Agriaba el sol la corona de un día,
y el pueblo al fin, salvado, se despierta,
mantenido el alimento que oferta
artesonados de melancolía.
Abordarlos no es cosa que sería
razonable, pues sombra ya se alerta:
ropa en otoño, esperanza que invierta
su flor en lo profundo de otra vía.
Oscurece el otoño en las llanuras,
florece el arrepentimiento fuerte,
niñez de arenas, moral de religiones.
Un siglo inmemorial y sus figuras,
prestaba al divino su buena suerte,
y el esposo exijo en mis oraciones.