Cibeles castradora

Ficción

En la ceremonia del Día de la Sangre, los iniciados en el culto a Cibeles debían castrarse a si mismos con un cuchillo de pedernal.

La ceremonia del Día de la Sangre, también conocida como el Dies Sanguinis, era una festividad que se celebraba en la antigua religión frigia, que tenía como deidad principal a la diosa Cibeles. Durante esta ceremonia, los sacerdotes y los iniciados en el culto a Cibeles llevaban a cabo un ritual de castración conocido como «gallobride» o «hierós gamos».

La castración se realizaba con un cuchillo de pedernal o un objeto similar, y se consideraba un acto de dedicación a la diosa Cibeles, ya que se creía que el sacrificio de la fertilidad masculina era un regalo sagrado para la diosa. Los iniciados eran castrados mientras se encontraban en un estado de trance religioso, en el que creían estar en comunión con la divinidad.

Después de la castración, los iniciados se vestían con ropa femenina y asumían roles femeninos en la comunidad. Se creía que habían sido bendecidos con dones sobrenaturales, como la capacidad de predecir el futuro y la curación de enfermedades. Estos iniciados eran conocidos como «galli» o «gallos», y eran considerados como un enlace especial entre la diosa Cibeles y la humanidad.

El culto a Cibeles y la ceremonia del Día de la Sangre se extendieron por todo el Imperio Romano, y se cree que influyeron en el desarrollo de la religión romana, especialmente en la adoración de la diosa Magna Mater. Sin embargo, con la llegada del cristianismo, el culto a Cibeles y la ceremonia de la castración fueron perseguidos y finalmente desaparecieron. Hoy en día, la práctica de la castración religiosa es ilegal en todo el mundo y es considerada una forma de mutilación genital.

Saturno

Ficción


Yo soy el que ha cuajado los planetas
con el metal pesado de los asnos;
el hechicero que a Cibeles engaña
con sargazos de plomo y de desidia;
el que a guadaña pasa los dioses planetarios
con ignorados múltiplos de amargura y de sombra;
quien alado desciende del templo de la muerte
para planchar los duelos del horizonte en los abismos.

Blancanieves

Ficción

—Ya lo decía mi abuelita, el ataúd de Blancanieves era el invernadero de las bellezas de cuento. He preparado uno para todas las modelos que se han quedado sin trabajo en la Pasarela Cibeles por flacas. No me importaría chuparles los huesos, ¡ya no usaría mondadientes! —dijo El Principescu.