- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
- El reloj despertador es un gallo de acero.
- La luna es el espejo de los enamorados pobres.
- La risa es una erupción instantánea.
- Las golondrinas son pájaros vestidos de etiqueta.
- El lápiz escribe bostezando.
- El cigarro es el palo de las fiestas solitarias.
- El gato es un tigre de salón.
- La estrella fugaz es la lágrima de un deseo.
- El tren se traga las estaciones sin saborearlas.
- El paraguas es un sombrero que se suicida.
- Los zapatos tienen la cara triste del que trabaja.
- El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
- La nube es el pañuelo del cielo.
- Las rosas tienen más espinas que disculpas.
- El eco es el alma de las voces.
- El bostezo es un suspiro que se aburre.
- La jirafa es una grúa que come hojas.
- La nieve es la caspa del cielo.
- El espejo es el primer invento de la vanidad.
- El pavo real es el abanico de la vanidad.
- El pez es el único animal que se ahoga fuera del agua.
- La barba es la hierba que crece en el silencio del rostro.
- La calvicie es una playa sin olas.
- El semáforo es el ojo que vigila sin parpadear.
- El ascensor nos sube la autoestima.
- El cuervo es el abogado de la muerte.
- Las lágrimas son la sangre de los ojos.
- El faro es el ojo tuerto del mar.
- La niebla es el fantasma del aire.
- El beso es el truco de la boca.
- El ventilador es el pájaro mecánico del verano.
- El vino da sueños colorados.
- El teléfono es el timbre de los ausentes.
- El humo es el alma de lo que se quema.
- La mosca es el punto final de la siesta.
- El piano es una máquina de suspiros.
- La silla vacía es la ausencia hecha mueble.
- El pan caliente tiene alma.
- El bostezo es un grito sin ruido.
- El otoño es el andén de las hojas.
- La lluvia son lágrimas que no son de nadie.
- La bicicleta es el esqueleto del caballo.
- El fósforo es el estornudo del fuego.
- El sol es el pan del día.
- El silencio es el único paisaje que no cambia.
- La luna se peina en los charcos.
- La cabra es el paréntesis de la montaña.
- Las mariposas son flores que aprendieron a volar.
- La llave es el confidente de las puertas.
- El bostezo es una carta sin dirección.
- La lámpara es la luciérnaga doméstica.
- La muerte es una señora vestida de olvido.
- El murciélago es el ratón con paraguas.
- El acordeón es el fuelle de la música.
- El reloj es el dictador del tiempo.
- El papel es el eco de lo que pensamos.
- El beso es un punto y coma en el diálogo del amor.
- El zapato aprieta más cuando se va el amor.
- Las canas son las flores del tiempo.
- La chimenea es la nariz de la casa.
- El globo es un niño que quiere volar.
- El gato ronronea porque tiene el alma llena de cascabeles.
- El caracol lleva su casa a cuestas porque tiene miedo de perderla.
- El frío es el silencio del calor.
- La vejez es la niñez vuelta al revés.
- El espejo es el cómplice de Narciso.
- La radio es el periódico que habla.
- El mar es un sueño de agua.
- El cine es el circo de las sombras.
- La aspirina es la novia del dolor de cabeza.
- La cebolla hace llorar por dentro.
- El sollozo es la manera de llorar por dentro.
- Las cartas de amor se escriben sin tinta.
- El gato es la sombra con bigotes.
- La biblioteca es el cementerio de los pensamientos vivos.
- El ascensor es la montaña rusa de los edificios.
- La escalera es la lengua de los pisos.
- El paraguas se convierte en bastón cuando deja de llover.
- La escoba es la pluma con que se escribe en el suelo.
- El helado es el suspiro del verano.
- El tranvía es un gusano de hierro.
- La mecedora es la cuna de los abuelos.
- El cigarro es la bandera del ocio.
- El bigote es el toldo de la boca.
- El peine es el verdugo del enredo.
- Las campanas son el idioma de las torres.
- El pan se parte con respeto.
- La vejez es el invierno del cuerpo.
- El calendario es el carcelero de los días.
- Las pestañas son las persianas del alma.
- El corazón tiene razones que el pulso ignora.
- La almohada es el confidente de las noches.
- El beso robado es el más dulce.
- El bostezo es el abrazo del aburrimiento.
- Las tijeras son las serpientes mecánicas.
- El vino rojo es la sangre feliz de las uvas.
- La lluvia es el llanto del cielo.
- El tren es el lápiz que dibuja caminos.
- La sonrisa es el idioma más corto del mundo.
Libro
Entropía y Supercuerdas
FicciónLo supe una tarde cualquiera, mientras el sol se despedía con un bostezo anaranjado sobre los tejados del barrio. Aquiles —así se llama el gato— yacía en el alféizar, con la mirada fija en un punto invisible entre las sombras. Sus bigotes vibraban al ritmo de una sinfonía inaudible para el oído humano, y su cola oscilaba con la precisión de un metrónomo cósmico.
No era un simple movimiento. Cada sacudida parecía alterar la textura misma del aire, como si sus vértices felinos tocaran las membranas del universo. En un vaivén perezoso, retorcía el espacio-tiempo como si fuera un ovillo de lana cuántica. Yo, testigo accidental, vi el resplandor de las dimensiones colapsando sobre sí mismas, y comprendí que la física, tal como la conocíamos, no era más que una distracción menor para mentes con pretensiones.
Aquiles, indiferente a su genio, se estiró con pereza, como si nada de eso importara. Su cola se detuvo. El universo, obediente, volvió a su curso ordinario. Las paredes de la habitación respiraron con alivio. Yo también.
Desde entonces, cada vez que lo veo mover la cola, me pregunto cuántos universos se habrán doblado en silencio, cuántas leyes habrán cambiado de lugar, cuántas realidades posibles se habrán deslizado por el pasillo sin que nos demos cuenta.
Y él, como todos los gatos, sigue sin decir nada. Solo observa. Y mueve la cola.
No lo supe de inmediato. Al principio, era solo un gesto más en su repertorio de silencios: ese vaivén leve, casi imperceptible, con que parecía medir la densidad del aire o ajustar el equilibrio de su mundo interior. Lo observaba desde el rincón del sofá, libro en mano, creyendo ingenuamente que yo era el espectador y él, el objeto. Qué torpeza.
Aquiles —así lo llamé porque me pareció que caminaba como un héroe que hubiera vencido a la muerte— había llegado una noche de invierno, empapado y hambriento, con los ojos como faros de otra galaxia. Nunca entendí de dónde vino, ni por qué eligió mi casa. Quizá yo también emitía algún tipo de frecuencia invisible, una cuerda vibrando débilmente en medio de una sinfonía más grande.
Lo cierto es que su presencia fue cambiando cosas. Al principio, detalles mínimos: el reloj de la cocina empezó a marcar la hora con un desfase leve, como si intentara adaptarse a otro ritmo. Las plantas crecían torcidas hacia donde él dormía. Y mis sueños comenzaron a hablarme en lenguajes que no conocía, pero que sentía que alguna vez había entendido.
Todo giraba en torno a su cola. Cuando la movía, algo pasaba. No me refiero al gesto común de irritación o aburrimiento, no. Era un movimiento preciso, calculado, casi ritual. Una ondulación suave que parecía tejer patrones en el espacio. Había noches en que la movía al compás de la lluvia, y otras en que lo hacía en seco, como quien pulsa una cuerda sin sonido pero con eco. Entonces el aire se curvaba. Lo juro. Las paredes temblaban como un holograma mal proyectado, y yo sentía un tirón, como si estuviera a punto de caer dentro de mí mismo.
Empecé a investigar. Abandoné escritos, redes, trabajo. Me sumergí en tratados de física, mecánica cuántica, teoría de cuerdas, geometrías imposibles. Leí a los antiguos y a los que aún no han nacido, buscando una explicación. Descubrí que la teoría de las supercuerdas propone que todo en el universo, cada partícula, no es sino una vibración diminuta en una cuerda subatómica. Como las cuerdas de un violín tocadas por una voluntad oculta. Entonces entendí: Aquiles no era un gato. O no solo. Era un instrumento, o tal vez el músico.
Una noche, mientras él dormía en espiral junto a mis papeles caóticos, me atreví a tocarle la cola. Apenas un roce. Fue como introducir la mano en un río de antimateria. Me vi multiplicado en infinitas versiones de mí mismo: uno lloraba, otro reía, otro caminaba por una ciudad sin cielos, otro era un pez, otro jamás había nacido. Vi a Aquiles en todas ellas, siempre igual, siempre distinto, siempre moviendo la cola. Me desmayé.
Al despertar, todo parecía normal. Pero había un cuaderno en mi mesa con mi letra que comenzaba con una frase:
«Cuando el gato mueve la cola reinventa la teoría de las supercuerdas.»
Desde entonces, vivo en un estado de vigilia intermitente. No duermo más de lo necesario. Observo. Anoto. Escucho el susurro del universo reacomodándose cada vez que Aquiles mueve la cola, cada vez que, sin saberlo —o sabiéndolo del todo—, redibuja la arquitectura misma de la existencia.
No sé cuánto tiempo más podré sostener esta verdad. A veces pienso que no estoy en mi universo original. Que he sido desplazado sin saberlo. Que cada vez que Aquiles se estira y gira la cola en un gesto distraído, me transporta a otra versión del mundo, similar pero jamás idéntica. Solo él lo sabe. Pero no habla. Solo observa. Y mueve la cola.
Desde que toqué la cola de Aquiles, todo había cambiado. Aunque las paredes seguían en su lugar, aunque el café aún sabía a lo mismo y la radio repetía los viejos noticieros de siempre, yo sabía que había algo… desplazado. Una vibración que antes no estaba allí, como si el universo respirara por otra válvula.
Una noche, mientras revisaba mis notas —algunas escritas con mi letra pero firmadas por alguien llamado “E. Kaonis”, nombre que nunca había usado—, el timbre de la puerta sonó. No era común. Nadie venía a verme. No tenía vecinos curiosos ni amigos espontáneos. La campanilla resonó como un eco de otro plano, y por un momento pensé que solo era otra ilusión más. Pero no lo fue.
Era una mujer. O algo con forma de mujer. Vestía un abrigo azul tan oscuro que absorbía la luz como un pozo, y llevaba un paraguas cerrado, seco, aunque afuera llovía. Sus ojos no eran iguales: uno parecía ser de vidrio, pero se movía. El otro era opaco, como una piedra lunar. Sonrió apenas.
—¿Él está aquí? —preguntó, sin presentarse.
—¿Quién?
—El músico. El que afina el tejido.
Mi estómago se cerró en un nudo. No sabía si correr o invitarla a pasar. Ella entró como si conociera la casa.
Cuando Aquiles la vio, no se inmutó. La reconocía. Se estiró, caminó hasta ella y frotó su cabeza contra su pierna. Ella se inclinó y le habló en una lengua sin vocales. Aquiles respondió con un parpadeo.
—¿Quién es usted? —pregunté al fin, con la voz apenas audible.
—No importa el nombre. En esta versión, soy la segunda nota. La disonancia necesaria. Llevo buscándolos en ochocientos diecisiete planos. Siempre se desvían. Esta vez, tú los hiciste desviar.
—¿Desviar qué?
Ella se acercó a mi mesa, hojeó el cuaderno de notas y alzó una ceja.
—Esto no deberías haberlo escrito. Es peligroso saber antes de ser. Todo lo que crees que estás observando te está observando a ti. Y ahora saben que lo sabes.
Miró a Aquiles.
—¿Ha movido la cola hoy?
Yo asentí. Ella suspiró.
—Entonces el eje está roto.
—¿Qué significa eso?
—Significa que ya no hay retorno seguro. Cada movimiento altera no solo los posibles futuros, sino los recuerdos de los pasados descartados. Te convertirás en un acumulador de residuos de realidades. Un archivo viviente. Empezarán los desdoblamientos. ¿Ya sueñas con otras versiones de ti?
—Sí… —dije, aterrado.
—Pronto dejarás de saber cuál eres tú realmente.
Ella se dirigió a Aquiles otra vez. Él la miró largamente y luego, sin apuro, volvió al alféizar. Su cola se movió. Una sola vez. Las lámparas titilaron. El aire cambió de sabor.
Yo caí de rodillas, no por dolor, sino por vértigo. Imágenes me atravesaron como flechas de luz: ciudades que no conocía pero reconocía, yo mismo muerto y yo mismo escribiendo desde una celda hecha de cristales líquidos, y en todas las versiones, Aquiles… observando.
La mujer me ayudó a ponerme de pie.
—Aún hay una forma de estabilizar el tejido —dijo—. Pero necesitaré tu ayuda. Y su permiso.
Me miró con gravedad.
—Tendremos que ir a donde empezó todo. Donde Aquiles fue afinado por primera vez.
—¿Dónde es eso?
Ella me tomó del hombro. La habitación se volvió difusa. Afuera, la lluvia caía hacia arriba.
—No está en este mundo.
Cuando dijo “No está en este mundo”, sentí algo rasgarse en el interior de mi conciencia. Como una página arrancada sin cuidado de un libro muy antiguo. Pero antes de que pudiera hacer otra pregunta, ella ya había extendido el paraguas. Lo abrió dentro de la casa, desafiando todas las supersticiones triviales. Al hacerlo, la habitación cambió.
No desapareció, ni se transformó con un efecto teatral. Fue más sutil. La ventana que daba al callejón ahora daba al vacío. Las paredes comenzaron a desdibujarse, como si fueran bosquejos a lápiz en una hoja que alguien estaba borrando. Sólo el gato y el paraguas parecían completamente definidos.
—No intentes entenderlo —dijo ella—. Los marcos que sostienen la realidad aquí no están hechos para moverse. Pero se mueven igual.
Me tomó de la muñeca. La tela del paraguas se onduló, y al mirar hacia arriba, no vi tela negra, sino un cielo extraño: violeta, lleno de luces flotantes, como medusas cósmicas navegando por un océano sin agua.
Aquiles saltó dentro del paraguas como si fuera su cama favorita. Al tocar el centro con su pata, todo giró. Y caímos.
Desperté en un paisaje imposible. Era un campo extenso, cubierto de un pasto transparente que sonaba al crujir como vidrio molido. El cielo era negro, pero lleno de raíces blancas que se movían lentamente, como neuronas buscando conexiones. En el horizonte había estructuras que no podían haber sido construidas por manos: eran más bien pensamientos solidificados, recuerdos con forma.
Ella estaba de pie junto a mí.
—Bienvenido al nodo origen —dijo—. Aquí fue donde Aquiles aprendió a mover la cola por primera vez.
El gato caminaba delante, guiando, como si supiera el camino. Y quizás lo sabía. Era suyo.
—¿Qué es este lugar?
—Un pliegue entre las dimensiones primarias. Aquí se ensayan los patrones del universo antes de ser desplegados. Los seres que pueden moverse aquí son extremadamente raros. Tú no deberías estar aquí. Pero él… —miró al gato— él te eligió.
—¿Él me trajo?
—Él te creó.
El peso de la frase me dejó sin aire.
—¿Cómo…?
—Aquiles no es un gato. Ni siquiera un ser. Es un algoritmo vivo. Cuando mueve la cola, no lo hace por placer ni por azar. Cada movimiento ajusta las frecuencias fundamentales de la realidad. Pero hubo un error. Una variación en su patrón. Te incluyó.
—¿Me incluyó?
—Sí. Fuiste incorporado a su partitura. No eras parte de este universo, pero ahora estás anclado. Por eso las realidades se alteran. Por eso no sabes cuál de tus versiones es la original. Aquiles te afinó… por accidente. O por curiosidad.
Me costaba hablar.
—¿Entonces no soy real?
—Eres más real que muchos. Porque fuiste elegido.
Mientras caminábamos, el campo de pasto de cristal comenzó a dividirse. Aparecieron espejos flotantes, uno tras otro. En cada uno me vi distinto: con cicatrices, sin ojos, con alas, con edades que nunca tuve. Y en todos los reflejos, Aquiles. Viéndome. Observando. Evaluando.
—Aquí elegiremos una frecuencia estable —dijo ella—. Una donde puedas quedarte. Si lo logras, él dejará de moverse. Y el universo se estabilizará.
—¿Y si no?
Ella me miró.
—Entonces ya no habrá universos. Solo versiones fallidas.
Aquiles se detuvo frente a un portal de luz en forma de espiral. Su cola, quieta. Era hora de entrar. Y elegir quién era yo. O perderlo todo. Cruzamos el portal de espiral. No fue un salto ni un deslizamiento, sino un desvanecerse lento, como si nos desenredáramos de nosotros mismos. El campo de cristales quedó atrás. Entramos a un espacio sin forma, un lugar que no debía ser visto por ojos humanos. Aquí no había tiempo, ni arriba ni abajo. Solo una vibración constante, como el zumbido que queda después del trueno.
Allí estaba ella. La Silenciadora. No tenía cuerpo. O quizás lo tenía, pero cambiaba constantemente, deshaciéndose y rehaciéndose como si no pudiera soportar su propia existencia. No era exactamente un ser. Era una sensación: un frío lento, un olvido activo. El deterioro de todo lo que alguna vez tuvo forma.
La mujer —mi guía— se detuvo. Aquiles también.
—¿Eso es…? —pregunté, sin poder terminar la frase.
—Sí —dijo ella en voz baja—. Es la Entropía. Pero no como la entienden en tu mundo. Aquí tiene conciencia. Sabe que existe. Sabe que la estamos desafiando.
La Entropía habló sin sonido, directamente dentro de mi mente. Su voz era un coro de cosas rotas.
“Todo tiende a mí.
Todo lo que nace, se deshace.
Todo lo que vibra, se cansa.
Y tú… pequeño intervalo entre dos colapsos… ¿crees que puedes evitarme?”
Vi imágenes: un universo que se apaga, galaxias que se deshacen como papel mojado, pensamientos que se marchitan antes de nacer. Y entre todo eso, Aquiles… resistiendo. Su cola, aún quieta.
—Él te desafía —dije, más a mí que a la Entropía.
“Él desafina.”
—¿Por qué le temes? —pregunté, tomando impulso en mi propia duda—. Si todo termina en ti… ¿por qué molestarte en venir?
La Entropía no respondió. Pero sentí que se agitaba. Como si no hubiera esperado esa pregunta.
Entonces, la mujer habló.
—La Entropía no es solo el fin. Es la corrección. Odia a Aquiles porque él es anomalía, singularidad. Porque cada vez que mueve la cola, extiende el juego. Agrega variaciones. Y lo insoportable para la Entropía no es el caos. Es la música.
Aquiles dio un paso al frente. Su cola se alzó. Y comenzó a moverse. No era un movimiento simple. Era una danza. Una sinfonía hecha de gestos mínimos, como una partitura escrita en el aire. Con cada curva, el espacio alrededor se reorganizaba. Nacían estructuras. Se formaban posibilidades.
La Entropía gritó sin boca. El espacio se llenó de oscuridad líquida.
Y entonces vi lo que Aquiles realmente era: no un gato, sino una partitura encarnada. Cada hebra de su cola era una cuerda fundamental del universo. Su andar, la notación de una sinfonía eterna. Y yo, al haberlo tocado, era parte de ella ahora.
—Debes elegir —dijo la mujer—. Puedes fundirte con la Entropía. Convertirte en olvido. En final. O puedes unirte a Aquiles. Ser nota. Ser intervalo. Ser lucha.
Yo vi a la Silenciadora. Sentí su llamada. Era tentadora. No más duda, no más miedo. Solo… terminar.
Pero entonces Aquiles me miró. Solo una vez. Y su cola hizo una curva como una firma en el aire. Elegí. Dije su nombre. No el que le di, sino el verdadero. Aquél que resonaba en la vibración misma del tejido. Y en ese instante, el universo cantó. Un solo acorde. Perfecto. Y terrible.
Desperté en el sofá. La luz entraba a raudales por la ventana, de ese modo oblicuo y cálido que solo ocurre una vez al día, cuando el sol parece dudar si quedarse o irse. La casa estaba en silencio. No había pasto de cristal, ni portales, ni estructuras imposibles. Solo mi mesa de siempre, mi taza fría, y un cuaderno lleno de garabatos incoherentes.
Me llevé una mano a la frente. Sudaba. Sentía la boca seca, como si hubiera gritado durante siglos. Traté de recordar todo, pero los detalles huían de mí como humo entre los dedos. Tenía imágenes, sí: una mujer con un paraguas, un campo imposible, un gato que no era un gato… pero todo eso sonaba ahora como un eco de otro yo. ¿Un sueño? ¿Una alucinación inducida por el insomnio, la lectura obsesiva, la soledad?
Entonces lo vi. Aquiles, dormido en el alféizar. Tan real, tan corriente. Respiraba lento, en paz. Pero había algo en su forma —en la curva leve de su cola— que me hizo dudar. Como si aún estuviera escribiendo una partitura en el aire. Como si aún tejiera sin que yo pudiera escucharlo.
Me levanté, tambaleante, y caminé hacia él. No hizo ningún gesto, salvo entreabrir un ojo perezoso para mirarme. Un ojo inmenso, negro, sereno. Y luego… cerrarlo otra vez. Sobre la mesa, el cuaderno seguía abierto. No recordaba haber escrito esa página.
“La entropía canta en todo lo que termina.
Pero Aquiles… Aquiles compone lo que no debe existir.
Y a veces, solo a veces, el universo escucha.”
Lo cerré. No sabía si era mía la letra, o si alguna versión de mí lo había escrito. Me dirigí a la cocina, puse agua para el café, e intenté no pensar demasiado. Pero, al pasar frente al espejo, me detuve. Algo en mi reflejo estaba… mal. No de forma obvia. Nada monstruoso, nada imposible. Solo… una sutileza. La manera en que mi reflejo respiraba con un leve retardo. Una demora de un segundo. Como si estuviera esperando una instrucción. O una señal. Volví la mirada hacia el alféizar. La cola de Aquiles se movió. Una vez. Y el aire pareció susurrar.
Carlos Fuentes y la identidad mexicana
No ficciónUn escritor que exploró la identidad mexicana
Carlos Fuentes fue uno de los escritores mexicanos más importantes del siglo XX, integrante del fenómeno denominado Boom latinoamericano. Su obra ensayística y narrativa reflexiona sobre la historia, la cultura y la política de México, así como sobre los problemas y desafíos de la modernidad y la globalización.
Nacido en Panamá en 1928, hijo de padres diplomáticos, Fuentes vivió una infancia cosmopolita que lo llevó a residir en varios países de América y Europa. Estudió leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Su vida estuvo marcada por constantes viajes y estancias en el extranjero, sin perder nunca la base y plataforma cultural mexicanas.
Su carrera literaria se inició en 1954 con el volumen de cuentos Los días enmascarados, donde ya se aprecian algunos de sus temas recurrentes: el pasado prehispánico, los límites entre realidad y ficción, la crítica a la burguesía y a la revolución traicionada. Su éxito se consolidó con dos novelas que son consideradas clásicos de la literatura hispanoamericana: La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz (1962). En la primera, retrata la complejidad y el caos de la Ciudad de México, con sus contrastes sociales, culturales y políticos. En la segunda, recrea la vida y la agonía de un antiguo revolucionario convertido en un poderoso y corrupto empresario.
Fuentes fue un autor prolífico y versátil, que experimentó con diversos géneros y estilos. Entre sus obras más destacadas se encuentran Aura (1962), una novela breve de atmósfera fantástica; Cambio de piel (1967), una obra compleja que mezcla el erotismo, el horror y la violencia; Terra Nostra (1975), una ambiciosa novela histórica que abarca desde el imperio romano hasta el siglo XX; Gringo viejo (1985), una novela histórica basada en la figura del escritor estadounidense Ambrose Bierce; Cristóbal Nonato (1987), una sátira política ambientada en el año 1992; La silla del águila (2003), una novela política que retrata el México del año 2020; y La voluntad y la fortuna (2008), una novela que aborda el tema del terrorismo islámico.
Además de novelista, Fuentes fue un destacado ensayista, crítico literario, profesor universitario y diplomático. Entre sus ensayos se encuentran La nueva novela hispanoamericana (1969), Cervantes o la crítica de la lectura (1976), El espejo enterrado (1992) y Geografía de la novela (1993). Fue embajador de México en Francia entre 1975 y 1977, y recibió numerosos reconocimientos, como el Premio Rómulo Gallegos, el Premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Premio Grinzane Cavour.
Fuentes falleció en Ciudad de México el 15 de mayo de 2012, a los 83 años, dejando un legado literario impresionante y una huella imborrable en la cultura mexicana e hispanoamericana. Su obra es una invitación a conocer y comprender la identidad mexicana, con sus luces y sombras, sus contradicciones y esperanzas. Como él mismo dijo: “México es un país que no se acaba nunca”.
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Kit emocional para cuando la civilización sufra un apagón
No ficciónQuerido lector (familia, amigos, etc.), imagina por un momento que te despiertas y el interruptor de la luz decide ignorarte. No hay WiFi. No hay café (porque la cafetera es eléctrica). No puedes pedir socorro por WhatsApp. Y lo peor: Netflix, ese oráculo de evasión emocional, se ha desvanecido. ¿Pánico? Tranquilo. Aquí te traigo el kit emocional definitivo para que no pierdas la compostura ni la civilización… o al menos no tan rápido.
Autodiagnóstico emocional: “¿Estoy muerto o solo sin batería?”
En el minuto uno del apagón prolongado, tu alma urbana entrará en fase de negación tecnológica. “Seguro vuelve en diez minutos”, repites mientras miras fijamente el microondas como si fuera un oráculo. No vuelve. No va a volver. Respira. Siente el vacío. Ese temblor que recorre tu cuerpo no es hambre, es síndrome de abstinencia digital.
Consejo: mira al horizonte, suspira fuerte y di: “Estoy vivo, solo que sin señal”. Funciona como un mantra. Bonus si lo gritas al balcón para sembrar esperanza (o terror) entre tus vecinos. «Perro Shanshes», o cosas similares, no funciona.
El Kit emocional básico
Porque sin emociones ordenadas no hay civilización que resista. Aquí tu arsenal mínimo:
- Una libreta y boli. Para escribir tus memorias del colapso o hacer dibujitos si no sabes escribir sin teclado.
- Un espejo. Para verte mientras hablas contigo mismo. Dicen que ayuda a no volverse loco, pero sobre todo entretiene.
- Fotos impresas. Sí, impresas. De seres queridos o de tu gato. Para recordar que alguna vez fuiste parte de algo más grande que tú.
- Un libro físico. No, no una tablet. Un libro. De papel. Páginas. Palabras. Sorpresas sin batería.
Mantén la llama (emocional y literal)
Sin electricidad, el fuego es la nueva app estrella. Sirve para todo: cocinar, calentar, asar tus prejuicios tecnológicos. Pero sobre todo, reúne personas a su alrededor, y eso, amigo mío, es la red social más estable que tendrás. Coméntale al vecino: “¿Te gusta el fuego? A mí también. ¿Hacemos comunidad?”. Boom. Civilización.
Advertencia legal: no hagas fogatas en el salón. Ni en el balcón. Ser el Prometeo del barrio puede acabar mal.
El duelo de la nevera
Es hora de enfrentarte al mayor drama: todo lo que amabas en tu nevera ha muerto. El yogur, el queso, el pollo de oferta. Todos, víctimas de la falta de voltios. Vas a pasar por las cinco fases del duelo (negación, ira, pacto, depresión, aceptación) en menos de una hora, especialmente cuando veas flotar el brócoli en su jugo.
¿Solución emocional? Organiza un funeral vikingo para tu helado. Que se derrita con dignidad mientras le cantas una balada. Llora si hace falta. Luego, aprende a fermentar verduras. Es como tener una nevera espiritual.
Reinventa el ocio: teatro interior y otros delirios
Sin Netflix, TikTok, ni podcasts de gente que habla como si fuera filósofa del yoga, tu mente se convierte en el único escenario disponible. ¡Es tu momento!
- Interpreta monólogos delante del espejo.
- Recrea películas desde la memoria.
- Haz una “charla TED” para tus plantas sobre resiliencia post-luz.
- Pásate al origami emocional: dobla tu ansiedad hasta que parezca una paloma.
Verás qué divertido es inventarte roles para no perder la cordura. (Bueno, perderla con estilo también cuenta y es civilizado.)
Cómo mantener la civilización
(spoiler: con pegamento y conversación)
La civilización, según algunos expertos del Apocalipsis™, no se sostiene por la tecnología sino por la cooperación humana. Así que toca hablar. Con humanos reales. De carne, hueso y cara. Ya sé, qué horror.
Ve y llama al vecino que antes evitabas en el ascensor. “Hola, ¿te interesa construir una civilización post-eléctrica conmigo?”. Es probable que te mire raro, pero si tiene una estufa de gas o un transistor a manubrio, el pacto está sellado.
Conversa, comparte, coopera. La civilización nació así. La electricidad vino después. Si puedes encender una charla, no necesitas encender una bombilla.
Meditación para urbanitas sin enchufe
Ya sin aparatos que te absorban la atención, vas a experimentar un fenómeno extraño: el tiempo. De repente tendrás horas. Días. Inmensidades sin notificaciones. Es abrumador.
Haz esto:
- Siéntate.
- Mira un punto fijo (puede ser la mancha de humedad del techo).
- Respira.
- Repite: “No soy mi router. No soy mi móvil. Soy más que un algoritmo.”
Con práctica, desarrollarás una extraña capacidad llamada presencia. Es como el WiFi del alma, pero sin contraseña.
Visionarios del apagón
Si sobrevives las primeras 72 horas (eso dicen) sin volverte un troglodita que grita “¡LUZ!” al cielo, ya eres parte de una nueva élite: los visionarios del apagón. Gente que entendió que la civilización no se carga por USB. Que el progreso no está solo en la tecnología, sino en la capacidad humana de adaptarse, reírse del caos y construir con lo que haya a mano (en la plaza de Olavide, una fiesta, por ejemplo).
Puedes fundar tu propio consejo de sabios, llevar una capa hecha de cortinas y proclamar las nuevas leyes del civismo sin red eléctrica. ¿Demasiado? Tal vez. Pero alguien tiene que escribir la constitución post-luz. A lo mejor eres tú.
El accesorio definitivo: guantes para tocar realidad
Por último, y como broche de oro de este kit, te recomiendo adquirir un par de guantes (figurativos o no) para tocar la vida sin filtros. Porque cuando ya no hay pantallas ni asistentes de voz que te digan qué pensar, vas a tener que tocar, sentir, oler, vivir.
Y ahí, en ese regreso incómodo pero visceral al mundo real, descubrirás que la civilización no se perdió: estaba esperando que alguien volviera a encenderla desde dentro.
No necesitas luz para brillar. Solo un poco de sentido del humor, algunas habilidades olvidadas y mucha, pero mucha, disposición a parecer raro durante un tiempo. Porque al final, sobrevivir sin electricidad no se trata solo de conservar la comida: se trata de no perder el alma, el ingenio… y el sentido de comunidad.
Y si todo falla, siempre puedes hacer como en la Edad Media: escribir este artículo a mano, enrollarlo en un pergamino y lanzarlo al viento. Con suerte, algún otro náufrago eléctrico lo leerá… y reirá contigo. Saludos, familia y amigos. Seguimos aquí. Conservemos la civilización. Aunque perdamos todo, podremos volver a encender la luz.
Acerca de
FicciónConspiración y complicidad, idea de la luz y las sombras
Nos dedicamos a contar la luz y… las sombras, eso que se oculta en lo cotidiano, lo invisible, lo silenciado. Escribimos para dar forma a lo que no siempre se ve…
Tú lees. Nosotros escribimos. Entre medio hay un silencio compartido, una respiración que se parece a la de los libros cuando duermen. Y sin embargo, este blog no se escribe solo. Hay teclas que se gastan, noches que se estiran, gatos que maúllan en medio de una frase, y cafés que se enfrían mientras la palabra exacta juega a esconderse.
Si alguna vez algo de lo que leas aquí te hace fruncir el ceño con gusto, sonreír de reojo o releer un párrafo como quien vuelve a escuchar un viejo disco, bueno, quizás podrías suscribirte. Una mínima conspiración entre tú y nosotros para que este raro rincón siga existiendo en este mundo digital cruzado de energía.
No hay obligación, claro. No se obliga a nadie a leernos. Pero si te nace, si se te ocurre, si el corazón o el bolsillo te lo permiten… hay un botón por ahí. No muerde. Solo tiembla un poco. Suscríbete.
Giuseppe Ungaretti
No ficciónLa meta es partir. Giuseppe Ungaretti
Giuseppe Ungaretti (1888-1970) fue un poeta y ensayista italiano, considerado uno de los más importantes del siglo XX en su país. Nació en Alejandría, Egipto, en una familia de origen italiano. Desde joven, mostró una gran pasión por la literatura y la poesía, y comenzó a escribir a temprana edad.
En 1912, se trasladó a París para estudiar literatura y filosofía en la Sorbona. Allí entró en contacto con los movimientos artísticos y literarios más innovadores de la época, como el cubismo, el futurismo y el simbolismo. Estos encuentros tuvieron una gran influencia en su obra, que se caracteriza por la brevedad, la intensidad y la sencillez.
En 1914, estalló la Primera Guerra Mundial, y Ungaretti se enroló en el ejército italiano. Participó en diversos frentes de guerra, incluyendo el de la isla de Caporetto, donde tuvo una experiencia traumática que marcaría su obra para siempre. En 1916, publicó su primer libro de poemas, «Il porto sepolto» («El puerto sepultado»), que fue muy bien recibido por la crítica.
Después de la guerra, Ungaretti regresó a París y comenzó una carrera académica como profesor de literatura italiana en varias universidades francesas. Continuó escribiendo poesía y ensayos, y se convirtió en una figura destacada de la vida cultural italiana. En 1936, regresó a Italia para enseñar en la Universidad de Roma, y en 1952 obtuvo la cátedra de literatura italiana en la Universidad de Milán.
A lo largo de su carrera, Ungaretti recibió numerosos premios y reconocimientos, tanto en Italia como en el extranjero. Fue miembro de la Academia de los Lincei y de la Academia de Italia, y en 1958 recibió el premio internacional de poesía «Petrarca». Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas y ha sido objeto de numerosos estudios y análisis críticos.
Giuseppe Ungaretti falleció en Milán en 1970, dejando una obra poética que sigue siendo una de las más importantes de la literatura italiana del siglo XX. Las obras más importantes de Giuseppe Ungaretti son:
- «Il porto sepolto» («El puerto sepultado»): Publicado en 1916, este fue el primer libro de poemas de Ungaretti, y es considerado una de las obras más importantes de la poesía italiana del siglo XX. Los poemas de este libro tratan sobre la experiencia de la guerra y la pérdida, y están marcados por una gran intensidad emocional y una gran concisión.
- «Sentimiento del tiempo» («Sentimento del tempo»): Publicado en 1933, este libro representa una evolución en la obra de Ungaretti, en la que comienza a explorar temas más existenciales y metafísicos. En este libro, el poeta reflexiona sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y la búsqueda de la verdad.
- «La vita dei campi» («La vida de los campos»): Publicado en 1954, este libro es una recopilación de los poemas que Ungaretti escribió durante su estancia en el campo durante la Segunda Guerra Mundial. Los poemas de este libro son de una gran sencillez y profundidad, y reflejan la relación del poeta con la naturaleza y con su propia identidad.
- «Un grido e paesaggi» («Un grito y paisajes»): Publicado en 1952, este libro recoge la poesía de Ungaretti desde 1936 hasta 1952. En él se aprecia una evolución en la obra del poeta, que se aleja de la poesía puramente emocional para adentrarse en temas más universales y filosóficos.
En general, la obra de Ungaretti se caracteriza por su lenguaje conciso y su estilo sencillo, pero profundamente evocador. Sus poemas son reflexiones sobre la vida, la muerte, la guerra, la naturaleza y la identidad, y reflejan una visión del mundo marcada por la angustia existencial y la búsqueda de la verdad.
Aforismos (Leonardo da Vinci)
FicciónAtención: fichero muy grande, pulse en el título para verlo.
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FicciónQuería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!
Gotas de lluvia.
FicciónEn el antiguo reloj hacia un rato que habían sonado las cinco. En la casa sonaba el silencio del domingo. Fuera el viento movía lentamente las hojas del olivo. Las ramas de los árboles desnudos permanecían impasibles. Las gotas del agua de la lluvia, caida poco antes, brillaban en la hierba reflejando los rayos del tímido y acuoso sol de la tarde, pugnando en ocasiones con los nimbos y cirros que cubrían trechos del azul celeste. Todo llamaba a la tranquilidad y el sosiego. El libro clamaba, con celos, para recibir sus caricias y ofrecer su envolvente historia. La música colaboraba para ofrecer un ambiente acogedor, intensamente relajado y profundamente propenso para hacer una inmersión disfrutando de la lectura. La escritura podía esperar un poco más, ya estaba acostumbrada a ello.
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Poesía$ky
-Entonces, mátalo… -Para empezar, vale.
-No me escuchaste. -Sí… ¿Qué decías?






a las 10 en casa
a las hojas del arce
a las nubes del monte
a mis princesas
A partir de hoy, cuando te dirijas a mí, empieza por la palabra ‘adiós’.

a sueldo de Moscú
a una amapola
a veinte bajo cero




Ahasvero es el judío errante
ahora que me voy
Ahora, Susana, las sonrisas son para ti.
al mendigo
Al mudo cobijo de tus bosques axilares
al oscurecerse el monte
Al pálido palacio del débil desconsuelo
al subir una loma
al viejo gallo
alba de estío
algo me han dicho
Algo que contar
alrededor de la garza
alzado
amandoossodia
ambienteg
Amemos el haiku
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EfÃmera
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El aldabón acuña la moneda de la llamada.
El ácido bórico tiene ternura para los ojos
El bebé se saluda a sí mismo dando la mano a su pie.
El beso es una nada entre paréntesis. {}
El beso, ¿es un préstamo o un regalo?
El Blog de Enrique Dans
El Blog de Loretahur
el blog de pepi
El blog del futuro del libro
El café con leche es una bebida mulata.
El caudaloso riachuelo estaba seco ahora
el cazador de libélulas
el cerdo agridulce
El ciclista es un vampiro de la velocidad.
El colchón está lleno de ombligos.
EL CONCEPTO DE FICCIÓN
el día de hoy también
El despertador mete en la casa un ruido de peluquería, cortando el pelo del tiempo a la tijera.
el despertar tranquilo
El director de orquesta aletea sin alas.
el dulce aroma
El enjuagatorio del alma es la jaculatoria.
el equipo t
El Escritor
el frío
El gato cree que la luna es un plato de leche.
el gran bosque sería
el grácil sauce
el haijin con su haiku
El huevo nos mira con su roja pupila interior.
El humo no logra pintarle bigote al cielo.
El jardín se fuma en pipa las hojas caídas.
el jefe de los bandidos
El jugo pancreático es el jugo más griego que poseemos.
el ladrón olvidó
El libro es una sopa de letras ordenada.
El lunar es el punto final del poema de la belleza.
El Mar de las Tormentas
el mar oscurece
El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender.
el mundo cabe
el mundo está loco
El ombligo se quedó guiñando el ojo
El piano de cola se hace pajas musicales.
El picnic ha terminado: no tenemos hormigas rojas.
El poeta multimedia
El polvo está lleno de viejos y olvidados estornudos
el propio corazón
el que os mira
El rebuzno es un suspiro frenético
El refugio de Orpheus
El reloj nos va afeitando la vida.
el riachuelo va
el rojo atardecer
el ruiseñor
el sapo de este matorral
El sexo aligera las tensiones y el amor las provoca.
El sueño es un depósito de objetos extraviados.
El tenedor es el peine de los tallarines.
el vendaval
El Ventanuco
el verano lo viste
el viento de otoño
el viento ha pasado
elastico
elblogsalmon
eldoctorhache
Ellos continuaban sin parar.
elqudsi
elquemuchoabarca
elsabanon
elsacoroto
elsentidodelavida
elviajeaningunaparte
elvoyeur
emcatarse
emerecindo
emezeta
emigrando
en diecisiete sílabas
en el azul, cómo sube
En el desierto
En el hipo tropieza nuestro aliento para convertirse en desaliento
en el horizonte azulísimo
En el murmullo se cuecen las palabras
en el que comeré caquis
En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.
en este sucio mundo
en guerra eterna
en la campiña
En la gruta bosteza la montaña.
en la ventana indiscreta
en las tinieblas
En los eternos mares de arena
En los hechiceros impulsos de las ineptas lujurias del esclavo
En los mustios calveros de las plazas públicas
en mi barca yo solo
en mi vida anterior
en mini falda
en oriente se apilan
en páramos quemados
en primavera
en ruiseñor
en su sonrisa
en tierra firme
en tu correo!
enberlin
encuentros aleatorios
enelcaos
Enervando, incluso, a los frívolos y espléndidos borrachos
Engadget
enjambreliteral
enlavalla
enriquedans
Entenderemos el ruido y la borrachera si te quedas aquí.
Entonces le dio una palmada y despertó sobresaltado.
Entre el sillón de un ministerio y estar fuera de la sociedad sólo hay un paso en falso.
entre retoños
entreteneos jugando al amor
Era el hombre más viejo del mundo
Era evidente que a la madrastra no le gustaban los niños.
Era uno de esos días en que el viento quiere hablar.
erebe
Eres un imbécil y un desconfiado porque cuando te digo que eres un imbécil no te lo crees.
Erotismo na Cidade
error500
Error500 | Tecnología + Internet + Conocimiento
es ahora otra cosa
Es guapo, pero cuando se le habla no entiende todos los verbos.
Es tan estúpido que necesita un test de inteligencia para sonarse la nariz.
Es triste que el interior de los baúles esté empapelado de pasillo.
es una mariposa
es ya mi aldea
es.appleweblog
Esas ineptas e inmundas que huríes se creyeron
escalextric
escolar
Escolar.net – Ignacio Escolar
escritor
escritores
escritores
Escritores aficionados
Escritores da História
ESCRITORES NOVATOS
Escritores.
escritoresdominicanos
escritos
EsCrItOs
EscritoS
Escritos
escritos
Escritos Profanos
Escritos…
escritoscarolina
escritura de pájaros
Espacio de mabel
espartakocc
Espero que algún día alguien te diga lo que realmente pienso de ti.
espiadelbar
esquivaesto
esquizopedia
Estaba tan cansado que me quedé dormido allí mismo
Estación: claridad
estamos a salvo
está el árbol en flor
está lo que más importa
Estás pálido, triste… Se diría que eres abstemio.

este camino
Este chaval quiere ganar con su cara un concurso de caretas sin mover un músculo facial.
Estos dramáticos mendigos de la oportunidad
estoy solo
estoy viendo flores caídas
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La Dama de Elche es la primera mujer que gastó auriculares.
La diferencia entre la muerte y el sexo es que la muerte es algo que puede hacer uno solo y sin que nadie se ría de ti.
La economía es un arma. La política consiste en saber cuando apretar el gatillo.
La eternidad envidia lo mortal.
La exiliada ingenuidad de los coros celestiales
La ficcion derrotada
La gaita canta por la nariz.
La jirafa es el periscopio para ver los horizontes del desierto
La lagartija es la rendija verde de la tapia.
la larga oruga
la lejana montaña
la lengua
La liebre es libre.
La lira está hecha con los cuernos del poeta
La lluvia se puso a teclear en su máquina de escribir.
la luna en la ventana
La luna es el ojo de cristal del cielo.
La luna es la lavandera de la noche.
La luna es la mujer que gasta tacones más altos
La luna pone en el bosque luz de cabaret.
La luna sobre el mar es aviador y buzo
la luna sobre la plaza
la luna y el trébol
la maté por un yogur
la mentira
la mitad de las flores
La muerte es hereditaria.
la mujer objeto
La mujer se pinta las uñas para tener diez corazones a mano.
La niña vudú
la nieve pegajosa
la nieve sobre mi manta
la orgía perpetua
la patata de la libertad
la página definitiva
la que ronda mis ojos
La razón pura es un pasquín en blanco
La sandía es una hucha de ocasos.
la sombra de una cometa
La sorpresa más grande que puede dar un tonto es detenerse.
la tarde y la montaña
la tempestad
la tormenta en un vaso
La tortuga está perdida porque lleva el mapa a la espalda.
la vasta noche
La vida es como una caja de bombones. Nunca sabes qué sabor te va ha salir.
La vida es estar cayendo hasta el fragor de la muerte
la voz de la cigarra
la voz del viento
labitacora.net
labitacoradelmonosabio
labrujulaverde
lacarceldepapel
lafotografia
lafragua
laiababel
lapalabra
lapastillaroja
lapenultimapalabra
lapetiteclaudine
Las Desdémonas
las dos manzanas
Las flores que no huelen son flores mudas.
las hojas secas
las hormigas arrastran
Las lilas son la blusa de percal de la primavera.
las partes de un todo
Las porcelanas nos acompañan en la vida, pero fríamente.
Las serpientes son las corbatas de los árboles.
las sotanas de Satán
Lágrimas rezagadas
le sobrevive
le sobrevive a todo
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lluvia de primavera
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Lo molesto de los barcos es que la salsa de espárragos no está nunca donde debe.
Lo que dijo Nicolás Pertusato
lo que ronda mis ojos
Lo que sepas o no me importa un bledo. De todas formas he decidido torturarte.
lo tiene todo
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Los archivos de Justo Serna
Los arcos de triunfo son elefantes petrificados.
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los gorriones
Los griegos se morían soltando palabras griegas por la boca.
Los insectos no hacen política. Son brutales. No tienen compasión ni compromiso. No se puede confiar en un insecto.
Los pasodobles debían tener dos autores.
Los párpados son persianas que nos protegen de la luz de la vida.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
Los pendientes son las pesas de las orejas.
los puntos cardinales
Los remos son las pestañas de los barcos.
Los senos de la bella están llenos de mariposas de besos.
Los tramoyistas son los marineros del teatro.
Los tubos fluorescentes padecen de epilepsia.
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más me vuelvo a mirarlos
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Me acerqué a ella y me despedí con ternura.
Me gustaba la canción de aquella niña.
Me gustan las mujeres en bikini. No pueden esconder armas.
Me gustaría ser detective. Eso exige cerebro, coraje y pistola. Y yo ya tengo la pistola.
Me he convertido en el hombre que siempre tiene miedo de llegar a ser algo. Pero me siento muy feliz así.
Me he instalado definitivamente en la libertad provisional.
Me preguntó que si encontrar el amor físico era sucio y yo le respondí: “Lo es, si se practica correctamente”.
Me siento como si todo el ejército ruso en calcetines hubiese desfilado sobre mi lengua.
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Mi boca está tan seca que podría proyectar Lawrence de Arabia.
mi choza en primavera
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Muerto: boda con el ciprés.
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Mujer preocupada: doble sal en la comida.
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Ni tu magia podrá secuestrarme
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No confiéis demasiado en la raya blanca que divide la calle.
no encontrará ningún árbol
No es educado leer delante de la tele.
No es mala persona… si nos olvidamos de su apariencia, su inteligencia y su personalidad.
no es nada vivir
no hago nada
No hay nadie que soboree el agua como el pájaro.
No hay pulso. El corazón no late. Si la cosa no cambia, este hombre está muerto.
no hay telegramas hoy

no lloréis, bichos
No mandes a un pato a hacer la labor de un conejo.
No me gusta ver llorar a las mujeres. Nunca lloran por mí.

No soportaba el ruido de furias gobernantas
No tiene enemigos en el mundo. Sólo los amigos le odian.
no tiene nada
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Nunca hay que confiar en alguien que lleve una pajarita. La corbata cuelga para acentuar las partes genitales. ¿Por qué habría de confiar en alguien que quiere acentuar sus orejas?
Nunca he sido tan feliz como el día en que besé a mi madrastra olvidando que tenía un cigarrillo en la boca.
Nunca mezcles el hielo con el whisky, ocupa mucho espacio.
nuncajamas
O corren a mutilar sus repugnantes sombras de castrados
O en el regazo pérfido del cuello
O es el primer error que cometemos hoy o es que este tipo nos ha vendido el puente de Brooklyn.
O se asfixian en acostumbrados manjares
oberon
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ociocritico
ociotakus
oclcyc
octaviorojas
Odio las duchas frías. Me estimulan y después no sé qué hacer.



Oh, eso será tan fácil como pelar una tortuga.
oink
ojo al texto
ojobuscador
ojos en la escarcha!
Ojos Rojos

olganza
olor a crisantemos
Olvido las tibias gradas de oro de los campos de mies





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para conocer la flor del ciruelo
Para el ejército me declararon inutilísimo. Si hubiera una guerra yo sólo serviría de rehén.
Para una cantidad grande, ¡cuidado que es chico el cheque!
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pasó el ayer
pasó también el hoy
Patricia pondría nervioso al café.
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Pero las frutas maduras cayeron al suelo.
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Satén erótico y de musgo perfumado
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Sólo aprecias que funciona una vejiga cuando fluye.
sólo el monte Fuji
Sólo el sol puede dar vacaciones a las nubes.

sólo más hojas
sólo un viento que va
Scotland Yard estaba tras las pista.
scuaret
se adhiere a las cosas
se agarran a las hierbas
se apilan
se arriman al farol
se desata la bufanda
se incorporan etéreos
Se le antojaba frecuentemente…
se le olvidó
se me habrá ido hoy
se ondula el agua
se presenta
se refleja en los ojos
se siente orgulloso, el gatito
se va el estío
se va el otoño
se va la primavera
Se zambullen en el vaudeville vertiginoso
según tu antojo
sehizotarde
Semilla de otros tantos
senda del monte
sentidoweb
septemediciones
Ser rico no es tener dinero: es gastarlo.
Sergio Hernando » Archivos
sergiodelatorre
sferazero
Si el odio fuera un país, !yo sería la China!
si fueran cinco
Si te conoces demasiado a tí mismo, dejarás de saludarte.
Si tuviéramos que decir siempre la verdad a la clientela, no haría negocio.
Si tuviera una voz así, me colgaría de mis cuerdas vocales.
sigt
silose
sin cerebro
Sin duda aquello le recordó el brillo de las estrellas…
sin teñirse
sin tocar cosa alguna
sindefinir-riz
sinembargo
sinmiedo
sistemasdecisionales
skarcha
Slashdot: News for nerds, stuff that matters
Sobre corregüelas
Sobre el seto oxidado del afanoso otoño
sobre la arena
sobre la campana del templo
sobre la nieve
Sobre las tardes de otoño
sobre los campos azules de lavanda
Sobre praderas olvidadas del desierto
sobre una rama seca
sociedaddelainformacion
sofanaranja
solenoide
solitarioyfinal
solo.infames
solodelibros
sombras especulares
Son falsos e ingenuos hijos de madres olvidadas
son vagamente blancos
sopla el poniente
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studio
Study notE~LOGOS
Su Oriente derrotado de emociones falaces
su ropa sin doblar

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sueña que se convierte
sueños sin rumbo
sufriendo desengaños
sufriendo estaba
sufro distinto al ver
Super 45
Supergospel :: Música gospel
Surge la vana audacia del bastardo que alardea
sus caracolas
T
t-s-i
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tan cerca de mis ojos
tan lejos de mi vida
Tan Nada es la muerte
Tantas armas en esta ciudad y tan poco cerebro…
Tantos hombres y tan poco tiempo – Peluche
tarde de otoño
Tarjeta del suicida: una hoja de afeitar.
tú en esta choza
tú, caracol
Te amo. Pero no me hagas mucho caso. También amo a las moscas y a los incendios.
tecnochica
tecnogadgets
tecnogeek
tecnomaps
tecnorantes
telendro
Tenía una boca tan perferta, que se dudaba si la podría abrir.
Tengo la carne de gallina. De una gallina que ya tenía la piel de gallina.
Tengo necesidad de ti como de un grano en el culo.
Tepasmas.com – Curiosidades de Cine
terechacon
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That horde of crooks felt they’d more right to own

Thérèse no es fea porque tenga un físico difícil; es distinta.
the
The acid tongue with gourmet’s expertise









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They’re kings we’re mammal-cousins hi ho hum


Through the red eye – By NOlo
tiene una gota
Tierragramas ( cuentos )
tierrasdetormenta
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Tocar la trompeta es como beber música empinando el codo.
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todas
Todo acabó mal. Sin lo cual, nada acabaría.
Todo contrato tarda un rato.
todo en calma
Todo Música
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Todos sabían que era amable pero anciana
tomasmartin
torreholderlin
torresburriel
totumrevolutum
Trabaja deprisa y no ensucies mucho el suelo. ¿Qué más se le puede pedir a un pintor?
trabajarsinconexion
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Tranquilo solloza en el equívoco camino
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tras el chubasco
Tras el sonámbulo telón de las farándulas
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Tu entrada al abismo
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un arroyuelo
un mendigo me mira
un par de casas
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un viejo estanque
un viento fresco
Una cosa que no sé si ha sucedido nunca: que una golondrina se haya metido por el agujero de una guitarra colgada.
Una cuestión personal
Una de zarandajas
una mariposa
Una mujer que se va con su amante no abandona a su marido, lo libra de una esposa infiel.
una sencilla flor de papel
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Vagando en carreteras melancólicas, sombrías…
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viento del atardecer
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voces en el eco
voi ch’intrate


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While homeward thirsts to each quenched glass say yes



Whispers of Escapades
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With quill white-collared through his life will jog
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x-flash
xataka
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xavier duarte artigas
xolotl
Y bien, querido abuelito, si tu ponías esa cara todas las mañanas después de la boda, ¿cuál sería la de los entierros?
y canta el ruiseñor
Y chacales del desierto
Y de los sagrados linces
Y el vago impulso de brasas decorado
y en Nara
y escondido en la hierba
y la noche le quita cada día
Y padres infantiles, que acallan sus instintos
Y tan de egoísmo deletéreo desprovistas
ya lo he perdido
ya nadie lo recorre
Ya sin derrumbe del sonido que deja el bergantín
yaxelay
yo contra el mundo
Yo fui expulsado del colegio por copiar en el examen de metafísica; miré en el alma del muchacho que se sentaba a mi lado.
Yo por norma nunca hago el amor antes de la primera cita.
Yo sufría de incontinencia cuando era pequeño y, como solía dormir con una manta eléctrica, estaba continuamente electrocutándome.
Yogur Griego
You’re lookin’ swell, Dolly
yukei
zifra
zona literaria aysen
zonageek

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