Los límites del estilo de vida dominante («¿Se acabó la fiesta?»)

No ficción

El avión desciende sobre una ciudad que podría ser cualquiera. Desde la ventanilla se distinguen las mismas avenidas rectilíneas, los mismos centros comerciales brillando como templos eléctricos, los mismos barrios cerrados que prometen seguridad y silencio. La geografía ha sido domesticada por el catálogo. El mundo, que alguna vez fue un mosaico de diferencias, empieza a parecerse a una franquicia.

El estilo de vida dominante no se impone con soldados sino con escaparates. No exige lealtad; seduce. Promete comodidad, velocidad, eficacia. Y cumple, al menos en apariencia. El agua caliente fluye al girar una llave. La comida llega antes de que el hambre madure. La distancia se reduce a una pantalla. Todo está diseñado para que el individuo no tropiece con la fricción del mundo (del resto del mundo, que no tiene esa suerte).

Pero la historia enseña que toda simplificación tiene un costo. En los márgenes de esta comodidad crece una inquietud difícil de nombrar. El sujeto contemporáneo posee más objetos que nunca y, sin embargo, habita un territorio interior cada vez más estrecho. El tiempo, que debía liberarse gracias a la tecnología, ha sido colonizado por nuevas obligaciones invisibles: responder, actualizar, producir, competir. La prisa se ha convertido en virtud moral.

En las periferias de las grandes ciudades se observan los límites materiales de este modelo. Vertederos que se expanden como desiertos artificiales. Ríos fatigados por residuos industriales. Comunidades desplazadas para que el flujo de mercancías no se interrumpa. El estilo de vida dominante necesita recursos lejanos y manos anónimas. Su pulcritud es posible porque la suciedad ha sido exportada.

Existe también un límite simbólico. Cuando todo aspira a la misma forma de éxito, la diversidad cultural se vuelve un estorbo decorativo. Las lenguas minoritarias se reducen al folclore; las tradiciones, al espectáculo. La diferencia, que antes era fuente de identidad, ahora debe justificarse en términos de rentabilidad. El mundo se llena de traducciones simultáneas y pierde matices.

El reto más profundo no es ecológico ni económico, aunque ambos sean urgentes. Es antropológico. ¿Qué tipo de ser humano produce este sistema? Uno entrenado para consumir relatos breves, para medir su valor en cifras visibles, para temer la pausa. Un individuo que confunde libertad con capacidad de elección entre productos idénticos. La paradoja es evidente: cuanto mayor es el catálogo, menor parece la sensación de sentido.

Sin embargo, en los intersticios aparecen fisuras. Movimientos que reivindican la lentitud, comunidades que experimentan formas de cooperación al margen del mercado global, jóvenes que cuestionan la ecuación entre éxito y acumulación. No son todavía alternativas consolidadas, pero sí síntomas de una conciencia que despierta. La historia no avanza en línea recta; se corrige a sí misma mediante crisis.

El estilo de vida dominante enfrenta así su prueba más severa: adaptarse sin devorarlo todo. Reconocer que el planeta no es una mina inagotable ni una bodega infinita. Admitir que la dignidad humana no puede reducirse a poder adquisitivo. Aceptar que el progreso técnico no sustituye la reflexión moral o incluso, sólo la reflexión racional.

En los aeropuertos del mundo, mientras las pantallas anuncian salidas y retrasos, millones de personas repiten rutinas casi idénticas. Parecen piezas intercambiables de una maquinaria perfecta. Pero cada una lleva consigo una biografía irrepetible, una memoria que no cabe en el molde del consumo. Tal vez el límite del estilo de vida dominante no esté en sus cifras de crecimiento, sino en esa memoria silenciosa que resiste a ser estandarizada.

La pregunta no es si el modelo colapsará mañana. Es si sabremos transformarlo antes de que su éxito lo vuelva inviable. Porque todo imperio, incluso el del confort, contiene en su interior la semilla de su desgaste. Y el mundo, obstinado en su complejidad, siempre termina desbordando los esquemas que intentan reducirlo.

«¿Se acabó la fiesta?»

Cuando alguien dice que “el modo de vida dominante ha terminado o debe terminar”, suele estar apuntando a varias cosas mezcladas. No siempre bien separadas, pero ahí están. Vamos a diseccionar el estilo de vida dominante con la frialdad de un forense.

1. Límite ecológico
El planeta no es una suscripción renovable. El modelo necesita extracción constante, transporte constante, consumo constante. Más energía, más minerales, más agua. El problema es físico: los ecosistemas tienen ritmos propios y umbrales de regeneración. Cuando se superan, no negocian. Sequías, incendios, pérdida de biodiversidad. La comodidad urbana depende de territorios invisibles que ya están exhaustos. No es ideología, es termodinámica.

2. Límite energético
El estilo de vida dominante fue diseñado con energía abundante y barata en mente. Todo fluye porque algo arde en algún lugar. La transición hacia fuentes renovables es necesaria, pero no elimina la pregunta central: ¿puede mantenerse el mismo nivel de consumo global con otra matriz energética? Cambiar la fuente no siempre cambia la escala. Y la escala es el verdadero monstruo.

3. Límite económico estructural
El sistema necesita crecimiento perpetuo para sostener empleo, deuda y expectativas. Crecer se convierte en mandato moral. Pero ningún sistema finito puede expandirse indefinidamente. Cuando el crecimiento se ralentiza, aparecen desigualdades más visibles, tensiones sociales, precarización. La riqueza se concentra; la promesa de movilidad social se debilita. El relato meritocrático empieza a sonar hueco.

4. Límite psicológico
Aquí la grieta es íntima. El individuo vive rodeado de estímulos, comparaciones, métricas. Productividad, rendimiento, imagen. El descanso se siente culpa. El silencio, amenaza. El resultado es fatiga crónica, ansiedad difusa, sensación de insuficiencia permanente. Un modelo que optimiza procesos pero erosiona la salud mental termina socavando su propia base humana.

5. Límite cultural
La homogeneización global facilita comercio y comunicación, pero empobrece matices. Cuando todas las ciudades se parecen, también lo hacen los imaginarios. La cultura se vuelve mercancía replicable. Se pierde diversidad simbólica, y con ella, distintas maneras de entender el tiempo, el éxito, la comunidad. El mundo gana eficiencia y pierde profundidad.

6. Límite político
La interdependencia económica global reduce márgenes de decisión local. Los gobiernos compiten por atraer capital; las regulaciones se suavizan; la soberanía se vuelve negociable. La ciudadanía percibe distancia entre su voto y las decisiones reales. De ahí brotan desconfianza y populismos. Un sistema que promete libertad de elección en el mercado pero reduce la influencia política genera fricción.

7. Límite antropológico
Este es el más incómodo. El modelo redefine qué significa ser humano. Valora al individuo por su capacidad de consumir, producir y exhibir. Las relaciones se instrumentalizan, el tiempo se fragmenta, la identidad se vuelve marca personal. Si la persona interior se adelgaza mientras el perfil digital se expande, algo se desequilibra. No todo puede medirse sin deformarse.

8. Límite moral
La externalización del costo crea una ceguera ética. Lo que no vemos, no cuenta. Mano de obra barata en otro continente, residuos en otra costa, algoritmos que deciden sin rostro visible. La distancia diluye responsabilidad. Pero la ética no desaparece; se acumula como deuda invisible.

El patrón es claro: el estilo de vida dominante funciona mientras sus límites permanecen diferidos, desplazados o invisibles. El problema es que los límites no desaparecen por ignorarlos. Se concentran.

Lo inquietante no es que el modelo tenga fronteras. Todo sistema las tiene. Lo inquietante es la obstinación en fingir que no existen. Y cuando una civilización convierte la negación en hábito, la realidad suele encargarse de corregirla con métodos poco amables.

No es catastrofismo. Es simple lógica histórica. Las estructuras que no se ajustan a sus límites terminan ajustadas por ellos. Y ese ajuste rara vez es elegante.

Ahora, la parte incómoda. Decir que “debe terminar” es distinto a decir que “está terminando”. Lo primero es normativo, casi moral. Lo segundo es descriptivo. Mucha gente mezcla ambos planos porque su malestar es real y necesita una narrativa de cierre.

Pero cuidado con algo. Los modos de vida rara vez “terminan” de golpe. Mutan. Se deforman. Se reciclan con otro nombre. El capitalismo industrial no murió; se volvió financiero, luego digital. La cultura del consumo no se extinguió; se volvió experiencia, luego identidad online.

Así que las razones para pensar que el modelo dominante está agotado existen. Bastantes. Las razones para creer que desaparecerá limpiamente y dará paso a algo más justo por pura lógica histórica… son más optimistas que la historia misma.

El mundo no cambia porque “deba”. Cambia cuando mantener lo viejo resulta más desadaptado que inventar otra cosa más viable (o definitivamente inviable). Y ahí, curiosamente, el resentimiento («¿se acabó la fiesta?») suele ser el primer síntoma, no la solución.

Los límites dejan de ser metáfora cuando aparecen en estadísticas incómodas.

Por poner algunos ejemplos significativos que corroboran todo esto que estamos diciendo:

1. Límite ecológico

  • Según el Global Footprint Network, la humanidad utiliza cada año el equivalente a 1,7 planetas Tierra para sostener su nivel de consumo. Es decir, vivimos a crédito ecológico.
  • El año más caluroso registrado fue 2023, con una temperatura media global aproximadamente 1,45 °C por encima de la era preindustrial, según la Organización Meteorológica Mundial. El margen de seguridad de 1,5 °C ya no es una línea teórica; es una línea temblorosa.
  • El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente estima que el mundo genera más de 400 millones de toneladas de plástico al año, y menos del 10 por ciento se recicla.

La comodidad produce residuos con una disciplina admirable.

2. Límite energético

  • La Agencia Internacional de la Energía reporta que alrededor del 80 por ciento del consumo energético mundial sigue dependiendo de combustibles fósiles.
  • Incluso con el crecimiento récord de renovables en 2023, la demanda global de energía también creció. Traducido: instalamos paneles solares, sí, pero también quemamos más.

Cambiar la fuente no ha reducido el apetito.

3. Límite económico

  • El Banco Mundial señala que el crecimiento global se ha desacelerado respecto a décadas anteriores, mientras la deuda mundial supera ampliamente el PIB global.
  • Según Oxfam, el 1 por ciento más rico posee más riqueza que el 95 por ciento de la población mundial. La promesa de prosperidad compartida tiene grietas estadísticas.

El sistema necesita crecer; la distribución no acompaña.

4. Límite psicológico

  • La Organización Mundial de la Salud estima que más de 280 millones de personas viven con depresión en el mundo.
  • Tras la pandemia, los trastornos de ansiedad y depresión aumentaron alrededor de un 25 por ciento a nivel global.

La hiperconexión no ha traído serenidad colectiva.

5. Límite material de recursos

  • El International Resource Panel calcula que la extracción global de materiales se ha triplicado desde 1970, superando las 100 mil millones de toneladas anuales.
  • Menos del 10 por ciento de la economía mundial es circular. El resto sigue el viejo esquema: extraer, producir, desechar.

La eficiencia no ha eliminado el desperdicio; lo ha acelerado.

6. Límite climático-social

  • El Internal Displacement Monitoring Centre reporta decenas de millones de desplazamientos internos cada año, muchos asociados a desastres climáticos extremos.
  • Las olas de calor, según datos compilados por la Organización Meteorológica Mundial, son más frecuentes e intensas que hace medio siglo.

El clima ya no es telón de fondo; es actor principal.

Los datos no gritan, pero pesan. No son consignas; son contabilidad acumulada. Muestran que el estilo de vida dominante no está en colapso inmediato, pero sí en tensión estructural.

Lo inquietante es que el sistema sigue funcionando. Supermercados llenos, vuelos despegando, pantallas encendidas. La normalidad es persuasiva. Sin embargo, bajo esa normalidad se apilan cifras que no encajan con la idea de crecimiento infinito.

Las civilizaciones no caen cuando sienten el límite. Caen cuando lo conocen y deciden ignorarlo. Aquí los números están sobre la mesa. No son apocalípticos. Son suficientes. Pero, ¿Quién está dispuesto a renunciar?

Las autocracias en el mundo hoy

No ficción

Sobre las autocracias en el mundo a día de hoy, sin inventarse estadísticas, porque hasta las medidas más serias muestran que la democracia sigue cagándose de risa en muchos sitios, lo que podemos decir es:

Cómo está el panorama global

  • El autoritarismo ya no es marginal: varios informes recientes muestran que la mayoría de la población mundial vive bajo algún tipo de régimen autoritario o autocrático. Algunos de los datos que tienen sentido son que más del 70 % de la población mundial vive en sistemas autoritarios o con características autocráticas según análisis de institutos como V-Dem y expertos en política.
  • La cantidad de autocracias supera a la de democracias en algunos índices globales, algo que no pasaba desde hace décadas.
  • Las mediciones por parte de The Economist Intelligence Unit y otros índices muestran que el número de países clasificados como “autoritarismos” ha aumentado y que la tendencia general de la democracia es a empeorar o estancarse en muchos lugares.

Tipos de autocracias hoy
No es todo “dictadura militar con sable y sombrero”: hay varios matices que distinguen a los gobiernos en función de cómo controlan el poder:

  • Autocracias cerradas: Estados donde prácticamente no hay oposición real, ni elecciones competitivas (puro control, represión y uno o pocos líderes eternos). Ejemplos típicos son Corea del Norte o Arabia Saudita.
  • Autocracias “electorales”: tienen elecciones, pero están tan manipuladas (control del sistema judicial, medios, fraude tolerado) que el resultado es prácticamente fijo para el poder gobernante. Rusia o Venezuela se ven así.
  • Regímenes híbridos: entre democracia y autocracia, con libertades limitadas y fuertes controles al poder judicial o al parlamento (no estrictamente dictaduras clásicas, pero tampoco democracias sanas). Este tipo está creciendo, por ejemplo, los Estados Unidos de América con Trump.

Ejemplos notorios de autocracias actuales
(En todas partes hay quien discute las fronteras, pero los nombres siguientes aparecen recurrentemente en estudios serios)

  • China: Partido único con represión sistemática de disidencia.
  • Rusia: elecciones controladas y oposición restringida.
  • Corea del Norte: Estado totalitario clásico
  • Arabia Saudita y otras monarquías absolutistas: poder hereditario con muy pocas libertades.
  • Venezuela: proceso electoral y legal tiene tan poca competitividad real que muchos analistas la ubican como autocracia electoral.
  • Países africanos con golpes militares recientes (Burkina Faso, Mali, Níger, Chad, Gabon) han experimentado regresiones democráticas.

Tendencias y por qué esto importa

  • La democracia global está en retroceso y las autocracias no sólo siguen ahí, sino que en algunos casos aumentan su control interno.
  • Un tipo común ahora es el que usa elecciones para disfrazar poder autocrático, algo que no encaja con la idea clásica de gobierno absoluto por la fuerza, pero que sigue siendo autoritario en los hechos.
  • Esta expansión no es uniforme: regiones como Europa occidental o partes de Oceanía mantienen democracias sanas, mientras que muchas zonas de África subsahariana, Medio Oriente, Asia central y partes de América Latina muestran retrocesos en libertades y competencia política.

Resumiendo sin querer ponernos dramáticos: el mundo está menos democrático y más controlado por gobiernos autoritarios que hace una o dos décadas. No es una película apocalíptica, solo la constatación de que las mediciones de democracia y autocracia se están moviendo en la dirección que nadie pensaba después de los años 90.

¿Por qué las autocracias están ganando terreno?

Sin fingir sorpresa ni caer en el “es muy complejo” para no decir nada, podemos decir:

1. Fatiga democrática (o cuando la democracia promete y no cumple)

La democracia vende participación, igualdad y prosperidad. Luego entrega:

  • burocracia lenta
  • desigualdad creciente
  • políticos que rotan pero problemas que no

Mucha gente no se vuelve autoritaria por ideología, sino por agotamiento. Si votar no cambia nada tangible, aparece la tentación del “que mande uno y decida rápido”. No es amor al tirano, es hartazgo.

2. Desigualdad económica y precariedad crónica

Las autocracias prosperan cuando:

  • hay clases medias empobreciéndose
  • jóvenes sin expectativas
  • regiones enteras olvidadas

En ese caldo, el discurso autoritario funciona porque es simple y emocional: culpa a élites, extranjeros, minorías, periodistas, jueces. La democracia, en cambio, responde con gráficos y comisiones. Adivina cuál gana en TikTok.

3. Líderes que usan la democracia para matarla

Este es el truco moderno estrella:

  • llegas al poder por elecciones
  • debilitas tribunales, prensa y oposición
  • sigues celebrando elecciones, pero ya amañadas

No hacen falta tanques. Basta con leyes “técnicas”, reformas “legales” y control del relato. Es más limpio, más barato y mucho menos escandaloso. Rusia, Hungría, Turquía, Venezuela y compañía no inventaron nada, solo lo perfeccionaron.

4. Tecnología como aliada del control

Antes vigilar a la población era caro e ineficiente. Ahora:

  • cámaras
  • reconocimiento facial
  • rastreo digital
  • manipulación algorítmica

Las autocracias modernas no necesitan terror constante. Les basta con vigilancia permanente y castigo selectivo. El mensaje es claro: “Sabemos quién eres. Compórtate.” Funciona sorprendentemente bien.

5. El modelo autoritario dejó de dar vergüenza

Durante años, el consenso era: democracia = progreso. Eso se rompió.

  • China crece sin libertades
  • monarquías del Golfo son ricas y estables
  • Rusia vendió durante años la idea de orden y orgullo nacional

Muchos países miran eso y piensan: “No necesitamos democracia para desarrollarnos”. No es cierto a largo plazo, pero a corto plazo parece funcionar. Y la política vive de lo inmediato.

6. Crisis global tras crisis global

Desde 2008 el mundo encadena:

  • crisis financiera
  • pandemia
  • guerras
  • inflación
  • crisis climática

Las crisis favorecen el mando fuerte, el estado de excepción, el “ahora no es momento de protestar”. Las democracias sobreviven mal a emergencias prolongadas. Las autocracias se sienten como en casa.

7. Democracias que se disparan en el pie

Corrupción, polarización extrema, desinformación, partidos que prefieren ganar a gobernar. Cuando la democracia se convierte en:

  • insultos constantes
  • bloqueos institucionales
  • política como espectáculo

la gente deja de verla como algo valioso y empieza a verla como un circo caro. Y nadie defiende con entusiasmo un sistema que percibe como inútil.

En resumen, y sin poesía

Las autocracias avanzan porque:

  • ofrecen orden cuando la democracia ofrece frustración
  • usan elecciones como fachada
  • explotan crisis reales con soluciones falsas pero simples
  • controlan mejor el relato y la tecnología

No es que la gente ame menos la libertad. Es que muchos sienten que la libertad no les está sirviendo de mucho.

Y ahí está el problema de fondo. No el autócrata. El vacío que aprovecha.

El guardián de los sauces

Ficción

Dicen en el pueblo que en cada primavera el viento baja beodo de la sierra, tambaleándose entre los huertos, buscando a los que aún seguirás recordando. Yo lo sé, porque lo huelo: ese aroma de flores engañosas, donde una centella cae sobre las aguas del río y todo parece acné de perfección, pero basta un suspiro para que nadie recuerde lo que vio.

En esas tardes, los eróticos perfumes de la multitud flotan entre los álamos, y la cabellera del aire se llena de hilos de araña que desea atrapar los suspiros de las violetas. Se dice que ellas reavivan lo muerto. Que si uno se atreve a romper una rama de los sauces, puede escapar del destino, aunque ello traiga consigo las puertas del desierto y sus pesares.

Yo lo hice. Lo confieso. Me arranqué la máscara del miedo y seguí el canto del río hasta adquirir una libertad que nunca pedí. Fui dispensada de los niños que reían junto a las atarjeas, porque yo los llamé y ninguno volvió. Eran tan tiernos, y el galope del agua se los llevó, como si el río reservara su propio combate.

Me refugié entre legumbres y sombras, y me creyeron tonta, pero era capaz de hablar con los muertos. Ellos, descarnado consuelo, me pidieron que dijera la auténtica palabra:
—No la que refiero, sino la que no ha nacido todavía.

Entonces el mundo se volvió un festín, un banquete mecánico de risas que no eran mías. Buscar sentido solo replicaba mis cuidados, mientras las moscas, grises, danzaban sobre el lago donde la luna se encogía entre hojas manchada de recuerdos.

Era la mártir del silencio. Había recuperado algo que no tenía nombre: tal vez las leyes antiguas de Francia, o de Europa, o de alguna camisa blanca que manda sobre los decorados del alma. Sentí que era mi oportunidad francesa, y que si vieras bien, entenderías que todo podría repetirse, como los sueños que estaban antes del nacimiento.

Pero las alimañas del tiempo me cercaron. Y supe que hacerse cuento es el único modo de sobrevivir a lo real. Me senté bajo la lámpara apagada, y el guardián —cuyo rostro era de sombra— me habló sin boca:
—No llores más, hija aventurera. Ni santa ni diosa. Solo un eco que mostró a los humanos lo que no deben tratar de comprender.

En el inmediato silencio nos emborrachábamos de vida.
—Si tienes miedo —me susurró—, deja que los carámbanos del norte alejen los espantosamente dulces recuerdos que te rodeen.

Y esto fue lo que aprendí: los consejos del alma valen más que la falta, y el Cristo existente no cuelga de una cruz, sino de un árbol en flor. Si algún día logras arrojar tus paisajes al occidente, verás cómo los halos custodian la clave del regreso.

Porque en este pueblo, donde las violetas hablan y los sauces lloran, la primavera nunca muere: solo cambia de sueño.

Como un vino que arranco del muro

Poesía

Inmóviles, la libertad acotaba su propia salvación intacta,
y yo, con alucinaciones de farsa,
les pido —¡tengan imaginación, holgazaneemos!—
porque el ausente rumor de trenzas
ya no distingue el ruido de mi caída.

Así muera: me revolcaré en el bochorno,
entre las fuerzas que quiero, que doy,
con este principio de bautismo
que no es más que almuerzo secuestrado
en una mesa amenazada de equivocación.

¿Y vosotros? ¡Equivocáis torturas!
Acaso en insignificante latín formulo mis deseos,
esperando tabaco, esperando cansados,
esperando la verdad, madre,
como un vino que arranco del muro.

Ignoro si soy bueno,
o madre de pocos,
pero la caída matará a divulgar purpurina,
porque hasta escribía diversiones respetables,
¡y me salió pelotón!

Bella durmiente

Ficción

He temido que se presente en mi casa. Siempre lo había evitado. No se como ha podido ocurrir pero el hecho es ineludible ya. Ha venido el Enano con toda su rabia y su mal genio. El Envolvimiento -que tan cuidadosamente preparé- ha caído y la Bella durmiente ha despertado. Cada vez que se produce una Liberación de la doncella me pasa lo mismo: Me desplomo tendido como una Montaña a la que le han arrancado su secreto.

No hay temblor que se compare al que me recorre ahora, ni viento más frío que el que me sopla desde sus ojos abiertos. La Bella durmiente no se ha despertado para besar al príncipe. No. Ha despertado con la mirada de quien ha visto todo mientras dormía. Y yo, que me creía su guardián, su cuidadoso tejedor de sueños, soy ahora su prisionero.

El Enano no dice nada. Camina entre los muebles de mi casa como si los conociera, gruñendo apenas, rascando las paredes con sus uñas amarillas. Cada paso suyo es una fisura nueva en mis muros. No puedo mirarlo mucho tiempo, me encojo. Él es mi error más antiguo, el que enterré bajo capas de silencio y de símbolos cuidadosamente ordenados. Pero ahora ha vuelto.

La Bella me mira, y no hay ternura. Ha recordado el hechizo, el encierro, el tiempo robado. En su silencio hay juicio, y también fuego. Lo sé porque comienza a hablar, y cada palabra suya es como una llama que lame las vigas de este refugio que construí a fuerza de negaciones.

—Tú sabías lo que hacías.

Y no puedo negarlo. Lo sabía. Lo hice. Para protegerla, me repetía. Pero también para protegerme de ella. Porque su libertad era mi caos.

Entonces, el Enano ríe. Esa risa diminuta y terrible, como el crujir de un hueso viejo. Y en ese momento comprendo que no ha venido a destruirme: ha venido a presenciar mi ruina.

La Bella no llora. Se levanta. Camina hacia la puerta. Su sombra se alarga sobre mí, desdibujándome. Yo no me muevo. No puedo. Me quedo allí, tendido como la Montaña que ha sido despojada no solo de su secreto, sino también de su silencio.

Y cuando se va, todo se llena de un sonido que ya no reconozco: el del mundo comenzando de nuevo sin mí.

…El Enano permanece. Se sienta donde solía leer, junto al fuego que ya no arde.
—¿Contento, Prometeo? —dice, escupiendo la palabra como si le quemara—. Robaste el fuego, sí… pero no pensaste en lo que vendría cuando los dioses despertaran.

Mi cuerpo sigue sin responder, como si fuera Gregorio Samsa después de que lo han descubierto, despojado ya de cualquier humanidad que pudiera fingir. Me doy cuenta, demasiado tarde, de que el castigo no es la metamorfosis, sino el reconocimiento de la culpa en el espejo de quienes te miran.

La Bella, antes de salir, dejó un rastro. No un zapatito de cristal —esa dulzura de cuento ya no existe aquí— sino algo más crudo: una hebra de su cabello atrapada en la puerta, como la madeja que Ariadna ofreció a Teseo. Pero esta vez no es para que yo salga del laberinto. Es para recordarme que estoy en él, y que ella ha salido.

El Enano hojea mi ejemplar de Fausto, el viejo, el subrayado.
—¿Te acuerdas cuando creíste que podías pactar sin pagar precio? Que la doncella sería tuya, el conocimiento sería tuyo, la vida toda tuya. Te vendiste barato, amigo. Muy barato.

No respondo. Solo escucho. El Enano huele a caverna, a páginas húmedas, a pasillos sin salida.

—Ella no era tuya —dice, como quien clava la última estaca en el corazón de un vampiro—. Nunca lo fue. Ni tú eras el sabio. Eras solo el guardián de un sueño que no te pertenecía. Como el Capitán Nemo escondido en su Nautilus, creíste que podías flotar eternamente bajo las aguas sin que el mundo reclamara lo suyo.

Las palabras caen como piedras. Todo lo que he leído, todo lo que amé en los libros —el romanticismo de Werther, la contención de Kafka, la furia sorda de Raskólnikov, el tiempo suspendido de Macondo— me pesa ahora como una culpa compartida. Como si los personajes mismos me señalaran, acusándome de haberlos usado como refugio.

Y mientras el Enano se ríe, y el eco me devuelve la carcajada multiplicada, solo me queda una certeza: esta historia ya no me pertenece. La Bella ha despertado. El ciclo ha cambiado. El mito ha sido reescrito.

Y yo… yo soy solo el narrador caído. El Prospero sin isla.
El que no supo soltar el libro a tiempo.

…Y entonces, algo cambia.

El Enano calla. De pronto. Cierra el Fausto con un chasquido seco, como si con ello sellara un conjuro. Me mira. No con burla esta vez, sino con algo peor: una paciencia antigua, ritual.

—¿Sabes qué día es hoy? —pregunta con voz baja.

No respondo. Siento el pulso en mis sienes, sordo, irregular, como si el corazón hubiese empezado a latir bajo tierra. El aire se espesa. Todo huele a polvo viejo, a sótano cerrado, a páginas nunca leídas.

—Hoy es el día —dice el Enano, levantándose— en que se abren las puertas que no debieron construirse.

Camina hacia la estantería del fondo. Aquella que nunca toco. Donde guardo los libros que llegaron sin remitente, sin título, sin fecha. Libros que encontré una noche en mi puerta, envueltos en cuerda roja. Jamás los abrí. Los sentía… temblar.

—Ella los abrió —susurra el Enano mientras acaricia el lomo de uno—. Por eso ha despertado. Por eso el sueño ya no es seguro.

Un crujido. Muy leve. Viene del techo. No… más allá del techo. Como si algo se moviese en el entretecho, deslizándose, esperando. Me incorporo apenas, un temblor involuntario me sacude los dedos. No reconozco mi cuerpo.

El Enano sonríe sin dientes.
—¿Creíste que bastaba con encerrar a la Bella? ¿Que el Envolvimiento era perfecto? Te olvidaste del Tercer Nombre.

Mi sangre se hiela.
Nadie debería saber eso.
El Tercer Nombre.
Lo que ni los libros nombraron. Lo que escribí una vez y luego destruí.

—Ella lo pronunció —dice—. Justo antes de cruzar el umbral.

La habitación tiembla ligeramente. Apenas un susurro de movimiento, pero lo suficiente para que los marcos de los cuadros crujan. La casa ya no me pertenece. Es un umbral.

El Enano avanza hacia mí. Ya no cojea.
—Vendrán por ti. Como vinieron por todos los que encerraron algo que debía correr libre.

Abre uno de los libros sin título. Las páginas no están en blanco, como siempre creí. No. Están escritas en una caligrafía temblorosa y constante, como copiada por alguien en trance. Y al mirar la tinta, me doy cuenta: no es tinta.

Mi reflejo no está en el vidrio de la ventana. Solo el de ella. La Bella. Afuera, bajo la lluvia. Inmóvil. Esperando.

No llama. No se mueve.
Solo está.

Y detrás de ella, algo más se insinúa entre sombras.
Altísimo.
Curvado.
Como si la pesadilla también hubiese despertado.

Y entonces entiendo que no era un cuento.
Era un sello.
Un encantamiento sellado con palabras, sí…
Pero también con sangre.
Y se ha roto.

…El Enano cierra el libro de golpe. La habitación exhala un suspiro largo, como si hubiese estado conteniendo el aliento durante siglos. Yo también lo había estado haciendo, sin saberlo.

—Ahora viene el final —dice. Pero lo dice con tristeza. No con triunfo.

Fuera, la Bella sigue bajo la lluvia. No da un paso. No sonríe. No tiembla. Solo observa, con la misma calma con la que se contemplan las cosas que ya han sucedido. El ser que la acompaña —eso que se oculta tras ella, curvado, imponente— da un paso hacia adelante. Y entonces veo su rostro.

El mío.

Pero no el de ahora.
No este rostro pálido, consumido.
Es mi rostro de niño. Inocente. Antes de los libros, antes de los sellos, antes del Encierro.

—¿Lo entiendes ahora? —pregunta el Enano, muy cerca de mí. Su voz ya no suena grotesca. Tiene un tono suave, casi humano. Casi mío.

Y entonces, por primera vez, lo miro bien.

El Enano no es un intruso. No un demonio. No una maldición.
Es una parte que arranqué de mí para poder sostener el Hechizo. La parte que sabía dudar. Que sabía tener miedo. Que gritaba cuando la Bella fue encerrada. Que se negó.
Lo transformé en él.
Y lo exilié.

—Ella nunca fue la prisionera —dice el Enano con una voz que se deshace como humo—. Tú lo fuiste.

Y entonces comprendo.

Yo dormía.
Desde el primer momento.
Todo esto era el Sueño. El Encierro era mío.

La Bella no ha despertado.
Ella me ha despertado a mí.

Un temblor sacude la casa. Las paredes no se derrumban: se disuelven. Los libros se desintegran, palabra por palabra, línea por línea. La caligrafía de los tomos sin título se evapora como niebla.

Y al mirar otra vez por la ventana ya no hay lluvia. Ni casa.
Solo un campo abierto. Una llanura inmensa bajo un cielo sin tiempo.

Ella está allí. Esperándome.

El niño también.
Yo.

Y el Enano… ha desaparecido.

Me pongo de pie por fin.
El cuerpo me responde como si acabara de nacer.
Doy un paso. Luego otro.

Y mientras camino hacia ellos, sé que no hay redención.
Pero sí algo más hondo. Más limpio.
Un regreso.

A lo que fui.
A lo que perdí para protegerme del mundo.

Y a lo que, por fin, me ha venido a despertar.

El pensamiento filosófico de Nietzsche

No ficción

Uno de los conceptos centrales en el pensamiento de Nietzsche es el de «superhombre«. Para Nietzsche, el superhombre es aquel individuo que se ha liberado de las limitaciones impuestas por la moral y la religión tradicionales y que ha desarrollado su propia moral y su propia forma de vida. El superhombre es un ser libre e independiente que no se somete a las normas y valores establecidos por la sociedad.

Otro concepto importante en el pensamiento de Nietzsche es el de «voluntad de poder«. Según Nietzsche, la voluntad de poder es la fuerza que impulsa al ser humano a desarrollarse y a superarse a sí mismo. Para Nietzsche, la voluntad de poder es lo que da sentido a la vida y lo que nos impulsa a buscar la excelencia y la perfección.

En general, el pensamiento de Nietzsche se caracteriza por su crítica a la moral y la religión tradicionales y por su defensa de la libertad y la individualidad del ser humano. Su obra ha sido muy influyente en el pensamiento contemporáneo y sigue siendo estudiada y discutida por filósofos y estudiosos de todo el mundo. Algunas de las obras más famosas de Friedrich Nietzsche son:

Así habló Zaratustra – una novela filosófica que trata sobre el concepto del «Übermensch» o «Superhombre». Es una obra filosófica escrita por Nietzsche en tres partes, publicada entre 1883 y 1885. La obra presenta la figura de Zaratustra, un profeta que renuncia a su vida en el monasterio para predicar su visión del «superhombre» y la eterna recurrencia. La obra es considerada como una de las más importantes de Nietzsche y ha sido interpretada de muchas maneras diferentes, pero en general se considera que es una crítica a la moral tradicional y una proclamación de la voluntad de poder.

El nacimiento de la tragedia – una obra en la que Nietzsche presenta su teoría del origen dual del arte y el papel de la tragedia en la cultura griega antigua.

Más allá del bien y del mal – un libro en el que Nietzsche cuestiona las nociones tradicionales de moralidad y argumenta que el concepto de bien y mal es una invención humana. Publicada en 1886, en ella, Nietzsche critica las nociones tradicionales de moralidad y propone una nueva ética basada en la voluntad de poder. La obra también incluye una crítica del idealismo y una defensa de la perspectiva histórica y genealógica de la moral.

Genealogía de la moral – una obra que examina la historia de los sistemas morales y las motivaciones psicológicas que hay detrás de ellos, publicada en 1887, en la que propone una «genealogía» de la moralidad occidental. Nietzsche argumenta que las nociones tradicionales de bien y mal son producto de una lucha de clases y que la moralidad cristiana ha sido utilizada para oprimir a los poderosos.

Ecce Homo – una obra autobiográfica en la que Nietzsche reflexiona sobre su vida y sus ideas. Publicada en 1888, el año antes de su caída en la locura. En ella, Nietzsche da su propia interpretación de su obra y de su vida, y se presenta a sí mismo como un «hombre libre» que ha superado los límites de la moralidad tradicional.

El Anticristo es una obra escrita por Nietzsche en 1888. La obra es una crítica violenta del cristianismo y una defensa del paganismo antiguo. Nietzsche argumenta que el cristianismo ha sido perjudicial para la humanidad y que debe ser superado para que el «superhombre» pueda surgir.

Crepúsculo de los ídolos (1888) es una obra en la que critica a diversos filósofos y figuras históricas. La obra es considerada como una especie de «panfleto filosófico» y contiene una crítica a Platón, Kant y Schopenhauer, entre otros.

El caso Wagner es una obra escrita por Nietzsche en 1888, en la que critica a su amigo Richard Wagner y su música. Nietzsche argumenta que la música de Wagner es poderosa, pero que su contenido es decadente y nihilista.

Friedrich Nietzsche ha tenido una gran cantidad de defensores y detractores a lo largo de la historia. Algunos de los principales defensores y detractores de Nietzsche y los motivos detrás de su postura son:

El filósofo alemán Martin Heidegger es considerado uno de los principales defensores de Nietzsche. Heidegger vio en Nietzsche una crítica radical de la metafísica occidental y una llamada a la superación de la filosofía tradicional. Heidegger también apreció en Nietzsche una comprensión profunda de la finitud humana y la existencia.

El filósofo francés Gilles Deleuze es otro defensor de Nietzsche. Deleuze vio en Nietzsche una crítica del pensamiento dominante y una llamada a la creatividad y a la liberación personal. Deleuze también apreció la concepción de Nietzsche sobre la multiplicidad y el devenir.

El filósofo estadounidense Walter Kaufmann es conocido por su defensa de Nietzsche y su traducción y estudio de su obra. Kaufmann argumentó que Nietzsche es un pensador importante cuyas ideas han sido malinterpretadas y tergiversadas por otros.

El filósofo y sociólogo alemán Theodor Adorno fue un crítico de Nietzsche, alegando que su filosofía es peligrosamente cercana al fascismo y el nacionalsocialismo. Adorno argumentó que la idea del «superhombre» de Nietzsche es una apología del dominio y la opresión.

El filósofo austriaco Karl Popper también fue crítico de Nietzsche, argumentando que su filosofía es una forma de historicismo y que su idea del «eterno retorno» es una forma de determinismo. Popper argumentó que Nietzsche es un precursor del totalitarismo y el autoritarismo.

El sociólogo alemán Max Weber argumentó que Nietzsche es un pensador irracional y relativista, cuyas ideas son una negación de la razón y una apología del caos y el desorden. Weber argumentó que Nietzsche es una amenaza para la civilización occidental y una negación de la ética y la moral.

La interpretación de la obra de Nietzsche y su importancia en la historia de la filosofía es un tema debatido y ha sido interpretado de diferentes formas a lo largo del tiempo. Hay un amplio espectro de opinión sobre su obra y su importancia en el pensamiento contemporáneo.

Una bibliografía básica de las obras de interpretación y análisis de Nietzsche escritas por otros autores podría empezar por las siguientes:

  1. Walter Kaufmann, Nietzsche: Filósofo, Psicólogo, Anticristo
  2. Gilles Deleuze, Nietzsche y la Filosofía
  3. Martin Heidegger, Ser y Tiempo
  4. Alexander Nehamas, Nietzsche: Life as Literature
  5. Brian Leiter, Nietzsche on Morality
  6. R. J. Hollingdale, Nietzsche: The Man and His Philosophy.
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Para finalizar, en mi opinión, una lectura crítica de Nietzsche debe separar con fino escalpelo la parte en que critica y la parte en que propone, mientras que la primera es sin duda acertadísima, la segunda es sencillamente pueril y casi ridícula. Una vez que este ha criticado ferozmente la cultura y el ethos cristiano (como él decía, «haber matado a Dios») es poco menos que una traición a sí mismo, dar vida a otro Dios peor: el «Superhombre«.

Niña de la desolación en Gaza

No ficción

En medio de la desolación, la niña se erige como un eco silencioso de la resistencia, un verso perdido en la sinfonía rota de la ciudad. Su figura menuda, contornos de esperanza en una paleta de desesperación, se yergue como un lamento callado entre las ruinas.

En sus ojos, la travesía de los tiempos oscuros, un reflejo de estrellas desterradas, buscando su propio camino a través del humo y la sombra. Sus pies descalzos tocan la tierra herida, absorben la memoria de las calles que antes resonaban con risas infantiles, ahora ahogadas por el estruendo de la tragedia.

La polvorienta vestimenta que la envuelve se convierte en el estandarte de una resistencia que no cede ante el tiempo, una armadura frágil pero indestructible que lleva impresa la historia en cada hilo desgastado. Sus manos, pequeñas y firmes, sostienen la fragilidad de la vida en este teatro de desolación.

La mirada de la niña, un faro de determinación perdido en un horizonte de desesperanza, se proyecta hacia el futuro incierto. Un susurro de sueños olvidados danza en su mirar, desafiando a la desolación que la rodea. Su cabello, un río de ébano, fluye como un tributo a la libertad que aún persiste en los corazones, a pesar de la opresión de los escombros.

En este paisaje desgarrado, la niña se convierte en la musa de la resistencia, la poesía que emerge de las grietas del caos. Es el verso clandestino que se escribe con la tinta de la supervivencia, una promesa en el eco de la destrucción. En su soledad, se forja la epopeya de un renacimiento que desafía el silencio de la guerra, un eco que resonará en las páginas que la historia aún no ha escrito.

El conocimiento, el poder y la responsabilidad

No ficción

Hay personas que se consolarían hasta del fin del mundo con tal de que ellas lo hubiesen anunciado. Friedrich Hebbel

Algunas personas encuentran consuelo o satisfacción en la idea de predecir eventos, incluso si son catastróficos, porque les da una sensación de control o conocimiento. Es un tema común en la literatura y la filosofía, donde se explora la relación entre el conocimiento, el poder y la responsabilidad.

En la literatura y la filosofía, se exploran una amplia variedad de temas que abordan cuestiones fundamentales de la existencia humana y el conocimiento. Algunos de los temas comunes incluyen:

  • Epistemología: El estudio del conocimiento, su naturaleza y limitaciones.
  • Ética: La reflexión sobre la moralidad, el bien y el mal, y los principios éticos.
  • Estética: La exploración de la belleza, el arte y las experiencias estéticas.
  • Ontología: El análisis del ser, la existencia y la realidad.
  • La relación entre lenguaje y realidad: Cómo el lenguaje influye en nuestra comprensión del mundo y viceversa.

Estos temas se entrelazan a menudo con la narrativa, los personajes y las representaciones artísticas para explorar la condición humana, la sociedad y el universo.

La relación entre el conocimiento, el poder y la responsabilidad es un tema central en diversas disciplinas, incluyendo la filosofía, la sociología y la política. Aquí hay algunos puntos clave y hechos relacionados:

Conocimiento como Fundamento del Poder: El conocimiento otorga a las personas la capacidad de tomar decisiones informadas y ejercer influencia. Francis Bacon, un filósofo del Renacimiento, acuñó la frase “ipsa scientia potestas est” (el conocimiento en sí es poder), destacando la importancia del conocimiento empírico y científico.

Poder y su Ejercicio Responsable: El poder conlleva la responsabilidad de usarlo de manera ética y justa. En la educación, por ejemplo, el poder del conocimiento debe usarse para promover la autonomía, el respeto y la solidaridad, en lugar de generar violencia o discriminación.

Foucault y el Poder: Michel Foucault, un filósofo del siglo XX, analizó cómo el conocimiento está intrínsecamente ligado al poder y cómo las ‘verdades’ son establecidas por aquellos en posiciones de autoridad.

Estos puntos subrayan la importancia de entender la relación entre conocimiento, poder y responsabilidad para fomentar sociedades más justas y equitativas.

Varios filósofos más han abordado el tema del poder y la responsabilidad a lo largo de la historia:

Baruch Spinoza: En su obra “Ética”, Spinoza argumenta que la libertad consiste en comprender la necesidad existente entre causas y efectos del universo, incluidas las del cuerpo y la mente humana. Según él, es precisamente cuando el hombre comprende que no es libre cuando es libre, ya que el conocimiento nos convierte en personas libres y, por tanto, responsables de nuestra vida.

Max Weber: Weber exploró la relación entre el poder y los valores éticos, y cómo estos influyen en la organización social y la política.

Max Weber fue un influyente sociólogo, economista, jurista, historiador y politólogo alemán, nacido el 21 de abril de 1864 en Erfurt y fallecido el 14 de junio de 1920 en Múnich. Es considerado uno de los fundadores del estudio moderno de la sociología y la administración pública. Weber es conocido por su análisis del capitalismo, la burocracia y la religión. Su obra más famosa, “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”, explora cómo las creencias religiosas pueden influir en el desarrollo económico y la ética del trabajo.

Además, Weber introdujo conceptos fundamentales en sociología como la “jaula de hierro” para describir el aumento de la racionalización y la burocratización en la sociedad moderna. También diferenció entre el poder y la autoridad, y desarrolló una tipología de la acción social que sigue siendo relevante en la teoría sociológica actual. Weber tuvo un impacto duradero en las ciencias sociales

Sigmund Freud: Aunque es más conocido por sus contribuciones al psicoanálisis, Freud también reflexionó sobre cómo el poder y la autoridad afectan al individuo y a la sociedad.

Hans Kelsen: Kelsen fue un jurista y filósofo que analizó el poder desde una perspectiva legal y ética.

Estos pensadores han contribuido significativamente a nuestra comprensión del poder y la responsabilidad, cada uno desde su propia perspectiva y contexto histórico.

La libertad en Internet continúa en descenso

No ficción

Internet ha dejado de ser, según los últimos informes, un lugar donde los usuarios gozan de libertad plena para comunicar y expresar cualquier tipo de información, a un espacio cada vez más controlado y vigilado por instituciones políticas de todo el mundo.

Hace apenas unos días, la organización Freedom House, dedicada a tratar de expandir la libertad y democracia por todo el mundo, publicó un informe en el cual se evalúa el estado en el que se encuentran 195 países y 14 territorios en cuanto a la presencia de libertades en sus respectivas sociedades durante el año 2017. Cada país y territorio recibe una puntuación, teniendo en cuenta 25 indicadores diferentes y puntuando sobre un máximo de 100 puntos.

Según el informe, los derechos políticos y libertades civiles a nivel global en los últimos 10 años llegaron a su punto más bajo en 2017. Es importante recordar que 2017 constituyó un momento político marcado por el alzamiento de autócratas alentados, democracias asediadas, y por la retirada de los Estados Unidos de su papel de liderazgo en la lucha global a favor de las libertades humanas. Además, en los países civilizados, encontramos problemas crecientes como las brechas económicas y sociales, fragmentaciones partidistas, ataques terroristas o el influjo de refugiados que ha provocado un endurecimiento de las políticas migratorias y ha llevado a muchos a desconfiar del prójimo. Todos estos nuevos desafíos a los que se enfrentan gran parte de los países democráticos a día de hoy, han impulsado el ascenso de líderes populistas quienes optan por adoptar medidas anti-inmigración y dan poca atención a defender las libertades civiles y políticas fundamentales. De esta manera, vemos como partidos de extrema derecha en Europa han ganado votos y escaños en países como Francia, Holanda, Alemania y Austria, durante el 2017.

El informe anual de 2018 de esta organización, también recoge que diferentes gobiernos de todo el mundo están intentando hacerse con un control más rígido sobre los datos de los internautas, al mismo tiempo que sacan ventaja de una serie de leyes aprobadas por ellos mismos para luchar contra la desinformación en la red, contra las llamadas “Fake News”, las cuales están floreciendo en estos últimos años.

El presidente de Freedom House, Mike Abramowitz, dijo a los periodistas que existe una creciente aceptación de la idea por parte de la ciudadanía de que internet está siendo cada vez más utilizado para obstaculizar los esfuerzos democráticos, en lugar de para derrocar regímenes dictatoriales. Él añadió: “La propaganda y la desinformación están, cada vez más, envenenando la esfera digital, y los autoritarios y populistas están aprovechándose de la lucha contra estas noticias falsas como pretexto para encarcelar a periodistas de impacto y críticos de las redes sociales, a menudo a través de leyes que criminalizan la difusión de información falsa”.

Además, se sabe que los gobiernos de 18 países han aumentado sus controles de información digital entre junio de 2017 y ahora, con 15 de ellos considerando nuevas leyes de protección de datos, lo que podría obligar a empresas a almacenar localmente los datos de sus usuarios, facilitando en gran medida el acceso a éstos por parte de los gobiernos.

Además, el informe señala que los gobiernos de 32 países emplearon comentaristas pagados, bots y bulos para manipular conversaciones online. WhatsApp y otras apps de mensajería cifradas, se están convirtiendo en blancos de manipulación, los autores del informe señalan.

OTROS DATOS INTERESANTES SOBRE ESTE INFORME:

  1. Los países con las puntuaciones más bajas a nivel global son: Siria (-1/100), Sudán del sur (2/100), Eritrea (3/100) y Corea del Norte (3/100).
  2. España cuenta con una puntuación de 94 sobre 100, superior a la de países como Francia (90/100), Italia (89/100), Estados Unidos (86/100) o la República Checa (93/100).
  3. Un 39% de la población mundial disfruta plenamente de libertades fundamentales, frente a un 24% que lo hace parcialmente, y un 37% que carece de libertades de todo tipo.
  4. El país que más ha sufrido en el mantenimiento de sus libertades civiles y derechos políticos es Turquía, que pasa de ser un país “parcialmente libre” a un país “no libre”, perdiendo 34 puntos en los últimos 10 años.
  5. Estados Unidos, quien ha sido considerado el principal país promotor de la defensa de las libertades y de la democracia, ha perdido 8 puntos de la puntuación dada por Freedom House en los últimos 10 años. Ello se debe principalmente a: la hipótesis cada vez más certera de que Rusia haya podido interferir en la campaña presidencial de 2016, violaciones de estándares éticos por la administración Trump, así como la reducción en transparencia por parte del gobierno.
  6. Si observamos el balance neto de los distintos países que participan en el estudio en los últimos 12 años, podemos afirmar que 113 países han empeorado sus respectivas puntuaciones, mientras que 62 países han conseguido mejorar con respecto a la garantía de libertades y actuaciones democráticas.

20 haikus florales

Poesía

Flores de primavera,
vida de las hespérides
campo brillando.

Verano caliente,
jardín de rosas en flor,
aroma dulce.

Invierno frío,
ramillete de cicuta,
belleza en la nieve.

Montañas verdes,
flores silvestres rujen
en la pureza.

Mar azul cristal,
flores de coral crecen,
vida bajo el agua.

Ciudad del ruido,
maceta de geranios rojos,
son tan humanos.

El bosque oscuro,
flores y lunas creciendo,
misterio de la noche.

Pradera verde,
flores de margaritas,
simples y hermosas.

Desierto caliente,
cactus que ha florecido,
vida en la adversidad.

Corazón roto,
flor de lirio marchita,
esperanza será.

Alma solitaria,
flor de cerezo en flor,
belleza sola.

Mentes nubladas,
flor de loto en el lodo,
luz en oscuro.

Espíritu libre,
flor de amapola salvaje,
libertad sin fin.

Amor verdadero,
flor de rosa roja,
pasión eterna.

Paz interior,
flor de loto en el agua,
equilibrio mío.

Tiempo que pasa,
marchito crisantemo,
sólo recuerdo un día.

Vida mutable,
flor de dalia cambiando,
tan adaptada.

Miedo superado,
flor de loto brotando,
fortaleza mía.

Esperanza viva,
flor de luna creciendo,
luz en la oscuridad.