hubiera estado esperando. Se detuvo frente a ella, sus ojos amarillos reflejaban la luz lunar, y en ese instante, Bai Ling lo sintió con una claridad inusitada. No había diferencia entre los ojos del gato y los suyos propios. El mismo brillo, la misma forma alargada, como dos espejos enfrentados en los que una sola alma se observaba desde dos cuerpos distintos.

Y entonces recordó.

No era una memoria concreta, sino un torrente de imágenes, sensaciones y sonidos que la asaltaron de golpe. Fragmentos de otro tiempo, de otro cuerpo. Vio a hombres y mujeres caminando al lado de gatos, no como dueños, sino como hermanos. Vio templos levantados en honor a seres felinos que custodiaban secretos ancestrales. Vio cómo, en algún punto de la historia, se había hecho un pacto. Un acuerdo silencioso entre especies, en el que los humanos cedieron una parte de sí mismos, confiando su conocimiento a los gatos, para preservarlo a lo largo de las eras.

Los ojos rasgados de los chinos, los de su pueblo, no eran una simple característica física. Eran una marca, un vestigio de ese antiguo lazo. Una señal de que, en algún lugar profundo de su ser, aún quedaba algo de los felinos con los que una vez caminaron codo a codo. Los gatos, guardianes del misterio, les habían legado esa forma en sus ojos como recordatorio de lo que alguna vez fueron.

Shen la miró, inmóvil, y entonces lo comprendió todo.

El gato no era solo su compañero; era el último eslabón, el guardián del conocimiento perdido, el puente entre lo que los humanos habían sido y lo que podrían volver a ser. Bai Ling dio un paso adelante, con el corazón latiendo con fuerza en su pecho. Los ojos de Shen brillaron más intensamente, y en ese destello, ella vio una puerta, una oportunidad. No sabía adónde la llevaría, pero ya no podía ignorarlo.

El eslabón perdido no era un mito. Era real, y vivía entre ellos, oculto en la mirada silenciosa de cada gato que, en su aparente indiferencia, custodiaba un secreto que solo unos pocos se atreverían a desvelar. Y Bai Ling estaba a punto de convertirse en una de ellos.

—¿Te gustaría que exploremos más el trasfondo de este mundo? —Le dijo Shen.


3

El viento acariciaba las hojas secas en el umbral del templo, levantando un susurro que parecía formar palabras inaudibles, como si las piedras mismas quisieran contar su historia. Bai Ling estaba allí, al pie de aquella estructura que había observado durante años sin prestarle atención, sin entender lo que verdaderamente albergaba. Ahora, después de aquella revelación en la noche bajo la luna, el templo ya no era solo un lugar olvidado por el tiempo, sino el epicentro de un conocimiento ancestral, guardado celosamente por los felinos.

Desde niña, le habían advertido que no debía entrar. «Es un lugar sagrado para los gatos», decían las ancianas del pueblo. «Solo ellos saben qué oculta». Y siempre había pensado que eran supersticiones, cuentos para mantener a los curiosos alejados. Pero ahora, Shen la había guiado hasta aquí, caminando a su lado como una sombra constante, y Bai Ling sabía que estaba al borde de algo profundo. Una verdad que su familia, su linaje, había olvidado.

El interior del templo estaba cubierto de musgo, pero el aroma a incienso quemado se mantenía, flotando en el aire como si alguien lo hubiera encendido hacía poco. Los ojos de las estatuas de piedra —gatos tallados con precisión inquietante— la seguían mientras avanzaba por el pasillo central, con Shen caminando a su lado, sus patas felinas haciendo eco en la piedra. En sus manos, Bai Ling sentía un cosquilleo, una especie de energía latente, como si algo dentro de ella despertara al contacto con el lugar.

De repente, Shen se detuvo frente a una gran puerta de madera, oscura por los años, pero con símbolos dorados grabados en su superficie. Bai Ling los reconoció. No por haberlos visto antes, sino por algo más profundo, algo que vibraba en su mente con la misma claridad que las imágenes que había visto en su revelación. Era una lengua antigua, olvidada por los humanos, pero que los gatos habían conservado. Shen levantó una pata y, con un movimiento sorprendentemente humano, tocó uno de los símbolos, activando un mecanismo oculto.

La puerta se abrió lentamente, dejando a la vista una sala circular, iluminada por una luz que parecía emanar de ningún lugar en particular, como si el mismo espacio contuviera su propia energía. En el centro, había un altar de piedra lisa, y sobre él, un pergamino antiguo, flanqueado por dos estatuas de gatos que parecían observarlo con reverencia.

Bai Ling sintió un escalofrío recorrer su espalda. Este era el corazón del misterio. Aquí, en este lugar olvidado, estaba la clave del pacto que los humanos habían sellado con los gatos, y que ahora ella debía descifrar. Shen se sentó a su lado, mirándola con esa misma intensidad de siempre, como si aguardara su siguiente movimiento.

Con manos temblorosas, Bai Ling levantó el pergamino. Al tocarlo, una corriente de imágenes volvió a inundar su mente, pero esta vez eran más vívidas, más claras. Vio a los primeros humanos llegar a aquellas tierras, cansados y heridos, perseguidos por fuerzas que no comprendían. Los gatos, habitantes de aquellos parajes antes de la llegada de los hombres, los habían acogido, no como amos, sino como iguales. Había sido un tiempo de armonía, donde ambas especies compartían sus conocimientos. Los humanos ofrecían su destreza para construir y crear, y los gatos les enseñaban los secretos del alma y del espíritu. A través de los ojos de los felinos, los hombres podían ver más allá de lo tangible, percibir lo invisible.

Pero los hombres, en su sed de poder, comenzaron a desconfiar. Querían más, querían controlar ese conocimiento, dominar lo que los gatos habían compartido libremente. Y así, el pacto se rompió. Los humanos decidieron enterrar la verdad, olvidar su conexión, y los gatos, traicionados, se retiraron a las sombras, llevándose con ellos la clave de todo: el don de ver más allá.

Bai Ling respiraba con dificultad mientras las visiones se sucedían. La traición, el olvido… todo estaba escrito en el pergamino, una advertencia para las generaciones futuras. Pero también había esperanza, una última oportunidad de restaurar el equilibrio perdido. Los gatos, pacientes como siempre, habían estado esperando. Y ahora, a través de ella, la puerta se abría de nuevo.

—Siempre has tenido la llave —murmuró Bai Ling, mirando a Shen, cuyos ojos rasgados brillaban con una sabiduría antigua—. Nosotros somos los olvidados, los ciegos.

Shen ronroneó suavemente, como si aprobara sus palabras. Bai Ling comprendió entonces que el templo no solo guardaba el pasado, sino también el futuro. Era el centro de algo mucho mayor, una red de templos y guardianes felinos dispersos por el mundo, esperando el momento en que la humanidad estuviera lista para recordar. Y ella había sido elegida para iniciar ese proceso.

Al levantar la mirada, los ojos de las estatuas de piedra parecían moverse, observando, vigilando. Los gatos siempre habían estado allí, en las sombras, custodiando lo que los humanos habían olvidado. Bai Ling sabía que debía tomar una decisión. Desvelar el secreto o dejar que el pacto roto siguiera enterrado.

Pero ya no podía dar marcha atrás. Shen se levantó, caminó hasta el altar y con un suave movimiento de su cabeza, la instó a tomar el pergamino. Era su destino.

Con el corazón latiendo con fuerza, Bai Ling lo desplegó completamente. Era el comienzo de un nuevo pacto. Uno que conectaría a los humanos con los felinos una vez más, restaurando el equilibrio entre los dos mundos.

TRÁNSITO

Ficción

Sobre praderas olvidadas del desierto
Luce la mercancía de infancia evocadora,
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
Y el vago impulso de brasas decorado.

Su Oriente derrotado de emociones falaces,
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…,
Conmueve las soberbias salvajes de melodías burguesas
Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York.

Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies,
La humareda de escarcha de los valles de plata,
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales,
El espejo cromático del estanque de luna…
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Por las perfectas bondades del pecado carnal.

TRÁNSITO

Ficción

Sobre praderas olvidadas del desierto
Luce la mercancía de infancia evocadora,
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
Y el vago impulso de brasas decorado.

Su Oriente derrotado de emociones falaces,
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…,
Conmueve las soberbias salvajes de melodías burguesas
Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York.

Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies,
La humareda de escarcha de los valles de plata,
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales,

El espejo cromático del estanque de luna…
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Por las perfectas bondades del pecado carnal.