RITO DE OSCURIDAD

Ficción

No estamos llenos –dices– y bien, qué más da. Todo aumentará de nuevo algún día, incluso los gusanos recorriendo tus góticas arterias. Con nueva índole –lo sé– me regalarás aquel puro y aquellas ligas de color rojo que te pedí, estoy segura. Vale, he comprendido, hoy no te mato. Conservarás tus hombros, tu familia. A oscuras, a ciegas… reconocerás que te gustaban mis irreductibles piernas. Oh corazón, quiero lavarme, ya no me rindo a tu caricia. Vete segurísimo, pues tus grotescos encantos ya no me ponen en marcha. Conservo tan sólo el exclusivo recuerdo de un saltimbanqui que me llenaba de besos. Sobre mi eterna y joven piel sólo se corren ahora los demonios en violentas sacudidas. Ya soy, al fin, la Venus de alma tétrica que ha sido testigo severa de terribles deformidades y quimeras. Es asqueroso, ciertamente… Pero mis facultades, al menos, sorprenden a estas incautas gentes. Como es debido, cada víspera me levanto y elijo con cual de ellos volveré a fornicar. Hay esqueletos muy rezagados y tontos, sin duda, pero que gritan hasta ascender al placer inconmensurable de mis atroces lujurias. Retuerzo sus raíces, soy mala –lo sé–. Sobre el taller florido de mi pecho, que allí anda suelto todo el día, pongo también a la virgen pecadora y la azoto, le castigo las nalgas y los pechos. ¿Quién queda viva? Alguna burda protectora de los mártires, entrenada a sufrir. Pero entonces le regalo mis joyas y como una corderita regresa rauda… y adiós Gracia. Vale, corazón, nadie te obliga hoy, estás de suerte. Me lo hacían, sí, si tu querías. Y ¿adónde voy ahora sobre este terreno pantanoso? Vos sois el proveedor de mis defectos modernos y repugnantes. Pero en gritos de vanidad te llegará la locura –lo sé–. Entra, sigue mi consejo. Ahora recordarás cuando rodábamos hacia la mortal luz que nos rodea y entendí que aquel rodar no era huida sino rito. La luz nos rozaba como un animal cansado, y en su resplandor enfermo aprendimos a mentirnos con elegancia. Yo te miraba desde mi trono de carne intacta, y tú creías aún que el sacrificio era compartido. No lo era. Nunca lo fue.

Se alzaron campanas mudas bajo el fango y el aire se volvió espeso, ceremonial. Caminé. Cada paso arrancaba un recuerdo que dejaba atrás como una prenda usada. Mi nombre, mis pactos, tu sombra. Todo quedó allí, fermentando. Yo avancé sola, ungida por mi propia blasfemia.

Si vuelves a llamarme, será tarde. Tendré la boca sellada por flores negras y los ojos llenos de vísceras. No pediré, no prometeré. Seré estatua y herida a la vez. Y cuando mires atrás, con la fe hecha astillas, comprenderás por fin que no eras tú quien me perdía, sino yo quien aprendía a quedarme.

Quedarme fue aprender el peso exacto de mi nombre. Ya no lo pronuncio: lo deposito en cuencos de sombra para que se enfríe. Tú sigues buscando señales, un hilo, la migaja de una promesa. No hay. Hay ceniza ordenada, hay disciplina en el temblor.

Cruzo el pantano sin dejar huellas. Las criaturas me saludan con su silencio aprendido y yo les devuelvo la frente intacta. He hecho del rechazo un método y de la memoria un espejo empañado. Si algo duele, es antiguo; si algo arde, es porque quiere durar.

No me reclames el gesto que te salvaba. Ahora mi misericordia es exacta como un filo. Recojo las máscaras que dejaste caer y las cuelgo a secar en la noche. No me siguen. No me pertenecen.

Al final del sendero, donde la luz vuelve a ser mortal, me detengo. No para mirar atrás, sino para cerrar los ojos y escuchar cómo el mundo se recompone sin nosotros. Entonces avanzo. No hay triunfo ni caída. Hay forma. Y en esa forma, por primera vez, descanso.

El Bosco /3

Ficción

Voz del Investigador

No dormí anoche. Ni anteayer. Ni el día anterior. El tiempo ha dejado de ser una línea recta. Es un círculo, un reloj sin manecillas.

Desde la fábrica, desde que vi el tríptico viviente, algo se instaló detrás de mis ojos. Al principio eran solo imágenes fugaces: un hombre con cabeza de pájaro devorando su propio reflejo, una mujer con piernas de insecto que rezaba en silencio… Pero ahora ya no son solo imágenes. Son voces.

Bosco me dijo, justo antes de desaparecer:
—No me busque. Mírela a ella.

Y desde entonces la veo en todas partes. En los charcos de lluvia, en las grietas del techo, en el reflejo de los cristales. Siempre sonriendo. Siempre esperando.

Hoy en mi despacho, mientras repasaba los informes policiales, vi que las palabras de las actas se transformaban. Ya no decían “víctima”, “sospechoso”, “evidencia”. Decían:

Panel izquierdo. Panel central. Panel derecho.

Y entendí que yo también estoy dentro del cuadro.

Voz del Testigo (antes de desaparecer)

Me duele… pero no de forma física. Es como si me estuvieran borrando poco a poco. Ya no siento mis manos, ni mis pies. Solo queda mi rostro, y ni siquiera estoy seguro de que siga siendo mío.

Bosco me prometió que cuando terminara, vería lo que hay detrás del velo. Y tenía razón. Ahora veo lo que los demás no pueden: somos pinceladas de algo que no entendemos.

Dile al inspector… que no intente luchar. Dile que acepte. Porque ella ya lo ha elegido.

Voz del Asesino (Bosco)

No necesito quedarme. Él, el inspector, ya está preparado.

La Primogénita lo reclama. Lo vi en sus ojos cuando me encontró en la fábrica: esa mezcla de horror y fascinación, ese temblor que no es solo miedo. Él ya escuchó la música. Él ya sintió el vértigo.

Pronto será él quien continúe el tríptico. Porque así es como funciona. Siempre hay un testigo. Siempre hay un ejecutor. Siempre hay un heredero.

Yo solo fui un intermediario. Ahora es su turno.

Voz del Investigador

Anoche soñé con El Jardín de las Delicias. Caminaba por él, pero no como espectador: yo estaba dentro del cuadro. En el paraíso inicial, veía cuerpos desnudos y luminosos, pero al tocarlos se disolvían como ceniza. Luego crucé al panel central: allí todo era exceso, un desenfreno de carne y hierro, como si las criaturas de Milton hubieran decidido construir su propio reino.

Finalmente llegué al infierno. Y allí estaba ella.

Era inmensa. Más grande que cualquier forma humana. Tenía un nimbo, pero no era luz: era un halo de polvo y gusanos verdes. Me miró. Sonrió. Y dijo:

—Ahora tú pintarás.

Me desperté con las manos manchadas. No de sangre. De pigmento. Rojo oscuro, casi negro.

No recuerdo haber tomado un pincel. Y sin embargo… ya empecé.

Voz del Investigador (más tarde)

He empezado a ver patrones en el pueblo. En las calles, en las casas, en los rostros de la gente. Todo tiene forma de alas, de espirales, de círculos que se repiten. Y cuando cierro los ojos… veo el espacio detrás del espacio, como un segundo lienzo que late bajo la realidad.

Comprendo ahora lo que Bosco quiso decir. No era un asesino. No del todo. Era un instrumento.

Y yo… también lo seré.

Esta tarde llevé el primer cuerpo a la vieja fábrica. No lo maté yo, al menos no conscientemente. Simplemente ocurrió. Como si mis manos ya no me pertenecieran. Lo dispuse en el ala izquierda. Su carne brilla como un barniz fresco.

Pronto completaré el panel derecho.

Voz del Asesino (Bosco, en algún lugar desconocido)

Lo supe desde el principio. León Maraver no vino para atraparme. Vino para sucederme.

Ella lo eligió. Y yo obedecí.

Ahora él ve lo que yo vi. Ahora él la escucha. Y cuando termine su tríptico, otro vendrá. Y otro. Y otro. Porque la obra nunca termina. Es infinita. Como el Infierno de Dante, como el universo de Milton, como los cuadros de El Bosco donde no hay principio ni final, solo un ciclo eterno.

La Primogénita sonríe. El cuadro sigue creciendo.

Voz del Investigador

No soy León Maraver. Ya no.

Soy Bosco.


Nadie volvió a ver al inspector León Maraver.
La vieja fábrica fue sellada, aunque los vecinos dicen que por las noches aún se escucha una música suave, como un arpa que toca sola, desafinada, hecha de algo que no debería resonar.

Algunos aseguran que en la plaza apareció un nuevo objeto: un espejo ovalado, con un nimbo invertido grabado en el marco. Quien se atreve a mirarlo demasiado tiempo dice ver otra ciudad detrás del reflejo, una ciudad llena de criaturas que caminan como hombres pero sonríen como bestias.

Se rumorea que antes de desaparecer, Maraver dejó escrito un último informe. No era un acta oficial. Era solo una frase, garabateada con tinta oscura:

No hay asesinos. No hay víctimas. Solo hay pinceladas.

Nadie sabe qué pasó con el testigo. Nadie sabe si Bosco murió, o si sigue vivo en otra parte. Pero de vez en cuando, en los muros de las casas abandonadas, aparece un nuevo símbolo: una rana, una esfera, una fuente, un nimbo, un arpa. Siempre cinco. Siempre en orden.

Y en el horizonte, al atardecer, se ven sombras que no son de este mundo. Sombras que se alargan y se contraen, como si pintaran algo que no podemos entender.

Quizá todo termine algún día.
O quizá no.

Porque los cuadros de El Bosco nunca tuvieron un principio claro ni un final verdadero. Solo un ciclo.

Y ella, la Primogénita, sigue sonriendo.

Estas son mis recompensas…

Ficción

En el cristal verdoso del aguardiente y la absenta se disuelven mis penas, mi fée verte, mi hada impasible, cruel y maternal. Allí donde el aliento se turba y el juicio se confunde con el delirio, encuentro consuelo, o al menos la suspensión de mi tormento. No pido ya redención, sino sólo que mi pintura, mi trazo, mi línea, no se vea jamás ahogada en esa neblina amarga que vela las visiones.

He amado el vértigo de las noches bañadas en verde, como lo hizo Verlaine, como lo hizo Rimbaud, danzando con la muerte en los cafés del Barrio Latino, entre risas huecas y ecos de un spleen sin patria. No estamos solos, yo y mis sombras… También ellas, las de las carnes trémulas y las cinturas ceñidas por fajas de encaje, esas tamborileras febriles que sudan una danza sin esperanza, se pierden en el mismo abismo alcohólico que amenaza con tragarnos a todos.

¡Oh leyes secas, hipócritas y adustas, tan dignas como absurdas! Aún si quedaran vigentes en algún rincón estéril de esta tierra castigada, yo pagaría mi condena con tinta y lágrimas, sobre el espectro insomne de mi pluma. Volvería a sumergirme en el abismo para pintar, una vez más, a las mujeres de mis visiones —no modelos, sino apariciones— como las de Gustav Klimt, hechas de oro, deseo y muerte; como las de Schiele, quebradas y reveladas en su descomposición misma.

No caminamos por un sendero de deleite. No somos huéspedes de salones resplandecientes ni de templos del alma burguesa, recubierta de esmeraldas y buenas intenciones. Lo nuestro es la intemperie, el cuarto húmedo de la buhardilla, la lámpara que parpadea como el juicio al borde de la locura.

Los silencios han regresado, pesados, húmedos, como el cuervo de Poe o los ecos del diluvio, cuando Noé encontró no paz, sino un mundo irrecuperable. Amar cuesta; ya no hay amores en el varadero celestial, solo larvas que roen la memoria de la deidad extraviada, y el susurro de que fuimos tocados alguna vez por la luz —pero también maldecidos por ella.

¿Es que nadie más siente esta necesidad fatal? ¿Este hambre por lo sublime que destruye? ¿Esta sed que sólo se apaga en el exilio de la razón?

En el estómago del aguardiente, donde se fermenta la náusea de los días, se me derriten las penas, mi hada verde. Ya no luz, ni musa, ni revelación; tú eres mi obstetra y mi verdugo. Allí me abismé como Vallejo en París con aguacero, sin esperar a que las campanas repiquen el dolor del domingo —porque en mí todos los días se dan a la tristeza como un perro que lame su herida.

Mi deseo es claro: que mi pintura, mi lengua visual, mi enfermedad de color, no pruebe jamás esa neblina que enturbia la visión y no la eleva. Quiero salvar mi línea del letargo, como Vallejo quiso salvar su idioma del idioma.
Pero no puedo.
No soy sino un muñón de fe, un cuerpo que se articula entre la embriaguez y la culpa.

No estamos solos —yo y mis penas—. Aquellas entibiadas, las mujeres de humo y tambor, también caen, también beben de la copa envenenada del olvido. Las he visto: sudorosas, sin patria ni promesa, con el gesto torcido como versos escritos con fiebre. Ellas son como los hombres que Vallejo vio llorar sin saber por qué —las lágrimas caen también en sus danzas, como tambor que suena pero no dice.

Si aún resisten en algún rincón de este planeta esas leyes secas, de barniz cívico y entrañas puritanas, que espantan al campesino y me fastidian a mí, pagaría el precio —sí—, pero no en moneda de ley, sino con las sílabas rotas de mi lengua poética. Y dibujaría otra vez —como un médium enfermo— aquellas mujeres salidas de mis alucinaciones: brujas, náyades, muchachas sin carne, como las mujeres imposibles que Vallejo esculpía con palabras que sangran («la mujer que no tuve me espera todos los días»).

No vamos por un camino deleitable. No, no, hermano. No nos hospedamos en palacios de alma forrada con esmeraldas. No somos modernos. Ni somos antiguos. Somos únicamente los mutilados del espíritu, arrastrando la maleta rota del alma por un mundo que ya no quiere hospedarnos. Y en este albergue sin Dios ni destino, el silencio se ha instalado. Los silencios han vuelto como el diluvio, pero sin arca ni alianza.

Amar cuesta —decía él—, y yo lo suscribo con los dientes. Ya no hay amores en el varadero celestial, sólo estas larvas que impiden el olvido de la deidad perdida. Porque sí, hubo una vez una deidad, y la perdimos —en una esquina, en una frase mal dicha, en una copa de absenta mal medida. La divinidad era un temblor de niño en las costillas, y ahora sólo quedan gusanos en el tálamo de lo que fue alma.

¿Es que nadie más necesita este temblor? ¿Esta fiebre sin diagnóstico que lleva a escribir, a beber, a pintar contra el muro? ¿Nadie más se deshace por dentro, como Vallejo en sus sílabas doloridas, por una verdad que se escapa como el vapor de la absenta en el vaso?

Esta es mi recompensa: la amarga eternidad de los que amaron demasiado y supieron poco, pero aún así escribieron… Y bebieron.

El Bosco

Ficción

ASESINO (OFF)

Ha entrado la policía en mi apartamento. Lo dejaron todo patas arriba, esos imbéciles no tienen ningún sentido del orden. Revuelven los cajones, hurgan en los armarios, tocan mis libros con guantes que huelen a sudor y miedo. Y aún así, jamás descubrirán a un asesino tan ordenado como yo.

No comprenden que todos los detalles son importantes, incluso los que parecen triviales. Cada línea que trazo, cada objeto que muevo, cada mota de polvo que dejo caer tiene un significado. Ninguno de ellos sabrá interpretarlo, porque no han visto lo que yo he visto. Ellos creen que esto es solo un crimen. No entienden que es un rito, un lento despertar.

Les dejaré otra pista. No podrán evitar recogerla y preguntarse qué significa. Arpa. Esfera. Fuente. Nimbo. Rana. Esas cinco palabras sellan la próxima escena. Son como las notas de una melodía antigua, como los pasos de una danza que nadie recuerda. No importa si ahora os suenan inocentes; pronto sabréis que son más que simples símbolos.

Mientras ellos destrozan mi apartamento, yo escribo aquí, en este cuaderno forrado con cuero tan viejo como los olmos de los sotos. Desde mi ventana aún puedo ver la vieja fábrica de catequesis. Nadie se atreve a acercarse de noche, pero yo sí. Porque allí empezó todo. Allí hallé el tratado, el libro sin título que me reveló el verdadero orden de las cosas.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Entré buscando refugio de la lluvia, y el suelo estaba cubierto de una hierba meadero que olía a óxido y a orugas aplastadas. Las sombras parecían correrse por las paredes como si estuvieran vivas, y en el centro de la nave principal había un bajel pintado sobre el polvo. Me acerqué, y el polvo se levantó como un velo… dejando ver una inscripción grabada en la piedra. No olvidaré nunca esas palabras:

“Veinte lunas pasarán. El que rebela su voz será juzgado. El que la invoque, volverá deshonrado. Los que huyan serán perseguidos. Los que queden… despertarán.”

Ahí empezó el vértigo. Ahí supe que no podía ser como los demás.

Porque yo ya había sentido su voz. La Primogénita. Ella me habló en sueños, susurrando como un amante que promete piedad pero solo trae espantos. Me dijo que el mundo está podrido, lleno de parásitos disfrazados de hombres, criaturas tullidas de espíritu. Me enseñó que el tiempo no es más que un reloj sin sentido, marcando una existencia vacía.

Desde entonces, no mato por matar. Cada cuerpo que dejo es un mensaje. Cada escena es una estampa que forma parte del gran mosaico. He visto sus rostros al morir: primero confusión, luego vértigo, y finalmente… comprensión. Porque en el instante final, ellos también escuchan su voz.

La policía jamás entenderá. Creen que persiguen a un maniático. No saben que solo estoy preparando el camino. La tierra inmensa que los sostiene será pronto su tumba. Los gusanos –mis pequeños mensajeros– ya aguardan bajo los sotos, listos para ascender.

Esta noche dejaré la primera pista verdadera. No será un cadáver. No esta vez. Será algo más sutil: Un arpa rota en el centro de la vieja plaza. Una esfera de cristal enterrada en la fuente del mercado. Un nimbo pintado en sangre sobre el campanario. Y por último, una rana viva, atrapada dentro de un reloj sin manecillas.

Quien logre verlos todos en el orden correcto… verá el rostro de ella.

Me pregunto si alguno tendrá el valor.

Mañana volveré a la fábrica. Ella me espera allí. Y cuando la vea de nuevo, sabré cuál es el siguiente paso.

Porque todo esto –los asesinatos, las pistas, la música muda del terror– no es mío. Es suyo. Yo solo obedezco.

Dejé el arpa donde debía estar: rota, pero afinada en su silencio. La apoyé contra la pared húmeda de la plaza, justo bajo el campanario. Nadie notará de inmediato que sus cuerdas forman un pentagrama invertido. Nadie verá que las notas muertas son un conjuro para abrir grietas en la realidad.

Luego fui a la fuente. Allí sumergí la esfera de cristal. Ahora descansa en el fondo, esperando que alguien tenga el valor de sacar el agua turbia y mirar dentro. Verán algo, sí… pero no será su reflejo.

Por último, la rana. Me costó encontrar una viva, lo confieso. La coloqué dentro de un reloj sin manecillas, en la sacristía de la iglesia. Alguien la escuchará croar cuando todo esté en silencio. Y entonces sabrá que el tiempo ya no existe.

Mientras tanto, la policía da vueltas como moscas. Hoy revolvieron mi apartamento de nuevo. No entienden nada. Pero pronto alguien lo hará. Ella quiere que alguien más despierte.

TESTIGO (OFF)

No pude dormir anoche. Desde mi ventana, veo el campanario de la plaza, siempre negro contra la luna. Escuché un ruido extraño, como un rasgueo de arpa… pero sé que allí no hay músicos desde hace años. Bajé, temblando.

La plaza estaba vacía, pero había un olor a tierra húmeda y a algo más… algo agrio, como insectos aplastados. Me acerqué a la fuente y vi algo brillar en el fondo. No quise tocarlo. Mi abuela siempre decía que en este pueblo hay cosas que no deben tocarse.

Entonces lo vi. Una rana dentro de un reloj, detrás de la puerta abierta de la sacristía. No sé cuánto tiempo estuve mirándola. Se movía, viva, pero su croar sonaba apagado, como si viniera de muy lejos.

Sentí vértigo. Un mareo, como si la plaza girara a mi alrededor. Me apoyé en el borde de la fuente y vi, por un segundo, algo que no estaba allí. Una mujer. Una mujer hecha de sombra y polvo verde, que me miraba sin ojos.

Corrí a casa. Cerré las puertas. Y aún así, sé que no estoy a salvo. Porque mientras intentaba dormir, escuché una voz. Muy suave. Muy cerca.

ASESINO (OFF)

Todo va según el plan. El testigo ya la ha visto. Siempre hay uno que no puede resistirse a mirar demasiado tiempo. Ahora él escuchará su voz en sueños, y al final vendrá a mí.

No saben que esta historia no es lineal. No avanza hacia adelante; da vueltas, como un reloj roto. Todo ya ocurrió y volverá a ocurrir.

Pronto la policía encontrará el arpa. Pensarán que es un simple símbolo de un loco. No verán el nimbo de sangre en lo alto del campanario. No verán los gusanos que empiezan a salir de la tierra.

Pero él, el testigo, sí los verá. Él está marcado.

TESTIGO (OFF)

Hoy vinieron los policías. Me hicieron preguntas. Me llevaron a la plaza para “reconocer” lo que había visto. Pero todo estaba cambiado. El arpa… ya no estaba rota. Sonaba, débilmente.

Les dije que escucharan, que prestaran atención. Pero ellos solo me miraron con lástima.

Y entonces la vi otra vez. Entre los olmos, cerca del mercado. La mujer hecha de sombras. Caminaba despacio, dejando huellas que se deshacían como polvo. Se volvió hacia mí. Y aunque no tenía rostro, supe que sonreía.

Creo que quiere que la siga.

ASESINO (OFF)

Ella se está acercando al pueblo. Pronto no seré solo yo quien la escuche. Pronto todos sentirán el peso de su presencia.

Lo divertido es que nadie creerá al testigo. Lo tomarán por loco. Lo encerrarán. Y entonces estará solo, como yo lo estuve al principio. Y en esa soledad, su voz será más clara.

Porque ella no viene para matar. Viene para recordarles que siempre le pertenecieron.

INSPECTOR (OFF)

Mi nombre es Inspector León Maraver. Me asignaron este caso después de que la prensa lo convirtiera en un circo. “El Carnicero de la Plaza”, lo llamaban al principio. Ahora, después de las últimas pistas, la prensa decidió bautizarlo con un nombre más… artístico: BOSCO.

Dicen que es por el pintor, Hieronymus Bosch, ese maestro de las visiones apocalípticas. Y la verdad… lo que encontramos tiene algo de esas escenas. En la plaza, justo al amanecer, hallamos el arpa. No estaba rota. No del todo. Pero sus cuerdas eran tendones humanos.

En la fuente, entre el agua lodosa, apareció una esfera de cristal. Dentro había un ojo. Un ojo que aún parecía mirar.

Y en lo alto del campanario, pintado con sangre seca, había un nimbo. Un halo invertido, como si fuera la corona de un santo profano.

No hubo cadáver. No todavía. Solo estos objetos, como fragmentos de una obra incompleta. Y, en la sacristía, un reloj sin manecillas. Dentro… una rana viva.

La prensa estaba encantada con el simbolismo. Yo no. Yo solo veía el inicio de algo más grande.

TESTIGO (OFF)

Me llevaron para “reconocer las pruebas”. Pero lo que vi no era lo que había visto aquella noche. Era peor.

El arpa ya no sonaba con notas. Sonaba con susurros. Si te acercabas demasiado, escuchabas palabras que no entendías, como un murmullo en una lengua muerta.

Cuando miré la esfera, vi mi propio rostro… pero distorsionado, como si me estuviera derritiendo.

Intenté decirle al inspector lo que vi, pero no me escuchó. Me miró con esa cara de “otro loco más”. Y tal vez tenga razón. Porque anoche, mientras intentaba dormir, ella volvió.

Entró en mi cuarto. No abrió la puerta. Simplemente apareció, hecha de sombras y polvo verde. Se inclinó sobre mi cama y susurró:

—Sigue al Bosco.

No sé qué significa. Pero creo que ella quiere que lo encuentre.

BOSCO (OFF)

Ya me han dado un nombre. Bosco. Qué irónico que me comparen con un pintor. Aunque en cierto modo tienen razón: yo también trabajo con símbolos, con visiones. Pero mi lienzo es más vasto.

No pinto para los hombres. Pinto para ella.

El inspector cree que está tras un asesino común. No entiende que cada objeto es parte de un tratado antiguo. El arpa, la esfera, la fuente, el nimbo, la rana… son los cinco signos que abren la grieta. Y cuando los cinco signos se completen con el sexto… ella vendrá por completo.

El testigo ya está marcado. Pronto no podrá distinguir entre sus sueños y la vigilia. Él será mi sexto signo. Su muerte será diferente: no un simple cadáver, sino una puerta.

Esta noche lo buscaré.

INSPECTOR (OFF)

El testigo está empezando a desvariar. Lo encontré en su casa, escribiendo compulsivamente sobre “la mujer de sombras” y sobre mí. Sí… sobre mí. Decía que yo también estaba “en su cuadro”, que Bosco ya me había elegido.

Estoy perdiendo la paciencia. Necesito hechos, no delirios. Y sin embargo… cuando salí de su casa, miré hacia el campanario y por un segundo juraría que vi algo. Una figura. Una mujer. Y sentí un escalofrío que no puedo explicar.

Quizá… quizá este Bosco sí esté pintando algo que no vemos todavía.

TESTIGO (OFF)

Ya no sé cuánto tiempo ha pasado. El reloj sin manecillas sigue croando en mi cabeza.

Esta noche, ella vino de nuevo. Se sentó a los pies de mi cama. No habla, pero sé que sonríe. Y cuando me toca, todo se vuelve blando, como si el mundo entero se derritiera en sombras.

Me dijo, sin palabras:

—Cuando lo veas, no corras. Déjalo hacer. Solo así verás la verdad.

Y entonces comprendí que Bosco viene por mí. Que yo soy el siguiente signo.

BOSCO (OFF)

Esta será la última vez que escriba antes del despertar.

El inspector está cerca, pero no lo suficiente. Él también forma parte del cuadro. El testigo… ah, el testigo ya está preparado. Su mente es frágil, su espíritu está abierto.

Cuando lo mate, no será un asesinato. Será una revelación. Él no morirá. Simplemente pasará al otro lado, donde ella lo espera.

Y entonces, el cuadro estará completo.

EL BAJEL DE SOMBRAS

Ficción

También hierba crecía en los sotos donde antaño corrían niños y jugaban a los bolos bajo los olmos. Era una hierba meadero, áspera, que lloro en silencio cada vez que mis pasos la rozan. Allí, las orugas avanzan adelante, sin piedad, devorando todo lo verde como si fuesen parásitos del propio tiempo.

Me llamo simplemente Narrador, pues no os contentaré con mi verdadero nombre. Pintará la historia por mí, como ruja de un bajel hundido en mares de polvo. Fui testigo del nacimiento de la primogénita de vuestra desgracia, y todo parecía sombras tristes que deshonrados instintos tejían en silencio.

Había en la vieja fábrica de catequesis un tratado incomprensible, escrito para juzgados invisibles, lleno de estampas donde criaturas tullidos, insecto mías y mías vueltas de locura, aguardaban su momento. Allí, en las esquinas húmedas, los gusanos maniáticos reptaban como fusiles que persiguen su blanco eterno.

Partir no era posible. La tierra inmensa, con su inmenso desenfreno, me retenía. Rebelo mi voz y, sin embargo, veinte veces vuelvo a callar. Mi amante no era más que un fantasma: inocencia perdida, pureza corrompida que se disipa en cada instante, como un reloj que no marca tiempo sino existencia rota.

“Considerar vuestra piedad”, decía ella antes de caer abajo, entre polvo y raíces. “Crearlo de nuevo, o perecer”. Pero yo, armado con nada más que mi vértigo, no pude.

Ahora, desde la penumbra, os hablo. Darán vueltas las criaturas y perseguirla siempre, porque cuánto más se rebela uno contra su destino, más suave y más fuerte es la prisión. Espantos estamos, y el viático de la muerte no basta para disolver la consonante última que nos une: inocencia.

Ahí terminan mis palabras. Si escucháis a medianoche un reloj que no marca las horas, sabed que no hay tiempo… solo tierra, gusanos y la inmensa risa de aquellos que, deshonrados, ya no pueden volver.

También hierba crecía en los sotos, pero no era como cualquier hierba: era áspera, venenosa, tan amarga que los viejos del pueblo la llamaban hierba meadero. Se decía que quien la rozaba sentía un leve escalofrío en la piel, como si algo diminuto –quizás las orugas que siempre avanzaban adelante, con un sigilo implacable– se filtrara por los poros para invadir el alma.

Corrían rumores de que aquella hierba marcaba los lugares malditos, las tierras donde antaño los hombres habían deshonrado a la naturaleza. Yo, que he caminado por muchos lugares oscuros, os contentaré con deciros solo esto: nunca piséis un claro cubierto por ella cuando el sol se oculta. Porque allí, bajo los olmos que se arquean como viejos testigos del pecado, todavía se oyen los llantos de lo que no debería existir.

Había, no lejos de ese claro, una vieja fábrica abandonada. La llamaban la Fábrica de Catequesis, pues en otros tiempos los curas llevaban allí a los niños a rezar. Pero ahora sus muros estaban cubiertos de estampas profanas, símbolos que parecían insectos deformes, criaturas tullidas pintadas en verde oscuro, como si hubieran nacido del polvo mismo. No eran simples dibujos: parecían moverse en las noches de luna, y quien los contemplaba demasiado tiempo sentía el vértigo, un abismo interior que lo invitaba al desenfreno.

Fue en esa fábrica donde hallé el tratado. Era un libro sin título, escrito con consonante áspera y rota, como si el lenguaje hubiera sido creado solo para herir. Entre sus páginas, describía el nacimiento de la Primogénita, una entidad que parecía sombras tristes y que se alimentaba de lo que los hombres llaman inocencia. No se revelaba su forma verdadera; solo hablaba de su voz, suave como el susurro de un amante, pero cargada con la fuerza de mil espantos.

Leí demasiado. Sí, lo confieso: como un niño curioso, no supe detenerme. Allí estaba escrito:

“Cuando veinte lunas pasen, cuando los gusanos maniáticos trepen sobre los fusiles que aguardan, ella vendrá. Y no habrá tierra que la contenga, ni mías vueltas que la disuadan. Partiréis en polvo, como los parásitos que os creísteis dueños del tiempo.”

Desde ese día, cada amanecer traía señales. Las orugas se multiplicaban. Los insectos invadían las casas, se metían en las ropas, en las bocas. Bajo los sotos, los olmos comenzaban a sangrar savia oscura. Y en las noches, el reloj del campanario sonaba sin marcar las horas, un tic-tac disonante que no medía la existencia, sino la espera.

Muchos huyeron. Yo me quedé. No por valentía, sino porque ella me lo pidió. Era mi amante, o lo había sido alguna vez, antes de convertirse en algo que ya no puedo nombrar. “Demuestra pureza”, me dijo aquella última noche, su voz temblando como una vela antes de extinguirse. “Divirtiéndonos creamos esta prisión… ahora debemos pagarla.”

Y la vi caer. Cayó abajo, entre raíces y polvo, como si la tierra inmensa la tragara para siempre. Creí que todo había terminado, pero me equivoqué. Cuando me volví, la fábrica respiraba. Sí, respiraba, como un ser vivo. Las paredes se hinchaban y exhalaban un aire cálido, cargado de olor a gusanos y tierra mojada. Y entonces supe que la Primogénita estaba allí, esperando.

Rebelo mi voz para contarlo, aunque sé que pronto me disolveré como todos. Porque no hay salida. Cuánto más intentas perseguirla o huir, más te alcanza. No sirve considerar la piedad, no sirve rezar ni invocar los viejos nombres sagrados. Lo natural está muerto. Lo juzgado ha sido condenado. Y nosotros, los deshonrados, ya no podemos volver.

Ahora aguardo. Cada noche siento su presencia más cerca. Los fusiles en la plaza, armados por manos invisibles, apuntan al cielo. Sé que cuando disparen no caerá sangre, sino polvo verde, suave y corrosivo. Y después de eso, todo se volverá silencio.

Si escucháis este relato, recordadlo bien: cuando el reloj suene fuera del tiempo, no corráis. No bajéis a los sotos, no miréis los olmos. Porque ahí estará ella. Y cuando la veáis, demasiado tarde será para dar marcha atrás.

Ella no vendrá a mataros. Vendrá a recordaros que siempre le pertenecisteis.

Biblioteca de Ramón

Poesía
  1. El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
  2. El reloj despertador es un gallo de acero.
  3. La luna es el espejo de los enamorados pobres.
  4. La risa es una erupción instantánea.
  5. Las golondrinas son pájaros vestidos de etiqueta.
  6. El lápiz escribe bostezando.
  7. El cigarro es el palo de las fiestas solitarias.
  8. El gato es un tigre de salón.
  9. La estrella fugaz es la lágrima de un deseo.
  10. El tren se traga las estaciones sin saborearlas.
  11. El paraguas es un sombrero que se suicida.
  12. Los zapatos tienen la cara triste del que trabaja.
  13. El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
  14. La nube es el pañuelo del cielo.
  15. Las rosas tienen más espinas que disculpas.
  16. El eco es el alma de las voces.
  17. El bostezo es un suspiro que se aburre.
  18. La jirafa es una grúa que come hojas.
  19. La nieve es la caspa del cielo.
  20. El espejo es el primer invento de la vanidad.
  21. El pavo real es el abanico de la vanidad.
  22. El pez es el único animal que se ahoga fuera del agua.
  23. La barba es la hierba que crece en el silencio del rostro.
  24. La calvicie es una playa sin olas.
  25. El semáforo es el ojo que vigila sin parpadear.
  26. El ascensor nos sube la autoestima.
  27. El cuervo es el abogado de la muerte.
  28. Las lágrimas son la sangre de los ojos.
  29. El faro es el ojo tuerto del mar.
  30. La niebla es el fantasma del aire.
  31. El beso es el truco de la boca.
  32. El ventilador es el pájaro mecánico del verano.
  33. El vino da sueños colorados.
  34. El teléfono es el timbre de los ausentes.
  35. El humo es el alma de lo que se quema.
  36. La mosca es el punto final de la siesta.
  37. El piano es una máquina de suspiros.
  38. La silla vacía es la ausencia hecha mueble.
  39. El pan caliente tiene alma.
  40. El bostezo es un grito sin ruido.
  41. El otoño es el andén de las hojas.
  42. La lluvia son lágrimas que no son de nadie.
  43. La bicicleta es el esqueleto del caballo.
  44. El fósforo es el estornudo del fuego.
  45. El sol es el pan del día.
  46. El silencio es el único paisaje que no cambia.
  47. La luna se peina en los charcos.
  48. La cabra es el paréntesis de la montaña.
  49. Las mariposas son flores que aprendieron a volar.
  50. La llave es el confidente de las puertas.
  51. El bostezo es una carta sin dirección.
  52. La lámpara es la luciérnaga doméstica.
  53. La muerte es una señora vestida de olvido.
  54. El murciélago es el ratón con paraguas.
  55. El acordeón es el fuelle de la música.
  56. El reloj es el dictador del tiempo.
  57. El papel es el eco de lo que pensamos.
  58. El beso es un punto y coma en el diálogo del amor.
  59. El zapato aprieta más cuando se va el amor.
  60. Las canas son las flores del tiempo.
  61. La chimenea es la nariz de la casa.
  62. El globo es un niño que quiere volar.
  63. El gato ronronea porque tiene el alma llena de cascabeles.
  64. El caracol lleva su casa a cuestas porque tiene miedo de perderla.
  65. El frío es el silencio del calor.
  66. La vejez es la niñez vuelta al revés.
  67. El espejo es el cómplice de Narciso.
  68. La radio es el periódico que habla.
  69. El mar es un sueño de agua.
  70. El cine es el circo de las sombras.
  71. La aspirina es la novia del dolor de cabeza.
  72. La cebolla hace llorar por dentro.
  73. El sollozo es la manera de llorar por dentro.
  74. Las cartas de amor se escriben sin tinta.
  75. El gato es la sombra con bigotes.
  76. La biblioteca es el cementerio de los pensamientos vivos.
  77. El ascensor es la montaña rusa de los edificios.
  78. La escalera es la lengua de los pisos.
  79. El paraguas se convierte en bastón cuando deja de llover.
  80. La escoba es la pluma con que se escribe en el suelo.
  81. El helado es el suspiro del verano.
  82. El tranvía es un gusano de hierro.
  83. La mecedora es la cuna de los abuelos.
  84. El cigarro es la bandera del ocio.
  85. El bigote es el toldo de la boca.
  86. El peine es el verdugo del enredo.
  87. Las campanas son el idioma de las torres.
  88. El pan se parte con respeto.
  89. La vejez es el invierno del cuerpo.
  90. El calendario es el carcelero de los días.
  91. Las pestañas son las persianas del alma.
  92. El corazón tiene razones que el pulso ignora.
  93. La almohada es el confidente de las noches.
  94. El beso robado es el más dulce.
  95. El bostezo es el abrazo del aburrimiento.
  96. Las tijeras son las serpientes mecánicas.
  97. El vino rojo es la sangre feliz de las uvas.
  98. La lluvia es el llanto del cielo.
  99. El tren es el lápiz que dibuja caminos.
  100. La sonrisa es el idioma más corto del mundo.

8. La lluvia…

Ficción

«La lluvia no cesa ¿Estoy muerto? lo estoy la almohada empapada en sudor la lluvia incesante el sudor ajuste de cinturón ajuste de cuentas ajustes no corras ve despacio no te corras aún llueve queso con caos estoy sudando sangro muero hambre mucha hambre no quiero comer no quiero comer no quiero ¿es sed? demasiada agua el dolor la lluvia ha cesado no quedan animales silencio la pantera se acerca negra y sigilosa despierta despierta despierta imposible estoy muerto no sudes no sudes no imposible córtate el pelo córtate las uñas córtate el cuello el cuerpo da señales de alarma al arma al arma y el alma madura ¿madura? se cae se retuerce como un gusano pisoteado veintiuno o menos pero pesa en el pecho muñeca sí también abajo en la entrepierna entrepierna con mantequilla cálida entrepierna con mantequilla vuelve a llover despierta despierta la pantera zarpa levanta levanta hay que hacerlo ahora ya ya ya»
Carlos se levanta aturdido. Mira por la ventana. Se ve luz vieja en la vieja casa del viejo vecino. La lluvia arrecia.

Confesiones poéticas

Poesía

Desvelar tras el humo,
una verdad en ruinas,
que se desliza entre las sombras
como un fantasma de carne y alma.

Recibirían, locuras enganchadas a las carnes,
gallos y sapos, ingenuos,
danza de bestias en el eco del abismo,
quien hubiera habitado tu cama
tan segura de sí misma,
blindada del combate de los días.
Pero el mundo se desgasta
y el sabor que dejaste
en mi lengua es un grito silenciado,
un eco amargo en el laberinto de las obligaciones.

Rodábamos, sí,
por dramas que no eran más que espejos rotos,
fragmentos de vidas ajenas
en los que nos ahogábamos sin querer.
Pero todo tiene un precio,
y la cuenta debería pagarse
en muebles de poder y de olvido,
en silencios que ahora ya no duelen.

Ni tu magia,
ni tus palabras,
ni tu caricia escapista
podrán secuestrarme.
Soy dueño de mis cadenas,
de mi sacrilegio compartido,
de este grito insostenible
que rasga el aire
y cae como lluvia en la tierra baldía.

Ambos necesitamos
gritar a las orugas,
a esos gusanos que transforman,
que destruyen para crear,
que nos llaman a renacer
en un mundo que aún no conocemos.

Atraed, narrador,
con tus cánticos espirituales
y tus avellanos mágicos,
lleva este caos hacia un destino nuevo,
donde las sombras se disuelvan
y la luz se forje
en la fragua de nuestros propios deseos.

¿Comeremos insectos? La proteína sostenible

No ficción

La proteína sostenible se refiere a las proteínas que se producen de manera sostenible, es decir, que se cultivan o producen en condiciones ambientalmente sostenibles y socialmente responsables. A menudo se asocia con alternativas a la carne convencional, como la proteína de plantas, la proteína de insectos y la proteína de cultivo celular.

Ventajas de la proteína sostenible:

  • Reducción de la huella de carbono: la producción de proteína sostenible a menudo genera menos emisiones de gases de efecto invernadero en comparación con la producción convencional de carne.
  • Ahorro de recursos naturales: la producción de proteína sostenible utiliza menos recursos naturales, como agua y tierra, en comparación con la producción de carne convencional.
  • Reducción del impacto ambiental: la producción de proteína sostenible a menudo genera menos contaminación del agua y del aire en comparación con la producción convencional de carne.
  • Alternativa saludable: algunas formas de proteína sostenible, como la proteína de plantas, son más saludables que la carne convencional, ya que tienen menos grasas saturadas y más fibra.

Inconvenientes de la proteína sostenible:

  • Costo: la producción de proteína sostenible todavía puede ser más costosa que la producción convencional de carne, lo que puede limitar su disponibilidad y accesibilidad.
  • Sabor y textura: algunos consumidores pueden encontrar que la proteína sostenible no tiene el mismo sabor o textura que la carne convencional, lo que puede limitar su aceptación.
  • Conocimiento limitado: la proteína sostenible es un concepto relativamente nuevo y todavía hay limitaciones en el conocimiento y la comprensión de las diferentes alternativas disponibles y sus beneficios o limitaciones.

Hay varios tipos de alimentos que se pueden producir de manera sostenible, algunos ejemplos incluyen:

  1. Proteína vegetal: la proteína vegetal se produce a partir de fuentes vegetales como la soja, el guisante, la lenteja, la quinoa, entre otros. Estas fuentes de proteína vegetal se pueden utilizar para hacer productos como hamburguesas, salchichas, leche, queso y yogur.
  2. Proteína de insectos: la proteína de insectos se produce a partir de insectos comestibles, como grillos, saltamontes y gusanos de la harina. Estos insectos se pueden utilizar para hacer productos como barras de proteína, snacks y productos alimenticios para mascotas.
  3. Proteína de cultivo celular: la proteína de cultivo celular se produce a partir de células de animales que se cultivan en un laboratorio. Estas células se pueden utilizar para hacer productos como hamburguesas, carne picada y otros productos cárnicos.
  4. Frutas y verduras orgánicas: las frutas y verduras orgánicas se cultivan sin el uso de pesticidas y otros productos químicos sintéticos. Estos productos se pueden utilizar para hacer una variedad de alimentos, desde ensaladas hasta salsas y conservas.
  5. Productos lácteos alternativos: los productos lácteos alternativos se producen a partir de fuentes no lácteas como la soja, el arroz, la avena, la almendra y el coco. Estos productos se pueden utilizar para hacer leche, queso, yogur y otros productos lácteos.

Estos son solo algunos ejemplos de los tipos de alimentos que se pueden producir de manera sostenible. La producción de alimentos sostenibles también puede incluir prácticas agrícolas sostenibles, como la agricultura regenerativa y la agroforestería.

La agroforestería es una práctica agrícola sostenible que combina la producción de árboles, arbustos y cultivos en un mismo sistema de producción. Se trata de una práctica que busca integrar el cultivo de árboles y arbustos en las actividades agrícolas para mejorar la producción, proteger el medio ambiente y proporcionar beneficios sociales y económicos a las comunidades locales.

En la agroforestería, los árboles y arbustos se cultivan junto con cultivos alimentarios, animales de pastoreo u otros sistemas de producción. Los árboles y arbustos pueden proporcionar sombra y protección contra el viento, lo que puede mejorar las condiciones de crecimiento de los cultivos. Además, pueden ayudar a mantener la fertilidad del suelo, reducir la erosión del suelo y proporcionar alimentos y forraje para los animales.

La agroforestería también puede proporcionar beneficios ambientales, como la conservación de la biodiversidad y la mitigación del cambio climático, ya que los árboles y arbustos pueden actuar como sumideros de carbono y mejorar la calidad del suelo.

En resumen, la agroforestería es una práctica agrícola sostenible que integra los árboles y arbustos en los sistemas de producción agrícola para mejorar la productividad y proteger el medio ambiente, y proporcionar beneficios sociales y económicos a las comunidades locales.

La producción de proteína sostenible es un tema que está ganando cada vez más atención en la industria alimentaria, y hay algunos datos disponibles sobre este tema:

  • Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la producción de proteína sostenible puede ser una forma efectiva de reducir los impactos ambientales de la producción de proteína animal convencional, como la emisión de gases de efecto invernadero, la contaminación del agua y la pérdida de biodiversidad.
  • Un estudio publicado en la revista Science en 2018 encontró que la producción de proteína a partir de insectos, como los grillos, podría ser una forma más sostenible y eficiente de producir proteína que la producción convencional de proteína animal.
  • Según un informe de la empresa de investigación de mercado MarketsandMarkets, se espera que el mercado de proteína sostenible crezca a una tasa compuesta anual del 9,5% entre 2020 y 2025, impulsado por la creciente demanda de alternativas de proteína más sostenibles y saludables.
  • Un estudio publicado en la revista Environmental Science & Technology en 2020 encontró que la producción de proteína a partir de microalgas podría ser una forma más sostenible de producir proteína que la producción convencional de proteína animal, ya que la producción de microalgas requiere menos tierra y agua y produce menos emisiones de gases de efecto invernadero.
  • Según un informe de la empresa de investigación de mercado Future Market Insights, se espera que el mercado de proteína a base de plantas crezca a una tasa compuesta anual del 8,4% entre 2020 y 2030, impulsado por la creciente demanda de alternativas de proteína más sostenibles y saludables.

Estos son solo algunos ejemplos de los datos disponibles sobre la producción de proteína sostenible. En general, la evidencia sugiere que la producción de proteína sostenible puede ser una forma efectiva de reducir los impactos ambientales de la producción de proteína animal convencional y satisfacer la creciente demanda de alternativas de proteína más sostenibles y saludables.

Igualmente, hay varios estudios y datos disponibles sobre la agroforestería y sus beneficios. Algunos de los datos más relevantes incluyen:

  • Según un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la agroforestería puede aumentar la productividad de los cultivos hasta en un 40%.
  • Un estudio publicado en la revista Nature en 2018 encontró que la agroforestería puede reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en un 20-40%, en comparación con los sistemas de monocultivo.
  • Según la FAO, la agroforestería puede mejorar la biodiversidad y la resiliencia de los ecosistemas agrícolas, lo que puede ayudar a proteger la diversidad biológica y los servicios ecosistémicos.
  • Un estudio publicado en la revista PLOS ONE en 2016 encontró que la agroforestería puede mejorar la seguridad alimentaria y los medios de vida de las comunidades rurales.
  • Según un informe de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la agroforestería puede proporcionar beneficios económicos, como la diversificación de ingresos y la reducción de los costos de producción.

En general, la evidencia sugiere que la agroforestería puede ser una práctica agrícola sostenible y efectiva para mejorar la productividad agrícola, proteger el medio ambiente y proporcionar beneficios sociales y económicos a las comunidades locales.

Desenfreno

Poesía

The grass also reminds me of the place,
and I weep with the caterpillars that advance ahead.
Show purity by having fun,
as in the catechetical factory,
where every insect judged is your shadow.

The bowling pins flowed under the elms,
and the vessel painted the skin of the first-born,
who seemed sad in the disgraced shadows.
Crippled instincts, dust and green cattle,
isn’t this consonant of wind mine?

I will content myself with the creatures
who wait in the courts of mercy.
The horrors are armed with soft rifles,
my strength and the turns that the lover takes.

To create it, to rebel myself: viatical parasites.
I dispel twenty images of innocence,
simply maniacs, below,
they will give the immense earth debauchery.

The worms will chase it,
they will wait in the thickets of how much vertigo.
The clock, the immense narrator of our existence,
paints the time that will take us,
as always, to the natural dust.

Desenfreno

Poesía

También la hierba recuerda el meadero,
y lloro con las orugas que avanzan adelante.
Demuestra la pureza divirtiéndonos,
como en la fábrica de catequesis,
donde cada insecto juzgado es vuestra sombra.

Corrían los bolos bajo los olmos,
y el bajel pintará ruja la piel de la primogénita,
que parecía triste en las sombras deshonradas.
Instintos tullidos, polvo y verde ganado,
¿acaso no es mía esta consonante de viento?

Me contentaré con las criaturas
que aguardan en los juzgados de piedad.
Los espantos estamos armados de fusiles suaves,
la fuerza mía y de las vueltas que da el amante.

Crearlo, rebelarme: parásitos viáticos.
Disipo veinte estampas de inocencia,
simplemente maniáticos, abajo,
darán a la tierra inmensa el desenfreno.

Los gusanos perseguirla,
aguardarán en los sotos de cuánto vértigo.
El reloj, narrador inmenso de nuestra existencia,
pinta el tiempo que nos llevará,
como siempre, al polvo natural.

Enithar

Ficción

Un vórtice tenebroso que nos arrastra en otros abismos insondables. Postrimerías de un hombre rendido, que rema en la noche ante el numerador cuántico sobre las ciudades afligidas. El oscuro globo sigue latiendo en las profundas estelas, como en el útero de las galaxias… donde permanecen suspendidos lanzando sus atroces chispas, eructando tétricos fuegos, sobre las ciudades afligidas, llenando el firmamento de verde polvorín. En la oscuridad están en calma. Las estrellas brillan serenas en lo alto. También reposa bajo ellas contemplando un azul profundo y un tenue resplandor. Mientras tanto el mundo asiste a las postrimerías del poder ilimitado de las huestes. planetas desiertos. el señor Rojo. arenas draconianas. El solitario en la inmensidad. En el momento del tiempo oscuro… el solitario en la inmensidad sobrevuela los mares de estrellas de carbono desplegando sus alas blancas. No hay globos de atracción, todo es uniforme, aunque salpicado de espuma. ¿Quiénes fueron los divergentes y todos los demás? Aulladores. Le infundió terror en su alma… Aulladores, rugiendo feroces en la noche negra. La Torre se eleva blanca y roja entre las plomizas nubes de la noche. Sobre su culmen el rojo es aún más intenso como un faro alertando del peligro. Todos los héroes han muerto, solos quedan los divergentes entre la bruma de un espacio intergaláctico sin esferas. El secreto oculto. Mi casa de cristal es un escondrijo secreto, ni todas las miríadas de la eternidad… por el portal dimensional un duende burlón, que venía del vórtice tenebroso, se deslizó sibilinamente. El pórtico secreto de la biblioteca se abre, los dorados lomos de los libros crujen como espantados. Hemos dejado atrás al que trae los óbolos necesarios. Principio de la luz. Comenzaron a tejer cortinas de tinieblas para reflejar la primera luz. el infinito que se halla oculto, el transportador raudo. El vórtice tenebroso devora neutrones de fusión, eructando tétricos fuegos en la oscuridad y esparciendo sus luces en el abismo sobre las llamas rojas. Martillos invernales. En torno al estentóreo con tenebrosa y letárgica dicha contempla los martillos invernales sosteniendo un farol de luces amarillas. Su anillo relumbra en su mano, una capa roja la cubre hasta los hombros dejando sus brazos desnudos. Agachada contempla con expectante mirada la inminente llegada de los martillos invernales. Los divergentes congelados, petrificados se encuentran por todas partes como estatuas de sal, mientras permanece enmarcada en su dorado cuadro. Sobre las llamas rojas. El secreto oculto es llevado sobre las llamas rojas en el transportador raudo por guardianes de las galaxias que luchan encarnizadamente con Millones de estrellas, que arden en la materia oscura. Tenebrosa y letárgica dicha. Una estela cruza en el cielo a lo largo de millones de parsec dejando a todo el universo atónito. Un fondo de radiación violeta y negro sostiene las estrellas. Ni los guardianes de las galaxias han podido evitarlo, impotentes tras su poder burlado. En torno al estentóreo. Desgajados de la eternidad fueron llevados por el transportador raudo. Mi casa de cristal. Se sienta llorando en el umbral, a su lado, trato de persuadirlo en vano. ha sido cruel al convertir mi casa de cristal en torres de arena semejantes a totems. se ha marchado lejos. camina entre nubes blancas sobre un cielo azul y todos se esconden en sus guaridas. Como truenos de otoño se desatan las huestes de los … el primer engendro en el transportador raudo surge en torno al estentóreo. Eructando tétricos fuegos, la de melena larga, eructando tétricos fuegos sobre la multitud incauta que la rodea. Desgajados de la eternidad, entramos con las luces en el abismo. Al emerger de las aguas. El ojo ve más que el corazón. Amar a un gusano. globos de atracción. Los óbolos necesarios. La blanca divergente, bella rubia, pone su óbolo dorado sobre el ojo izquierdo y contempla con el otro al que viene por el portal dimensional, su rostro desafiante, intriga al visitante. Se derramaron en los vientos. Primera edad, por el portal dimensional se derramaron en los vientos los óbolos necesarios. encuentras a los divergentes, continua su viaje. Sobre las ciudades afligidas. el magno y Los dragones de las alturas, por el portal dimensional se derramaron en los vientos. principio de la luz. desciende a las ciudades afligidas. Un complejo mecanismo mantiene a los divergentes en continua y frenética actividad. Las megalópolis crecen en todas las dimensiones como un cáncer y los espacios se llenan cada vez de más gente que acude de todos los rincones. La noche no para en ellas y las luces permanecen encendidas, como si nadie durmiera nunca. Los plutócratas compiten por hacer los edificios más altos, más profundos, más extensos, más modernos, más … El primer engendro. ¿Qué fue de los divergentes? Quizás por el portal dimensional se fueron a los planetas desiertos. La mujer negra dió a luz el primer engendro, las paredes manchadas de sangre y de luz adquieren caprichosas formas y un globo rojo se eleva sobre su cabeza. La mujer negra sostiene a su engendro entre sus manos, y se mantiene firme y altanera, orgullosa y fuerte. La vemos de perfil pues no quiere mirarnos, parece ignorarnos, toda la noche nos rodea y enmarca. Sólo hay rojo y negro. la desea. Los divergentes la admiran y temen. Con crujidos, punzadas y palpitaciones. Las tormentas se desgarraron, las olas se extendieron y las aguas hirvieron con crujidos, punzadas y palpitaciones, se derramaron los vientos sobre las ciudades afligidas y un lobo surgió de la nieve entre los cargados pinos de nieve y de neutrones. Guardianes de las galaxias. Un divergente contempla las estrellas y ve descender por el portal dimensional los guardianes de las galaxias que caen en la noche sobre las llamas rojas, el globo gira y derrama polvo negro sobre el suelo, todo queda oculto, el templo de la vida se tambalea. Luces en el abismo. los ciclos legendarios se conservan en la torre cumular. principio de la luz. El agujero negro primordial. la casa, el solitario en la inmensidad. Apresada en las tinieblas. Brota la bestia como un claro manantial en la oscuridad. Apresada en las tinieblas. buscando el secreto oculto por el portal dimensional. Los ciclos legendarios primera edad. sube a la torre más alta y se lanza al vacío, flota en el éter y se desvanece entre luces carmines y blancas. Su vestido blanco ondula suavemente y se derrama en los vientos solares. aunque forma no tenía, neutrones de fusión. Postrimerías del derecho y del revés Vórtice tenebroso planetas desiertos, primera edad. entierra a. Una cálida luz ilumina la caverna frente al mar embravecido. Galaxia. vía láctea Según el método se puede atravesar el universo por el portal dimensional, un agujero de gusano intergaláctico. el roble eterno aulladores de, laberintos delusorios, templo de la vida Arrancas una flor y asciendes por el valle entre truenos. Entre desiertos helados y abrasadores transcurre El camino. Todo el espacio intergaláctico puede ser recorrido por los neutrones de fusión… numerador cuántico. Comenzó a andar. Nadie … El camino no es de nadie. Surgen espirales de humo desde el océano y se condensan en llamas.

El hombre, exhausto y desorientado, luchaba por mantener el control de su pequeña embarcación mientras se adentraba cada vez más en el vórtice tenebroso. El sonido ensordecedor del viento y el choque de las olas golpeando contra su barco llenaban sus oídos. La oscuridad lo rodeaba por todos lados, haciendo que su corazón latiera con una mezcla de miedo y asombro.

A medida que remaba en la noche, podía sentir la presencia del numerador cuántico acechando en las sombras. Sabía que debía mantenerse alerta, pues su misión era crucial para las ciudades afligidas que yacían en algún lugar dentro de este abismo insondable. Los destinos de millones de almas dependían de su éxito.

El oscuro globo que latía en las profundas estelas del vórtice parecía estar conectado a todas las cosas, como si fuera el latido del corazón del universo mismo. Cada latido enviaba ondas de energía a través de su ser, haciéndolo sentir parte de algo mucho más grande de lo que jamás había imaginado.

Mientras continuaba remando, el hombre recordaba cómo había llegado hasta este punto. Había sido un científico brillante, un estudioso de las leyes fundamentales del universo. Pero cuando los problemas comenzaron a afligir a las ciudades que alguna vez amó, se dio cuenta de que la respuesta a su salvación yace en lo desconocido, en este vórtice misterioso.

El numerador cuántico, una entidad misteriosa y enigmática, le había revelado la existencia de este vórtice y le había encomendado la tarea de llegar a su núcleo para desentrañar los secretos que podrían salvar a las ciudades afligidas. La promesa de una solución a la miseria que asolaba a su hogar había sido suficiente para que él se aventurara en este viaje peligroso y desconocido.

A medida que remaba, las luces destellantes y las sombras danzantes se cerraban a su alrededor. El tiempo parecía perder su significado en este lugar, y no sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que comenzó su viaje. Sin embargo, su determinación seguía intacta, impulsada por la esperanza de un mañana mejor para su gente.

Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el hombre alcanzó el núcleo del vórtice. Allí, frente a él, encontró una vista que lo dejó sin aliento. Una ciudad flotante, resplandeciente con una luz dorada, se alzaba majestuosamente sobre el oscuro abismo. Las calles estaban llenas de gente que parecía vivir en perfecta armonía con el numerador cuántico.

El hombre supo de inmediato que esta ciudad era la clave para salvar a las ciudades afligidas. El numerador cuántico había guiado su camino hasta aquí para que pudiera aprender los secretos de esta civilización avanzada y llevar ese conocimiento de regreso a su hogar.

Su viaje estaba lejos de haber terminado, pero ahora tenía un rayo de esperanza y una misión clara. Con determinación renovada, se dirigió hacia la ciudad flotante, listo para enfrentar cualquier desafío que se presentara en su búsqueda por salvar a su gente y traer la luz de la ciencia y el conocimiento a las ciudades afligidas.El hombre, exhausto y desorientado, luchaba por mantener el control de su pequeña embarcación mientras se adentraba cada vez más en el vórtice tenebroso. El sonido ensordecedor del viento y el choque de las olas golpeando contra su barco llenaban sus oídos. La oscuridad lo rodeaba por todos lados, haciendo que su corazón latiera con una mezcla de miedo y asombro.A medida que remaba en la noche, podía sentir la presencia del numerador cuántico acechando en las sombras. Sabía que debía mantenerse alerta, pues su misión era crucial para las ciudades afligidas que yacían en algún lugar dentro de este abismo insondable. Los destinos de millones de almas dependían de su éxito.El oscuro globo que latía en las profundas estelas del vórtice parecía estar conectado a todas las cosas, como si fuera el latido del corazón del universo mismo. Cada latido enviaba ondas de energía a través de su ser, haciéndolo sentir parte de algo mucho más grande de lo que jamás había imaginado.Mientras continuaba remando, el hombre recordaba cómo había llegado hasta este punto. Había sido un científico brillante, un estudioso de las leyes fundamentales del universo. Pero cuando los problemas comenzaron a afligir a las ciudades que alguna vez amó, se dio cuenta de que la respuesta a su salvación yace en lo desconocido, en este vórtice misterioso.El numerador cuántico, una entidad misteriosa y enigmática, le había revelado la existencia de este vórtice y le había encomendado la tarea de llegar a su núcleo para desentrañar los secretos que podrían salvar a las ciudades afligidas. La promesa de una solución a la miseria que asolaba a su hogar había sido suficiente para que él se aventurara en este viaje peligroso y desconocido.A medida que remaba, las luces destellantes y las sombras danzantes se cerraban a su alrededor. El tiempo parecía perder su significado en este lugar, y no sabía cuánto tiempo había transcurrido desde que comenzó su viaje. Sin embargo, su determinación seguía intacta, impulsada por la esperanza de un mañana mejor para su gente.Finalmente, después de lo que pareció una eternidad, el hombre alcanzó el núcleo del vórtice. Allí, frente a él, encontró una vista que lo dejó sin aliento. Una ciudad flotante, resplandeciente con una luz dorada, se alzaba majestuosamente sobre el oscuro abismo. Las calles estaban llenas de gente que parecía vivir en perfecta armonía con el numerador cuántico.El hombre supo de inmediato que esta ciudad era la clave para salvar a las ciudades afligidas. El numerador cuántico había guiado su camino hasta aquí para que pudiera aprender los secretos de esta civilización avanzada y llevar ese conocimiento de regreso a su hogar.Su viaje estaba lejos de haber terminado, pero ahora tenía un rayo de esperanza y una misión clara. Con determinación renovada, se dirigió hacia la ciudad flotante, listo para enfrentar cualquier desafío que se presentara en su búsqueda por salvar a su gente y traer la luz de la ciencia y el conocimiento a las ciudades afligidas.