- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
- El reloj despertador es un gallo de acero.
- La luna es el espejo de los enamorados pobres.
- La risa es una erupción instantánea.
- Las golondrinas son pájaros vestidos de etiqueta.
- El lápiz escribe bostezando.
- El cigarro es el palo de las fiestas solitarias.
- El gato es un tigre de salón.
- La estrella fugaz es la lágrima de un deseo.
- El tren se traga las estaciones sin saborearlas.
- El paraguas es un sombrero que se suicida.
- Los zapatos tienen la cara triste del que trabaja.
- El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
- La nube es el pañuelo del cielo.
- Las rosas tienen más espinas que disculpas.
- El eco es el alma de las voces.
- El bostezo es un suspiro que se aburre.
- La jirafa es una grúa que come hojas.
- La nieve es la caspa del cielo.
- El espejo es el primer invento de la vanidad.
- El pavo real es el abanico de la vanidad.
- El pez es el único animal que se ahoga fuera del agua.
- La barba es la hierba que crece en el silencio del rostro.
- La calvicie es una playa sin olas.
- El semáforo es el ojo que vigila sin parpadear.
- El ascensor nos sube la autoestima.
- El cuervo es el abogado de la muerte.
- Las lágrimas son la sangre de los ojos.
- El faro es el ojo tuerto del mar.
- La niebla es el fantasma del aire.
- El beso es el truco de la boca.
- El ventilador es el pájaro mecánico del verano.
- El vino da sueños colorados.
- El teléfono es el timbre de los ausentes.
- El humo es el alma de lo que se quema.
- La mosca es el punto final de la siesta.
- El piano es una máquina de suspiros.
- La silla vacía es la ausencia hecha mueble.
- El pan caliente tiene alma.
- El bostezo es un grito sin ruido.
- El otoño es el andén de las hojas.
- La lluvia son lágrimas que no son de nadie.
- La bicicleta es el esqueleto del caballo.
- El fósforo es el estornudo del fuego.
- El sol es el pan del día.
- El silencio es el único paisaje que no cambia.
- La luna se peina en los charcos.
- La cabra es el paréntesis de la montaña.
- Las mariposas son flores que aprendieron a volar.
- La llave es el confidente de las puertas.
- El bostezo es una carta sin dirección.
- La lámpara es la luciérnaga doméstica.
- La muerte es una señora vestida de olvido.
- El murciélago es el ratón con paraguas.
- El acordeón es el fuelle de la música.
- El reloj es el dictador del tiempo.
- El papel es el eco de lo que pensamos.
- El beso es un punto y coma en el diálogo del amor.
- El zapato aprieta más cuando se va el amor.
- Las canas son las flores del tiempo.
- La chimenea es la nariz de la casa.
- El globo es un niño que quiere volar.
- El gato ronronea porque tiene el alma llena de cascabeles.
- El caracol lleva su casa a cuestas porque tiene miedo de perderla.
- El frío es el silencio del calor.
- La vejez es la niñez vuelta al revés.
- El espejo es el cómplice de Narciso.
- La radio es el periódico que habla.
- El mar es un sueño de agua.
- El cine es el circo de las sombras.
- La aspirina es la novia del dolor de cabeza.
- La cebolla hace llorar por dentro.
- El sollozo es la manera de llorar por dentro.
- Las cartas de amor se escriben sin tinta.
- El gato es la sombra con bigotes.
- La biblioteca es el cementerio de los pensamientos vivos.
- El ascensor es la montaña rusa de los edificios.
- La escalera es la lengua de los pisos.
- El paraguas se convierte en bastón cuando deja de llover.
- La escoba es la pluma con que se escribe en el suelo.
- El helado es el suspiro del verano.
- El tranvía es un gusano de hierro.
- La mecedora es la cuna de los abuelos.
- El cigarro es la bandera del ocio.
- El bigote es el toldo de la boca.
- El peine es el verdugo del enredo.
- Las campanas son el idioma de las torres.
- El pan se parte con respeto.
- La vejez es el invierno del cuerpo.
- El calendario es el carcelero de los días.
- Las pestañas son las persianas del alma.
- El corazón tiene razones que el pulso ignora.
- La almohada es el confidente de las noches.
- El beso robado es el más dulce.
- El bostezo es el abrazo del aburrimiento.
- Las tijeras son las serpientes mecánicas.
- El vino rojo es la sangre feliz de las uvas.
- La lluvia es el llanto del cielo.
- El tren es el lápiz que dibuja caminos.
- La sonrisa es el idioma más corto del mundo.
fantasma
Los fantasmas del aire
FicciónAndaba sola por la ciudad, como si el aire mismo susurrara oraciones antiguas que sólo los pájaros y los sacerdotes olvidados podían comprender. Era una tarde roja, florida de humo y de plagas, y cada paso que daba resonaba como un eco en una estancia donde alguna vez se celebró una boda de oro, ahora mortalmente vacía.
En el fondo de mi pensamiento, ardo. No sé si por la injusticia, por el cansancio, o porque me he estado acostumbrando al riesgo como quien se acostumbra a los cacharros rotos de una casa vieja, donde hasta el satén se ha vuelto áspero. Bebían los visionarios en las esquinas, hablando de eternidad y de fatalidades lícitas, mientras yo, esclava de apetitos que no eran míos, suspiraba por delicias que había dejado atrás.
«No pienses, vuela», me decía una voz, tal vez la de un filósofo francés, tal vez un fantasma. Pero yo pensaba. Pensaba en lo que querría decirle a esa Angélica de otras partes, la que fui, la que oigo aún cuando todo calla: «Ejercítate en el arte de eludir las hechicerías de lo sensible, porque cuanto más dependas de ellas, más caerás».
Había quienes se apostaban en las puertas como si fueran sacerdotes del abandono. Me enfada pensar en tales avaros del alma, tan necios, tan tranquilos en su sobriedad forzada. Porque yo sé que no es sobrio quien no ha conocido la embriaguez de la pérdida.
En ese lugar, donde se veían pinturas desgastadas por los diluvios y se recogían evidencias de amores enterrados como tumbas, todo parecía prepararse para un nuevo ataque del tiempo. Yo misma, borracha de tanto decir, había dejado partes de mí esparcidas por el suelo como si fueran restos de un rebaño disuelto.
Y sin embargo, en medio de tanto olvido, en medio de la ciudad vencida, hubo un momento en que me incorporé. Porque aunque no es lícito abandonar lo bueno por miedo a la caída, a veces caeré… y está bien. Algunos vuelan, otros se quedan, pero todos necesitamos ese lugar donde los fantasmas sean leves y las oraciones tengan sentido.
Piensa esto: incluso en la injusticia, incluso en la tumba, incluso en el fondo más hondo de tu cansancio, si escuchas con atención, oirás —muy quedo— que no estás sola.
Nos vieron no
PoesíaNo nos vieron juntos.
Nadie.
Como dos piedras metidas al revés en el mismo zapato.
Ella, carácter de fuego muerto,
bebida como ternura quebrada,
desgarrada por los colmillos del tiempo.
Aparte quedó mi luto,
tirado como abrigo de enfermo
en la silla del confesor sin voz.
Celosos los días,
celoso el pan que no mordimos,
y el peligro…
el peligro era verte
sin sufrir.
Pero qué victoria tan sencilla:
la del que pierde con los ojos cerrados.
¡Idiotas!
Me esperaban, mutilados de sí,
con su alegría renga,
su domingo sin almuerzo.
Qué despreciables.
Conducían sin permiso
por aquella carretera polvorienta
—ni Dios los miraba—.
Yo, sin una sola alegría,
les olfateaba el alma
como un perro
que aún recuerda a su amo
pero ya no le cree.
Ella dijo:
«Existiremos».
Otórgame guerras, cerdo.
Soñé.
Soñé con formas inertes,
cáncer de infancia,
y fantasmas tan pequeños
que cabían en mi ombligo.
Luchaba.
Luchaba por inventarme otra biografía.
Pero pesa.
Pesa la sangre cuando no la llaman.
Pesa un sí cuando no lo firma nadie.
Yo conducía,
extraviado en los misterios que bostezan.
Como durmiendo
con los párpados abiertos.
Estaríamos.
Eso me dije.
Adonde sea, pero estaríamos.
Hagamos lo que hagamos,
será lamentable.
Lo primordial
ya se fue con los zapatos puestos.
Los malvados
se alejan con la bondad en los bolsillos.
Los fuertes desean suerte
y reciben magia rota.
El fantasma de ella
me arrodilla por dentro.
No puedo suponer que no está.
No me dejan.
Hete aquí:
yo,
en pie,
entre reyes vencidos,
coronado de silencio.
Pero él,
ese yo remoto, con fiebre y costillas,
aún ama los estribillos
como quien ama
un clavo
en la garganta.
Confesiones poéticas
PoesíaDesvelar tras el humo,
una verdad en ruinas,
que se desliza entre las sombras
como un fantasma de carne y alma.
Recibirían, locuras enganchadas a las carnes,
gallos y sapos, ingenuos,
danza de bestias en el eco del abismo,
quien hubiera habitado tu cama
tan segura de sí misma,
blindada del combate de los días.
Pero el mundo se desgasta
y el sabor que dejaste
en mi lengua es un grito silenciado,
un eco amargo en el laberinto de las obligaciones.
Rodábamos, sí,
por dramas que no eran más que espejos rotos,
fragmentos de vidas ajenas
en los que nos ahogábamos sin querer.
Pero todo tiene un precio,
y la cuenta debería pagarse
en muebles de poder y de olvido,
en silencios que ahora ya no duelen.
Ni tu magia,
ni tus palabras,
ni tu caricia escapista
podrán secuestrarme.
Soy dueño de mis cadenas,
de mi sacrilegio compartido,
de este grito insostenible
que rasga el aire
y cae como lluvia en la tierra baldía.
Ambos necesitamos
gritar a las orugas,
a esos gusanos que transforman,
que destruyen para crear,
que nos llaman a renacer
en un mundo que aún no conocemos.
Atraed, narrador,
con tus cánticos espirituales
y tus avellanos mágicos,
lleva este caos hacia un destino nuevo,
donde las sombras se disuelvan
y la luz se forje
en la fragua de nuestros propios deseos.
Wiki
FicciónQuería evitar herirle en los ojos e instintivamente me dirigí a la TommeO.Tal como le había dicho a NoNakis, prosiguió mi amiga, TraD pensaba proseguir los trabajos que le habían mantenido hasta ese momento.Durante esos diez años no sólo se desarrolló la nueva construcción del templo…—¿Verdad que KaeM era muy chistoso?, comentó emocionada MaoTe.—De un tiempo a esta parte, por todo el QaicmU han aparecido toda clase de GummivuT. Es realmente desagradable.Por la negra ventana se veía a Sigou abrazada a un JupcsI.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de TumiT que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera VoissE y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Me quiere como ella, libre de las cargas que la ataban a todos los convencionalismo al uso. Es así como comenzamos las construcción del MecisopVu.Reina guerrera casi inmortal, de belleza perenne y con la capacidad de hacerse entender en cualquier idioma aunque no lo domine.Por encima de toda apariencia, era necesario descubrir el camino de regreso, la puesta de sol se acercaba y nadie pensaba en otra cosa que no fuera volver, antes del trágico desenlace. Era imprescindible abrir nuevas puertas lógicas con la esperanza de dar, aunque sólo fuera por casualidad, con la salida.Un templo con suelo de baldosas rojas y negras y UnTrono entre la ColumnaJakin, columna azul que representa a una hembra joven desnuda y bella, y la ColumnaBohaz, columna roja que representa a una mujer vieja y zarrapastrosa que mira envidiosamente a la joven. Entre ambas hay UnaPuerta. HEH, el gran sacerdote, gordo y seboso, aparece sentado en su trono comiendo todo tipo de viandas de UnaCesta. El cetro termina en una triple cruz de metales y piedras preciosos, cuyos extremos redondeados dan lugar a ElSeptenario. Aparecen también dos fieles arrodillados, uno DeRojo, que levanta su mano con ira exigente como pidiendo favores, y otro DeNegro, que deja caer perezosamente su mano como pidiendo perdón. Música religiosa de órgano.Un faro dando vueltas con UnaPuerta de entrada de la que parte UnCamino, que es de piedras rectangulares a lo largo de la parte más alta de un acantilado en ElMar. Hay UnRío navegable con un pequeño embarcadero en el que hay un ViejoBote abandonado en el suelo y un carro para uncir un asno. Sonido de sirenas, marea y oleaje.Un desierto de piedras y arena, cerca hay Un Precipicio y Un Obelisco derribado. Hay Un Cocodrilo y un Lince Blanco que muerde a Tau Mat Urge, el loco del desierto. Silencio, estatismo, leve zumbido de una mosca. Zumbido progresivamente más intenso de algunas moscas hasta convertirse en un fuerte zumbido de muchas moscas.Un santuario con suelo de baldosas blancas y negras. Hay un trono entre dos cariátides, La Jakin, roja y La Bohaz, azul, unidas por el velo que cierra la entrada o La Salida del templo. Rezos, cantos, sombras y luces. BETH, la gran sacerdotisa con Una Corona, se apoya sentada sobre La Esfinge de las interrogaciones cósmicas, tiene Un Libro entreabierto en la mano derecha y unas llaves en la izquierda, Una Dorada y Otra Plateada.—Alguien había hablado de ”beinzin”, pero ¿cómo se pronunciaba correctamente aquel nombre extraño en el idioma IrqEpUm?Las trampas estaban colocadas con extremada maldad, ocultas tras aquella maleza indómita y la dificultad se acrecentaba a medida que el cansancio hacía mella en nuestras energías.Se improvisó una morgue en la casa más apartada del pueblo, los cuerpos se amontonaban como si fueran frutas podridas, comenzaron a llegar las gordas y verdes moscas que revoloteaban sobre los pies que sobresalían de las sábanas.Nuestro trabajo consistía en acarrear con los cuerpos desde la plaza del pueblo, donde cinco horas antes habían sido ajusticiados hombres jóvenes, ancianos, mujeres e incluso algún anciano desdentado, todos ellos musulmanes.Me asaltó una duda ¿en qué dirección se encontraba La Meca? Puesto que nos habían encargado que les diéramos sepultura, era de justicia que tuviéramos la precaución de enterrarlos mirando a La Meca, aunque ¿de qué sirve mirar si ya no hay nada que ver?Entablé un discusión con Padov puesto que él se negaba a enterrarlos conforme a sus creencias, al final le convencí, los pusimos envueltos en un sudario blanco, paralelos, con las manos cruzadas sobre el pecho y mirando a la Meca.Aquella jornada fue agotadora, me lavé la cara y las manos con furia, el olor y la visión de todos esos cuerpos no dejaron que pegara ojo en toda la noche.El fantasma colectivo de aquellos muertos me velará cada una de las noches que me queden por vivir.Las familias de los cuerpos que yacían a dos metros de sus pies se consolaban las unas a las otras como queriendo descubrir un sufrimiento mayor en el rostro de los demás. Pero, en el fondo, ellos sabían que todo formaba parte del mismo engaño, del mismo dolor, de la misma miseria.Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan abierta de mente como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la ciudad, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su cerebro, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un atardecer esplendoroso.Aquellas riberas eran de un amarillo quemado. Subimos hasta las colinas y nos quedamos contemplando el espectáculo de colores que el cielo nos regalaba en ese momento. Se respiraba olor a verdadera tierra mojada y extasiados por aquel inesperado goce de los sentidos mantuvimos un largo y contemplativo silencio.Por lo general, cuando recuerdo el día en que terminaron las guerras internas, tengo la impresión de haber hecho el mismo recorrido que el día en que Petra vino a visitarme a mi casa y se quedó plantada en la puerta de la calle. Desde la bifurcación, era difícil encontrar otra vez el camino de vuelta a casa. Afortunadamente mi orientación era entonces más instintiva que lo es ahora y, tras varios días, logré llegar al pueblo. La guerra hacía estragos allí también y no pude quedarme durante mucho tiempo. No lograba mi objetivo. El país arrasado, Petra de nuevo perdida o quizás algo peor. Aunque yo bien sabía que era muy capaz de sobrevivir en las condiciones más extremas, no estaba ahora tan segura. Todos perdimos parte de nuestros instintos. Eramos más débiles. Pregunte de nuevo por Petra, antes de mi partida, y nadie me dio señales de ella. Había perdido definitivamente todas las referencias.El General Mislov, mientras tanto, daba cuenta de un copioso almuerzo en el único restaurante que se encontraba abierto.Era una estupidez y, a pesar de todo, su empecinamiento la condujo a aquel extraño edificio de palabras. Era quizás el recogimiento, que propiciaba la tormenta o aquel ambiente cargado de electricidad, pero nada era reprobable en su conducta ahora que estaba allí.—Qué coño de limbo, joder!—Venid a mi InfiernO…No me abandonaría, como lo hago ahora. Podría jugar hasta el agotamiento. Decir y no decir es lo mismo. Entrar en la caverna prohibida con paso marcial y quedar tendida sobre el suelo, una vez acabado el negocio, sin dejarse alcanzar por el infundio tiñoso. Descubrir los infinitos mundos que aún no han sido inventados, manosearlos recién estrenados y guardarlos en el tarro del paraíso para fermento de los irrefrenables instintos. El viaje es la única forma de renacimiento posible. Contemplar el paisaje mientras pasa a tu lado raudo y resignado; y dejarse llevar por el cicerone del viento, mientras saboreas el tintorro de la tarde. Saludar al galgo que se cruza en tu camino y que vuelve preocupado por tu soledad elegida a que le acaricies el cuello de nuevo. Con su olfato pregunta a tus piernas porque andas vagando a aquellas horas por parajes solitarios y tristes, mientras la lluvia amenaza con espantar tu huida, reclamando con un perezoso permiso si puede acompañarte.Era generosa
como una garza japonesa. Con displicencia se contoneó con gesto canalla. Abrió el cerillero y encendió su cigarrillo rubio. La arboleda no quedaba lejos; hacía una tarde espléndida de mayo y azuzó a sus lebreles para que corriesen hacia el río.NoDete estaba alejado de la ciudad. Pero aquel alacrán se interpuso en su camino y aún le obligó a alejarse más del camino.—Alambra, cable, hilo, filamento… hay que encenagarse como un cerdo—Vaya idioma!—Eh! hay alguien ahí?—Esto es más raro que un perro verde—Vaya toalla!
Junio
FicciónOh luna silente que los árboles aman y eres sobre el llano dulzura de la sombra o niebla y resonancia en el alma dormida del paisaje.
Todas la rosas de la pálida luna caían, fantasmales, por la ventana abierta de tu cuerpo desnudo.
Estábamos juntos. Después lo he olvidado. (Walt Whitman)
Hazme, divino amor, la lluvia dorada de tus versos.
Limpios son los abismos de la ausencia. Como besos sin aire que no dejan huella. Como miradas que ni rastro dejan. Como la pena.
Hoy somos como los pasajeros de un vuelo perdido. Pasajeros del amor que no saben coger pista de aterrizaje.
A los pies que idolatro desplegada, Mano al fin de madurez inesperada, Otro rebelde henchido de mirada Repicará la carne desgarrada.
Como estrellas fugaces, todos los sueños se rompen. Fin?
Quiero aprender tu piel como mapa de un tesoro imposible, escondido en la isla de los sueños, en la playa arenosa de tus días, en tu mar.
El polvo sometido iza sus llamas, conteniendo de luz sólo las formas. Las fúlgidas espinas de mis lágrimas tristes sonríen a tus ojos.
Cerebro hueco: vergel de perversiones debajo del sombrero.
Acaríciame como la suave y fresca sombra de junio.
El amor eterno es inconcluso.
un viento cimarrón…
Poesíaun viento cimarrón cabalga
como vestigio mudo
tengo que caminar dos mil millas
aprendiendo sin sangre
de pálido gris que me estremece
hasta volver a mi lado del sofá
una fiera serenata
por ti bebe y brinda
no asoma el llanto
viejo lirio del campo
por ahora
nada, corre y vuela
regresa pronto
no importa el nombre
está aquí para quedarse
un audaz banquete de chorlitos
bailando en la calle
esa arena tan hija del mar
ligeros hay que cabalgar
hoy, cuando más joven soy
un himno que suena en lo lejano
otra chica, otro planeta
del arrecife al piélago
alodial
abandona tu sombría opinión
dónde estás?
escucha la música del céfiro
con azulado delirio
en los finales clandestinos
con juventud de mayo
el mundo está dispuesto
asciende vulnerable
serpiente fría del invierno
mi beso cuelga de tu labio
cada tibia mañana
relumbrando en mi cabeza
porque quiero escribir
el lago a donde va el cisne
estoy pensando en ti
incluso la bruja más vieja
se suicida
coreando alegremente
abreva la intemperie
entre las flores muertas
puntual y certeramente
aunque hable solo
una muerte glacial
hinchada vela para un largo viaje
entre la sepultura ciega
te dejas embriagar
capaz de morir sin decibelios
toda la gente lo dice
ardiente
en el estanque quieto
donde suena el eco
versa, ora hasta el infinito
un sol, cuya aurora sonríe
una noche robada
en el enigma de un rincón
comienza a despertarse
la bruma nocturna exhala
un glorioso estruendo mudo
ágil y diligente
se agostó de desidia
sale una rana
en la quinta avenida de neón
el sol era memoria
ni rastro
junto a la charca
en el ebrio verano
entre las cortesanas
penetra su voz hasta la roca
en mi faro perdido
camino solitario
apacible insulario de desdichas
con su ala única de águila
chica furtiva del viernes
aunque ¿quién sabe?
del lado oscuro
víctima de la ebriedad
luce remotamente
un cantar fuera de tono
te abrazo
sin miedo de lavar la herida
en la brisa meditada
según se agita
oh, noble dama
insaciable
más que una sensación
el viento de otoño
ya no me acuerdo
el espejo no aprende nuestro gesto
en el fondo, sin límite
en tu boca aletea
una pandemia del alma es Pandemonia
transeúnte
en el cabaret celeste
la vibrante cigarra
con brisa matinal
mi nube tormentosa de mayo
nube, limusina del cielo
no lo pienses dos veces
dónde o cuándo?
febril sirena de las esferas
angelote con alas
solapante y teatral
mi trueno tras tu rayo
fiel a las migajas de la luna
—y qué?
un insondable río
no tienes que ser lejana estrella
tiene un destello divino
una herida amapola
luz de la hoguera
¿por qué sobre mí?
carajo
replegado en mi estancia
te escribo otra canción?
tiempo de alegría, oh virgen!
ondulando las aguas
en tu cristal solemne
un nuevo mirlo
despioja su camisa
nuestra salvaje foresta
deja que el buen tiempo llegue
un pirata del caribe
en el oscuro camino del astro
la suerte está eyaculada
se dijo alguna vez
en tu regazo
en el vals de un pífano ronco
un sepelio de voz
dulce muchacha del paraíso
feroz es el viento implacable
oscuro cigarro tras caoba café
lóbrego sobre lóbrego
el templo yermo de la duda
en el profundo y ancho azul
mágica mujer de rojo
si se empaña
por el crepúsculo del blues
una sideral región
si los fantasmas duermen
mira la hierba germinar
en un instante
con voz quebrada
si puedes palpitar solitario
ponme un café, lleno de noche
quizás por eso está
la colina de cerezos
para hacer esperar al hombre
lo más seguro salga el sol
una esquiva noche
al nuevo sol
al parecer escapa
el día que llegas al mar
la luna es un mendigo tuerto
¿soy yo esa chica?
con el suspiro de la bruma
se pudre o se renueva?
oh, valquiria
de etéreo simulacro
el sol es un caldero bien fregado
aquel trofeo nebuloso
caen las alas al abismo
parte de ti
—día tras noche—
ríndete al murmullo de la ciudad
una nube sombría y remolona
mejor aún?
lloreando cencellada
más sereno
en un viaje de mil millas
frente a las puertas de la luna
puedo soñar despierto
contra el rompedías
encontré la eternidad
más viva, más desnuda
de la perdición
corazón de cerezo
rezuma olor a madera
más me vuelvo a mirarla
dentro de la sombra caoba
se inclina sobre el cadáver diciendo…
el tiempo corre
amante de Roma
con viento fresco
cae hialino el cristal de nieve
un salvaje día
embiste sin domar
balido tras balada
cabalga de nuevo
conmigo eternamente
no puedo tomarme en serio
nada nos queda
seguramente también
mendigo ciego que murmura
está luciendo suave
indeleble y sublime
un rescoldo estelar
el espejo no entiende nuestra cara
recuerda siempre
un nocturno homenaje
insumisa noche del desierto
para salir de esta estrella
al borde del abismo
en blanco y negro
más…
cae sobre mi
de ausencia desnuda y cenicienta
se ruboriza el piélago
enciende mi peregrina voz
leve y lívidamente
sueño en el desierto
deja tu huella hoy
espera…
sueño del terafante
en voz alta y sonora
—absurdo! demencia!
pones una sonrisa en mi cara
bordado con mi cuerpo
un eco se hizo campo de corales
se anuncia silente
otra embriagadora balada
en un oscuro trueno
mientras hablo sola
no necesita eso
ahora y siempre
otro naufragio
la mente resopla confundida
como judío errante, no tengo precio
sin penas y sin pan
el verano lo viste
en cada historia
silente todavía
no lloro lágrimas
¿alguien puede explicarlo?
una bagatela de violín
día tirado al retrete
del azul lacrimoso
en toda su eternidad
del arrítmico latido
la luna sigue girando
no se acaba el camino
canta hasta el trébol
un nardo lanza al viento
para romper el techo de cristal
mi montón de huesos
con la oblicua mirada del loco
un hombre al piano
se infla optimista
no puede ver tu esencia
el liego abandonado
tiembla en el silencioso paisaje
corcoveando equino
Toda ley humana es una forma de opresión sobre otros.
soy yo quien te escribe
una grave montaña
febril cual mosca cojonera
mira el hervor de su cicuta
salvo en la sombra
de París y Madrid
me pregunto
encontraba otro mar
moldeable de promesas
el universo en su rescoldo
un collar de perlas engarzado
se desmayó de primavera
un día de nieve todo cesa
se pavonea el pisaverdes
sin pensar en el desolado lirio
a sueldo de Moscú
nuestro fuego rezonga
el banquero araña su ábaco
delirescente, azulino
laberintos delusorios
de pereza sufrida
si supiera bailar
la ninfa ya no huye
nadie sabe…
caen las hojas
un ingenio penetrante
lo que todo el mundo dice
esta oscura y densa selva
lo que nos atraviesa
—¡oh, roedores judiciales!
parte de mi
caminando bajo el verde tilo
en un fundido a negro
la cúpula de una nube
herida de los labios
todo mi fuego
aguacero de versos
—¡abrid la ventana
un par de corazones escarlata
tras el verde ciprés
tras vivir y soñar
veo mi palabra perdida
háblame de la ociosa pubertad
sobre el verdor inédito
«allegro ma non troppo»
con sanguino añejo
llora en la lluvia, redundante
jugando al escondite
sólo a veces
pétalo de azahar
… mutis por el fiordo
mi satán desatado
postreramente
sin soñarlo siquiera
crepitando sutil
de tierra y cielo
también llega a su ocaso
Destructor y creador
tan risible como arrogante
el azul que me llena
sin nombre
mas, sin sobresaltos
nuestro amor
cruzar la puerta
sin embargo, oh sin embargo
si anochecen lunas en tu piel
más cerca aún, más cerca
pero di que serás mía
abrázame con fuerza, insensato!
ora interminable
ahora que llueve
sumiso como esclavo
ven a bailar conmigo
ante un vendaval
se convierte en canción
con ceniza de luna
indemne entre el cieno de cloaca
bajo el fuego impetuoso
al emerger de las aguas
gimoteando lluvia
estrella fugaz
amada ninfa
entre penumbra e intemperie
de nieve pegajosa
agradable recuento del latido
en la ladera
con el brillo de un alma brumosa
puede ser poco inteligible
pavimento de tumba
el verano sestea entre mies
con hervor sanguíneo
con lágrima de abril
rebosante de gracia
llueve suavemente
conspirando en el cielo
en el muro con lepra de un siglo
sometiendo a las olas de arena
como vieja armadura oxidada
acaso no es así?
tocaba el saxo
para, gozosos, celebrar el día
¿cómo reparar un corazón roto?
limusina
bacante surgida de mi sombra
amor de verano
mi silencio indolente y cobijado
en el profundo cielo y en el mar
huele a miel y rosa
¡ay la leche!
hay señales en la niebla
contigo siempre
ora breve y fugaz
por el oleaje empecinado
embiste nuestro rostro
con mística ebriedad
qué nos queda?
sombra sin ojos
bebe un vino amargo
¡toma castaña, Pandemonia!
cuando estás aquí
las hormigas arrastran
mi domingo de harápos
con la mítica valquiria
latiendo al unísono
di lo que quieras
pongo una sonrisa en tu boca
vuelo a casa
una palabra que grita
en la ensenada
con herrumbroso atardecer
—las olas están rotas
no se acaba la calle
escarcelante, libre
llueve un raudal de luz
llega otro día
surge siniestramente del naufragio
ninfa del cielo
ondea la nieve su bandera
al volver triunfal
un delusorio suspiro
con párpado de escarcha
niño de escarcha
se disuelve y coagula
a su embrujada hora
de vuelta a la melodía
rescoldo sepultado
cuanto más me alejo
sin azul ni desierto
una nada nadea
no será alcanzable
—la savia no está lejos
un silencio invisible
capitán Cebada
en la caverna
el eco claro de tu voz
su satán, otra vez!
agua llorada que cae
mientras pescas en un río revuelto
semejante a las sendas del mar
nuestro caballo más veloz
te entiendo, hermana
viejo y olvidado amor
si ya no significa nada
el origen de toda actividad
a veinte bajo cero
a veces
al alba y al ocaso
del frío monte al salvaje lago
breve cortejo nupcial
el azul es fácil de amar
radiante por el áureo
mira de cara o de reojo
dios bendiga el blee blop blues
mi candor nativo
lanza sus perlas la tempestad
te entiendo, hermano
mi frente sangrante
rompe las enseñanzas de Orfeo
fascinando sin más
con este swing sombrío
nada puede quedar
incontestable
en mi propia piel
si no hay forma de decir adiós
de estrellas deslunadas
con el humo y ceniza terminales
a remojo del cielo
la sombra mendiga
Cárcel de Nubes
FicciónLos sueños, al caer la noche,
se meten en jaulas con barrotes de sábana.
Se encierran los sueños vestidos de blanco,
como novias que se arrepintieron en el altar del subconsciente.
La almohada es un archivo secreto de ideas sin censura.
Los pijamas son disfraces de astronautas para viajar sin moverse.
El edredón susurra teorías cuánticas con voz de nana.
Las sábanas tienen memoria de elefante: recuerdan tus fantasmas.
Se encierran los sueños con bata de hospital,
porque a veces duelen más que una enfermedad incurable.
La luna es la linterna del celador que vigila los delirios.
Los ronquidos son protestas sindicales del cuerpo que quiere huelga.
Hay sueños que chillan en clave morse desde el insomnio.
Hay otros que se escapan por el ojo de la cerradura y van a bailar al tejado.
Pero los más blancos, los que llevan tul y promesas,
se dejan encerrar sin resistencia,
porque saben que el despertar es un motín que siempre fracasa.
Samael
FicciónSoy el fantasma de esta casa. Mi nombre es Samael. Hoy, como siempre, he dedicado mi tiempo a la higiene, la mía y la de la casa. Por extraño que os parezca la higiene de un fantasma y su mansión es extraordinariamente prolija y delicada. Incluso estando las veinticuatro horas sin dormir, como es mi caso, el día no es suficiente para acabar con todas las tareas domésticas y de higiene personal.
Imaginaos además como puede ser la cosa cuando el día no tiene ni principio ni fin. No puedo empezar, como la mayoría de los mortales, diciendo: «comienzo el día con una ducha para despertar mi cuerpo y mi espíritu dormidos». No, en absoluto. Primero porque no tengo cuerpo y segundo porque no duermo, ni descanso y además no es que necesite una ducha, es que necesito pasarme el día entre el trapo de limpieza y la alcachofa de la ducha que, por cierto, está rota y no deja de gotear, la maldita condenada.
Esto nos ocurre a los fantasmas, seguramente, por nuestra inveterada y estúpida costumbre de habitar casas abandonadas. Una costumbre a la que, la verdad, nunca encontré explicación, sobre todo porque las casas deshabitadas son, además de sucias, extremadamente frías y solitarias. No es de extrañar que entre nosotros hayan surgido algunos que se oponen de forma irresponsable y caprichosa a tal designio.
En fin, mi trabajo diario consiste en mantener la mínima decencia, pero no creais que soy un maniático de la limpieza y del aseo. Me basta con mantener la mínima decencia de una casa de fantasmas como se debe.
En lo concerniente a la limpieza, por ejemplo, lo de las telarañas es quizás lo más agotador y exasperante. Esas condenadas ariadnas son muchas y yo sólo soy uno. Así que me veo obligado a recorrer todos los rincones de la mansioncita: dieciseis habitaciones con sus correspondientes cuartos de baño, cinco salones con sus correspondientes chimeneas y ventanas, la leñera, la cocina, la despensa, el horno, la bodega, los desvanes, pasillos, entradas y entraditas… sin contar con las cuadras, pocilgas, jardines, y demás anexos… Es extenuante.
A veces he pensado en contratar servicio doméstico, pero he descartado inmediatamente la idea pues entre los fantasmas no está bien visto, especialmente si eres un fantasma tan sucio y podrido como yo.
En cuanto a la higiene personal y al contrario de lo que pueda parecer, sin cuerpo uno se siente sucio cada dos por tres, pues el espíritu no se limpia así como así. Te das la ducha en que limpias aquel asesinato que te reconcomía desde hace siglos e inmediatamente descubres otro más atroz, si cabe, que habías olvidado debajo de aquel. Cada ducha delata en mi sábana nuevos horrores cometidos, nuevas infamias, nuevas tachas, nuevas sangrientas manchas. Y para colmo, a la mansión le sucede lo mismo, esconde tras cada mancha, tras cada rincón infinitas capas de sucias historias con las que, aunque no sean mías, uno no puede convivir alegremente. Me veo, así, obligado a alternar mi propia higiene con la limpieza del sitio donde habito con el único fin de mantener, aunque sólo sea, la decencia necesaria.
Aunque a estas alturas ya trascurridos largos siglos, no sabría decir si realmente nos higienizamos mutuamente, o por el contrario, lo que ocurre es que cuando yo me limpio, estoy ensuciando la casa de nuevo y cuando limpio la casa, me ensucio yo de nuevo, como un condenado y fantasmal prometeo.
En el taller de mi cadáver
FicciónAceptaré los cargos
de lesa estupidez
de mis verdugos.
Por simple rebeldía,
no volveré a recitar mis oraciones
ni las plumas con las que escribí el pasado
serán ya mis espadas.
Dejaré simplemente mis sagrados oficios
desvanecerse en los laureles.
Conduciré mi carro
hasta el vago adiós
de los cansados.
Me reiré de la banal cosmografía
de aquellos sacerdotes
de indigna tonadilla.
Como estos que escriben sus memorias,
serán insensibles mis lánguidas mañanas.
No amaré jamás
a larvas y parásitos
del salvaje escritor que quise ser.
Olvidaré mis inconcebibles vergeles de fantasmas.
No daré caza al dolor evangélico del cerdo,
mientras caen las madres
en el cansado final
de nuestras fuerzas.
Tan sólo trabajaré incansable
en el silencioso taller
donde fabrico mi cadáver.
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