Aforismos (Leonardo da Vinci)

Ficción

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BROCHES DE LA ESTACIÓN BRILLANTE

Ficción

Campo mojado en primavera,
en hierba de oro -ya espigada-
es la flor de rocío,
el moho de la tierra.

Las verdes esferas
lucen los húmedos diamantes
que la lluvia ha plantado
con sus gotas.

Sus hojas de pelusa
son besos de hada
de olor decapitado en mayos,
caprichos de la hiedra.

Fósil de nieve
inseminan las ramas;
brillo de inflorescencia.

El aire azul es libre;
mojado el viento
y blur travieso,
el verde extracto de los rayos.

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Poesía

$ky
-Entonces, mátalo… -Para empezar, vale.
-No me escuchaste. -Sí… ¿Qué decías?
…cinturón niveo y labios encendidos
35 millones de años antes…
A bird-brain banquet melts bold Mistress Mog
A daring baron pockets precious Mings
A la pupila poseida
A la salud de Baco!
A la vuelta te espero -sentenciaba Boomerang.
a las 10 en casa
a las hojas del arce
a las nubes del monte
a mis princesas
A partir de hoy, cuando te dirijas a mí, empieza por la palabra ‘adiós’.
A pesar de estar manchado de sangre, sonreia.
A piercing wit would sprightliest horses flog
a sueldo de Moscú
a una amapola
a veinte bajo cero
A ver si te enteras, que son 20 pegas!
A wise loaf always knows its humblest crumb
Aburrirse es besar a la muerte.
Acerca
Adoremos sus palabras
Ahasvero es el judío errante
ahora que me voy
Ahora, Susana, las sonrisas son para ti.
Al marinero mar
al mendigo
Al mudo cobijo de tus bosques axilares
al oscurecerse el monte
Al pálido palacio del débil desconsuelo
al subir una loma
al viejo gallo
alba de estío
algo me han dicho
Algo que contar
Allá va el mar
alrededor de la garza
alzado
amandoossodia
Amante de alquiler
ambienteg
Amemos el haiku
amigo gagarin
An icicle of frozen marrow pings
anaitgames
analiebana
Anécdotas, historias y relatos
And empty cages show life’s bird has flown
And lessors’ dates have all too short a sum
And let you off from your opinions glum
And loudly sang off-key without a tone
And played their mountain croquet jungle chess
And starve the snivelling baby like a dog
And yet ’twas he the beggar Fate just flings
anieto2k
Ante avenidas juerguistas de Brooklyn o New York
ante el respetable público
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Apestando a infernal sofisma
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Aquel dia tuvo un sueño revelador…
Aquel fatal diluvio, de cándidos desdenes
Aquellos seres estaban como locos.
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Cuando gira el espejo del armario gira el mundo con él.
Cuando las cucharas de toda la familia arremeten con la sopa, parecen remeros de regata.
Cuando los tipos de ciento treinta kilos dicen cosas, los de sesenta escuchan…
Cuando quieras que la gente te escuche, no debes contentarte con unos golpecitos en la espalda, hay que ir a golpes de martillo.
Cuando se habla de pasta, a partir de cierta cifra, todo el mundo escucha.
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De repente se encontró bajo un árbol.
De sed del tiempo
De siervas vaciedades
de tierra y cielo
De un mágico tuareg
de vita et moribus
deakialli
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dejasteis por cubrir
Del bandolero alquímico
Del espectáculo de sus farsantes y lóbregos orgullos
Del mar surgido
Del quejumbroso Nilo…
demasiado grande
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dentro del frío
desdeguate
desdelatribuna
desegundos
desinformados
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despertar
Después de adentrarse profundamente, desfalleció.
Después de aquello, nunca olvidaron lavarse los pies.
después de los sesenta
después en las tinieblas
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Destartaladas
Detesto la aurora. La hierba tiene la apariencia de haber sido descuidada toda la noche.
detrás, delante
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Diario de un aspirante a escritor
diario del viajero
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Diccionario de la Real Estupidez Unánime
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Dispersas en las marismas de infortunio
Disuelto en informes frondas
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doblando el placer
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Documenta2: Archivos, Bibliotecas y Documentación
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Don Pedro from his shirt has washed the fleas
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dormita, posada
dososan
duermen unas cortesanas
dumitraqui
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ecetia
econectados
ecuaderno
Edison incubó la primera bombilla eléctrica.
edmz
eduardo allende
eduardocollado
Efímera
El agua.
El aldabón acuña la moneda de la llamada.
El ácido bórico tiene ternura para los ojos
El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.
El beso es una nada entre paréntesis. {}
El beso, ¿es un préstamo o un regalo?
El Blog de Enrique Dans
El Blog de Loretahur
el blog de pepi
El blog del futuro del libro
El café con leche es una bebida mulata.
El caudaloso riachuelo estaba seco ahora
el cazador de libélulas
el cerdo agridulce
El ciclista es un vampiro de la velocidad.
El colchón está lleno de ombligos.
EL CONCEPTO DE FICCIÓN
el día de hoy también
El despertador mete en la casa un ruido de peluquería, cortando el pelo del tiempo a la tijera.
el despertar tranquilo
El director de orquesta aletea sin alas.
el dulce aroma
El enjuagatorio del alma es la jaculatoria.
el equipo t
El Escritor
El espejo cromático del estanque de luna
el frío
El gato cree que la luna es un plato de leche.
el gran bosque sería
el grácil sauce
el haijin con su haiku
El huevo nos mira con su roja pupila interior.
El humo no logra pintarle bigote al cielo.
El jardín se fuma en pipa las hojas caídas.
el jefe de los bandidos
El jugo pancreático es el jugo más griego que poseemos.
el ladrón olvidó
El libro es una sopa de letras ordenada.
El lunar es el punto final del poema de la belleza.
El Mar de las Tormentas
el mar oscurece
El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender.
el mundo cabe
el mundo está loco
El olor de la flor le despierta y sale
El ombligo se quedó guiñando el ojo
El piano de cola se hace pajas musicales.
El picnic ha terminado: no tenemos hormigas rojas.
El poeta multimedia
El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos
el propio corazón
el que os mira
El rebuzno es un suspiro frenético
El refugio de Orpheus
El reloj nos va afeitando la vida.
el riachuelo va
el rojo atardecer
el ruiseñor
el sapo de este matorral
El sexo aligera las tensiones y el amor las provoca.
El sueño es un depósito de objetos extraviados.
El tenedor es el peine de los tallarines.
el vendaval
El Ventanuco
el verano lo viste
el viento de otoño
el viento ha pasado
El viento soplaba sobre el lago
elastico
elblogsalmon
eldoctorhache
Ellos continuaban sin parar.
elqudsi
elquemuchoabarca
elsabanon
elsacoroto
elsentidodelavida
elviajeaningunaparte
elvoyeur
Emboggled minds may puff and blow and guess
emcatarse
emerecindo
emezeta
emigrando
en diecisiete sílabas
en el azul, cómo sube
En el desierto
En el fondo, en el fondo…
En el hipo tropieza nuestro aliento para convertirse en desaliento
en el horizonte azulísimo
En el murmullo se cuecen las palabras
en el que comeré caquis
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
en este sucio mundo
en guerra eterna
en la campiña
En la gruta bosteza la montaña.
en la ventana indiscreta
en las tinieblas
En los eternos mares de arena
En los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo
En los mustios calveros de las plazas públicas
en mi barca yo solo
en mi vida anterior
en mini falda
en oriente se apilan
en páramos quemados
en primavera
En que dejabas mis lánguidas vidrieras
en ruiseñor
en su sonrisa
en tierra firme
en tu correo!
enberlin
encuentros aleatorios
enelcaos
Enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos
Engadget
enjambreliteral
enlavalla
enriquedans
Entenderemos el ruido y la borrachera si te quedas aquí.
Entonces le dio una palmada y despertó sobresaltado.
Entre el sillón de un ministerio y estar fuera de la sociedad sólo hay un paso en falso.
entre retoños
entreteneos jugando al amor
Era el hombre más viejo del mundo
Era evidente que a la madrastra no le gustaban los niños.
Era uno de esos días en que el viento quiere hablar.
Ere meanings new to ancient tribes are thrown
erebe
Eres un imbécil y un desconfiado porque cuando te digo que eres un imbécil no te lo crees.
Erotismo na Cidade
error500
Error500 | Tecnología + Internet + Conocimiento
es ahora otra cosa
Es guapo, pero cuando se le habla no entiende todos los verbos.
Es tan estúpido que necesita un test de inteligencia para sonarse la nariz.
Es triste que el interior de los baúles esté empapelado de pasillo.
es una mariposa
es ya mi aldea
es.appleweblog
Esas ineptas e inmundas que huríes se creyeron
escalextric
Escapó de las cobras
escolar
Escolar.net – Ignacio Escolar
escritor
escritores
escritores
Escritores aficionados
Escritores da História
ESCRITORES NOVATOS
Escritores.
escritoresdominicanos
escritos
EsCrItOs
EscritoS
Escritos
escritos
Escritos Profanos
Escritos…
escritoscarolina
escritura de pájaros
Espacio de mabel
espartakocc
Espero que algún día alguien te diga lo que realmente pienso de ti.
espiadelbar
esquivaesto
esquizopedia
Estaba tan cansado que me quedé dormido allí mismo
Estación: claridad
estamos a salvo
está el árbol en flor
está lo que más importa
Estás pálido, triste… Se diría que eres abstemio.
Este amuleto es perfecto –exclamó sonriente.
Este blog ha recibido el premio “Pelourinho 2006 - Blog do Ano - Internacional” en Plata
este camino
Este chaval quiere ganar con su cara un concurso de caretas sin mover un músculo facial.
Esto no funciona, ¿es normal?
Estos dramáticos mendigos de la oportunidad
Estoy muerto? -pensé.
estoy solo
estoy viendo flores caídas
estratega ( )
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etc.territoriocreativo
Etruscan words which Greece and Rome engrave
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evitándolo
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evoncando un viejo ayer
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Extraviados en los juegos infantiles
Fall apart right here under a sky that knows no stars
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La amistad entre un hombre y una mujer no puede funcionar. Es la moneda falsa.
La belleza con lunares es una belleza certificada.
La bruja se dirigió hacia ellos con una encantadora sonrisa.
La C es una galleta mordida.
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La CIA no se la juega, parte de sus hombres luchan con el presidente y los otros luchan contra él.
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La Coctelera: Tribulaciones de un guionista – Inicio
La Dama de Elche es la primera mujer que gastó auriculares.
La diferencia entre la muerte y el sexo es que la muerte es algo que puede hacer uno solo y sin que nadie se ría de ti.
La economía es un arma. La política consiste en saber cuando apretar el gatillo.
La eternidad envidia lo mortal.
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales
La ficcion derrotada
La gaita canta por la nariz.
La humareda de escarcha de los valles de plata
La jirafa es el periscopio para ver los horizontes del desierto
La lagartija es la rendija verde de la tapia.
la larga oruga
la lejana montaña
la lengua
La liebre es libre.
La lira está hecha con los cuernos del poeta
la literatura me la pone dura
La lluvia se puso a teclear en su máquina de escribir.
La luna adora los acantilados.
la luna en la ventana
La luna es el ojo de cristal del cielo.
La luna es la lavandera de la noche.
La luna es la mujer que gasta tacones más altos
La luna pone en el bosque luz de cabaret.
La luna sobre el mar es aviador y buzo
la luna sobre la plaza
la luna y el trébol
la maté por un yogur
la mentira
la mitad de las flores
La muerte de un dios
La muerte es hereditaria.
la mujer objeto
La mujer se pinta las uñas para tener diez corazones a mano.
La niña vudú
la nieve pegajosa
la nieve sobre mi manta
la orgía perpetua
la patata de la libertad
la página definitiva
la que ronda mis ojos
La razón pura es un pasquín en blanco
La sandía es una hucha de ocasos.
la sombra de una cometa
La sorpresa más grande que puede dar un tonto es detenerse.
la tarde y la montaña
la tempestad
la tormenta en un vaso
La tortuga está perdida porque lleva el mapa a la espalda.
la vasta noche
La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes qué sabor te va ha salir.
La vida es estar cayendo hasta el fragor de la muerte
la virginal zarza de látex de tu sexo
la voz de la cigarra
la voz del viento
labitacora.net
labitacoradelmonosabio
labrujulaverde
lacarceldepapel
lafotografia
lafragua
laiababel
Lanzad a inocentes y lánguidos poetas alli -susurraba.
lapalabra
lapastillaroja
lapenultimapalabra
lapetiteclaudine
Las Desdémonas
las dos manzanas
Las flores que no huelen son flores mudas.
las hojas secas
las hormigas arrastran
Las lilas son la blusa de percal de la primavera.
las partes de un todo
Las porcelanas nos acompañan en la vida, pero fríamente.
Las serpientes son las corbatas de los árboles.
las sotanas de Satán
Lágrimas rezagadas
Lóbrego lago de lágrima empedrado
le sobrevive
le sobrevive a todo
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Lecturas
lejana tarde de primavera
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les grazna un cuervo
leve es la primavera
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libros
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Lo llevó al pozo para lavarlo.
Lo molesto de los barcos es que la salsa de espárragos no está nunca donde debe.
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Lo que sepas o no me importa un bledo. De todas formas he decidido torturarte.
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Los arcos de triunfo son elefantes petrificados.
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Los griegos se morían soltando palabras griegas por la boca.
Los insectos no hacen política. Son brutales. No tienen compasión ni compromiso. No se puede confiar en un insecto.
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Los párpados son persianas que nos protegen de la luz de la vida.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
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Me acerqué a ella y me despedí con ternura.
Me gustaba la canción de aquella niña.
Me gustan las mujeres en bikini. No pueden esconder armas.
Me gustaría ser detective. Eso exige cerebro, coraje y pistola. Y yo ya tengo la pistola.
Me he convertido en el hombre que siempre tiene miedo de llegar a ser algo. Pero me siento muy feliz así.
Me he instalado definitivamente en la libertad provisional.
Me preguntó que si encontrar el amor físico era sucio y yo le respondí: “Lo es, si se practica correctamente”.
Me siento como si todo el ejército ruso en calcetines hubiese desfilado sobre mi lengua.
medtempus
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merodeando
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Mi boca está tan seca que podría proyectar Lawrence de Arabia.
Mi casa es mi castillo.
mi choza en primavera
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Microsiervos
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Mientras canta su nana
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mira, iba a decir, pero
miradas y voces
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Muerto: boda con el ciprés.
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Mujer preocupada: doble sal en la comida.
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ni ninguna mirada
Ni tu magia podrá secuestrarme
niebla del monte
Ninecuentos
No confiéis demasiado en la raya blanca que divide la calle.
no encontrará ningún árbol
No es educado leer delante de la tele.
No es mala persona… si nos olvidamos de su apariencia, su inteligencia y su personalidad.
no es nada vivir
no hago nada
No hay abrazo más fatal que el de la tierra -tarareaba.
No hay nadie que soboree el agua como el pájaro.
No hay pulso. El corazón no late. Si la cosa no cambia, este hombre está muerto.
no hay telegramas hoy
No juzgarán al pérfido viático
No le cabe la polla entre sus dientes de conejo! -exclamó con ironia.
no lloréis, bichos
No mandes a un pato a hacer la labor de un conejo.
No me gusta ver llorar a las mujeres. Nunca lloran por mí.
No me pises el cielo que acabo de encerarlo!
No need to cart such treasures from the fog
No soportaba el ruido de furias gobernantas
No tiene enemigos en el mundo. Sólo los amigos le odian.
no tiene nada
No, no, no… un miasmático señor tuvo la culpa! -exclamaba histérico mientras se alejaba corriendo.
nopuedocreer
Normal one aims to be and share the throne
Nos quedaremos sordos! -lamentaba.
notasdefutbol
notasmoleskine
Noticias ciencia-ficción
notitia-criminis
Nought can the mouse’s timid nibbling save
novaciencia
novela
Novela do terravista
Novela Negra y Cine Negro
NuNa
Nunca hay que confiar en alguien que lleve una pajarita. La corbata cuelga para acentuar las partes genitales. ¿Por qué habría de confiar en alguien que quiere acentuar sus orejas?
Nunca he sido tan feliz como el día en que besé a mi madrastra olvidando que tenía un cigarrillo en la boca.
Nunca mezcles el hielo con el whisky, ocupa mucho espacio.
nuncajamas
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
O en el regazo pérfido del cuello
O es el primer error que cometemos hoy o es que este tipo nos ha vendido el puente de Brooklyn.
O Parthenon you hold the charger’s strings
O se asfixian en acostumbrados manjares
oberon
obm
ociocritico
ociotakus
oclcyc
octaviorojas
Odio las duchas frías. Me estimulan y después no sé qué hacer.
Oh desesperación vivaz
Oh how oh how he hates such pilferings
Oh muñeca de goma y amante de alquiler
Oh reina violeta que ahuyenta la alegria
Oh, eso será tan fácil como pelar una tortuga.
oink
ojo al texto
ojobuscador
ojos en la escarcha!
Ojos Rojos
Old corned-beef’s rusty armour spreads disease
Old Galileo’s Pisan offerings
olganza
olor a crisantemos
Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies
On fish-slab whale nor seal has never swum
On wheels the tourist follows his hostess
One gathers rosebuds or grows old alone
One misses cricket hearth and croaking frog
One of your old favourite songs from way back when
One tongue will do to keep the verse agog
online
ooohmyblog
openbet
opiniones
Or grinning like a pale-faced golliwog
ora va al este, ora al oeste
orfa
orsai
orteuiperelloisalvado
Os Trechos
otexto
otromundoesposible
otros viene dos veces
ounae
p.n.e™
p03m4s
paco al día
pacocostas
palavrasesentimentos
palomas despistadas
pandeblog
la endiablada cueva del deseo
papelcontinuo
para conocer la flor del ciruelo
Para el ejército me declararon inutilísimo. Si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén.
Para una cantidad grande, ¡cuidado que es chico el cheque!
Parafrenia
pasó el ayer
pasó también el hoy
Patricia pondría nervioso al café.
paubel
paullop
pájaro cuco
pétalos de azahar
pétalos de cerezo
pc-actual
Pedromoreno.net
pekinhouse
peluche
penetra en las rocas
“Aqui se puede descansar”.
periodismoincendiario
periodistas21
pero estoy solo
Pero las frutas maduras cayeron al suelo.
perpectivas desde el centro del caos
perroqueladraymuerde
perturbatronics
Pez: alfiletero de espinas.
phil ringnalda
picapiedra
Pintarán resplandores
pisitoenmadrid
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pituteando
Pixel y Dixel
pixelydixel
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pjorge.com: Pedro Jorge Romero
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Platonic Greece was not so talentless
pobre de aquel que nada escribe
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Poesias
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Poesias…
Poetic licence needs no strain or stress
Poor reader smile before your lips go numb
Poor Yorick comes to bury not address
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Por amores locos
por donde van las niñas
Por fin los encontró, dibujando en la pared con maestria.
por haber asustado
Por La Boca Muere El Pez
Por la calidad de sus pensamientos, Bob se sitúa cerca del nivel de Custer y de Nixon.
por la hojarasca
Por las perfectas bondades del pecado carnal
Por tus muertos! -dice- ¡Eres un brasas!
porcar
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posado un cuervo
poseo la luna
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Post-its sacados de la papelera
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Preciosos y olvidados sueños de la dulce niñez…
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Prose took the minstrel’s verse without a squeeze
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Pues peor -exclamaron los niños.
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Que es la vida la que mata
Que Fluya WacK
Que Fluya WacK
que retornan a la rama
que se halla de viaje
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Rápidamente, le explicó lo que estaba pasando.
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Sólo aprecias que funciona una vejiga cuando fluye.
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Sólo el sol puede dar vacaciones a las nubes.
Sólo eran rosas?
Sólo la girafa intentó besar a la luna.
sólo más hojas
sólo un viento que va
Scotland Yard estaba tras las pista.
scuaret
se adhiere a las cosas
se agarran a las hierbas
se apilan
se arriman al farol
se desata la bufanda
se incorporan etéreos
Se le antojaba frecuentemente…
se le olvidó
se me habrá ido hoy
se ondula el agua
se presenta
se refleja en los ojos
se siente orgulloso, el gatito
se va el estío
se va el otoño
se va la primavera
Se zambullen en el vaudeville vertiginoso
según tu antojo
sehizotarde
Semilla de otros tantos
senda del monte
sentidoweb
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Ser rico no es tener dinero: es gastarlo.
Sergio Hernando » Archivos
sergiodelatorre
sferazero
Shallots and shark’s fins face the smould’ring log
Si el odio fuera un país, !yo sería la China!
si fueran cinco
Si se lanzaba desde el infinito no temia al mamporrazo…
Si te conoces demasiado a tí mismo, dejarás de saludarte.
Si todas las hormigas se ponen a cantar, nos oirá.
Si tuviéramos que decir siempre la verdad a la clientela, no haría negocio.
Si tuviera una voz así, me colgaría de mis cuerdas vocales.
Signalling gauchos very rarely shave
sigt
silose
sin cerebro
Sin duda aquello le recordó el brillo de las estrellas…
sin teñirse
sin tocar cosa alguna
Since Elgin left his nostrils in the stone
sindefinir-riz
sinembargo
sinmiedo
sistemasdecisionales
skarcha
Slashdot: News for nerds, stuff that matters
Smoke Rising From the Sun
Sobre corregüelas
Sobre el seto oxidado del afanoso otoño
sobre la arena
sobre la campana del templo
sobre la nieve
Sobre las tardes de otoño
sobre los campos azules de lavanda
Sobre praderas olvidadas del desierto
sobre una rama seca
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Socrates watched his hemlock effervesce
sofanaranja
solenoide
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solitarioyfinal
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sombras especulares
Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
son vagamente blancos
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Southern baroque’s seductive dialogue
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Su Oriente derrotado de emociones falaces
su ropa sin doblar
Subió al bote y remó durante horas.
Such merchandise a melancholy brings
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sueña que se convierte
sueños sin rumbo
sufriendo desengaños
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Suits lisping Spanish tongues for whom say some
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Surge la vana audacia del bastardo que alardea
sus caracolas
Susurrando luz
T
t-s-i
tabernil
tan cerca de mis ojos
tan lejos de mi vida
Tan Nada es la muerte
Tan segura y protegida del combate
Tantas armas en esta ciudad y tan poco cerebro…
Tantos hombres y tan poco tiempo – Peluche
tarde de otoño
Tarjeta del suicida: una hoja de afeitar.
tú en esta choza
tú, caracol
Te amo. Pero no me hagas mucho caso. También amo a las moscas y a los incendios.
tecnochica
tecnogadgets
tecnogeek
tecnomaps
tecnorantes
telendro
Tenia frio y odiaba la humedad.
Tenía una boca tan perferta, que se dudaba si la podría abrir.
Tengo la carne de gallina. De una gallina que ya tenía la piel de gallina.
Tengo necesidad de ti como de un grano en el culo.
Tepasmas.com – Curiosidades de Cine
terechacon
teuve
Th’outrageous Thames a troubled arrow slings
That every verbal shock aims to deprave
That horde of crooks felt they’d more right to own
That metred rhyme alone can souls enslave
That suede ferments is not at all well known
Thérèse no es fea porque tenga un físico difícil; es distinta.
the
The acid tongue with gourmet’s expertise
The answer is they could be twins full-grown
The bell tolls fee-less fi-less fo-less fum
The best of all things to an end must come
The bull’s horns ought to dry it like a bone
The colonel’s still escutcheoned in undress
The country lane just thrives on farmyard mess
The fasting fakir doesn’t smell the less
The fertile mother changelings drop like kings
The Frisian Isles my friends are cherished things
The geneologist with field and fess
The J-Walk Blog
The leaning linguist cameramaniac sings
The marble tomb gapes wide with jangling keys
The nicest kids for stickiest toffees crave
The North Wind bites into his architrave
The peasant’s skirts on rainy days she’d tress
The roundabout eats profits made on swings
The showman gargles fire and sword with ease
The Taj Mahal has trinkets spice and gum
The thumb- and finger-prints of Al Capone
The Turks said just take anything you please
The understanding critic firstly sees
The wild horse champs the Parthenon’s top frieze
The wolf devours both sheep and shepherdess
theinquirer
Their sculptors did our best our hulks they clog
therainbowgarden
thewildrose
They both are right not unformed smatterings
They both are right not untamed mutterings
They’re kings we’re mammal-cousins hi ho hum
Though bretzels take the dols from board-room drum
Through homestead hillside woodland rock and cave
Through snobbish growing round her hemline zone
Through the red eye – By NOlo
tiene una gota
Tierragramas ( cuentos )
tierrasdetormenta
Till firemen come with hose-piped tidal wave
tintachinaceluloide
tiscar
titokokin
To break a rule Brittania’s might might waive
To one sweet hour of bliss my memory clings
To prove mamma an adult with a tress
Tocar la trompeta es como beber música empinando el codo.
tochismochis
tocomocho
toda la noche
todas
Todo acabó mal. Sin lo cual, nada acabaría.
Todo contrato tarda un rato.
todo en calma
Todo Música
todorss
todos los años
Todos sabían que era amable pero anciana
tomasmartin
torreholderlin
torresburriel
totumrevolutum
Trabaja deprisa y no ensucies mucho el suelo. ¿Qué más se le puede pedir a un pintor?
trabajarsinconexion
tradicionclasica
traduccionydoblaje
Tranquilo solloza en el equívoco camino
Translate
trapo
tras el chubasco
Tras el sonámbulo telón de las farándulas
tras el vivir y el soñar
Trazosdepiel
Tránsito traslaticio…
trendencias
tropiezosdelavida
tu destino
Tu entrada al abismo
tu propia sombra
tufuncion
Two due to Fall…
u2fanlife
uberbin
un aguacero
un arroyuelo
Un dia, el más largo del verano, despertó.
un mendigo me mira
un par de casas
un principe mestizo
un sueño en un viaje
un viaje a mi cabeza
un viejo estanque
un viento fresco
Una cosa que no sé si ha sucedido nunca: que una golondrina se haya metido por el agujero de una guitarra colgada.
Una cuestión personal
Una de zarandajas
una mariposa
Una mujer que se va con su amante no abandona a su marido, lo libra de una esposa infiel.
una sencilla flor de papel
unhombresoloenlared
uniondebloggershispanos
unjubilado
unos días no viene
Upon his old oak chest he cuts his cheese
va corriendo
va persiguiendo
Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…
vagué junto al estanque
valechumbar
vas provocando ecos
Vaya estética poliglósica de constructos heteroglósicos -exclamé.
vayatele
veaseademas
ven a jugar
Ventriloquists be blowed you strike me dumb
versus-susy
vicisitud y sordidez
victoriashome
Victorious worms grind all into the grave
vida de un consultor
vidablog
vidadeunconsultor
vidadigital
vidaextra
viejas imágenes de Buda
viene de Tierra Pura
viento de otoño
viento del atardecer
visualmente
Vitrales: mariposas de catedral.
voces de pinos
voces en el eco
voi ch’intrate
Watching manure and compost coalesce
We feel the room swayin’
We’ll suffocate before the epilogue
web novela
webandaya
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weblog.topopardo
weblogssl
webmaniacos
webmaniacos
webmasterlibre
Weeeenos chistes!!!
Well, hello, Dolly
Were pots graffiti’d over by a slave
What things we did we went the whold darned hog
When dried the terrapin can naught express
When flame a form to wrath ancestral gave
When masons clutch the breath we held on loan
When one with t’other straightaway agrees
Where no one bothered how one warmed one’s bum
Which neither time nor tide can long postpone
While homeward thirsts to each quenched glass say yes
While sharks to let’s say potted shrimps are prone
While the band’s playin’
Whiskey will always wake an Irish hog
Whiskypedia de ficción
Whispers of Escapades
Whose ocean still-born herrings madly brave
whowantsabetterworld
whydoyoucomehere
With breaking voice across the Alps they slog
With cherry pips his cottage floor is sown
With gravity at gravity’s great cog
With marble souvenirs then fill a slum
With quill white-collared through his life will jog
With sombre thoughts they grimly line the nave
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wwwhatsnew
x-flash
xataka
xatakamovil
xavier duarte artigas
xolotl
Y ahora febril y disipado
Y bien, querido abuelito, si tu ponías esa cara todas las mañanas después de la boda, ¿cuál sería la de los entierros?
y canta el ruiseñor
Y chacales del desierto
Y de los sagrados linces
Y el vago impulso de brasas decorado
y en Nara
y escondido en la hierba
y la noche le quita cada día
Y padres infantiles, que acallan sus instintos
Y su ilustrada hosquedad de muchedumbres acuáticas…
Y tan de egoísmo deletéreo desprovistas
ya lo he perdido
ya nadie lo recorre
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
yaxelay
Yet from the City’s pie pulled out not one plum
yo contra el mundo
Yo fui expulsado del colegio por copiar en el examen de metafísica; miré en el alma del muchacho que se sentaba a mi lado.
Yo por norma nunca hago el amor antes de la primera cita.
Yo sufría de incontinencia cuando era pequeño y, como solía dormir con una manta eléctrica, estaba continuamente electrocutándome.
Yogur Griego
You’re lookin’ swell, Dolly
You’re still goin’ strong, Pert
yukei
zifra
zona literaria aysen
zonageek

HÉRCULES

Ficción

El crepúsculo se deslizaba como una gasa sobre los campos dorados, tiñendo el horizonte de malvas y ocres, mientras Hércules descendía por el sendero de encinas que crujían bajo sus pasos. La maza, lustrosa de antiguas batallas, reposaba sobre su hombro como un viejo amigo cansado. Su mirada, ardiente como la antorcha que portaba Prometeo, vagaba por el confín del mundo conocido, buscando la sombra fugaz del bucentauro que escapaba entre las brumas del ocaso.

El gigante del Olimpo había recibido correspondencia del Emperador. Un pergamino sellado con un anillo de oro que destellaba con el fulgor de Hespérides, convocándolo a nuevas pruebas. La tinta, oscura como el veneno de la serpiente, anunciaba que Lilith había despertado en las profundidades del Tártaro y que Cerbero, inquieto, comenzaba a desobedecer las reglas de los infiernos. Era la fuerza del enamorado lo que impulsó a Hércules a emprender el camino, pues sólo con el ardor de su corazón podía vencer los miedos del alma.

A medida que avanzaba, un pájaro de plumaje negro surcó los cielos, lanzando un canto que resonó como un presagio. En las colinas lejanas, el rugido de un dragón resquebrajó la calma del atardecer. Hércules apretó la empuñadura de sus armas y sintió en su pecho el tamborileo de la gesta. La cremación de sus temores se avivaba con cada paso, dejando tras de sí la ceniza de antiguas derrotas.

Géminis ascendía en el firmamento cuando Hércules divisó la entrada al bosque donde Lilith tejía su reino de sombras. La túnica de piel de león ondeaba con el viento, y la victoria, esquiva como el rocío, se erguía ante él como una promesa. Se dijo que no era más que un hombre, pero en su pecho ardía el fuego de un dios. Como viagra para el espíritu, el deber encendió en él una pasión inquebrantable, y con cada latido, la historia de Hércules se escribía en las estrellas.

Al adentrarse en el bosque, las sombras se desvanecieron ante su luz, y Lilith emergió, etérea y serpentina, envuelta en los velos de la noche. Habló con una voz que era susurro y viento, pero Hércules no titubeó. La maza se alzó y, con un golpe que resonó en los abismos, la oscuridad se dispersó como cenizas al viento.

Cerbero, vencido y dócil, volvió a su lugar en la puerta del Hades, y el dragón, ahora mudo, se desvaneció entre las estrellas. El enamorado regresó triunfante, sabiendo que su verdadera victoria no yacía en la fuerza de sus brazos, sino en la llama inextinguible de su corazón. Al llegar al Olimpo, el Emperador lo recibió con una corona de encina, y las Hespérides cantaron su gesta al ritmo del crepúsculo.

Hércules sonrió, sabiendo que, aunque sus hazañas se grabaran en mármol y leyenda, su verdadero legado vibraba en cada alma que se atreviera a desafiar las sombras con la antorcha de su espíritu.

Sombra de mi choza

Poesía

Sombra de mi choza,

entre versos y susurros,
el silencio y el eco

son amantes eternos.

Te escribo, amigo mío,

en este lienzo oscuro,
que el alma desnuda,

y el corazón sincera.

En este yermo inhóspito,

el tiempo se dilata,
se entretejen mis palabras,
como hilos de esperanza,
buscando en la penumbra,

la luz que nos sombrea,
para hallar en el misterio,

la verdad que aguarda.

Entre sueños y quimeras,

se deslizan mis teclas,

dibujando en el aire

suspiros del silencio,
y en cada verso roto,

historias perfumadas,
como un beso en la distancia,
que el viento exhala.

Amigo de mi vida,

compañero de mis hastíos,
en este páramo infinito,

te busco en la oda,
para compartir contigo

secretos del rocío de Orión,
que humedece nuestras almas,
en este azul desierto.

Que nuestras voces se unan,

en un canto desgarrado,
que atraviese la distancia,

y el oscuro tiempo,
que en cada verso encuentres
un refugio fluido,

que el amor y la amistad,

sean nuestros huesos.

El despertar del sátiro

Ficción

Una luz tenue se filtra por las cortinas, tiñendo de oro pálido las sábanas revueltas. El reloj marca las siete, pero parece imposible. El tiempo, esa línea recta e implacable, hoy se siente como una maraña de hilos entrelazados, cada uno tirando de un recuerdo, de una emoción, de un sueño no terminado. Abro los ojos con la sensación de haber estado navegando entre mares de pensamientos dispersos, tan reales como los muros de esta habitación.

Aún no comprendo por qué los días comienzan con la misma rutina, como si la monotonía fuera la garantía de la cordura. Pero, ¿Qué es la cordura sino un acuerdo tácito de los que nos rodean? El ruido de la cafetera en la cocina me recuerda que debería levantarme. Un día más, me digo. Pero la cama me retiene, cómplice de mi desgana, mientras las imágenes de la noche se disuelven como niebla al amanecer.

Hay algo en el aire, una nostalgia sin motivo, una melancolía que se cuela entre las rendijas del presente. Quizás sea el eco de las voces del pasado, los susurros de quienes ya no están, pero cuyas palabras aún resuenan en los recovecos de mi mente. Mi abuela, con su vestido de flores y su risa franca, hablándome de las cosas simples, de cómo el aroma del pan recién horneado puede llenar una casa de alegría. Pienso en su rostro, en sus manos arrugadas que siempre encontraban la manera de reconfortar.

El tiempo se dilata y me dejo llevar por el torrente de pensamientos, sin rumbo fijo. La vida es así, una serie de momentos encadenados por un hilo invisible, y yo, una marioneta que intenta desentrañar el misterio de cada día. El viento juega con las hojas del árbol frente a la ventana, creando sombras que bailan en las paredes, figuras efímeras que narran historias sin palabras.

La habitación parece más pequeña hoy, como si el peso de las horas se acumulara en las esquinas, reduciendo el espacio. Me siento atrapado en esta caja de recuerdos, incapaz de romper las cadenas de la cotidianidad. Y sin embargo, hay algo reconfortante en esta prisión, un refugio del caos exterior, un lugar donde mis pensamientos pueden vagar libres, sin juicio ni condena.

El sonido del teléfono interrumpe mi ensimismamiento. La pantalla muestra un nombre conocido, pero las ganas de responder se ahogan en la marea de mi apatía. Me pregunto qué pensaría de mí el yo de hace años, el que soñaba con cambiar el mundo, con ser alguien más allá de estas cuatro paredes. Quizás lo que más nos asusta no es el fracaso, sino la posibilidad de habernos conformado.

Finalmente, me levanto. Los pies descalzos sobre el suelo frío me recuerdan que estoy aquí, en este instante, en esta vida. Cada paso es una declaración de existencia, una afirmación de que, a pesar de todo, sigo adelante. Abro la puerta y el mundo me recibe con su inabarcable complejidad. Un día más, me digo. Un día más.

Camino hacia la cocina, pero algo me detiene. Un destello azul, una luz que no pertenece a esta realidad. Parpadeo, pensando que es un juego de mi mente todavía medio dormida, pero allí está, una pequeña esfera flotante, emanando un brillo que parece vivo, respirante. La esfera flota suavemente en el aire, pulsando con un ritmo hipnótico.

Me acerco con cautela, la incredulidad y la curiosidad luchando por el dominio de mis emociones. Extiendo una mano, y la esfera se desplaza hacia mí, como si respondiera a una llamada silenciosa. Al tocarla, una corriente de energía recorre mi cuerpo, llenándome de una calidez desconocida. Los recuerdos de mi abuela se intensifican, pero ya no son sólo imágenes, sino sensaciones, olores, sabores. La voz de mi abuela, clara como el cristal, susurra en mi oído: “El tiempo no es lo que parece”.

La esfera se disuelve en mis manos, dejando tras de sí una sensación de plenitud, como si una puerta invisible se hubiera abierto dentro de mí. El mundo a mi alrededor cambia, los colores se intensifican, los sonidos adquieren una nueva profundidad. Siento que he cruzado un umbral, que he entrado en una dimensión donde lo ordinario y lo extraordinario se entrelazan en un baile perpetuo.

Pero algo más profundo empieza a cambiar. Mis sentidos se agudizan, los olores se vuelven más intensos, los sonidos más nítidos. Un hormigueo recorre mi piel, como si miles de pequeñas agujas la perforaran. Me miro las manos, esperando verlas igual que siempre, pero noto algo diferente: una leve capa de vello que no estaba allí antes.

Me dirijo al espejo del baño, el corazón latiéndome con fuerza. Mi reflejo me devuelve una mirada extraña, ojos más brillantes, pupilas dilatadas. Toco mi rostro y siento cómo mi piel se estira, como si algo bajo ella estuviera tratando de emerger. El hormigueo se intensifica, convirtiéndose en una sensación de ardor. Mis piernas se sienten pesadas, como si estuvieran cambiando de forma.

El dolor es intenso pero breve. Cierro los ojos y cuando los abro nuevamente, veo que mis piernas se han transformado en patas cubiertas de pelo, robustas y fuertes. Mis pies son ahora pezuñas, y un par de cuernos pequeños pero firmes emergen de mi frente. No soy el mismo de antes, algo antiguo y salvaje ha despertado en mí.

Una risa gutural y profunda escapa de mis labios. Siento una conexión con la naturaleza, una libertad que nunca había experimentado. La voz de mi abuela resuena una vez más en mi mente: «El tiempo no es lo que parece». Comprendo ahora que mi transformación es parte de un destino más grande, una vuelta a mis raíces más primitivas, a una esencia que había olvidado.

Salgo al jardín, mis nuevos sentidos absorbiendo cada detalle del mundo natural. Las hojas susurran secretos, los pájaros cantan historias antiguas. Me dejo llevar por este nuevo instinto, corriendo y saltando con una alegría feroz. Soy un sátiro, una criatura de la tierra y el bosque, y este es solo el comienzo de mi nueva vida.

Un día más, me digo, pero esta vez con una sonrisa salvaje. Un día más para descubrir los misterios ocultos del mundo y de mí mismo.

El sol se alza lentamente sobre el horizonte, sus rayos dorados acarician mi piel ahora cubierta de vello, iluminando el mundo con un resplandor casi sobrenatural. La metamorfosis ha traído consigo no solo un cambio físico, sino también una agudeza sensorial que jamás había experimentado. Los sonidos del bosque, los susurros de las hojas y el canto lejano de los pájaros se sienten como un eco profundo de una melodía antigua, familiar y reconfortante.

Me siento en una roca cubierta de musgo, el frío de la piedra contrasta con el calor del sol naciente. Cierro los ojos y dejo que los recuerdos fluyan, como un río que regresa a su cauce natural. Las imágenes de mi infancia emergen con una claridad asombrosa, transportándome a un tiempo donde la magia del mundo aún no se había desvanecido bajo el peso de la rutina adulta.

Recuerdo los días en que corría descalzo por los campos detrás de la casa de mi abuela, el sol besando mi piel, el viento jugueteando con mi cabello. El olor a tierra húmeda y hierba recién cortada llenaba el aire, un perfume que aún hoy puedo evocar con precisión. Mi abuela siempre me decía que el mundo estaba lleno de maravillas ocultas, esperando ser descubiertas por aquellos que tuvieran la valentía de mirar más allá de lo evidente. Solía sentarme a sus pies, mi rostro apoyado en su regazo, mientras ella me contaba historias de seres fantásticos, de criaturas del bosque y del espíritu indomable de la naturaleza.

Había un roble gigantesco en el borde del campo, su tronco retorcido y sus ramas extendiéndose como brazos protectores. Aquel árbol era mi refugio, mi lugar secreto donde podía soñar y dejar volar mi imaginación. Trepaba a sus ramas y me quedaba allí durante horas, sintiendo la rugosidad de la corteza bajo mis dedos, observando el mundo desde las alturas, impregnándome del aroma a savia y hojas.

Una tarde, mientras exploraba el bosque cercano, encontré un pequeño claro oculto entre los árboles. El aire allí era diferente, cargado de una energía vibrante, casi tangible. En el centro del claro, un círculo de hongos formaba un anillo perfecto. Mi abuela me había hablado de estos anillos de hadas, portales a otros mundos, y aunque nunca había creído del todo en sus cuentos, no pude evitar sentir una extraña atracción hacia aquel lugar.

Me senté en el borde del círculo, cerrando los ojos y permitiendo que mi mente viajara más allá de los límites de la realidad cotidiana. Fue entonces cuando escuché una melodía suave, un susurro de música que parecía provenir de la tierra misma. Abrí los ojos y, por un instante fugaz, vi figuras danzando en el aire, pequeñas luces que se movían con gracia etérea. Parpadeé y las visiones desaparecieron, dejándome con una sensación de asombro y maravilla.

Mi abuela me enseñó a respetar y honrar el mundo natural, a entender que cada ser viviente tenía su lugar y propósito. Sus enseñanzas eran un legado de sabiduría antigua, un puente entre lo mundano y lo mágico. Me hablaba de los sátiros, guardianes del bosque y de la naturaleza, seres libres y salvajes que vivían en armonía con la tierra. Nunca imaginé que esas historias un día se convertirían en mi realidad.

A medida que crecía, la vida se volvió más complicada, las responsabilidades y las expectativas se acumularon, y los días de aventuras en el bosque se volvieron recuerdos lejanos. Pero ahora, sentado en esta roca, convertido en un sátiro, siento que he recuperado una parte de mí que había perdido. La conexión con la naturaleza, el sentido de libertad y la magia de la infancia han regresado con una fuerza renovada.

Abro los ojos y observo el bosque que me rodea, un mundo lleno de vida y secretos. Siento que he regresado a casa, a un lugar donde puedo ser verdaderamente yo. Las enseñanzas de mi abuela no fueron en vano; su sabiduría vive en mí, guiándome en esta nueva existencia.

El olor a pino y tierra mojada inunda mis sentidos, los sonidos del bosque me envuelven en una sinfonía natural. Siento el tacto del musgo bajo mis pies, suave y húmedo, y el viento acariciando mi rostro con delicadeza. Cada paso es una afirmación de mi nueva identidad, una declaración de libertad y de conexión con el mundo natural.

Me levanto y camino hacia el claro, el aire fresco llenando mis pulmones, cada paso una afirmación. La transformación no es solo física; es un renacimiento, una vuelta a la esencia misma de quien soy. Y en este momento, comprendo que mi destino siempre estuvo entrelazado con los relatos de mi infancia, con las historias de criaturas mágicas y la sabiduría ancestral.

Un nuevo día comienza, y con él, una nueva vida. Soy un sátiro, un guardián de la naturaleza, y estoy listo para abrazar mi destino.

La bruma matutina envuelve el claro, difuminando los contornos de los árboles y creando un ambiente etéreo. La transformación no está completa, siento que algo más profundo y primitivo pugna por salir. Me quedo inmóvil, dejando que la energía del bosque me inunde, sintiendo una vibración que parece venir desde el centro mismo de la tierra.

De repente, un dolor agudo y abrasador recorre mi cuerpo. Grito, pero no es un grito de sufrimiento, sino un alarido de liberación. Mi piel, blanca y lampiña, comienza a agrietarse, como un caparazón demasiado pequeño para contener la fuerza que se despliega en mi interior. Con cada latido de mi corazón, la presión aumenta, las grietas se ensanchan, y una luz roja y ardiente brilla a través de ellas.

Mis manos, temblorosas pero decididas, se acercan a mi pecho. Mis dedos se hunden en la piel que cede como si fuera papel mojado. Con un tirón, arranco una franja de piel, revelando debajo una carne musculada, de un rojo intenso, que palpita con una vida propia. La sensación es dolorosa pero también liberadora, como si estuviera despojándome de una cárcel opresiva.

Empiezo por los brazos. Mis dedos, ahora robustos y fuertes, se agarran a los bordes de la piel agrietada y tiran con fuerza. Siento la piel desgarrarse con un sonido húmedo y visceral, como si estuviera arrancando una corteza seca de un árbol. Debajo, los músculos se revelan, tensos y definidos, cada fibra vibrando con energía. Un vello rojo como el fuego cubre estos músculos, chisporroteando y crepitando con cada movimiento, emitiendo un calor que parece provenir de las entrañas mismas de la tierra.

El proceso continúa, y me centro en mi torso. Arranco tiras de piel de mi pecho y abdomen, cada pedazo cae al suelo como cenizas dispersas por el viento. Bajo la piel, mis pectorales y abdominales emergen, duros y esculpidos, la carne roja y vibrante pulsando con una fuerza vital inigualable. El vello de fuego cubre cada centímetro, ardiendo suavemente dorado, susurrando promesas de poder antiguo y salvaje.

Mis piernas son las siguientes. Siento la tensión acumulada en los músculos de mis muslos y pantorrillas, y con un esfuerzo titánico, arranco la piel vieja. Las piernas que se revelan son columnas robustas de pura potencia, cada músculo claramente delineado y cubierto por ese vello ardiente que parece una extensión natural de la tierra misma. Mis pies se han transformado en pezuñas negras y brillantes, duras como el granito, golpeando el suelo con un eco profundo y resonante.

Finalmente, llego a mi rostro. El dolor es más intenso aquí, pero también lo es la sensación de liberación. Siento un ardor en mi frente, como si algo estuviera empujando desde adentro. Con manos temblorosas, arranco la piel de mi cara, revelando una estructura ósea más alargada y fuerte. Dos cuernos afilados emergen de mi frente, curvándose hacia atrás con una elegancia amenazante. Mis ojos se transforman, adquiriendo un brillo dorado y feroz, y mis dientes se alargan y afilan, preparados para cualquier desafío.

La metamorfosis está completa. Me miro en el reflejo de un charco cercano y veo a un ser que combina lo salvaje y lo místico, una criatura de pura fuerza y energía, nacida del fuego. Mi piel, ahora roja y cubierta de vello ardiente, brilla con una luz propia, emanando calor y poder.

Siento el aire fresco del bosque acariciar mi nueva piel, cada brizna de hierba bajo mis pezuñas, el murmullo del viento entre las hojas como una sinfonía de bienvenida. El mundo natural me reconoce, me acepta como uno de sus guardianes. Respiro profundamente, llenando mis pulmones con el aire puro y fresco, y dejo escapar un rugido que resuena por todo el bosque, una declaración de mi renacimiento.

El sol de la mañana, filtrándose a través de las copas de los árboles, acaricia mi nueva piel roja y cubierta de vello de fuego, como si me envolviera en un abrazo cálido y luminoso. Cada rayo de luz que toca mi cuerpo parece encender una chispa de energía pura, una vitalidad que nunca antes había sentido. Mis sentidos, agudizados más allá de lo humano, captan cada detalle del entorno con una claridad asombrosa.

El aire fresco del bosque me llena los pulmones, su pureza es casi embriagadora. Puedo distinguir cada aroma con precisión: el dulce perfume de las flores silvestres, el aroma terroso de la madera húmeda, el sutil y picante olor de la resina que gotea de los pinos cercanos. Cada inhalación es una sinfonía de fragancias que despiertan en mí una conexión profunda con la tierra.

Mis oídos captan los sonidos más minúsculos: el susurro del viento entre las hojas, el crujido casi imperceptible de una ramita bajo el paso de un ciervo, el lejano canto de un arroyo serpenteando por el bosque. Esta nueva sensibilidad me hace sentir más vivo, más consciente de cada elemento que me rodea.

Mis ojos, ahora dorados y brillantes, ven el mundo en tonos y matices que nunca había percibido. Los colores son más vibrantes, los contornos más definidos. Las hojas de los árboles no son solo verdes, sino una paleta infinita de esmeraldas, jade y olivas. Las flores no solo son rojas, azules o amarillas, sino explosiones de carmesí, zafiro y oro que llenan mi visión de un espectáculo deslumbrante.

El tacto de mi piel es un deleite constante. Cada brizna de hierba, cada hoja que roza mi cuerpo, es una caricia íntima que despierta un cosquilleo electrizante. La sensación del musgo húmedo bajo mis pezuñas, suave y fresco, envía oleadas de placer que se extienden desde mis pies hasta la cima de mi ser. Mi piel ardiente, cubierta de vello de fuego, responde a cada estímulo con una intensidad feroz, un recordatorio constante de mi naturaleza salvaje y libre.

Dentro de mí, las emociones burbujean como un caldero en ebullición. Siento una energía incontrolable, una pasión indómita que fluye por mis venas como lava incandescente. Cada latido de mi corazón es una pulsación de deseo y vitalidad, una afirmación de mi existencia en este nuevo y salvaje estado.

La libertad de mi nueva forma desata en mí una euforia salvaje. Cada movimiento es una danza de poder y gracia, cada paso una declaración de mi dominio sobre el bosque que ahora es mi hogar. La conexión con la naturaleza es profunda y erótica; siento el latido del corazón del bosque resonando con el mío, una unión íntima y primitiva que despierta en mí una sensualidad feroz.

El viento acaricia mi piel con dedos invisibles, su toque es un susurro erótico que recorre mi cuerpo, despertando una voracidad insaciable. La textura del musgo bajo mis pies, la dureza de las rocas, la suavidad de las hojas: cada sensación es una caricia que aviva mi deseo. Siento un hambre primitiva, un deseo de fusionarme con el mundo natural, de beber de su esencia y derramar la mía en un intercambio eterno y salvaje.

Mis pensamientos están llenos de imágenes vívidas y sensuales: el roce de una rama contra mi piel, el calor del sol penetrando en mi carne ardiente, el aroma embriagador de las flores en plena floración. Cada imagen, cada sensación, es una llama que alimenta el fuego de mi ser, una celebración de la vida en su forma más pura y desinhibida.

Me inclino hacia un árbol cercano, presionando mi cuerpo contra su tronco rugoso. La corteza áspera raspa mi piel, enviando oleadas de placer a través de mi cuerpo. Siento la vida del árbol, su savia fluyendo, su esencia mezclándose con la mía. Cada fibra de mi ser vibra en sintonía con la naturaleza, un coro de emociones y sensaciones que me eleva a un estado de éxtasis.

Cada paso que doy, cada respiración, es una celebración de mi nueva forma. Soy un sátiro, una criatura de pasión y poder, un guardián de la naturaleza y un ser de deseos primitivos. La libertad de mi nueva existencia me llena de una alegría salvaje, una sensualidad desbordante que me conecta con el mundo de una manera profundamente íntima y erótica.

Me lanzo a correr por el bosque, mis pezuñas golpeando el suelo con fuerza, mis músculos trabajando en perfecta armonía. El viento aúlla a mi alrededor, susurrando secretos antiguos y promesas de placeres desconocidos. Mi risa resuena por el bosque, un sonido libre y salvaje que se mezcla con el canto de los pájaros y el susurro de las hojas.

En los bosques profundos, donde la luz del sol apenas se atreve a penetrar, nací. Mi madre, una ninfa de los arroyos, me trajo al mundo en una danza de hojas y susurros. Mi padre, el mismísimo Pan, me miró con ojos astutos y rió. “Un sátiro”, dijo, “un hijo de la lujuria y la naturaleza”.

Mis patas de cabra se adaptaron rápidamente a los terrenos irregulares. Aprendí a saltar de roca en roca, a esconderme entre los helechos y a beber el rocío de las hojas. Los otros sátiros me enseñaron a tocar la flauta, a embriagarme con vino y a perseguir a las ninfas con una pasión desenfrenada.

Una noche, mientras danzábamos alrededor de una hoguera, apareció Dioniso. Su piel brillaba con la luz de las estrellas, y su risa resonaba como campanas de plata. Me miró con ojos comprensivos y me dijo: “Pequeño sátiro, eres parte de mí. La naturaleza y la locura corren por tus venas”.

Me enamoré de una ninfa llamada Calíope. Sus cabellos eran como hilos de oro, y su risa como el canto de los pájaros. Pero un día, desapareció. La busqué durante lunas enteras, pero nunca la encontré. Mi corazón se rompió en mil pedazos.

Los siglos pasaron, y yo seguía vagando por los bosques. A veces, me encontraba con otros sátiros, compartíamos historias y risas. Pero la melancolía nunca me abandonaba. ¿Dónde estaba Calíope? ¿Por qué me había dejado?

Ahora, en la eternidad de mi existencia, sigo danzando entre los árboles. A veces, escucho el eco de la risa de Dioniso, y me pregunto si algún día volveré a ver a Calíope. Pero mientras tanto, seguiré siendo un sátiro, un hijo de la lujuria y la naturaleza, perdido en los bosques oscuros.

Sentado al borde de un arroyo cristalino, dejo que mis dedos jueguen con el agua fresca, creando pequeños remolinos en la corriente. La transformación ha despertado en mí no solo una conexión profunda con la naturaleza, sino también recuerdos y conocimientos ancestrales que ahora fluyen en mi mente como un río inagotable. Con cada burbujeo del agua y cada susurro del viento entre las hojas, las historias de mis antepasados resurgen, y siento la necesidad de contar sus orígenes, de compartir la mitología que ha sido nuestra realidad desde tiempos inmemoriales.

En el principio, cuando el mundo era joven y los dioses aún caminaban entre los mortales, la tierra era un lugar de maravillas y misterios. Los bosques se extendían interminablemente, los ríos corrían con fuerza primordial, y las montañas se alzaban como gigantes silenciosos, observando el mundo con sabiduría antigua. Fue en estos tiempos primordiales que surgieron los sátiros, nacidos del encuentro entre la divinidad y la naturaleza indómita.

Cuenta la leyenda que Pan, el dios de los pastores y los rebaños, el espíritu del bosque y la naturaleza salvaje, caminaba un día por los densos bosques de Arcadia. Con sus patas de cabra y su rostro barbado, Pan era tanto temido como reverenciado, un dios cuyo poder estaba entrelazado con los latidos del corazón de la tierra. Mientras vagaba por los senderos ocultos, Pan encontró a una ninfa llamada Dríope, cuya belleza era incomparable, su cuerpo una manifestación de la gracia y el encanto del bosque.

El amor entre Pan y Dríope fue tan intenso como breve, una llama ardiente que consumió a ambos en un éxtasis de pasión divina. De su unión nacieron los primeros sátiros, criaturas mitad hombre, mitad bestia, que heredaron la fuerza y la energía de su padre, y la gracia etérea y la conexión con la naturaleza de su madre. Nosotros, los sátiros, fuimos creados para ser los guardianes de los bosques, los protectores de la vida silvestre, y los perpetuadores de la danza eterna entre la naturaleza y lo divino.

Durante la Edad Dorada, cuando los dioses gobernaban desde el Olimpo y los hombres vivían en armonía con la naturaleza, los sátiros prosperaron. Éramos los heraldos de la primavera, los que convocábamos las lluvias y asegurábamos la fertilidad de la tierra. Nuestras danzas, acompañadas por el inconfundible sonido de la flauta de Pan, llenaban el aire con melodías que hacían florecer a los árboles y brotar a las flores.

Vivíamos en comunión con las dríadas, las ninfas de los árboles, y las náyades, las ninfas de los ríos. Juntos, manteníamos el equilibrio del mundo natural, asegurando que cada criatura, desde el más diminuto insecto hasta el más majestuoso ciervo, tuviera su lugar y propósito. Nuestras fiestas y celebraciones eran legendarias, desbordantes de música, vino y alegría desenfrenada. Eran tiempos de abundancia, donde el placer y la naturaleza se entrelazaban en una sinfonía de vida.

Sin embargo, con el paso del tiempo, la relación entre los dioses y los hombres comenzó a desmoronarse. Los mortales, impulsados por la ambición y el deseo de poder, empezaron a olvidar las antiguas costumbres y a desafiar a los dioses. La tierra, que una vez había sido un paraíso fértil, comenzó a sufrir por la mano destructiva del hombre. Los bosques fueron talados, los ríos contaminados, y la conexión sagrada entre la humanidad y la naturaleza se quebró.

Durante este período de caos y desolación, los sátiros se vieron forzados a esconderse en lo más profundo de los bosques. Nuestras danzas se volvieron silenciosas, nuestras canciones apagadas. Vivíamos en la sombra, protegiendo lo que quedaba de la naturaleza, esperando el momento en que el equilibrio pudiera ser restaurado. Los dioses, en su ira y tristeza, se retiraron del mundo, dejando a los sátiros como los últimos guardianes de sus dominios.

Pero la esperanza nunca murió. A lo largo de los siglos, los sátiros hemos mantenido la llama de la naturaleza viva, susurrando a los árboles y cantando a los ríos. Hemos aguardado pacientemente, sabiendo que el ciclo de la vida es eterno y que la naturaleza siempre encuentra una manera de regenerarse. En tiempos recientes, hemos comenzado a ver señales de un renacimiento. El hombre, habiendo visto las consecuencias de su arrogancia, empieza a redescubrir el valor de la tierra, el agua y el aire.

Hoy, mientras el mundo se enfrenta a nuevos desafíos, los sátiros emergemos una vez más, recordando a la humanidad su vínculo ancestral con la naturaleza. Nosotros, con nuestros sentidos agudos y nuestros corazones salvajes, somos los recordatorios vivientes de que la verdadera fuerza y sabiduría se encuentran en la armonía con el mundo natural. La esencia de Pan, la gracia de Dríope, viven en cada uno de nosotros, impulsándonos a proteger y celebrar la vida en todas sus formas.

Mientras contemplo el arroyo, mis pensamientos vuelven al presente, al bosque que me rodea y a la vida que palpita en cada rincón. Somos los sátiros, los hijos de Pan y Dríope, los guardianes del antiguo conocimiento y los defensores de la naturaleza. Nuestra historia es una saga de amor, pérdida y redención, una danza eterna que nunca cesará.

En esta nueva era, estamos listos para abrazar nuestro papel con renovada pasión y fuerza. El mundo necesita de nuestra energía salvaje, de nuestra conexión íntima con la tierra, para recordar lo que significa vivir en armonía con el entorno. Y así, con cada paso que doy, con cada aliento que tomo, me preparo para liderar a mis congéneres en esta misión sagrada, asegurando que la naturaleza florezca y que la vida, en toda su belleza y complejidad, sea celebrada y protegida para siempre.

Mi nombre es Flegreo, y soy uno de los sátiros más antiguos y conocedores de nuestra historia. Junto con mis congéneres, formábamos un Thíaso, una dionisiaca, selvática y festiva comitiva que recorría los bosques y praderas, celebrando la vida en su forma más pura y desenfrenada. Permíteme describir a algunos de los más famosos sátiros que compartían conmigo este viaje eterno, cuyas hazañas y características aún resuenan en los susurros del viento y en los murmullos de los ríos.

Primero, estaba Silenio, el más sabio y anciano de todos nosotros. Con una barriga prominente y una sonrisa siempre adornada por el vino, Silenio era tanto un mentor como un compañero de fiestas. Sus ojos, aunque a menudo enrojecidos por el alcohol, brillaban con un conocimiento antiguo y profundo. Era conocido por su capacidad para contar historias de épocas pasadas, de dioses y titanes, de héroes y monstruos. Su risa resonante y sus canciones melancólicas llenaban nuestras noches de una mezcla de alegría y nostalgia.

Silenio tenía una conexión especial con Dionisio, el dios del vino y la locura, quien le otorgaba visiones y profecías en sus estados de embriaguez. Muchos venían de lejos para escuchar sus palabras sabias y a menudo crípticas, pues en ellas se escondían verdades universales y advertencias sobre el futuro. Aunque su andar era tambaleante y su voz a veces titubeante, Silenio siempre encontraba el camino de regreso al Thíaso, guiado por un instinto ancestral y una voluntad inquebrantable.

Marsias, el virtuoso de la flauta, era otro miembro insigne de nuestra comitiva. Su música tenía el poder de encantar a cualquier criatura, desde los pájaros más pequeños hasta los animales más grandes y fieros del bosque. Con dedos ágiles y una respiración controlada, Marsias podía hacer llorar a los árboles y reír a las rocas. Sus melodías eran a la vez un canto de alegría y una llamada a la naturaleza, un recordatorio de los tiempos en que los humanos y los dioses vivían en armonía con el mundo natural.

Su fama no se limitaba solo a los mortales. Incluso los dioses reconocían su talento, lo que lo llevó a desafiar a Apolo, el dios de la música. Aunque la competición terminó trágicamente para Marsias, su legado perdura en cada flauta que se toca, en cada canción que se canta en los claros del bosque. La historia de su desafío y su valentía sigue siendo un ejemplo de la búsqueda incansable de la perfección artística y la devoción a la belleza.

Papposileno, con su barba blanca y su mirada penetrante, era el guardián de los secretos del bosque. Su conocimiento de las plantas, los animales y los ciclos de la naturaleza era inigualable. Era capaz de comunicarse con las dríadas y las náyades, entendiendo sus lenguajes y respetando sus dominios. Su presencia imponía respeto y confianza, y su voz grave y serena traía paz a todos los que la escuchaban.

Papposileno era también un sanador, utilizando hierbas y raíces para curar heridas y enfermedades. Su sabiduría se transmitía de generación en generación, y muchos acudían a él en busca de consejo y remedios. Aunque su apariencia era la de un anciano frágil, su espíritu era fuerte y su determinación, inquebrantable. Su vida era una dedicación constante a la preservación del equilibrio natural y la protección de los bosques que amaba.

Ampelos, el más joven y vigoroso de los sátiros, representaba la esencia misma de la juventud y la vitalidad. Con su risa contagiosa y su energía inagotable, Ampelos era el alma de nuestras fiestas. Sus saltos y piruetas, su habilidad para escalar los árboles más altos y nadar en los ríos más rápidos, eran una fuente constante de asombro y alegría. Ampelos encarnaba la libertad y el espíritu indomable de la naturaleza, recordándonos siempre la belleza de vivir el momento.

Trágicamente, Ampelos también conoció el dolor de la pérdida, pues su vida fue breve y su final, prematuro. Según la leyenda, fue amado por Dionisio, quien lloró su muerte y transformó su cuerpo en la primera vid, de la cual se extrae el vino. Así, Ampelos continúa viviendo en cada copa de vino, en cada brindis, en cada celebración, recordándonos la fragilidad y la fugacidad de la vida, así como la importancia de celebrar cada instante.

Juntos, formábamos una comitiva de alcohol y vitalidad, una manifestación de la naturaleza en su forma más exuberante y desenfrenada. Nuestro Thíaso no solo era una fiesta constante, sino también una misión sagrada. Protegíamos los bosques, celebrábamos las estaciones, y manteníamos viva la conexión entre lo divino y lo terrenal. Cada uno de nosotros, con nuestras habilidades únicas y nuestras historias personales, contribuíamos a la sinfonía del Thíaso, una danza eterna que nunca cesaba.

La mitología es nuestra realidad, y nuestras vidas son las historias que se cuentan junto al fuego, bajo las estrellas. Somos los sátiros, los hijos de Pan y Dríope, los guardianes de la naturaleza y los heraldos de la vida. En cada risa, en cada canción, en cada abrazo de la tierra, vivimos y celebramos nuestro legado, sabiendo que mientras existan los bosques y los ríos, nuestra historia continuará siendo contada.

Sentado bajo el viejo roble, cierro los ojos y permito que los recuerdos fluyan a través de mí, como un arroyo que arrastra hojas doradas en su corriente. Cada amor que viví, cada mujer que tocó mi alma, dejó una marca indeleble en mi ser. Son doce las que recuerdo, cada una con su propia historia, cada una un capítulo en el libro de mi vida.

Helena fue la primera mujer que amé, su cabello rubio como los primeros rayos del sol de la mañana. Nos conocimos en un claro del bosque, donde ella recogía flores silvestres para hacer coronas. Su risa, cristalina y contagiosa, llenaba el aire con una alegría pura. Pasamos los días correteando entre los árboles, y las noches mirando las estrellas, susurros de promesas y sueños compartidos. Pero como el alba, nuestro amor fue fugaz. La primavera dio paso al verano, y Helena partió hacia tierras lejanas, llevándose con ella un pedazo de mi corazón.

Selene era una criatura de la noche, su presencia tan etérea como la luna que iluminaba su camino. La conocí durante un festival nocturno, su figura bañada por la luz plateada que caía como un manto. Era una tejedora de sueños, capaz de convertir los deseos en realidades efímeras. Pasábamos las noches entrelazados en el sueño y la vigilia, viajando a mundos de fantasía y maravilla. Nuestro amor era un susurro en la oscuridad, una melodía suave que se desvanecía con el amanecer.

Dione, con su cabello oscuro y sus ojos profundos como el río que la vio nacer, fue un amor sereno y constante. La encontré a orillas del agua, cantando una canción melancólica que hablaba de anhelos y despedidas. Nuestros días estaban llenos de paseos junto al río, nuestras conversaciones eran corrientes suaves que se entrelazaban y fluían juntas. Dione me enseñó el valor de la paciencia y la fuerza en la tranquilidad. Pero el río, como la vida, sigue su curso, y un día se la llevó, dejando solo su eco en mi memoria.

Aethra era una mujer del bosque, con un espíritu libre y una risa que podía hacer florecer a las plantas. La encontré danzando en un claro, su movimiento una sinfonía de gracia y poder. Aethra me enseñó a escuchar los susurros de los árboles y a sentir el pulso de la tierra bajo mis pies. Juntos, nos sumergimos en la vida salvaje, viviendo cada día como una aventura. Su amor era una llama brillante, pero también inconstante, y un día, como una brisa, desapareció entre los árboles, dejándome solo con los recuerdos de su energía indómita.

Calíope era una poeta, su voz una fuente inagotable de palabras y melodías. Nos conocimos en una colina cubierta de amapolas, donde ella recitaba versos al viento. Su creatividad era contagiosa, y juntos creamos mundos enteros con nuestras historias y canciones. Calíope me inspiró a ver la belleza en cada detalle, a encontrar poesía en lo cotidiano. Sin embargo, los caminos de la inspiración son impredecibles, y un día ella siguió su llamada hacia nuevas tierras, dejando detrás un silencio lleno de promesas no dichas.

Thalía, con su risa chispeante y su humor afilado, era una mujer que veía la vida como un escenario y cada día como una obra por representar. Nos conocimos en una fiesta en un pequeño pueblo, su presencia iluminando la noche. Thalía me enseñó a encontrar alegría en las pequeñas cosas, a no tomar la vida demasiado en serio. Nuestro amor fue una comedia de errores y momentos hilarantes, pero también una lección de la importancia del humor en la vida. Un día, sin previo aviso, Thalía siguió el siguiente acto de su vida, dejando una estela de risas y memorias felices.

Ariadna, con sus dedos hábiles y su mirada penetrante, era una mujer que entendía los hilos del destino. La conocí en un mercado, donde vendía tapices que contaban historias antiguas. Juntos, exploramos los misterios del tejido y del destino, encontrando significado en cada entrelazado de hilos. Ariadna me mostró cómo los destinos individuales se entrecruzan, formando un tapiz mayor. Pero, como un hilo que se corta, nuestro tiempo juntos llegó a su fin, dejándome con una comprensión más profunda de la vida y del amor.

Eurídice era una música cuya voz podía calmar a las bestias y encantar a los hombres. La conocí en un festival de música, su canto resonando en mi alma. Pasábamos horas tocando y cantando juntos, creando armonías que parecían venir de otro mundo. Eurídice me enseñó la importancia de la música en la vida, cómo una melodía puede cambiar el estado de ánimo y unir a las personas. Sin embargo, la vida la llamó a nuevos escenarios, y aunque su voz se desvaneció en la distancia, su melodía sigue viva en mi corazón.

Daphne, con su cabello de oro y su piel luminosa, era una ninfa que se movía con la gracia del amanecer. La conocí en una mañana brumosa, su figura emergiendo del rocío como un sueño. Daphne me enseñó a apreciar la belleza de los nuevos comienzos, la magia de cada amanecer. Nuestra relación fue un amanecer constante, lleno de promesas y nuevas oportunidades. Pero, como el sol que sigue su camino en el cielo, Daphne se fue con el nuevo día, dejándome con la luz de su recuerdo.

Galatea era una escultora, sus manos capaces de dar forma a los sueños y convertirlos en realidad. La conocí en su taller, rodeado de figuras de piedra que parecían estar a punto de cobrar vida. Galatea me mostró el poder de la creatividad y la importancia de dar forma a los propios sueños. Juntos, creamos esculturas que contaban nuestras historias y anhelos. Pero, como una estatua inacabada, nuestra historia quedó interrumpida cuando ella siguió su viaje artístico hacia nuevas tierras.

Anthea, con su sonrisa cálida y su espíritu vibrante, era una mujer que encarnaba la esencia de la primavera. Nos conocimos en un jardín en flor, su presencia tan refrescante como una brisa primaveral. Anthea me enseñó a valorar la renovación y el crecimiento, a encontrar belleza en cada flor que se abre. Nuestra relación fue un jardín en constante floración, lleno de colores y fragancias. Pero, como todas las estaciones, la primavera llegó a su fin, y Anthea siguió su camino, dejándome con un jardín de recuerdos.

Melania, con sus ojos oscuros y su presencia serena, era una mujer que encontraba consuelo en las sombras. La conocí en una cueva iluminada por las estrellas, donde buscaba refugio y tranquilidad. Melania me mostró la belleza de la oscuridad, la calma y el misterio que se esconde en las sombras. Juntos, exploramos los rincones oscuros del bosque y de nuestras almas, encontrando paz en lo desconocido. Pero, como una sombra que se desvanece con la luz, Melania se fue cuando el amanecer llegó, dejándome con un entendimiento más profundo de la dualidad de la vida.

Cada una de estas mujeres dejó una marca en mi vida, un recuerdo que atesoro y que forma parte de quien soy hoy. Sus nombres, sus historias, están grabados en mi memoria, como tatuajes invisibles que llevo conmigo. Ellas me enseñaron lecciones de amor, de pérdida, de belleza y de dolor, moldeando mi corazón y mi alma. Mientras el viento susurra a través de los árboles y el agua del arroyo canta su canción eterna, sus recuerdos viven en mí, un recordatorio constante de la profundidad y la complejidad del amor.

Siempre me dijeron, en la vida normal, que tenía unas preciosas manos de pianista, pero ahora eran mucho más. Mis largos dedos de sátiro me permitían el ejercicio de todo tipo de artes, incluidas las amatorias. La metamorfosis no solo había transformado mi cuerpo, sino que también había ampliado mis capacidades sensoriales y emocionales, llevándome a un nuevo nivel de experiencia y entendimiento.

Mis manos, ahora cubiertas de un vello rojizo y denso, eran más fuertes y ágiles que nunca. Los dedos, largos y musculosos, se movían con una precisión y una destreza sobrenaturales. Cada uno de ellos parecía tener vida propia, una sensibilidad exquisita que me permitía percibir hasta el más leve cambio en la textura y la temperatura de lo que tocaba. Sentía cada hoja, cada gota de rocío, cada pluma de los pájaros que se posaban en mis manos como si fueran extensiones de mi propia piel.

Descubrí que estas manos podían crear arte de maneras que nunca antes había imaginado. La madera se transformaba bajo mi toque, tomando formas que parecían emerger de mis sueños más profundos. Podía tallar figuras que parecían cobrar vida, capturando la esencia de la naturaleza en cada curva y detalle. Las pinturas que salían de mis dedos eran explosiones de color y emoción, reflejando los paisajes internos de mi mente y mi corazón.

Pero más allá del arte, mis manos encontraron una nueva forma de expresión en el amor. Cada caricia era una sinfonía de sensaciones, cada toque una melodía de deseo y ternura. Las mujeres que amé después de mi transformación conocieron un tipo de intimidad que iba más allá de lo físico, una conexión que trascendía lo carnal y tocaba lo espiritual.

Mis sentidos se habían agudizado hasta un punto casi abrumador. El mundo a mi alrededor se presentó con una intensidad nunca antes experimentada. Los colores eran más vivos, los sonidos más claros, los olores más profundos. Cada susurro del viento, cada canto de los pájaros, cada aroma de las flores era una sinfonía en mi mente.

El tacto se convirtió en una fuente de constante fascinación. Podía sentir la vibración de las alas de una mariposa antes de que se posara sobre mi piel, el latido del corazón de una criatura que sostenía en mis manos. La textura de la corteza de los árboles, la suavidad del musgo, la aspereza de las piedras, todo tenía una historia que contar, y mis dedos eran los narradores perfectos.

Con estas nuevas capacidades, cada encuentro amoroso se convirtió en una exploración profunda de la conexión humana. Mis manos, con su sensibilidad aguda, podían encontrar y despertar los lugares más ocultos de placer y emoción. Cada toque era una promesa, cada caricia una declaración de amor y devoción.

Cada mujer que amé después de mi transformación experimentó una intimidad única, una conexión que iba más allá de lo físico. Mis dedos podían trazar mapas invisibles sobre su piel, dibujando caminos de deseo y pasión. Podía sentir el latido de su corazón a través de la yema de mis dedos, sincronizándome con sus emociones y sensaciones.

Recuerdo a Selene, cuyos sueños eran tan etéreos como la luz de la luna. Mis dedos recorrían su piel como si estuvieran tocando las cuerdas de un arpa celestial. Cada caricia despertaba en ella un mundo de sensaciones, llevándonos a ambos a un estado de éxtasis que trascendía lo terrenal. Su piel, suave y fría como la luz lunar, respondía a mis toques con una sensibilidad que me dejaba sin aliento.

Con Dione, cada encuentro era como un suave murmullo de agua corriendo sobre piedras lisas. Mis manos se movían sobre su cuerpo con la misma fluidez con que el río abraza la tierra. Cada roce, cada caricia, era un eco de la corriente del río, una danza de agua y piel que nos unía en una corriente de placer y serenidad.

Aethra, la mujer del bosque, cuya piel olía a tierra y hojas, fue una amante que despertó mi espíritu más salvaje. Mis dedos se movían sobre su cuerpo como el viento a través de los árboles, despertando cada fibra de su ser. Juntos, nos sumergimos en la naturaleza, dejando que nuestros cuerpos se comunicaran en un lenguaje primitivo y profundo.

Con Calíope, la musa, cada toque era una creación artística. Mis manos, inspiradas por su creatividad, se movían sobre su piel como si estuvieran pintando una obra maestra. Cada caricia era una pincelada, cada beso una mezcla de colores y emociones. Su cuerpo se convirtió en mi lienzo, y juntos creamos una sinfonía de amor y arte.

Thalía, con su risa contagiosa, fue una amante que me enseñó el valor del humor en el amor. Mis manos se movían sobre su cuerpo con una ligereza y alegría que reflejaban su espíritu. Cada caricia provocaba risas y suspiros, creando un baile de placer y diversión que nos unía en un lazo de pura felicidad.

Ariadna, la tejedora, fue una amante cuya piel contaba historias de hilos y destinos entrelazados. Mis dedos recorrían su cuerpo como si estuvieran siguiendo los caminos invisibles del destino. Cada caricia era una promesa de futuro, cada toque una confirmación de nuestro lazo inquebrantable. Juntos, tejimos una historia de amor y conexión que desafió el tiempo y el espacio.

Con Eurídice, la música, cada encuentro amoroso fue una sinfonía. Mis manos se movían sobre su cuerpo como si estuvieran tocando las teclas de un instrumento celestial. Cada caricia era una nota, cada beso una melodía. Juntos, creamos una armonía de placer y amor que resonaba en nuestras almas, una música eterna que sigue sonando en mi corazón.

Daphne, la ninfa, cuyo cuerpo era una celebración del amanecer, fue una amante que me enseñó la magia de los nuevos comienzos. Mis dedos se movían sobre su piel con la misma delicadeza con que los primeros rayos de sol tocan la tierra. Cada caricia era un despertar, cada beso un renacimiento. Juntos, vivimos un amor que se renovaba con cada amanecer, una danza de luz y sombras que iluminó nuestras vidas.

Galatea, la escultora, fue una amante cuya piel era como la arcilla, maleable y llena de potencial. Mis manos, fuertes y sensibles, se movían sobre su cuerpo como si estuvieran dando forma a un sueño. Cada caricia era una creación, cada beso una obra de arte. Juntos, esculpimos un amor que trascendió lo físico, una conexión que sigue viva en las formas y figuras que dejamos atrás.

Anthea, la flor de la primavera, fue una amante cuyo cuerpo era un jardín en flor. Mis dedos se movían sobre su piel como una suave brisa, despertando cada pétalo y cada hoja. Cada caricia era un susurro de vida, cada beso un estallido de color y fragancia. Juntos, vivimos un amor que floreció y creció, una celebración constante de la vida y la naturaleza.

Melania, la sombra, fue una amante cuyo cuerpo era un refugio de paz y misterio. Mis manos se movían sobre su piel como un susurro en la oscuridad, despertando secretos y deseos ocultos. Cada caricia era una promesa de protección, cada beso un consuelo en la noche. Juntos, encontramos una intimidad profunda en las sombras, una conexión que nos unió en una paz serena y duradera.

Y finalmente, Helena, la dama del alba, cuyo amor fue el primero y quizás el más puro. Mis dedos, entonces jóvenes y llenos de inexperiencia, se movían sobre su piel con una mezcla de adoración y temor. Cada caricia era un descubrimiento, cada beso una revelación. Aunque nuestro tiempo juntos fue breve, el recuerdo de su amor sigue siendo una luz en mi vida, un amanecer eterno que nunca se desvanece.

Cada uno de estos amores, cada una de estas mujeres, dejó una marca indeleble en mi ser. Mis manos, ahora fuertes y sensibles, llevan las huellas de sus cuerpos y sus almas. La metamorfosis no solo me dio una nueva forma física, sino también una nueva capacidad para amar y conectarme con el mundo a mi alrededor.

Y sin embargo, aún no había llegado la transformación más radical, más ígnea e itifálica, de mi ser. Yo, Flegreo, el sátiro fogoso, me encontraba en la cúspide de un abismo interno, un torbellino de deseos y pasiones reprimidas, como el volcán que ruge en el corazón de la tierra, esperando el momento preciso para desatar su furia. La selva de mis pensamientos, un laberinto de lujuria y fervor, se extendía ante mí, susurrándome secretos arcaicos y promesas de éxtasis incandescente.

Cada latido, un tamborileo insistente en mi pecho, resonaba con la fuerza de mil centellas, y cada respiración, un torrente de aire caliente, avivaba el fuego que ardía en mis entrañas. Era como si todos los elementos se hubiesen confabulado para forjar en mi interior una nueva esencia, un ser cuya existencia se debatía entre la carne y el espíritu, entre el placer y el tormento.

Sentía mis músculos tensarse, listos para un salto hacia lo desconocido, mis sentidos agudizados, captando hasta el más mínimo destello de luz y sonido. El sudor perlaba mi frente, cayendo en gotas pesadas como lágrimas de un dios antiguo, un tributo a la metamorfosis inminente. Mis manos, aquellas que antes sólo conocían el goce superficial, ahora ansiaban profundizar en la esencia misma del ser, explorar hasta el último rincón del alma, desentrañar los misterios que se ocultaban tras cada mirada, cada susurro, cada estremecimiento.

Flegreo, el sátiro fogoso, el hijo de los vientos ardientes y las noches estrelladas, estaba a punto de renacer en un fuego purificador, un incendio que no sólo consumiría mi viejo ser, sino que también me elevaría a alturas insospechadas, donde el placer y la iluminación se entrelazaban en una danza eterna. En ese instante, la transformación prometida se volvía palpable, un horizonte al que me dirigía con paso firme y decidido, dispuesto a abrazar cada llama, cada chispa, hasta convertirme en el ser que siempre supe que podía ser.

Mis pasos se dirigieron hacia el bosque, aquel santuario de sombras y misterios donde los ecos del pasado susurraban entre los árboles y las raíces entrelazadas formaban un tapiz de historias olvidadas. La noche se cernía sobre mí, un manto negro tachonado de estrellas que brillaban como faros en la oscuridad, guiándome hacia mi destino inexorable. Podía sentir la tierra vibrar bajo mis pies, como si compartiera la anticipación de mi transformación inminente.

Cada rama que rozaba mi piel me recordaba la textura de los cuerpos que había poseído, pero esta vez no buscaba simple gratificación carnal; anhelaba una comunión más profunda, una fusión total con la naturaleza primigenia que latía en mi interior. Las hojas susurraban mi nombre, «Flegreo, Flegreo», y en ese murmullo encontré la fuerza para continuar, para adentrarme más en la espesura del bosque y de mi propia alma.

Llegué a un claro iluminado por la luna llena, un círculo sagrado donde los elementos se reunían para dar testimonio de mi renacimiento. El viento soplaba con fuerza, levantando remolinos de hojas y polvo que danzaban a mi alrededor, envolviéndome en un torbellino de energía pura. Me arrodillé en el centro del claro, sintiendo el poder antiguo de la tierra fluir a través de mí, un torrente que arrasaba con las dudas y los miedos, dejando solo la certeza de lo que estaba por venir.

Mis sentidos se agudizaron aún más, cada sonido, cada aroma, cada destello de luz se convirtió en una sinfonía de sensaciones que vibraban en armonía con mi ser. El fuego de mi interior se intensificó, una llama que crecía y crecía, alimentada por la pasión y el deseo, pero también por una comprensión más profunda, una conexión con algo más grande que yo mismo.

En ese momento, sentí la presencia de los antiguos dioses, aquellos que habían caminado por la tierra mucho antes de que los humanos soñaran con su existencia. Eran testigos de mi transformación, sus ojos invisibles fijados en mí, sus voces mudas resonando en mi mente. Me entregué a su voluntad, dejé que su poder fluyera a través de mí, remodelando mi carne y mi espíritu, fusionando lo humano y lo divino en una sola entidad.

El dolor fue intenso, pero breve, un estallido de luz y calor que me atravesó, quemando las viejas impurezas y dejando solo la esencia pura de Flegreo, el sátiro fogoso, el ser renacido en el fuego. Cuando la luz se desvaneció y el calor disminuyó, me levanté, sintiéndome más vivo, más completo, más yo mismo que nunca. Miré hacia el cielo, y las estrellas parecieron brillar con más fuerza, como si celebraran mi transformación.

Caminé fuera del claro, un ser nuevo, un ser de fuego y pasión, de poder y sabiduría, listo para enfrentar el mundo con una fuerza renovada y un propósito claro. La transformación había culminado, y yo, Flegreo, el sátiro fogoso, estaba listo para reclamar mi lugar en el vasto y misterioso tapiz de la existencia.

Yo, Flegreo, protector de los Campos que llevan mi nombre, me erguí sobre la colina que dominaba aquel vasto y fértil territorio. Los Campos Flegreos, con sus verdes praderas y susurros de aguas cristalinas, eran más que mi hogar; eran mi legado, la esencia misma de mi ser, donde cada árbol, cada flor, y cada arroyo hablaban de mi espíritu indomable y mi fervor eterno.

La brisa, cargada de aromas silvestres y la sal del cercano mar, acariciaba mi piel desnuda, reforzando la conexión profunda entre mi carne y la tierra que cuidaba. Los antiguos dioses, que una vez se pasearon por estos parajes, habían depositado en mí la misión de protegerlos, de mantener el equilibrio sagrado entre los hombres y la naturaleza, entre el deseo y la razón, entre la vida y la muerte.

Desde este promontorio, podía ver a los campesinos trabajar en armonía con la tierra, sus esfuerzos sincronizados con los ciclos naturales que yo, en mi papel de sátiro y guardián, ayudaba a perpetuar. La luz del sol, al amanecer, bañaba los campos en tonos dorados, y al atardecer, se teñía de un rojo profundo, reflejando la pasión que latía en mi corazón.

Sin embargo, no todo era paz en mi dominio. Sentía la amenaza de fuerzas oscuras, aquellas que buscaban despojar a la tierra de su vitalidad, contaminando el aire con ambición y avaricia. Era mi deber, mi juramento eterno, impedir que esas sombras se extendieran, que los susurros malignos envenenaran los corazones de los hombres y marchitaran la flora exuberante de mis campos.

Mis noches eran vigilias constantes, en las que recorría los bosques y los valles, alerta a cualquier perturbación. En esos momentos, mi forma se volvía aún más bestial, mis sentidos se aguzaban, y el fuego en mi interior ardía con una intensidad renovada. El sonido de los búhos, el crujido de las ramas, el susurro del viento, todo formaba una sinfonía que me mantenía conectado con cada rincón de los Campos Flegreos.

Pero no estaba solo en esta vigilancia. Criaturas mágicas, seres antiguos y sabios, compartían mi compromiso y me asistían en mi misión. Ninfas de los ríos, dríadas de los bosques, y faunos de las colinas, todos ellos mis aliados y compañeros en esta danza eterna de protección y devoción. Juntos, éramos una fuerza inquebrantable, un ejército de la naturaleza dispuesto a enfrentarse a cualquier amenaza.

La transformación que había experimentado no solo me había dotado de una fuerza física y espiritual descomunal, sino que también me había concedido una visión más clara de mi propósito. Ahora, como Flegreo, protector de los Campos Flegreos, entendía que mi existencia era un vínculo vital entre los mortales y lo divino, un guardián de la armonía y el equilibrio.

En mis momentos de reflexión, bajo el manto estrellado del cielo nocturno, comprendía que mi misión era eterna. Los campos, los ríos, los bosques y las criaturas que los habitaban, todos ellos dependían de mi fuerza y mi fervor. Y así, con cada amanecer, me comprometía una vez más a ser el protector que estos terrenos merecían, a luchar contra las sombras y a asegurar que los Campos Flegreos siguieran siendo un paraíso de vida y belleza, un testimonio viviente de mi espíritu indomable y mi amor eterno por la tierra que llevaba mi nombre.

Pasaron siglos sin la necesidad de atizar los volcanes, fumarolas y demás fuentes de energía primigenia que dormían bajo la superficie de los Campos Flegreos. La paz reinaba en mis dominios, y la naturaleza, en su eterna danza cíclica, se desarrollaba en una sinfonía de equilibrio y abundancia. Los humanos vivían en armonía con la tierra, respetando sus ritmos y agradeciendo sus dones, mientras las criaturas mágicas seguían velando por el bienestar de todos.

Sin embargo, la tranquilidad no estaba destinada a durar eternamente. Una oscuridad silenciosa comenzó a extenderse, una amenaza que no se manifestaba en cataclismos inmediatos, sino en susurros insidiosos que se infiltraban en los corazones de los hombres. La ambición y la codicia, siempre presentes en la naturaleza humana, encontraron una nueva forma de expresarse, más sutil y más peligrosa.

Los rumores de riquezas escondidas bajo los campos, minerales preciosos y tesoros ocultos, comenzaron a proliferar. Los hombres, en su afán de poder, empezaron a cavar, a perforar, a romper la sagrada piel de la tierra. Las primeras heridas eran pequeñas, insignificantes a ojos inexpertos, pero para mí, Flegreo, cada golpe de pala y pico era un grito de dolor que resonaba en mi ser.

Los volcanes, testigos silenciosos de esta profanación, comenzaron a inquietarse. Sentía sus murmullos bajo mis pies, sus advertencias en forma de ligeros temblores y suspiros de fumarolas. Sabía que si no actuaba, la furia contenida en el corazón de la tierra podría desatarse de una forma incontrolable, arrasando con todo a su paso. Mi misión, por tanto, era doble: debía detener la ambición desmedida de los humanos y calmar a las fuerzas volcánicas que se agitaban en lo profundo.

Emprendí un viaje hacia el centro de mi dominio, al cráter más antiguo y sagrado, aquel donde los dioses habían depositado su poder al principio de los tiempos. Allí, en la cima del volcán adormecido, realicé rituales olvidados, invocaciones a las deidades de fuego y tierra, buscando su guía y su favor. El aire se llenó de la fragancia de hierbas quemadas y la resonancia de cantos ancestrales. Sentí la presencia de los dioses, primero como un susurro, luego como un clamor que llenaba el espacio y el tiempo.

La respuesta llegó en forma de visiones: imágenes de un pasado glorioso, de civilizaciones que habían florecido y perecido, y de futuros posibles, donde la devastación y la regeneración se entrelazaban en un ciclo eterno. Comprendí que la clave estaba en el equilibrio, en la necesidad de recordar a los humanos la fragilidad y la sacralidad de la tierra que habitaban.

Descendí del volcán con una resolución renovada. Mis aliados, las ninfas, dríadas y faunos, se unieron a mi causa, llevando mensajes y advertencias a los asentamientos humanos. No todos escucharon, pero aquellos que lo hicieron, se convirtieron en mis emisarios, propagando la sabiduría de la naturaleza y el respeto por los elementos.

A través de la enseñanza y la acción, logramos detener la destrucción indiscriminada. Los hombres aprendieron a extraer los recursos de manera sostenible, honrando la tierra y devolviendo tanto como tomaban. Los volcanes, apaciguados por el respeto y las ofrendas, volvieron a su letargo, sus furias contenidas bajo capas de roca y tiempo.

Los siglos siguientes vieron una nueva era de prosperidad, donde la humanidad y la naturaleza coexistían en una armonía delicada pero firme. Los Campos Flegreos, una vez más, florecieron bajo la protección vigilante de Flegreo, el sátiro fogoso, cuyo corazón ardía con un amor eterno y una devoción inquebrantable hacia la tierra que llevaba su nombre.

Un día, en el llamado ahora, año 79 de la era común, la tranquilidad de los Campos Flegreos se vio interrumpida por un presagio funesto. La naturaleza, siempre en sintonía con los ciclos de la vida, empezó a mostrar signos de inquietud. Las aves volaban en patrones erráticos, los animales se ocultaban en sus madrigueras, y un silencio ominoso se asentaba sobre la tierra, como un manto de incertidumbre.

Sentía una presión creciente en el aire, una acumulación de energías subterráneas que advertían de un evento catastrófico inminente. Los humanos, ajenos a los susurros de la tierra, continuaban con sus rutinas diarias, ignorando las señales que se multiplicaban a su alrededor. Mi vínculo con la naturaleza me alertaba de un desequilibrio profundo, uno que no podría ser ignorado ni contenido por más tiempo.

El Vesubio, el gigante dormido que se erguía imponente en el horizonte, comenzó a mostrar signos de actividad. Las fumarolas se intensificaron, y leves temblores sacudieron la tierra, señales inequívocas de que algo terrible se gestaba en las entrañas del volcán. Sabía que debía actuar rápidamente, no solo para proteger los Campos Flegreos, sino también para salvar a los habitantes de las ciudades cercanas, especialmente Pompeya y Herculano.

Descendí a las profundidades del Vesubio, donde el calor y la presión eran casi insoportables. Los espíritus de fuego y magma, antiguos y poderosos, se agitaron a mi alrededor, clamando por liberación. Traté de calmarlos, de mediar con mi presencia y mi poder, pero sus deseos de erupción eran incontrolables. El equilibrio había sido roto, y la naturaleza reclamaba su curso.

Regresé a la superficie con un mensaje urgente. Los hombres debían abandonar sus hogares, debían huir de la inminente erupción. Mis aliados y yo nos desplegamos por las ciudades, tratando de convencer a los habitantes de que el peligro era real. Algunos nos escucharon y comenzaron a evacuar, pero muchos más desestimaron nuestras advertencias, aferrándose a sus bienes y a su incredulidad.

Finalmente, el 24 de agosto del año 79, el Vesubio desató su furia. Una explosión colosal rompió el cielo, lanzando una columna de cenizas, piedra pómez y gases tóxicos a kilómetros de altura. El día se volvió noche, y el estruendo de la erupción resonó como el rugido de un dios enfurecido. Ríos de lava ardiente descendieron por las laderas, incinerando todo a su paso, mientras una lluvia de cenizas cubría las ciudades, sepultándolas bajo metros de escombros.

En medio de la devastación, hice todo lo posible por salvar a cuantos pude. Utilicé mi fuerza y mi poder para guiar a las personas hacia la seguridad, protegiéndolas del fuego y la ceniza. Pero el desastre era implacable, y muchos perecieron en el caos. Pompeya y Herculano quedaron enterradas, convertidas en tumbas silenciosas que guardarían los recuerdos de aquel día fatídico por siglos.

Cuando finalmente la furia del Vesubio se calmó, y la ceniza comenzó a asentarse, emergí de entre los escombros, agotado pero no derrotado. La tierra, herida y calcinada, susurraba su dolor, y los supervivientes, traumatizados y desconcertados, miraban el paisaje desolado con incredulidad. Sabía que la tarea de reconstrucción sería ardua, pero también sabía que de la destrucción podría surgir una nueva vida.

Los Campos Flegreos, aunque afectados, no habían sido arrasados completamente. Con el tiempo, la naturaleza se regeneraría, y los humanos, aprendiendo de la catástrofe, volverían a reconstruir sus vidas. Mi papel como protector y guía se volvía más crucial que nunca. A través del dolor y la pérdida, debíamos encontrar un camino hacia la armonía, hacia un futuro donde la naturaleza y la humanidad pudieran coexistir de manera respetuosa y equilibrada.

Así, con el corazón lleno de determinación y el espíritu incandescente, Flegreo, el sátiro fogoso, continuó su eterna vigilia, asegurándose de que la lección del Vesubio nunca se olvidara, y de que la tierra y sus habitantes pudieran prosperar una vez más, en un frágil pero precioso equilibrio.

Pero volvamos, después de esta digresión histórica, a los aromáticos vinos de mi vida, a las tiernas y salvajes mujeres, y a los innumerables vástagos de mi vitalidad indómita. Mi existencia, aunque marcada por la tragedia y la protección de los Campos Flegreos, también estaba imbuida de momentos de alegría, pasión y celebración. En cada rincón de mi dominio, la vida vibraba con una intensidad que pocos podían comprender.

Los vinos, elaborados con las uvas maduras de los viñedos bañados por el sol, eran una de las mayores delicias de mi vida. Cada sorbo era un canto a la tierra fértil, una sinfonía de sabores que hablaba de la generosidad de los campos y del trabajo cuidadoso de aquellos que los cultivaban. En las noches de luna llena, bajo el manto estrellado del cielo, organizaba banquetes donde el vino fluía libremente, y las risas y canciones llenaban el aire. Era un momento para olvidar las preocupaciones, para rendirse a los placeres sencillos y profundos que la vida ofrecía.

Las mujeres que compartieron esos momentos conmigo eran un reflejo de la naturaleza misma: tiernas en su compasión y salvajes en su pasión. Ninfas de los ríos, dríadas de los bosques y mortales que se aventuraban en mis dominios, todas ellas trajeron consigo una chispa de vida que avivaba el fuego en mi interior. Cada encuentro era un nuevo capítulo en la historia de mi ser, una fusión de cuerpos y almas que trascendía el tiempo. En sus abrazos, encontraba la conexión con el mundo natural, un recordatorio de que, a pesar de mi rol de protector, también era una criatura de deseo y placer.

De estas uniones nacieron innumerables vástagos, cada uno llevando en su interior una parte de mi esencia indómita. Mis hijos, esparcidos por los Campos Flegreos y más allá, eran un testimonio viviente de mi vitalidad y mi legado. Algunos se convirtieron en guardianes de la naturaleza, otros en líderes de comunidades humanas, pero todos ellos compartían una conexión profunda con la tierra y los ciclos de la vida.

Recuerdo con especial cariño las noches en las que, rodeado de mis hijos e hijas, contaba las historias de nuestros ancestros, de los dioses antiguos y de las fuerzas que moldearon nuestro mundo. En sus ojos brillaba la misma chispa de curiosidad y fuerza que había guiado mis pasos a lo largo de los siglos. Les enseñé a escuchar los susurros del viento, a sentir el latido de la tierra bajo sus pies, a respetar y proteger el equilibrio sagrado que sostenía toda existencia.

Y así, entre vinos, mujeres y vástagos, la vida seguía su curso en los Campos Flegreos. Los días estaban llenos de trabajo y cuidado, asegurando que la tierra siguiera floreciendo en todo su esplendor. Las noches, sin embargo, eran para la celebración y la reflexión, para recordar el pasado y soñar con el futuro. Mi espíritu ardía con la misma intensidad que siempre, un fuego eterno que no conocía límites ni fin.

La naturaleza, con su infinita capacidad de regeneración y su poder indomable, seguía siendo mi mayor maestra y compañera. En cada amanecer, encontraba una nueva oportunidad para honrar el don de la vida, para proteger y nutrir lo que había sido confiado a mi cuidado. Y aunque las sombras del pasado nunca desaparecían del todo, aprendí a ver en ellas no solo la tragedia, sino también la belleza y la fuerza que surgían de la adversidad.

En los aromas de los vinos, en el tacto de las mujeres, y en la mirada de mis hijos, hallaba el pulso de la vida misma. Era un ciclo sin fin de creación y destrucción, de goce y dolor, de esperanza y memoria. Yo, Flegreo, el sátiro fogoso, continuaba mi viaje a través de los siglos, guiado por el amor y la pasión, por la devoción y la eternidad, por los Campos que llevaban mi nombre y por el fuego que ardía en mi corazón y en mis hijos.

Los 144 hijos de Flegreo eran un testimonio viviente de su indomable vitalidad y de la profunda conexión que tenía con la tierra y la naturaleza. Cada uno de ellos, nacido de la unión entre el sátiro fogoso y diversas criaturas mágicas y humanas, llevaba en su interior una parte de la esencia salvaje y protectora de su padre. Sus destinos, aunque diversos, estaban entrelazados con la misión de preservar y honrar los Campos.

La primera generación de hijos de Flegreo se destacaba por su capacidad de sintonizar con los ciclos del día y la noche. Dotados de una sabiduría ancestral, estos 12 guardianes eran maestros en el arte de canalizar la energía solar y lunar, utilizando su poder para sanar la tierra y fortalecer las defensas naturales de los campos. Su presencia era un faro de esperanza y guía para todos los habitantes del territorio.

La segunda generación, compuesta por 24 hijos, tenía una afinidad especial con los cuatro elementos: tierra, agua, fuego y aire. Cada uno de ellos dominaba un elemento, pudiendo controlar y armonizar su influencia sobre los Campos Flegreos. Estos custodios eran esenciales para mantener el equilibrio natural, asegurando que las fuerzas primordiales trabajaran en conjunto en lugar de en oposición.

Los 36 hijos de la tercera generación heredaron la ligereza y la velocidad del viento. Conocidos por su agilidad y su capacidad de moverse a través de los bosques y praderas sin ser vistos, estos herederos actuaban como mensajeros y exploradores. Su tarea principal era monitorear los cambios en el entorno y detectar cualquier amenaza que pudiera perturbar la paz de los campos.

La cuarta generación, formada por 48 hijos, tenía un vínculo especial con la flora y la fauna. Eran conocidos como los Sembradores de Vida, capaces de fomentar el crecimiento de las plantas y de comunicarse con los animales. Gracias a ellos, los Campos Flegreos siempre estaban en un estado de florecimiento continuo, con cosechas abundantes y una fauna diversa y saludable.

Finalmente, la quinta generación, compuesta por 24 hijos, tenía el don de influir en los sueños y la imaginación. Los Tejedores de Sueños eran capaces de inspirar visiones y esperanzas en los corazones de los habitantes de los Campos Flegreos, asegurando que la memoria de los ancestros y las lecciones del pasado nunca se olvidaran. A través de sus historias y canciones, mantenían viva la conexión espiritual con la tierra.

Cada una de estas generaciones contribuía de manera única a la misión de Flegreo. Juntos, los 144 hijos formaban una red de protección y sabiduría que abarcaba todos los aspectos de la vida en los Campos. Su diversidad de habilidades y talentos aseguraba que ningún desafío fuera insuperable y que la armonía reinara en el territorio.

Cada año, en el solsticio de verano, mis 144 hijos se reunían conmigo en un gran claro del bosque para celebrar su herencia y renovar sus votos de protección. Este encuentro, conocido como la Gran Asamblea de los Hijos de Flegreo, era un momento de comunión y fortalecimiento de los lazos familiares. Compartían historias de sus logros y desafíos, intercambiaban conocimientos y participaban en rituales sagrados para honrar a su padre y a la tierra.

El legado de Flegreo, perpetuado a través de mis hijos, era una fuerza viva y dinámica en los Campos. A través de sus acciones y su dedicación, estos descendientes aseguraban que el equilibrio natural se mantuviera y que la belleza y la abundancia de la tierra perduraran. Los habitantes de los campos, conscientes de la protección y la guía que recibían, vivían en gratitud y respeto hacia los hijos de Flegreo, sabiendo que su existencia estaba entrelazada con la magia y el poder de la naturaleza misma.

En cada rincón de los Campos, la presencia de mis 144 hijos era una garantía de que mi espíritu indomable continuaba vivo, ardiendo con una llama eterna que iluminaba y protegía todo lo que tocaba.

Cumpleaños

Ficción

Cumpleaños de F. Mucha maría. Setas alucinógenas de D. ‘’Eres de Kentucky y no te enteras’’. El ‘’glamour’’ de R.A. La ‘’joyita’’ argentina. Las pruebas de A. Choque generacional. El novio de D., R., un cubano que trabaja en un bar, sale tarde. Llevan años juntos. La moneda del Ché que R. le regala a F. Un cúmulo enloquecido, estamos atrapados en él. Alguien tiene que imponerse. Coqueteo de F. con Al. Coqueteo de JJ. con Al. Intereses comunes de los dos: buceo.

El cultivo de la maría, un tema alucinógeno, por Al: se siembran las semillas en la luna nueva de febrero. Cuando crecen se separan los machos de las hembras, se acaba con todos los machos. Tampoco es eso, dice F. Déjale continuar, digo. Si sigues con el doble lenguaje no continúo contándolo, dice Al. Bueno, sólo se dejan dos machos, separados, mientras crecen las hembras, entre tanto los machos pelean entre sí, sólo uno de ellos podrá fecundarlas. Las hembras se continúan cuidando: todos los días agua, depende del sol que les de, pero no les puede faltar el agua. Es algo animal, comento. Pero estamos hablando de una planta. Sí, el macho muere después de fecundarlas. Y entonces ¿Te quedas sin macho?, dice F. con estupor, No, no, vuelven a salir. En cualquier caso no sirven como alucinógenos, sólo las hembras. Se recogen y hay que dejarlas secar boca abajo, colgadas en un armario, por ejemplo. Listas para hacerte volar, cuando salen del armario. ¿También?, dice F. Rica maría de Al: hembras alucinógenas.

JJ. el lado claro, el artista, frente al lado oscuro y sombrío que yo represento en su cuadro. A., pequeñas complicidades críticas, él también es una cámara de vídeo, como yo, mudo y a la expectativa. Sólo deja su cámara de vídeo virtual cuando adquiere el papel de crítico cine-literario y entonces podemos tener pequeñas complicidades: la visión de F., el gusto por lo rebuscado, ironías sobre arte…

La presentación de R. es un tanto tabú. Sólo que es cubano. No tengo ni idea que relación tiene con cada uno de ellos, soy el único que no le conoce. Se presenta: R. Es cubano, dice F. Incomodidad por no saber a que atenerme. Un absoluto desconocido. Hasta que acabo deduciendo que es la pareja de D. que ha estado observándome como distraído pero muy tenso, desde que R. se ha sentado a mi lado, entre F. y yo. Ahora se cierra el círculo: somos una flor alrededor de una mesa, cada uno somos los pétalos que beben el rocío -la cerveza- del centro. Las abejas -los paseantes de alrededor- van en parejas, tríos, grupos de insectos libando y revoloteando, se paran en esas otras flores, liban y se van.

Empieza el nuevo juego del siete. Somos F., Al, D., A, JJ., yo y el cubano R. El cumpleaños de F., 37. Algunos ya no los cumplen, dice F. mirando con sarcasmo a D. Algunos no llegarán vivos, dice D.