Brilla el viejo muelle,
doncellas del verano
vigilan las barcas.
Poesía
Poemas, haikus, epitafios, pensamientos, greguerías…
Callaré
PoesíaConcertamos fiestas aéreas,
donde la naturaleza es un templo
creado para los señores del rojo.
La estación fría levanta irritaciones,
y los ineptos, espantados,
buscan consuelo en la hierva.
Yo, esclavo del reproche,
insulto al óbito de un dios ausente,
añorando la hermosa alteración de lo eterno.
El tiempo, roído,
me susurra que tarde o temprano
todo acuerdo se rompe,
y que el silencio es la única entrega posible.
Callaré, entonces, mientras sufro,
porque hasta en la muerte
se esconden fiestas invisibles.
Como un vino que arranco del muro
PoesíaInmóviles, la libertad acotaba su propia salvación intacta,
y yo, con alucinaciones de farsa,
les pido —¡tengan imaginación, holgazaneemos!—
porque el ausente rumor de trenzas
ya no distingue el ruido de mi caída.
Así muera: me revolcaré en el bochorno,
entre las fuerzas que quiero, que doy,
con este principio de bautismo
que no es más que almuerzo secuestrado
en una mesa amenazada de equivocación.
¿Y vosotros? ¡Equivocáis torturas!
Acaso en insignificante latín formulo mis deseos,
esperando tabaco, esperando cansados,
esperando la verdad, madre,
como un vino que arranco del muro.
Ignoro si soy bueno,
o madre de pocos,
pero la caída matará a divulgar purpurina,
porque hasta escribía diversiones respetables,
¡y me salió pelotón!
Con máscara te canto
PoesíaCon máscara te canto, para adquirir el fulgor mugriento
de los dispensados niños que juegan junto a las atarjeas,
como si Vallejo hubiese dejado su pan
entre las costillas del aire.
Te llamé con mis tiernos caballos al galope,
los que reservaba para el combate,
y me respondieron legumbres tontas,
capaces de descarnar la autenticidad de un festín mecánico,
mientras las moscas del lago replicaban
con su zumbido de martirio.
Encogía el gris,
manchado mártir recuperado por la fe de nadie;
ni las leyes del polvo,
ni las de la camisa que manda sobre los decorados
pudieron detener la oportunidad
de hacerse alimaña.
Se apagaba el cuento cuyo guardián lloraba,
aventurero y santo a la vez,
mostrando sus humanos delirios como un espejo de Rimbaud.
Tratad, de inmediato,
de emborracharnos con carámbanos
espantosamente rodeados de consejos
que faltan, que no existen.
Y entonces,
arrojaré todo esto a los paisajes de la clave:
la clave de los descalzos,
la clave de los festines apagados,
la clave que Lorca susurró a las manos
de los que aún sueñan
con caballos tiernos al galope.
MI GRITO CONDENADO
PoesíaSí, cualquiera podía callarme. Bastaba un tímido chisporroteo al saludar y algo me atenazaba, ya no reía. Como si contemplara vergeles de cadáveres en una luna de plata. Pero ahora grito y es distinto. Arrastro mi voz, acaso reencontrada, desde esta playa… por todo el continente, como haré cuando, de cerca, me ofrezca sus rezagadas odas, esos juegos de palabras en los que antes pedía socorro con deletéreos estertores…
…y ya no hay temor en mi timbre, sino un incendio.
Un incendio que no pide permiso.
Porque cada palabra que hoy brota —áspera, desbocada, necesaria—
es la cicatriz viva de una lengua que se negó a morir.
No es que haya aprendido a hablar, no.
Es que ya no consiento el silencio impuesto.
Porque en cada sílaba vibra una multitud que fui escondiendo,
y me brotan los nombres que me negaron,
las calles que me hicieron rodear,
los rostros que fingí no ver por miedo a mirarlos.
Y si mi grito es torpe, si se traba, si cruje,
no importa.
Es mío.
Ya no lo devuelvo.
Que se entere el continente,
que se entere la lluvia,
que se entere hasta el aire que me vio encogido:
mi voz no vuelve a mendigar lugar.
Ahora es sitio.
Ahora es cuerpo.
Ahora es grieta que florece.
Greguerías cósmicas
PoesíaLa luna es el chisme redondo que la Tierra le cuenta a la noche.
Saturno usa anillos porque Júpiter no le pidió matrimonio.
Las estrellas fugaces son ideas que el universo olvidó anotar.
El Sol madruga tanto que despierta hasta a los gallos interplanetarios.
Venus se maquilla con nubes porque tiene autoestima volcánica.
Marte se puso rojo cuando lo llamaron planeta virgen.
Los eclipses son peleas de pareja que la Tierra ve sin querer.
Neptuno escucha reguetón submarino a todo volumen.
El agujero negro es el cubo de basura del universo: todo va, nada vuelve.
La Vía Láctea es la serpentina borracha de una fiesta estelar.
Plutón sigue esperando que lo agreguen de nuevo al grupo.
El Sol no duerme: tiene insomnio nuclear.
Los cometas son barbas de hielo que el espacio se deja crecer en invierno.
La Tierra gira para no aburrirse de ver siempre lo mismo.
El tiempo es el mozo lento del restaurante del cosmos.
Del tiempo y del alma
PoesíaAgriaba el sol la corona de un día,
y el pueblo al fin, salvado, se despierta,
mantenido el alimento que oferta
artesonados de melancolía.
Abordarlos no es cosa que sería
razonable, pues sombra ya se alerta:
ropa en otoño, esperanza que invierta
su flor en lo profundo de otra vía.
Oscurece el otoño en las llanuras,
florece el arrepentimiento fuerte,
niñez de arenas, moral de religiones.
Un siglo inmemorial y sus figuras,
prestaba al divino su buena suerte,
y el esposo exijo en mis oraciones.
El Libro de Khafaal de Thaunn
Poesía«Es conocida así una tablilla cuneiforme, sumeria, antiquísima, rescatada de las ruinas, compuesta de fragmentos poéticos, visiones, glosas y versos proféticos rotos. Su tono es solemne, mítico, pero tan íntimamente humano que habla desde la herida, no desde el estrado.» (Philaletha de Kadmea).
NOTA PRELIMINAR: He dejado en blanco las partes que no eran legibles en la tablilla encontrada. Hay quien interpreta que la tablilla se va reescribiendo a lo largo de la historia, cuando pierde palabras, sin perder nunca su sentido y su potencia profética. Según esta teoría, el libro marcará el final del mundo cuando sólo quede la última palabra. Por ahora quedan 1722 palabras que he traducido como sigue…
Oh tierra batida por soles negros
tierra donde no germina el nombre
tierra donde el viento guarda juramentos rotos
escucha ahora el relato que nadie pidió
pero que aún así persiste
Había un hombre
No un rey No un dios No un héroe
Un hombre sin escudo
sin sangre real
pero con una herida que no cerraba
A él se le apareció el dragón de los siete rostros
el que se oculta en la raíz del silencio
el que devora nombres y los olvida
sin saborearlos
Y el hombre
el sin-manto
el que ya había perdido la ciudad de su infancia
sacó la fíbula de su cintura
símbolo inútil
símbolo último
No como arma
No como escudo
sino como juicio
Y fue entonces que descendió
no en carro de fuego
no con trompetas
no con antorchas
sino con polvo en los pies
y verdad en los ojos
“¡Tarde vienes!” gritó el hombre
“¡Todo está perdido!”
Pero él respondió
“No vengo a ganar
Vengo a mirar contigo”
Entonces el cielo se cerró
No con trueno
No con ira
sino con esa calma espesa
que anuncia la extinción del lenguaje
El dragón se alzó
No era un monstruo
Era la memoria sin dueño
Era el pasado que nadie sostuvo
Era el olvido con forma de aliento
Y el hombre caminó hacia él
Solo
Con el nombre roto colgando del pecho
como un amuleto vencido
El fuego no lo consumió
El dragón no lo devoró
El cielo no lo reconoció
Pero la ceniza supo su nombre
Y eso para algunos
fue suficiente
Amante de la verdad
He sacado la fíbula fuera de mi cintura
para poder acosar al dragón con ella
Estaba realmente enfurecido
Y vino en mi ayuda Khafaal de Thaunn
afortunadamente
Adiós
Adiós viejo cielo
He sacado la fíbula fuera de mi cintura
No como adorno
No esta vez
Como acero
Como grito
Como rabia
Con ella acosé al dragón
No el de escamas y fuego
El otro
El que se arrastra bajo la piel
El que devora los nombres de los caídos
El que susurra en las noches sin estrellas
«Ya no queda nada por salvar»
Estaba realmente enfurecido
No por miedo No por honor
Por memoria
Por los que creyeron
Por los que aún me llaman
Hermano
desde los huesos
Y entonces vino en mi ayuda Khafaal de Thaunn
Khafaal que juró no volver a empuñar su lanza
Khafaal que perdió a su hijo en las minas de Lorsamm Aar
Khafaal el último justo en esta tierra torcida
Gracias a los dioses rotos vino
Y juntos lo enfrentamos
El dragón
El pasado
El fin
El cielo
Ah viejo cielo
tan cansado de mirar guerras de hombres
Tan azul Tan inútilmente azul
Adiós
Adiós viejo cielo
Que otro levante la espada
Que otro recuerde nuestros nombres
Yo
Yo me duermo ya
Me la quité sin temblor
No era un adorno
era el eco de mi nombre
cosido al pecho
La lancé como lanza
y silbó en el aire
como si supiera
lo que el acero ha olvidado
«Que toda belleza
puede volverse herida»
No ruge
No alza el vuelo
No duerme sobre oro
Se arrastra por los pasillos
donde guardo los nombres de los que amé
Sabe deletrear el olvido
con lengua de humo
Y cada vez que dudo
se hace más real
Más hueso
Más rastro
Él llegó sin armadura
Solo una mirada
de quien ya ha muerto dos veces
No preguntó por qué luchaba
Clavó su lanza
como quien siembra algo
en tierra yerma
Luchó sin fe
pero con memoria
Y eso quizás
fue suficiente
Ese cielo
azul de cansancio azul de olvido
gris de tanto mirar sin tocar
no tiene dioses
Solo testigos
Cada estrella es una promesa rota
Cada nube un juramento olvidado
Le dije adiós
como se saluda a un padre
que nunca estuvo ahí
Cuando la sangre calla
el viento habla
Dice cosas que olvidamos
Que no hay victoria
Que no hay tumba justa
Que el mundo no recuerda
Pero aún así
mientras caía
apreté la fíbula en mi puño
como si fuera una flor
Y sonreí
Porque no me rendí
El Fuego de Thaunn
No descendió del cielo de ningún dios
Nadie abrió los cielos con relámpagos
La tierra no tembló
Y sin embargo supimos que había llegado la hora
El dragón no vino desde los bosques lejanos
ni surgió del abismo con alas negras
Estaba ya allí
en los pliegues del silencio
en la palabra no dicha
en la carne que recuerda
lo que la mente querría olvidar
Yo arrojé al suelo la fíbula
ya sin manto sin escudo
con el pecho expuesto al juicio del acero
No porque creyera en la victoria
sino porque aún me aferraba
a una forma rota de la verdad
Entonces llegó Khafaal de Thaunn
No traía estandarte
ni un nombre grabado en los anales
Solo cicatrices en el rostro
y una lámpara encendida
que parecía arder sin aceite
“No hay oro que salvar” dijo
“Ni mundo que redimir
Solo tú
y la llama que aún se resiste a extinguirse”
No me dio órdenes
No tomó mi mano
Se sentó a mi lado
y esperó
El dragón nos encontró así
uno con su lanza enterrada en la tierra
el otro con la mirada vuelta hacia adentro
Y cuando rugió
no fue su aliento lo que nos amenazó
sino su pregunta
“¿Por qué aún estás de pie?”
Yo no respondí con palabras
La fíbula ya era hierro candente entre mis dedos
Y la arrojé
No para matar
sino para marcar el límite
entre la oscuridad y lo que aún puede arder
El dragón no cayó
El cielo no se abrió
Pero en el humo
algo se quebraba
Y en el crujido de ese instante
supe que el mundo no se salva
pero uno puede salvar
una chispa
Una memoria
Un gesto limpio
en medio del caos
Khafaal asintió
Se levantó
Y sin mirar atrás
se perdió por el mismo camino
por donde vino
No todas las brasas son ceniza
Hay algunas que fingen haberse extinguido
pero en la noche del alma
arden más que el sol
Khafaal dijo
«Guarda esas brasas
No para incendiar el mundo
sino para iluminar tu nombre
cuando te sea negado»
El dragón no se alimenta de cuerpos
Devora los nombres
Los pronuncia lentamente
hasta hacerlos polvo
Por eso luchamos
no por el cuerpo
sino por el eco que lo sigue
El cielo es testigo pero no aliado
Khafaal alzó la mirada y dijo:
«No reces No maldigas
Mira ese azul
como quien mira una piedra
sin esperar respuesta
pero sabiendo que existes
porque puedes contemplarlo»
El umbral no es la puerta
Es la pregunta antes de cruzarla
¿Qué de ti debe morir
para que lo que debe vivir
respire?
Cuando el guerrero partió la fíbula en dos
ya no era un broche
Era el primer signo de revelación
Uno de los fragmentos se hundió
en el pecho del dragón
El otro en el suyo
Y así se volvieron iguales
dos cuerpos marcados
por la misma herida
Aquel que no haya sentido
el peso de un símbolo
no ha sentido aún el mundo
No busques la verdad como un mapa
búscala como se busca un recuerdo
sabiendo que quizás lo que encuentres
te cambie
El fuego no pregunta por tu causa
Solo consume lo que arde
Khafaal habló ante las llamas:
“No hay metal noble sin horno
Ni rostro verdadero sin incendio”
Y arrojó su nombre al brasero
como quien entrega una llave
Algunos fueron tocados
por una llama distinta
no los hirió
pero tampoco los dejó igual
Se les conocía por la mirada
ardían en silencio
y no buscaban testigos
No es el cuerpo el que muere primero
sino el nombre al que ya nadie llama
El dragón lo sabe
por eso guarda los nombres
en su vientre
como huesos no digeridos
“Cuando digas mi nombre
dilo despacio
No por reverencia
sino por precisión
Cada sílaba fue ganada
como una trinchera”
Lo que no se nombra
se desvanece
Pero lo que se nombra mal
también perece
La noche no es oscuridad
Es el silencio donde se decide
si aún eres tú
Cuando no pude dormir
Khafaal habló
“La noche es el rostro
de lo que no pudiste perdonar
Pero si la atraviesas
te hablará sin mentir”
Si ves una figura en la noche
que no tiene sombra
síguela
No te llevará a la luz
pero tampoco al engaño
No hay mayor consuelo
que aquel que no promete consuelo
Khafaal no prometió nada
Se sentó
Y en su silencio
supe que no estaba solo
El compañero no lucha por ti
Lucha para que tú no olvides
cómo hacerlo
“¿Y si caemos?”
“Entonces no caerás solo”
“¿Eso basta?”
“A veces es todo lo que hay”
No todo lo olvidado está perdido
Hay cosas que duermen bajo la ceniza
esperando que alguien respire hondo
El olvido no borra
Desvía
Un día miras un rostro y no sabes
si fue un enemigo
un hermano
o tú mismo
La muerte no es olvido
El olvido es más lento
Es el crujido del nombre
mientras cae
sin que nadie lo recoja
Yo no fui testigo
No combatí en los días de la fíbula
No hablé con Khafaal de Thaunn
No vi al dragón
ni al cielo viejo
ni al fuego sin causa
Y sin embargo he vivido con estas tablillas
más tiempo del que he vivido con mi propio nombre
Las heredé de manos temblorosas
en un zigurat sin lámparas
entre estantes rotos y juramentos carcomidos
Nadie recuerda ya por qué se escribió este libro
Algunos creen que es un canto épico
disfrazado de fragmentos
Otros dicen que es alquimia
disfrazada de mito
Para mí es un espejo
No uno liso no uno de palacio
sino de los antiguos
curvo oxidado
que muestra el rostro
que no sabías
que llevabas dentro
Hay quienes buscan aquí instrucciones
No las hay
Hay quienes buscan consuelo
Lo encontrarán pero no como esperaban
Aquí hay fuego Nombre Noche Compañero Olvido
Y algo más
Un Eco Un eco
un eco
Porque cada vez que recito estas líneas
aunque las sepa de memoria
hay una palabra que suena distinta
Como si el libro no fuera un libro
sino un ser que escucha
Que espera
Que no olvida
Que quizás recuerda de ti
más de lo que tú mismo recuerdas
Biblioteca de Ramón
Poesía- El libro es un pájaro con más de cien alas para volar.
- El reloj despertador es un gallo de acero.
- La luna es el espejo de los enamorados pobres.
- La risa es una erupción instantánea.
- Las golondrinas son pájaros vestidos de etiqueta.
- El lápiz escribe bostezando.
- El cigarro es el palo de las fiestas solitarias.
- El gato es un tigre de salón.
- La estrella fugaz es la lágrima de un deseo.
- El tren se traga las estaciones sin saborearlas.
- El paraguas es un sombrero que se suicida.
- Los zapatos tienen la cara triste del que trabaja.
- El silencio es el único amigo que jamás traiciona.
- La nube es el pañuelo del cielo.
- Las rosas tienen más espinas que disculpas.
- El eco es el alma de las voces.
- El bostezo es un suspiro que se aburre.
- La jirafa es una grúa que come hojas.
- La nieve es la caspa del cielo.
- El espejo es el primer invento de la vanidad.
- El pavo real es el abanico de la vanidad.
- El pez es el único animal que se ahoga fuera del agua.
- La barba es la hierba que crece en el silencio del rostro.
- La calvicie es una playa sin olas.
- El semáforo es el ojo que vigila sin parpadear.
- El ascensor nos sube la autoestima.
- El cuervo es el abogado de la muerte.
- Las lágrimas son la sangre de los ojos.
- El faro es el ojo tuerto del mar.
- La niebla es el fantasma del aire.
- El beso es el truco de la boca.
- El ventilador es el pájaro mecánico del verano.
- El vino da sueños colorados.
- El teléfono es el timbre de los ausentes.
- El humo es el alma de lo que se quema.
- La mosca es el punto final de la siesta.
- El piano es una máquina de suspiros.
- La silla vacía es la ausencia hecha mueble.
- El pan caliente tiene alma.
- El bostezo es un grito sin ruido.
- El otoño es el andén de las hojas.
- La lluvia son lágrimas que no son de nadie.
- La bicicleta es el esqueleto del caballo.
- El fósforo es el estornudo del fuego.
- El sol es el pan del día.
- El silencio es el único paisaje que no cambia.
- La luna se peina en los charcos.
- La cabra es el paréntesis de la montaña.
- Las mariposas son flores que aprendieron a volar.
- La llave es el confidente de las puertas.
- El bostezo es una carta sin dirección.
- La lámpara es la luciérnaga doméstica.
- La muerte es una señora vestida de olvido.
- El murciélago es el ratón con paraguas.
- El acordeón es el fuelle de la música.
- El reloj es el dictador del tiempo.
- El papel es el eco de lo que pensamos.
- El beso es un punto y coma en el diálogo del amor.
- El zapato aprieta más cuando se va el amor.
- Las canas son las flores del tiempo.
- La chimenea es la nariz de la casa.
- El globo es un niño que quiere volar.
- El gato ronronea porque tiene el alma llena de cascabeles.
- El caracol lleva su casa a cuestas porque tiene miedo de perderla.
- El frío es el silencio del calor.
- La vejez es la niñez vuelta al revés.
- El espejo es el cómplice de Narciso.
- La radio es el periódico que habla.
- El mar es un sueño de agua.
- El cine es el circo de las sombras.
- La aspirina es la novia del dolor de cabeza.
- La cebolla hace llorar por dentro.
- El sollozo es la manera de llorar por dentro.
- Las cartas de amor se escriben sin tinta.
- El gato es la sombra con bigotes.
- La biblioteca es el cementerio de los pensamientos vivos.
- El ascensor es la montaña rusa de los edificios.
- La escalera es la lengua de los pisos.
- El paraguas se convierte en bastón cuando deja de llover.
- La escoba es la pluma con que se escribe en el suelo.
- El helado es el suspiro del verano.
- El tranvía es un gusano de hierro.
- La mecedora es la cuna de los abuelos.
- El cigarro es la bandera del ocio.
- El bigote es el toldo de la boca.
- El peine es el verdugo del enredo.
- Las campanas son el idioma de las torres.
- El pan se parte con respeto.
- La vejez es el invierno del cuerpo.
- El calendario es el carcelero de los días.
- Las pestañas son las persianas del alma.
- El corazón tiene razones que el pulso ignora.
- La almohada es el confidente de las noches.
- El beso robado es el más dulce.
- El bostezo es el abrazo del aburrimiento.
- Las tijeras son las serpientes mecánicas.
- El vino rojo es la sangre feliz de las uvas.
- La lluvia es el llanto del cielo.
- El tren es el lápiz que dibuja caminos.
- La sonrisa es el idioma más corto del mundo.
Inventario
PoesíaHagamos inventario de los días
en que tras los cristales recalamos,
después de mil periplos:
con las velas rasgadas por la duda,
y el timón cediendo al peso de los himnos.
Hubo también naufragios e islas solitarias
en nortes desolados y finitos.
Hubo también metáforas prestadas
e incendios imparables.
Hubo también, y siempre habrá,
helénicos triunfos y abandonos cautivos.
Mapas sin trazar en la penumbra
y cántaros vacíos junto al rito.
Promesas en lenguas que olvidamos,
y voces que dolieron como gritos.
Vivimos de intuir la madrugada
como quien carga el alba en los bolsillos,
sin pactos ni señales,
sin más ancla que el pulso compartido.
Hagamos inventario de los días
en que tras los cristales recalamos,
con las sienes mojadas de domingo,
después de mil periplos —¡ay!— sin brújula,
sin madre, sin voz y sin pañuelo.
Hubo también naufragios,
sí,
y un pan mojado en lágrimas solitarias,
y una isla —la del hombre—
que nos miró sin rostro desde el frío.
Hubo también metáforas,
las prestadas,
las que dolían de tan bellas,
las que caían como clavos de oro
en el costado oscuro del poema.
Hubo incendios imparables,
y un niño que lloraba bajo el fuego,
y un dios que no llegaba,
y la palabra «siempre»,
oxidada en los huesos.
Hubo también, y habrá,
helénicos triunfos sin corona,
y unos abandonos tan cautivos
que se amaban de tan rotos.
Y hubo este inventario:
las uñas rotas del alma,
el bostezo del hombre cuando calla,
el reloj que se desangra en el estante,
y el cristal,
el mismo,
esperando que volvamos
sin saber ya quién fuimos.
La luna desnuda
PoesíaLa luna viene desnuda
por la vereda del río,
lleva encajes de azahares
y un temblor de casamiento.
Gime el yunque con la fragua
como un pecho malherido,
se peina el alma el gitano
con peine de coral fino.
¡Ay luna, luna sin sombra,
pañuelo de amor cautivo!
Te alza Himeneo en sus brazos
como bandera sin himno.
La novia baila en la era
con un clavel en los rizos,
y los gallos de la noche
cantan sangre en su alarido.
Las castañuelas se apagan.
El tambor ha enmudecido.
Un caballo sin jinete
cruza el campo estremecido.
Porque en la juncia del río
se besaron sin permiso,
y la luna, blanca y sola,
lloró lirios encendidos.
¡Qué no cruce más la luna
por los olivares fríos!
Pañuelo de bodas negras,
y sudario del suspiro.
Nos vieron no
PoesíaNo nos vieron juntos.
Nadie.
Como dos piedras metidas al revés en el mismo zapato.
Ella, carácter de fuego muerto,
bebida como ternura quebrada,
desgarrada por los colmillos del tiempo.
Aparte quedó mi luto,
tirado como abrigo de enfermo
en la silla del confesor sin voz.
Celosos los días,
celoso el pan que no mordimos,
y el peligro…
el peligro era verte
sin sufrir.
Pero qué victoria tan sencilla:
la del que pierde con los ojos cerrados.
¡Idiotas!
Me esperaban, mutilados de sí,
con su alegría renga,
su domingo sin almuerzo.
Qué despreciables.
Conducían sin permiso
por aquella carretera polvorienta
—ni Dios los miraba—.
Yo, sin una sola alegría,
les olfateaba el alma
como un perro
que aún recuerda a su amo
pero ya no le cree.
Ella dijo:
«Existiremos».
Otórgame guerras, cerdo.
Soñé.
Soñé con formas inertes,
cáncer de infancia,
y fantasmas tan pequeños
que cabían en mi ombligo.
Luchaba.
Luchaba por inventarme otra biografía.
Pero pesa.
Pesa la sangre cuando no la llaman.
Pesa un sí cuando no lo firma nadie.
Yo conducía,
extraviado en los misterios que bostezan.
Como durmiendo
con los párpados abiertos.
Estaríamos.
Eso me dije.
Adonde sea, pero estaríamos.
Hagamos lo que hagamos,
será lamentable.
Lo primordial
ya se fue con los zapatos puestos.
Los malvados
se alejan con la bondad en los bolsillos.
Los fuertes desean suerte
y reciben magia rota.
El fantasma de ella
me arrodilla por dentro.
No puedo suponer que no está.
No me dejan.
Hete aquí:
yo,
en pie,
entre reyes vencidos,
coronado de silencio.
Pero él,
ese yo remoto, con fiebre y costillas,
aún ama los estribillos
como quien ama
un clavo
en la garganta.
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