Cárcel de Nubes

Ficción

Los sueños, al caer la noche,
se meten en jaulas con barrotes de sábana.
Se encierran los sueños vestidos de blanco,
como novias que se arrepintieron en el altar del subconsciente.

La almohada es un archivo secreto de ideas sin censura.
Los pijamas son disfraces de astronautas para viajar sin moverse.
El edredón susurra teorías cuánticas con voz de nana.
Las sábanas tienen memoria de elefante: recuerdan tus fantasmas.

Se encierran los sueños con bata de hospital,
porque a veces duelen más que una enfermedad incurable.
La luna es la linterna del celador que vigila los delirios.
Los ronquidos son protestas sindicales del cuerpo que quiere huelga.

Hay sueños que chillan en clave morse desde el insomnio.
Hay otros que se escapan por el ojo de la cerradura y van a bailar al tejado.
Pero los más blancos, los que llevan tul y promesas,
se dejan encerrar sin resistencia,
porque saben que el despertar es un motín que siempre fracasa.

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