Como un vino que arranco del muro

Poesía

Inmóviles, la libertad acotaba su propia salvación intacta,
y yo, con alucinaciones de farsa,
les pido —¡tengan imaginación, holgazaneemos!—
porque el ausente rumor de trenzas
ya no distingue el ruido de mi caída.

Así muera: me revolcaré en el bochorno,
entre las fuerzas que quiero, que doy,
con este principio de bautismo
que no es más que almuerzo secuestrado
en una mesa amenazada de equivocación.

¿Y vosotros? ¡Equivocáis torturas!
Acaso en insignificante latín formulo mis deseos,
esperando tabaco, esperando cansados,
esperando la verdad, madre,
como un vino que arranco del muro.

Ignoro si soy bueno,
o madre de pocos,
pero la caída matará a divulgar purpurina,
porque hasta escribía diversiones respetables,
¡y me salió pelotón!