Carlos Fuentes y la identidad mexicana

No ficción
Figura destacada del gran movimiento renovador de la literatura en castellano que tuvo su auge en Hispanoamérica en las décadas de 1950 y 1960, el mexicano Carlos Fuentes (1928) ha recibido, entre otros, el Premio Nacional de Literatura de México en 1984 y el Premio Miguel de Cervantes de Literatura en 1987.

Un escritor que exploró la identidad mexicana

Carlos Fuentes fue uno de los escritores mexicanos más importantes del siglo XX, integrante del fenómeno denominado Boom latinoamericano. Su obra ensayística y narrativa reflexiona sobre la historia, la cultura y la política de México, así como sobre los problemas y desafíos de la modernidad y la globalización.

Nacido en Panamá en 1928, hijo de padres diplomáticos, Fuentes vivió una infancia cosmopolita que lo llevó a residir en varios países de América y Europa. Estudió leyes en la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza. Su vida estuvo marcada por constantes viajes y estancias en el extranjero, sin perder nunca la base y plataforma cultural mexicanas.

Su carrera literaria se inició en 1954 con el volumen de cuentos Los días enmascarados, donde ya se aprecian algunos de sus temas recurrentes: el pasado prehispánico, los límites entre realidad y ficción, la crítica a la burguesía y a la revolución traicionada. Su éxito se consolidó con dos novelas que son consideradas clásicos de la literatura hispanoamericana: La región más transparente (1958) y La muerte de Artemio Cruz (1962). En la primera, retrata la complejidad y el caos de la Ciudad de México, con sus contrastes sociales, culturales y políticos. En la segunda, recrea la vida y la agonía de un antiguo revolucionario convertido en un poderoso y corrupto empresario.

Fuentes fue un autor prolífico y versátil, que experimentó con diversos géneros y estilos. Entre sus obras más destacadas se encuentran Aura (1962), una novela breve de atmósfera fantástica; Cambio de piel (1967), una obra compleja que mezcla el erotismo, el horror y la violencia; Terra Nostra (1975), una ambiciosa novela histórica que abarca desde el imperio romano hasta el siglo XX; Gringo viejo (1985), una novela histórica basada en la figura del escritor estadounidense Ambrose Bierce; Cristóbal Nonato (1987), una sátira política ambientada en el año 1992; La silla del águila (2003), una novela política que retrata el México del año 2020; y La voluntad y la fortuna (2008), una novela que aborda el tema del terrorismo islámico.

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Aura es una novela corta macabra y perfecta, penetrada por un erostismo fantástico y fúnebre que desemboca imperceptiblemente en el horror.

Además de novelista, Fuentes fue un destacado ensayista, crítico literario, profesor universitario y diplomático. Entre sus ensayos se encuentran La nueva novela hispanoamericana (1969), Cervantes o la crítica de la lectura (1976), El espejo enterrado (1992) y Geografía de la novela (1993). Fue embajador de México en Francia entre 1975 y 1977, y recibió numerosos reconocimientos, como el Premio Rómulo Gallegos, el Premio Cervantes, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras, el Premio Internacional Alfonso Reyes y el Premio Grinzane Cavour.

Fuentes falleció en Ciudad de México el 15 de mayo de 2012, a los 83 años, dejando un legado literario impresionante y una huella imborrable en la cultura mexicana e hispanoamericana. Su obra es una invitación a conocer y comprender la identidad mexicana, con sus luces y sombras, sus contradicciones y esperanzas. Como él mismo dijo: “México es un país que no se acaba nunca”.

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Biografia de Carlos Fuentes

 

Carlos Fuentes – Wikipedia, la enciclopedia libre

 

Biografía de Carlos Fuentes | Historia y resumen cronológico
Carlos Fuentes fue uno de los escritores mexicanos más importantes del siglo XX, integrante del fenómeno denominado Boom latinoamericano. Su obra ensayística y narrativa reflexiona(…)

 

Biografía de Carlos Fuentes
Datos básicos del autor Carlos Fuentes, breve biografía de su vida y listado completo de sus obras como escritor.

 

Carlos Fuentes: libros y biografía autor
Autor y diplomático mexicano, Carlos Fuentes fue uno de los grandes escritores hispanoamericanos del siglo XX, siendo conocido especialmente por su maestría de la…

 

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Ficción

Quería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!

Skarmenti

Ficción

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

  • Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

a las 10 en casa

Julio Skarmenti

Ficción

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.

Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.

El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.

Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula.

A pesar de su empecinamiento, la mula sabía hacer su trabajo con el más esclarecido rigor y desenvoltura de las bestias faranduleras. Antes de elegir el mejor de los descampados de la ciudad, bien provisto de hierba fresca y abundante, recorría las más importantes plazas y calles del lugar, lo cual permitía a la familia Skarmenti anunciar a bombo y platillo -o a timbal y latón- su maravilloso y único espectáculo en el mundo. Espectáculo en el que todos tenían su papel asignado, desde la cabra, que no sólo daba leche a la familia sino también conciertos de pedorretas al público congregado, pasando por la troupe de fraternales saltimbanquis y odaliscas, hasta la genial y quimérica mulilla, que ataviada de tirabuzones y pantalón de tirantes predicaba su particular evangelio de rebuznos inconmensurables y reveladores. Evangelio, dicho sea de paso, ante el cual era imposible hacerse oídos sordos pues su estertor era fácilmente escuchado en diez millas a la redonda, provocando en más de una ocasión entre los asistentes, e incluso entre los ausentes, el llanto y crujir de dientes propios del juicio final.

Por la noche, con instinto felino, Julio escapaba del campamento familiar y recorría la ciudad. Poco importaba si la luna era un queso comido o recién hecho. Con igual habilidad, Julio caminaba entre las sombras dispuesto a encontrar los secretos escondidos que todas las ciudades guardaban durante el día y mostraban durante la noche a los valientes como él.

Caminó entre estatuas y ruinas apenas descubiertas por la espesa hierba, no comprendiendo como era posible que aquellas joyas pétreas estuvieran abandonadas a la intemperie. Pequeñas veredas se bifurcaban, dándole la oportunidad de sentir la náusea de la libertad que la mula les evitaba a diario con su clarividencia. Sentía que su propio destino estaba ahora en sus manos y, no sin zozobra, tomó el amplio paseo que conducía a un arco de triunfo. No pudo resistir la tentación de caminar bajo su sólido y único arco adornado de batallas y heroicos soldados. Por unos instantes oía a la multitud vitorearle y aclamarle. Un escalofrío, al mismo tiempo que un impremeditado sabor de victoria que no le correspondía, recorría su cuerpo. […]

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas…

Ficción

Julio Skarmenti pertenecía a una de esas extrañas familias de gitanos universales que recorrían el mundo en una tartana. Una de esas familias de saltimbanquis y latoneros cuyo destino estaba dirigido por una tozuda mula que elegía en cada encrucijada el camino que ninguno de ellos hubiera tomado.
Julio Skarmenti achacaba a esta circunstancia los terribles e insólitos parajes a los que arribaron repetidas veces contra su voluntad e incluso a pesar de los negros augurios de la abuela Trinidad. La vieja gitana, capaz de adivinar el futuro más incierto de la clientela, se obnubilaba ante las empecinadas elecciones de aquella vieja acémila.

—Mal fario – se limitaba a decir la abuela cuando la bestia tomaba el camino que todos los Skarmenti hubieran instintivamente evitado. Todos menos aquella terca y cojitranca mula del demonio que con su renca pata señalaba su suerte y la de todos sus contrariados dueños.

Entonces, Julio Skarmenti, el menor de los Skarmenti, se sentía perdido y su moreno y curtido rostro dejaba traslucir una leve oleada de angustia irracional ante el abyecto e inmediato futuro. Sus negros fanales se anegaban de aciagos presagios y hasta la brisa parecía flamear de un hedor maléfico y execrable. Subía a la tartana y, enroscado como una serpiente herida, dormía el último trecho del camino. Sólo despertaba al entrar a la ciudad, mientras su padre anunciaba, con el duro tintineo del latón, la llegada de tan insigne y nómada corte, descendiente directa de reyes y faraones del sagrado Nilo, obligada a errar en el destierro, y a ganarse la vida como saltimbanquis y latoneros por los polvorientos y ásperos confines del mundo, a causa de una caprichosa e ineluctable maldición del Gran Osiris. Y sólo entonces, el rostro quemado de Julio Skarmenti, se iluminaba seducido por la atónita e hipnotizada mirada de los niños ante semejante estafermo ambulante.
Nadie hubiera esperado que aquella troupe descendiera con tal algarabía esa cálida mañana de mayo por una de las siete colinas que rodeaban la ciudad. Parecían salidos de la nada o, transportados quizás por el caprichoso viento, de lejanos y exóticos países a través del espacio y el tiempo.
El pequeño Skarmenti bajaba, ya más animado, de la multicolor carreta y corría con descaro entre sus coetáneos haciendo sonar una flauta y ondeando un serpentilíneo gallardete mientras sus hermanos mayores agitaban los caireles o tocaban los improvisados timbales de la carreta y la madre y las hermanas hacían danzar sus vientres adornados de cascabeles y alaracas.
Los niños despertaban de su hipnosis y enseguida formaban una animada comitiva que también seguía a la obstinada y visionaria mula. […]

Microbiografía inédita de Eduardo Díez García

Ficción

«Nació en Jaén, el 17 de mayo de 1959. Como eterno muchacho de provincias, sin aspiraciones, ha intentado mantener su palurdez relativamente incógnita. Ahora dice que va a escribir… ¡Qué atrevimiento!»

Esto dijo, irónicamente, que pondría, en la contraportada, el editor al que presenté mis escritos. Pero yo no dije que quería escribir sino que quería publicar lo que llevaba escrito en la memoria. ¡En fin, los editores!

Facundo Cabral. Presente.

No ficción

Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida. Facundo Cabral

Nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, Argentina, y desde joven comenzó a dedicarse a la música. Su estilo musical se caracterizó por la fusión de diferentes géneros, como el folclore argentino, el rock, el pop y la música de autor.

A lo largo de su carrera, Cabral grabó más de 40 discos y escribió varios libros, entre los que se destacan «No estás deprimido, estás distraído» y «Este es un nuevo día». Sus letras, que combinaban poesía, filosofía y crítica social, lo convirtieron en un referente de la canción protesta en América Latina.

Además de su carrera musical, Cabral se destacó como conferencista y escritor de libros de autoayuda. Sus conferencias, en las que hablaba sobre temas como la libertad, la paz y la espiritualidad, tuvieron una gran repercusión en varios países de América Latina y Europa.

Tristemente, el 9 de julio de 2011, Cabral fue asesinado a tiros en Guatemala, donde había ofrecido un concierto. Su muerte causó conmoción en todo el mundo y su legado musical y literario sigue siendo recordado y valorado hasta el día de hoy.

A lo largo de su carrera, grabó numerosos álbumes y canciones. A continuación, te menciono algunas de sus obras más destacadas:

  1. «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá» (1970): Este es uno de los álbumes más icónicos de Facundo Cabral y contiene la famosa canción homónima «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá.»
  2. «En Vivo en la Argentina» (1984): Un álbum en vivo que recoge una actuación memorable de Cabral en su país natal.
  3. «Este es un Nuevo Día» (1987): Otro álbum que incluye algunas de sus canciones más populares.
  4. «Lo Cortés No Quita lo Cabral» (1991): Este álbum contiene una selección de canciones que reflejan la filosofía de vida de Facundo Cabral.
  5. «Pateando Tachos» (1996): Un álbum en vivo que presenta algunas de sus canciones más queridas.
  6. «Inolvidables» (2000): Una recopilación de sus éxitos más destacados a lo largo de su carrera.

Microbiografía inédita de Eduardo Díez García

Ficción

«Nació en Jaén, el 17 de mayo de 1959. Como eterno muchacho de provincias, sin aspiraciones, ha intentado mantener su palurdez relativamente incógnita. Ahora dice que va a escribir… ¡Qué atrevimiento!»

Esto dijo, irónicamente, que pondría, en la contraportada, el editor al que presenté mis escritos. Pero yo no dije que quería escribir sino que quería publicar lo que llevaba escrito en la memoria. ¡En fin, los editores!

Isla Mauricio

Ficción

Isla Mauricio, oficialmente conocida como la República de Mauricio, es una hermosa isla situada en el océano Índico, frente a la costa sureste del continente africano. Es conocida por ser un destino turístico popular debido a sus impresionantes playas, aguas cristalinas y paisajes exuberantes.

A continuación, te proporcionaré algunos detalles destacados sobre Isla Mauricio:

  1. Geografía: Isla Mauricio es la isla principal de un archipiélago que incluye otras islas más pequeñas, como Rodrigues, Agalega y Cargados Carajos Shoals. La isla principal es de origen volcánico y está rodeada por una barrera de coral, lo que crea hermosas lagunas protegidas.
  2. Capital: La capital de Isla Mauricio es Port Louis, ubicada en la costa noroeste de la isla. Es un importante centro económico y administrativo, además de ser un lugar donde convergen diferentes culturas y tradiciones.
  3. Idiomas y cultura: El idioma oficial es el inglés, pero también se hablan el francés y el criollo mauriciano, una variante del francés con influencias africanas y asiáticas. La población es diversa y multicultural, con raíces indias, africanas, chinas y europeas. Esta mezcla de culturas se refleja en la música, la danza, la gastronomía y las festividades de la isla.
  4. Playas y actividades acuáticas: Las playas de Isla Mauricio son espectaculares, con arena blanca y aguas turquesas. Algunas de las playas más famosas incluyen Belle Mare, Flic en Flac y Trou-aux-Biches. Además de relajarse en la playa, los visitantes pueden disfrutar de una amplia gama de actividades acuáticas, como buceo, snorkel, pesca, esquí acuático y navegación en catamarán.
  5. Parques naturales y vida silvestre: Isla Mauricio cuenta con una rica biodiversidad y diversos ecosistemas. El Parque Nacional de Black River Gorges es un destino popular para hacer senderismo y explorar la flora y fauna autóctonas. La isla también alberga especies únicas, como el dodo, un ave que se extinguió en el siglo XVII, y la tortuga gigante de Aldabra.
  6. Cultura del azúcar y plantaciones: Durante gran parte de su historia, Isla Mauricio fue conocida por su industria azucarera. Aún hoy, se pueden visitar antiguas plantaciones de azúcar y destilerías de ron para aprender sobre la importancia histórica de este cultivo en la isla.
  7. Clima: Isla Mauricio tiene un clima tropical durante todo el año. La mejor época para visitarla es de mayo a diciembre, cuando las temperaturas son más suaves y hay menos humedad. Sin embargo, incluso durante la estación húmeda, de enero a abril, la isla ofrece días soleados intercalados con lluvias tropicales.

Isla Mauricio es un destino turístico paradisíaco que combina hermosas playas, una rica historia cultural y una impresionante naturaleza.

Historia

La historia de Isla Mauricio abarca desde sus primeros asentamientos humanos hasta su posterior colonización por potencias europeas y su eventual independencia. A continuación, se presenta un resumen de los principales acontecimientos históricos de la isla:

  1. Primeros asentamientos: Antes de la llegada de los europeos, Isla Mauricio estaba deshabitada. Los primeros registros de asentamientos humanos datan del siglo X, cuando navegantes árabes visitaron la isla. Posteriormente, los marineros portugueses llegaron en el siglo XVI, pero no establecieron una presencia permanente.
  2. Colonización neerlandesa: Los neerlandeses fueron los primeros en establecer una colonia en la isla en 1638. La llamaron «Mauritius» en honor al príncipe Mauricio de Nassau. Durante su dominio, los neerlandeses introdujeron cultivos como la caña de azúcar y trajeron esclavos africanos para trabajar en las plantaciones.
  3. Dominio francés: En 1715, los franceses tomaron el control de la isla y la rebautizaron como «Île de France». Durante el período francés, la isla experimentó un desarrollo significativo, con la expansión de la industria azucarera y la construcción de infraestructuras.
  4. Dominio británico: En 1810, después de una serie de conflictos, los británicos capturaron la isla de los franceses durante las Guerras Napoleónicas. Mediante el Tratado de París de 1814, la isla fue cedida oficialmente al Reino Unido y pasó a llamarse «Isla Mauricio». Durante el dominio británico, se introdujo el cultivo de la caña de azúcar a gran escala y se trajeron trabajadores contratados de la India para trabajar en las plantaciones.
  5. Abolición de la esclavitud e indentured labor: En 1835, la esclavitud fue abolida en Isla Mauricio, pero se introdujo el sistema de indentured labor (trabajadores contratados) para reemplazar a los esclavos. Miles de trabajadores indios fueron traídos a la isla bajo contratos de trabajo, lo que dio lugar a una significativa influencia y presencia cultural india en Mauricio.
  6. Avance hacia la independencia: A lo largo del siglo XX, Isla Mauricio experimentó un crecimiento económico y político gradual. Se llevaron a cabo reformas políticas y se establecieron instituciones democráticas. En 1968, la isla logró su independencia del Reino Unido y se convirtió en una república dentro de la Commonwealth. Sir Seewoosagur Ramgoolam se convirtió en el primer Primer Ministro de la nación.
  7. Desarrollo moderno: Desde su independencia, Isla Mauricio ha experimentado un crecimiento económico significativo, impulsado por el turismo, la industria azucarera, las zonas francas y los servicios financieros. El país se ha consolidado como un centro financiero y de negocios en la región del océano Índico.

Hoy en día, Isla Mauricio es una nación multicultural y diversa, donde coexisten diversas comunidades étnicas y religiosas. Su historia colonial y su mezcla cultural han dejado una huella profunda en su identidad y patrimonio.

Itinerario de 10 días para un viaje de placer a Isla Mauricio:

Día 1: Llegada a Isla Mauricio

  • Llegada al Aeropuerto Internacional Sir Seewoosagur Ramgoolam
  • Traslado al hotel en Port Louis
  • Tarde libre para descansar y explorar los alrededores

Día 2: Descubriendo Port Louis

  • Visita al mercado central de Port Louis
  • Explora el paseo marítimo de Caudan Waterfront
  • Visita al Fuerte Adelaida
  • Opcional: Museo de Historia Natural o Museo Blue Penny

Día 3: Excursión a las Cascadas de Tamarind y Parque Nacional Black River Gorges

  • Excursión de día completo a las Cascadas de Tamarind y al Parque Nacional Black River Gorges
  • Disfruta de la naturaleza, haz senderismo y admira las cascadas y paisajes
  • Opcional: picnic al aire libre

Día 4: Playa de Belle Mare

  • Traslado a la costa este de la isla, a la playa de Belle Mare
  • Día de relax en la playa, nadando, tomando el sol y practicando deportes acuáticos
  • Explora los alrededores y disfruta de la gastronomía local

Día 5: Isla de los Ciervos y Snorkel

  • Excursión en barco a la Isla de los Ciervos
  • Disfruta de las hermosas playas y la vida marina
  • Haz snorkel en las aguas turquesas y explora los arrecifes de coral
  • Almuerzo en la isla

Día 6: Jardín Botánico de Pamplemousses y Sunset Cruise

  • Visita al Jardín Botánico de Pamplemousses
  • Explora la colección de plantas exóticas y especies endémicas
  • Sunset Cruise por las aguas de Isla Mauricio

Día 7: Excursión a la Isla de los Cocos

  • Excursión de día completo a la Isla de los Cocos
  • Disfruta de las playas paradisíacas y explora la isla
  • Practica snorkel y relájate en la tranquilidad del entorno

Día 8: Día libre en Port Louis

  • Día libre para explorar más de Port Louis
  • Visita lugares de interés adicionales, como la ciudadela de Port Louis o el Museo de Arte de Mauricio
  • Disfruta de la comida local y compra recuerdos

Día 9: Día de aventura en el Parque Nacional Casela

  • Visita al Parque Nacional Casela
  • Disfruta de actividades emocionantes, como safaris en quad, encuentros con leones y paseos en tirolesa
  • Explora los hermosos paisajes del parque

Día 10: Día libre y partida

  • Disfruta de un último día en la playa o explora los alrededores de tu hotel
  • Traslado al aeropuerto para tu vuelo de regreso

Recuerda que este itinerario es solo una guía y puedes personalizarlo según tus preferencias y tiempo disponible. Asegúrate de verificar los requisitos de viaje y realizar las reservas necesarias con anticipación. ¡Disfruta de tu viaje a Isla Mauricio!