Ureus

Poesía

No hay paz.

Hay una serpiente
levantada en el corazón
como un pequeño dios de veneno.

Ureus.

La noche no duerme:
vigila.

Los dromedarios pasan lejos,
cargados de aldeas muertas,
y nadie levanta la mano.

Nada.

Nada levanta al hombre
cuando el amor se queda
sin su antigua medicina.

¡Grito!

Y mi grito vuelve
con los ojos de los demonios,
con su miscelánea de huesos,
con un Graal vacío
entre las manos.

Las Hespérides han cerrado sus puertas.

Queda el árbol.

Queda la fruta
brillando como una herida.

Queda el cazador
que ya no sabe qué persigue.

Yo también he olvidado.

Los albergues.
Los poemas.
Los nombres.
La paz.

He olvidado incluso
aquello que iba a olvidar.

Y, sin embargo,
algo permanece despierto:

una serpiente
sobre la frente de la noche,
una boca sin sueño,
un veneno que piensa.

Ureus.

Cuando todas las aldeas
encienden sus lámparas,
mi corazón apaga la suya.

Cuando los demás regresan,
yo avanzo.

Cuando la fiesta comienza,
yo escucho debajo de la tierra
el lento movimiento
de algo que todavía vive.

No hay corazón en paz.

Hay corazón.

Y eso basta
para que la noche
no termine.

El corazón en paz ve una fiesta en todas las aldeas.

Poesía

Calma calva,
dromedarios de la tarde,
¿Quién os ha visto pasar
por las aldeas donde nadie espera?

Yo fui cazador de Nada
y levanté mis manos
contra los dramas del cielo.
Nada.

Nada levantaba el corazón
sino el recuerdo de haber amado
antes de saber que el amor
también se aleja.

¡Grito!

Y los demonios,
con su miscelánea de heridas,
se sientan conmigo a la mesa.
Preguntan por el Graal,
por la medicina que importa,
por aquello que cura al hombre
antes de que el hombre sepa
que está enfermo.

Las Hespérides arden lejos.
Yo las miro
con estos ojos demás,
con estos ojos que han visto
tantas veces regresar la noche.

Pero hoy
el corazón, por un instante,
se queda en paz.

Y entonces las aldeas,
todas las aldeas,
se llenan de una música
que nadie toca.

Los pobres salen a las puertas.
Los muertos levantan la cabeza.
Los dromedarios beben
de una fuente que no existía.

Y yo,
que olvidé los albergues,
que olvidé los caminos,
que olvidé hasta mi nombre,
comprendo al fin
que la fiesta no estaba afuera.

Era el corazón,
solamente el corazón,
cuando deja de pedirle al mundo
que lo salve.

Entonces pasa la noche.

Y nada.

Nada duele tanto
como estar en paz.

Unas perlas de Groucho Marx

Ficción

“El matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución.”
“Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntarselo. Y si responde “sí”, entonces sabes que está corrupto.”
“¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”
“¿Por qué debería preocuparme por la posteridad? ¿Qué ha hecho la posteridad por mí?”
“La justicia militar es a la justicia lo que la música militar es a la música.”
“Una mañana me desperté y maté a un elefante en pijama. Me pregunto cómo pudo ponerse mi pijama.”
“He pasado una noche estupenda… pero no ha sido ésta.”
“Citadme diciendo que me han citado mal.”
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros.”
“Yo encuentro la televisión bastante educativa. Cuando alguien la enciende en casa, me marcho a otra habitación y leo un buen libro.”
“Parad el mundo que me bajo.”
“Conozco a centenares de maridos que volverían felices al hogar si no hubiera una esposa que les esperara. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio.”
“No estoy seguro de cómo me convertí en comediante o actor cómico. Tal vez no lo sea. En cualquier caso me he ganado la vida muy bien durante una serie de años haciéndome pasar por uno de ellos.”
“No es la política la que crea extraños compañeros de cama, sino el matrimonio.”
“Lo malo del amor es que muchos lo confunden con la gastritis y, cuando se han curado de la indisposición, se encuentran con que se han casado.”
“En esta industria, todos sabemos que detrás de un buen guionista hay siempre una gran mujer, y que detrás de ésta está su esposa.”
“Nunca voy a ver películas donde el pecho del héroe es mayor que el de la heroína.”
“Todo lo que soy se lo debo a mi bisabuelo, el viejo Cyrus Tecumseh Flywheel. Si aún viviera, el mundo entero hablaría de él… ¿Que por qué? Por que si estuviera vivo tendría 140 años.”
“Supongo que había que inventar las camas de agua. Ofrecen la posibilidad de beber algo a media noche sin peligro de pisar al gato.”
“He disfrutado mucho con esta obra de teatro… especialmente en el descanso.”
“Nunca pertenecería a un club que admitiera como socio a alguien como yo.”
“Inteligencia militar son dos términos contradictorios.”
“El secreto de la vida es la honestidad y el juego limpio… si puedes simular eso, lo has conseguido.”
“¿Por qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo?”
“En las fiestas no te sientes jamás; puede sentarse a tu lado alguien que no te guste.”
“Cuando muera quiero que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi representante.”
“¡Hay tantas cosas en la vida más importantes que el dinero!… ¡Pero cuestan tanto!”
“Desde el momento en que cogí su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.”
“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados.”
“Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente.”
“¿Servicio de habitaciones? Mándenme una habitación mas grande.”
“Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera virgen.”
“Fuera del perro, un libro es probablemente el mejor amigo del hombre. Y dentro del perro probablemente está demasiado oscuro para leer.”
“No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.”
“Partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de miseria.”
“Si sigues cumpliendo años, acabarás muriéndote. Besos, Groucho.” (Felicitación de Groucho a un amigo).
“Bob, ya sabes que yo en ti sólo tengo confianza… y muy poca.” (Frase de Groucho a Robert Dwan, director de su programa de TV “You Bet Your Life”).
“Fui casado por un juez. Pero mejor debería haber pedido un jurado.”

PFNHDM 5.UN TIPO NORMAL EN UN SITIO ESPECIAL

Ficción

monje Es extraño las circunstancias que pueden llevarle a uno a hacer esas cosas. Quizás, si lo hubiera pensado seriamente, no estaría aquí. Pero ya no valen las lamentaciones. Estaba realmente en el Tíbet, aunque ni rastro de Leonard por ningún sitio, excepto en mi iPod, del que nunca me separo. Es como si los sueños siempre se cumplieran al revés. Yo tenía que venir aquí a desaparecer después de haber hecho el trabajito, no precisamente a terminar el trabajito. Y ahora ¿A dónde voy yo después? Las Bahamas no son tan baratas. Miró a través de la ventana del hotel -si es que podía llamarse así a esta covacha donde se alojaba- y vio pasar a un monje calvo con gafas de culo de vaso y dientes de roedor. Hombre, ese sí que ha venido -pensó, dibujando de nuevo su estúpida sonrisa. Este es un buen augurio -pensé.

En la recepción le habían dejado una nota. Se mosqueó. Quién coño sabía que estaba allí. Alguien sabía sus intenciones y ahora tendría que cambiar de nuevo sus planes. ¿No habrás sido tú, eh, imbécil? Abrió el sobre. Contuvo la respiración. Un telegrama de su jefe. Menos mal. Respiró. En él le indicaba el contacto que le llevaría a la casa de Alfredo en el Tíbet. Llevará una bufanda blanca y zapatos granates acharolados. Cuando acabes de leer este telegrama estará esperándote en la recepción. Él te conducirá hasta la casa. Qué jodío, el tío. Lo tiene todo controlado. Efectivamente allí estaba un tipo flaco y estirado que, con unos gestos afectados, le indicaba la salida. Y efectivamente, llevaba bufanda blanca y zapatos granates acharolados. El resto era bastante oscuro en él.
Abrió el coche negro que esperaba en la puerta y le hizo sentarse en la parte de atrás. Sin mediar palabra alguna el oriental arrancó el coche y se dirigió a la salida más estrecha de la plaza. El camino era largo y atravesamos varios tramos de bosque y prados pedregosos. La verdad es que el paisaje era reconfortante, tal y como yo lo había imaginado. El cielo era de un azul imposible y el aire era tan limpio que dolía respirarlo. No había estorbos. No había edificios. No había basura. No había imbéciles. Nada que ver con Madrid. Sólo esas montañas blancas de fondo.

Abrió la ventanilla hasta que el frío penetró en sus pulmones. Le dolía el pecho de tanto camel y tanta mierda de Madrid pero aguantó las gélidas bocanadas de aire. El tipo estirado le miraba de reojo por el retrovisor. Esto le incomodó un poco pero trató de olvidarlo. Parecía sonreír con esa enigmática sonrisa de los orientales tan distinta a la de los occidentales. Qué hubiera pensado la Gioconda. Nunca sabes que piensan estos tíos. Es una sonrisa servil y a la vez asesina y traicionera. Después de todo, tampoco va a ser un chollo vivir en el Tíbet -pensé. No soportaría esa sonrisa todo el rato. En todas las caras. Centuplicándose a cada paso. Mientras divagaba vi pasar una especie de caravana de búfalos o algo por el estilo –he de confesar que yo no distingo una vaca de un burro. Esos campesinos de duras arrugas no parecen sonreír así -pensé. Y me tranquilicé de mis inquietantes zozobras anteriores. Por poco tiempo. Enseguida comenzaron otras.
De nuevo nos internamos en un bosque y esta vez el camino se hizo más incómodo. El coche se atascaba de vez en cuando. Me temía lo peor. Me veía empujando. Menudo fastidio. El oriental, en cambio, no parecía preocuparse. Seguía impasible con esa sonrisa servil y traicionera a la vez, aunque el coche patinara como un conejo en una pista de hielo. Así que me relajé. Justo en ese momento el coche paró. No. Mierda. Me lo temía. Cogí los guantes, dispuesto a empujar. El oriental bajó y para mi sorpresa y alivio me indicó con gestos que habíamos llegado. Señaló con el brazo hacia un claro del bosque y también que debía seguir a pie. Una casa se adivinaba a medio kilómetro de allí. El tipo se metió en el coche y dando media vuelta se alejó de nuevo por el mismo camino que había venido. Mi auténtica sonrisa de estúpido se congeló en mi cara.
tienda
Llegué a la casa. No era la entrada principal sino una trasera. Era una especie de cabaña de pastores. Una casa de piedra y madera. No una tienda de pastores nómadas de piel de búfalo, como las que había visto en el camino. Aproveché para fisgonear un poco antes de decidirme a entrar. Algo me estaba mosqueando. Me sentía observado, quizás desde el bosque o desde dentro de la casa misma. Busqué en las dos ventanas que estaban a mi vista. No parecía haber nadie en ellas. Busqué en mi bolsillo para asegurarme de que mi pipa seguía allí. Fiel a su cita. Bueno, ya no queda otra cosa que entrar. Así que lo hice. Llamé a la puerta educadamente. Como un occidental. La puerta estaba abierta y cedió a mis coscorrones. Nadie parecía darse por enterado. No contestaba nadie. ¿Hola? -dije. ¿Hola? ¿Hay alguien? Fui pasando lentamente por el oscuro lugar hacia otra puerta. Era la que más luz parecía ofrecer. Igualmente sin ningún resultado. ¿Alfredo? ¿Hay alguien? Recorrí toda la casa, no era grande, apenas unas cuantas estancias. Nadie por aquí. Nadie por allí. Nadie. ¿Qué coño de broma es esta? -pensé. Así que salgo de nuevo, esta vez a la puerta principal. Justo delante de la puerta tropiezo con un cadáver. ¡Joder!
El cadáver está boca abajo. Una nota en su espalda escrita en mayúsculas y en perfecto español dice: Por favor, no hables de mí. Y firma Nicolette. Mi frase favorita. Mi jodida frase favorita. Qué coño es todo esto. Qué clase de broma macabra me están gastando. Levanto un poco el cadáver para ver su cara. Ni idea. No conozco a este tío. Bonita situación. A ver qué hago yo ahora. Lejos de toda civilización. Sin ningún medio de transporte. Sin teléfono. Sin saber dónde estoy. Sin nada de nada. Con un cadáver que no se quién es, ni quién coño lo ha matado, ni porqué. Definitivamente algo funciona al revés.
Lo más gracioso de todo es que al tranquilizarme y volver a examinar la escena del crimen -como dicen- me percato de un maletín bajo sus piernas. Y ¿A que no adivinas, imbécil, que contiene el maletín? Un jodido millón de euros en billetes pequeños. ¿El jodido millón de euros que mi jefe me había prometido por el trabajito? -pienso. No puede ser. Yo tenía que ver a Alfredo para acabar el trabajito con él. Se supone que no había nadie muerto todavía. Que no iba a tener el millón hasta que no hubiera llegado a mi jefe la prueba del finamiento del canalla. En ese jodido momento me entran unas ganas enormes de cagar. Lo que faltaba. Vuelvo al bosque -no voy a hacerlo en la casa- y mientras -pienso- podré vigilar al cadáver desde lejos -aunque no creo que vaya a coger el maletín y a salir corriendo. Cuál no será mi sorpresa cuando en plena faena depositiva veo volver al oriental en el coche negro hasta la mismísima puerta de la casa -el muy capullo- y tranquilamente comienza a recoger el cadáver, el maletín y no se qué otra cosa más -vaya despiste el mío- como si se tratase de un atrezzo de teatro. Sin inmutarse lo más mínimo, el tío. Tengo que alcanzarle -pienso. No tengo papel para limpiarme y, con las prisas, utilizo la nota de la tal Nicolette -vaya día que llevo, joder. Arranca el buga y se va con el fiambre y el maletín y … lo que sea. Así de fresco. Sin más explicación. Ahora sí que no entiendo nada. Así que voy a sacar mi pipa para hacer un disparo y avisarle para que no me deje aquí colgado, cuando me doy cuenta de que me he dejado la pistola al lado del cadáver. Mierda, mierda y mil veces mierda. Esa era la otra cosa que ha cogido del suelo el muy ladino. No tienes remedio, Sonso -me digo a mí mismo sintiéndome el más estúpido de los hombres.
Es inútil contar cómo y cuánto tiempo me llevó salir de allí, gracias a los pastores nómadas del Himalaya. El caso es que consigo volver al hotel-covacha pero de inmejorables vistas. En la recepción me avisan de que la policía está esperando en mi habitación. La cagaste -pienso. La cagaste burlancaster. Pero no. Si realmente tuvieran algo contra mí, no estarían avisándome ahora de ello -pienso. Así que decido subir a mi magnífica suite con vistas al Everest. No tengo nada que esconder, ni que temer. Yo no he hecho nada ilegal. Todavía. Lo mejor es comportarse con sangre fría y averiguar qué quieren, qué saben o qué quieren saber. No voy a salir corriendo y acusarme de esta forma de algo que no he hecho. Mientras voy mascando estos razonamientos, oigo una acalorada discusión en el fondo del pasillo, justo en donde se encuentra mi habitación. Mosqueo… ¿Será en mi habitación? Para asegurarme me escondo tras un saliente del pasillo y espero oculto en la oscuridad. La discusión sube de tono y puedo distinguir con relativa claridad dos timbres diferentes de hombre y uno de mujer. Todos hablando -mejor dicho gritando- en oriental. Ni pajolera idea de qué, pero, ahora sí, estoy seguro que es en mi habitación. Vaya, alguien está organizando una fiestecita tibetana, con chica y todo, en mi suite. Sin contar conmigo y ni siquiera me invitan -pienso. O tal vez sí. ¿No me estaban esperando? ¿Seré el invitado o el anfitrión? De pronto dos disparos me dejan más tieso que el rabo de un potro en celo. Se acabó la fiesta. ¿Son los cohetes finales? ¿O más bien la fiesta sólo acaba de empezar? Silencio. Nadie parece tener nada que celebrar. La discusión ha cesado. Durante un largo rato, que a mí me parece interminable, no se oye nada. Nadie parece darse por aludido. Ni siquiera el recepcionista o la seguridad del hotel. Nadie acude. Nadie escapa. Nadie grita. Ninguna sirena. Nada. ¿Estarán todos muertos, joder? De nuevo mi oportuna incontinencia, esta vez de carácter mingitorio. Aguanto como sea, pero yo no me muevo de aquí hasta que sepa a qué atenerme.

Poesías

Ficción

Cántico espiritual
Canciones entre el Alma y el esposo

1
Esposa
¿Adónde te escondiste
Amado, y me dexaste con gemido?
Como el ciervo huyste
aviéndome herido;
salí tras ti clamando, y eras ydo. 5

2
Pastores, los que fuerdes
allá por las majadas al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
dezilde, que adolezco, peno, y muero. 10

3
Buscando mis amores
yré por essos montes, y riberas;
ni cogeré las flores;
ni temeré las fieras;
y passaré los fuertes, y fronteras. 15

4
¡O bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!
¡o prado de verduras,
de flores esmaltado!
dezid si por vosotros a passado. 20

5
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura;
y yéndolos mirando
con sola su figura
vestidos los dexó de hermosura. 25

6
¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de vero:
no quieras embiarme
de oy más ya mensajero,
que no saben dezirme lo que quiero. 30

7
Y todos quantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo;
y todos más me llagan,
y déxanme muriendo,
un no sé qué que quedan balbuziendo. 35

8
Mas ¿cómo perseveras,
¡o vida! no viviendo donde vives?
¿Y haziendo por que mueras
las flechas, que recives
de lo que del Amado en ti concibes? 40

9
¿Por qué, pues as llagado
aqueste coraçón, no le sanaste?
Y pues me le as robado,
¿por qué assí le dexaste,
y no tomas el robo, que robaste? 45

10
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshazellos.
Y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos;
y sólo para ti quiero tenellos. 50

11
Descubre tu presencia,
y máteme tu vista y hermosura;
mira que la dolencia
de amor, que no se cura
sino con la presencia, y la figura. 55

12
¡O christalina fuente
si en esos tus semblantes plateados
formases de repente
los ojos deseados
que tengo en mis entrañas dibuxados! 60

13
Apártalos Amado,
que voy de buelo.
Esposo
Buélvete paloma,
que el ciervo vulnerado
por el otero asoma
al ayre de tu buelo, y fresco toma. 65

14
Mi Amado las montañas,
los valles solitarios nemorosos,
las ínsulas estrañas,
los ríos sonorosos,
el silvo de los ayres amorosos, 70

15
la noche sosegada
en par de los levantes del aurora,
la música callada,
la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora. 75

16
Caçadnos las raposas,
que está ya florescida nuestra viña,
en tanto que de rosas
hazemos una piña,
y no parezca nadie en la montiña. 80

17
Detente cierço muerto.
Ven austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi huerto,
y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores. 85

18
¡O ninfas de Judea!
en tanto que en las flores, y rosales
el ámbar perfumea
morá en los arrabales;
y no queráis tocar nuestros humblares. 90

19
Escóndete Carillo,
y mira con tu haz a las montañas;
y no quieras dezillo;
mas mira las compañas
de la que va por ínsulas estrañas. 95

20
A las aves ligeras
leones, ciervos, gamos saltadores,
montes, valles, riberas,
aguas, ayres, ardores,
y miedos de las noches veladores. 100

21
Por las amenas liras,
y canto de serenas os conjuro,
que cessen vuestras yras
y no toquéis al muro,
porque la esposa duerma más siguro. 105

22
Entrádose ha la esposa
en el ameno huerto desseado,
y a su sabor reposa
el cuello reclinado
sobre los dulces braços del Amado. 110

23
Debaxo del mançano
allí conmigo fuiste desposada,
allí te di la mano,
y fuiste reparada
donde tu madre fuera violada. 115

24
Nuestro lecho florido
de cuevas de leones enlazado,
en púrpura tendido,
de paz edifficado,
de mil escudos de oro coronado. 120

25
A çaga de tu huella
las jóvenes discurren al camino,
al toque de centella,
al adobado vino,
emissiones de bálsamo divino. 125

26
En la interior bodega
de mi Amado beví, y quando salía
por toda aquesta bega,
ya cosa no sabía,
y el ganado perdí que antes seguía. 130

27
Allí me dio su pecho;
allí me enseñó sciencia muy sabrosa;
y yo le di de hecho
a mí sin dexar cosa;
allí le prometí de ser su esposa. 135

28
Mi alma se a empleado
y todo mi caudal en su servicio.
Ya no guardo ganado,
ni ya tengo otro officio,
que ya sólo en amar es mi exercicio. 140

29
Pues ya si en el egido
de oy más no fuere vista ni hallada,
diréis que me e perdido,
que andando enamorada
me hize perdediza, y fuy ganada. 145

30
De flores y esmeraldas
en las frescas mañanas escogidas
haremos las guirnaldas
en tu amor floridas,
y en un cabello mío entretexidas. 150

31
En solo aquel cabello
que en mi cuello volar consideraste,
mirástele en mi cuello,
y en él presso quedaste,
y en uno de mis ojos te llagaste. 155

32
Cuando tú me miravas,
su gracia en mí tus ojos imprimían;
por esso me adamavas,
y en esso merecían
los míos adorar lo que en ti vían. 160

33
No quieras despreciarme,
que si color moreno en mí hallaste,
ya bien puedes mirarme,
después que me miraste,
que gracia y hermosura en mí dexaste. 165

34
La blanca palomica
al arca con el ramo se a tornado;
y ya la tortolica
al socio desseado
en las riberas verdes a hallado. 170

35
En soledad vivía,
y en soledad a puesto ya su nido;
y en soledad la guía
a solas su querido
también en soledad de amor herido. 175

36
Gozémonos Amado:
y vámonos a ver en tu hermosura
al monte y al collado,
do mana el agua pura:
entremos más adentro en la espesura. 180

37
Y luego a las subidas
cavernas de la piedra nos yremos,
que están bien escondidas,
y allí nos entraremos,
y el mosto de granadas gustaremos. 185

38
Allí me mostrarías,
aquello que mi alma pretendía;
y luego me darías
allí, tu vida mía,
aquello que me diste el otro día. 190

39
El aspirar de el ayre,
el canto de la dulce filomena,
el soto y su donayre
en la noche serena
con llama que consume y no da pena. 195

40
Que nadie lo mirava,
Aminadab tampoco parescía;
y el cerco sosegava;
y la cavallería
a vista de las aguas descendía. 200

Noche oscura
Canciones de el alma que se goza de aver llegado al alto estado de la perfectión, que es la unión con Dios, por el camino de la negación espiritual. De el mesmo autor

                               En una noche obscura           
con ansias en amores inflamada  
   ¡o dichosa ventura!  
   salí sin ser notada  
estando ya mi casa sosegada.    5   

   Ascuras y segura 
por la secreta escala disfraçada    
   ¡o dichosa ventura!  
   a escuras y encelada 
estando ya mi casa sosegada.    10  

   En la noche dichosa  
en secreto que naide me veya    
   ni yo mirava cosa    
   sin otra luz y guía  
sino la que en el coraçón ardía.    15  

   Aquesta me guiava    
más cierto que la luz de mediodía   
   adonde me esperava   
   quien yo bien me savía   
en parte donde nadie parecía.   20  

   ¡O noche que guiaste!    
¡O noche amable más que la alborada!    
   ¡O noche que juntaste    
   Amado con amada, 
Amada en el amado transformada! 25  

   En mi pecho florido  
que entero para él solo se guardaba,    
   allí quedó dormido   
   y yo le regalava 
y el ventalle de cedros ayre daba.  30  

   El ayre del almena   
quando yo sus cavellos esparcía,    
   con su mano serena   
   en mi cuello hería   
y todos mis sentidos suspendía. 35  

   Quedéme y olbidéme   
el rostro recliné sobre el Amado;   
   cessó todo y dexéme  
   dexando mi cuydado   
entre las açucenas olbidado.    40  

Llama de amor viva
Canciones de el alma en la íntima communicación de unión de amor de Dios. Del mismo autor

                               ¡O llama de amor viva              
   que tiernamente hyeres   
de mi alma en el más profundo centro!   
   Pues ya no eres esquiva  
   acava ya si quieres, 5   
rompe la tela de este dulce encuentro.  

   ¡O cauterio suave!   
   ¡O regalada llama!   
¡O mano blanda! ¡O toque delicado,  
   que a vida eterna save   10  
   y toda deuda paga!   
Matando muerte en vida la has trocado.  

   ¡O lámparas de fuego 
   en cuyos resplandores    
las profundas cabernas del sentido  15  
   que estava obscuro y ciego,  
   con estraños primores    
calor y luz dan junto a su querido! 

   ¡Quán manso y amoroso    
   recuerdas en mi seno 20  
donde secretamente solo moras,  
   y en tu aspirar sabroso  
   de bien y gloria lleno   
quán delicadamente me enamoras! 

Coplas de el mismo, hechas sobre un éstasis de harta contemplación

                               Entréme donde no supe              
y quedéme no sabiendo,  
toda ciencia transcendiendo.    

1
Yo no supe dónde entraba
porque cuando allí me vi 5
sin saver dónde me estaba
grandes cosas entendí;
no diré lo que sentí
que me quedé no sabiendo,
toda sciencia trascendiendo. 10

2
De paz y de piedad
era la sciencia perfecta,
en profunda soledad
entendida vía recta,
era cosa tan secreta 15
que me quedé balbuciendo,
toda sciencia trascendiendo.

3
Estava tan embebido
tan absorto y ajenado
que se quedó mi sentido 20
de todo sentir privado,
y el espíritu dotado
de un entender no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

4
Quanto más alto se suve 25
tanto menos se entendía
que es la tenebrosa nuve
que a la noche esclarecía,
por eso quien la sabía
queda siempre no sabiendo, 30
toda sciencia trascendiendo.

5
El que allí llega de vero
de sí mismo desfallesce
quanto sabía primero
mucho baxo le parece, 35
y su sciencia tanto crece
que se queda no sabiendo,
y su sciencia trascendiendo.

6
Este saber no sabiendo
es de tan alto poder 40
que los sabios arguyendo
jamás le pueden vencer,
que no llega su saber
a no entender entendiendo,
toda sciencia trascendiendo. 45

7
Y es de tan alta excelencia
aqueste summo saber
que no ay facultad ni ciencia
que le puedan emprender
quien se supiere vencer 50
con un no saber sabiendo,
yrá siempre trascendiendo.

8
Y si lo queréis oýr
consiste esta summa sciencia
en un subido sentir, 55
de la dibinal esencia
es obra de su clemencia
hazer quedar no entendiendo,
toda sciencia trascendiendo.

Coplas de el alma que pena por ver a Dios. De el mismo autor

                           Vivo sin vivir en mí           
y de tal manera espero  
que muero porque no muero.  

   En mí yo no vivo ya  
y sin Dios vivir no puedo   5   
pues sin él y sin mí quedo  
este vivir ¿qué será?   
Mil muertes se me hará  
pues mi misma vida espero   
muriendo porque no muero.   10  

   Esta vida que yo vivo    
es privación de el vivir    
y assí es contino morir 
hasta que viva contigo. 
Oye mi Dios lo que digo 15  
que esta vida no la quiero, 
que muero porque no muero.  

   Estando absente de ti    
¿qué vida puedo tener   
sino muerte padecer 20  
la mayor que nunca vi?  
Lástima tengo de mí 
pues de suerte persevero    
que muero porque no muero.  

   El pez que del agua sale 25  
aun de alibio no carece 
que en la muerte que padece 
al fin la muerte le vale.   
¿Qué muerte abrá que se yguale  
a mi vivir lastimero,   30  
pues si más vivo más muero? 

   Quando me empieço a alibiar  
de verte en el Sacramento   
házeme más sentimiento  
el no te poder gozar;   35  
todo es para más penar  
y mi mal es tan entero  
que muero porque no muero.  

   Y si me gozo Señor   
con esperança de verte  40  
en veer que puedo perderte  
se me dobla mi dolor,   
viviendo en tanto pabor 
y esperando como espero,    
muérome porque no muero.    45  

   Sácame de aquesta muerte 
mi Dios y dame la vida, 
no me tengas impedida   
en este lazo tan fuerte,    
mira que peno por verte 50  
y de tal manera espero  
que muero porque no muero.  

   Lloraré mi muerte ya 
y lamentaré mi vida 
en tanto que detenida   55  
por mis pecados está.   
¡O mi Dios! ¿quándo será    
quando yo diga de vero: 
vivo ya porque no muero?    

Otras de el mismo a lo divino

                               Tras de un amoroso lance           
y no de esperança falto 
subí tan alto tan alto  
que le di a la caça alcançe.    

   Para que yo alcance diesse   5   
a aqueste lançe divino  
tanto bolar me convino  
que de vista me perdiesse,  
y con todo en este trance   
en el buelo quedé falto 10  
mas el amor fue tan alto    
que le di a la caça alcance.    

   Quando más alto suvía    
deslumbróseme la vista  
y la más fuerte conquista   15  
en escuro se hazía, 
mas por ser de amor el lance    
di un ciego y obscuro salto 
y fuy tan alto tan alto 
que le di a la caça alcance.    20  

   Por una estraña manera   
mil buelos pasé de un buelo 
porque esperança del cielo  
tanto alcança quanto espera,    
esperé solo este lance  25  
y en esperar no fuy falto   
pues fuy tan alto tan alto  
que le di a la caça alcance.    

   Quando más cerca llegava 
de este lance tan subido    30  
tanto más baxo y rendido    
y abatido me hallava    
dixe: No abrá quien lo alcançe. 
Abatíme tanto tanto 
que fuy tan alto tan alto   35  
que le di a la caça alcance.    

Finis

Glosa de el mismo

                               Sin arrimo y con arrimo,           
sin luz y ascuras viviendo  
toda me voy consumiendo.    

   Mi alma está desassida   
de toda cosa criada 5   
y sobre sí levantada    
y en una sabrosa vida   
sólo en su Dios arrimada.   
Por esso ya se dirá 
la cosa que más estimo  10  
que mi alma se vee ya   
sin arrimo y con arrimo.    

   Y aunque tinieblas padezco   
en esta vida mortal 
no es tan crecido mi mal    15  
porque si de luz carezco    
tengo vida celestial,   
porque el amor de tal vida  
quando más ciego va siendo  
que tiene al alma rendida   20  
sin luz y ascuras viviendo. 

   Haze tal obra el amor    
después que le conocí   
que si ay bien o mal en mí  
todo lo haze de un sabor    25  
y al alma transforma en sí, 
y assí en su llama sabrosa  
la qual en mí estoy sintiendo   
apriessa sin quedar cosa    
todo me voy consumiendo.    30  

Glosa a lo divino. De el mismo autor

                               Por toda la hermosura              
nunca yo me perderé 
sino por un no sé qué   
que se alcança por ventura. 

   Sabor de bien que es finito  5   
lo más que puede llegar 
es cansar el apetito    
y estragar el paladar;  
y assí por toda dulçura 
nunca yo me perderé 10  
sino por un no sé qué   
que se halla por ventura.   

   El coraçón generoso  
nunca cura de parar 
donde se puede passar   15  
sino en más difficultoso;   
nada le causa hartura   
y sube tanto su fee 
que gusta de un no sé qué   
que se halla por ventura.   20  

   El que de amor adolesce  
de el divino ser tocado 
tiene el gusto tan trocado  
que a los gustos desfallece;    
como el que con calentura   25  
fastidia el manjar que ve   
y apetece un no sé qué  
que se halla por ventura.   

   No os maravilléis de aquesto 
que el gusto se quede tal   30  
porque es la causa del mal  
ajena de todo el resto; 
y assí toda criatura    
enajenada se vee    
y gusta de un no sé qué 35  
que se halla por ventura.   

   Que estando la voluntad  
de Divinidad tocada 
no puede quedar pagada  
sino con Divinidad; 40  
mas por ser tal su hermosura    
que sólo se vee por fee 
gústala en un no sé qué 
que se halla por ventura.   

   Pues de tal enamorado    45  
dezidme si abréis dolor 
pues que no tiene sabor 
entre todo lo criado;   
solo sin forma y figura 
sin hallar arrimo y pie 50  
gustando allá un no sé qué  
que se halla por ventura.   

   No penséis que el interior   
que es de mucha más valía   
halla gozo y alegría    55  
en lo que acá da sabor, 
mas sobre toda hermosura    
y lo que es y será y fue    
gusta de allá un no sé qué  
que se halla por ventura.   60  

   Más emplea su cuydado    
quien se quiere aventajar   
en lo que está por ganar    
que en lo que tiene ganado; 
y assí para más altura  65  
yo siempre me inclinaré 
sobre todo a un no sé qué   
que se halla por ventura.   

   Por lo que por el sentido    
puede acá comprehenderse    70  
y todo lo que entenderse,   
aunque sea muy subido,  
ni por gracia y hermosura   
yo nunca me perderé 
sino por un no sé qué   75  
que se halla por ventura.   

Cantar de el alma que se goza de conocer a Dios por fee

                                       Que bien sé yo la fonte que mana y corre,                      
aunque es de noche.     
   Aquella Eterna fonte está escondida,     
que bien sé yo do tiene su manida,      
aunque es de noche. 5   
   Su origen no lo sé que pues no le tiene,     
mas sé que todo origen della viene,     
aunque es de noche.     
   Sé que no puede ser cosa tan bella       
y que cielos y tierra beben della,  10  
aunque es de noche.     
   Bien sé que suelo en ella no se halla        
y que ninguno puede vadealla,       
aunque es de noche.     
   Su claridad nunca es escurecida  15  
y sé que toda luz de ella es venida,        
aunque es de noche.     
   Sée ser tan caudalosas sus corrientes        
que infiernos cielos riegan y a las gentes,     
aunque es de noche. 20  
   El corriente que nace desta fuente       
bien sé que es tan capaz y tan potente,     
aunque es de noche.     
   Aquesta Eterna fuente está escondida     
en este vivo pan por darnos vida,   25  
aunque es de noche.     
   Aquí se está llamando a las criaturas        
porque desta agua se harten aunque a escuras,       
porque es de noche.     
   Aquesta viva fuente que deseo    30  
en este pan de vida yo la veo,      
aunque es de noche.     
  • Fin. –

Otras a lo divino de Christo y el alma del mismo

                               Un pastorcico solo está penado              
ageno de plazer y de contento   
y en su pastora firme el pensamiento    
y el pecho del amor muy lastimado.  

   No llora por averle amor llagado 5   
que no se pena en veerse así affligido, 
aunque en el coraçón está herido,   
mas llora por pensar que está olbidado. 

   Que sólo de pensar que está olbidado 
de su vella pastora con gran pena   10  
se dexa maltratar en tierra agena   
el pecho del amor mui lastimado.    

   Y dize el pastorcico: ¡Ay desdichado 
de aquel que de mi amor a hecho ausencia    
y no quiere gozar la mi presencia   15  
el pecho por su amor muy lastimado! 

   Y a cavo de un gran rato se a encumbrado 
sobre un árbol do abrió sus braços vellos,  
y muerto se ha quedado asido dellos 
el pecho del amor muy lastimado.    20  

Fin

Romances sobre el Evangelio «In principio erat Verbum» acerca de la Sanctíssima Trinidad

1.º
En el principio morava
el Verbo y en Dios vivía
en quien su felicidad
infinita posseýa.
El mismo Verbo Dios era 5
que el principio se dezía.
Él morava en el principio
y principio no tenía.
Él era el mismo principio
por eso dél carecía, 10
el Verbo se llama Hijo
que del principio nacía.
Hale siempre concevido
y siempre le concevía;
dale siempre su sustancia 15
y siempre se la tenía.
Y assí la gloria del Hijo
es la que en el Padre avía
y toda su gloria el Padre
en el Hijo posseýa. 20
Como amado en el amante
uno en otro residía,
y aquese amor que los une
en lo mismo convenía.
Con el uno y con el otro 25
en ygualdad y valía
tres Personas y un Amado
entre todos tres avía.
Y un amor en todas ellas
un amante los hazía, 30
y el amante es el amado
en que cada qual vivía.
Que el ser que los tres posseen
cada qual le posseýa
y cada qual dellos ama 35
a la que este ser tenía.
Este ser es cada una
y este solo las unía
en un inefable modo
que dezirse no savía. 40
Por lo qual era infinito
el amor que los unía
porque un solo amor tres tienen
que su esencia se dezía;
quel amor quanto más une 45
tanto más amor hazía.

De la communicación de las tres personas
2.º
En aquel amor inmenso
que de los dos procedía
palabras de gran regalo
el Padre al Hijo dezía,
de tan profundo deleite 5
que nadie las entendía;
sólo el Hijo lo gozaba
que es a quien pertenecía.
Pero aquello que se entiende
desta manera dezía 10
-Nada me contenta, Hijo,
fuera de tu compañía.
Y si algo me contenta
en ti mismo lo quería
el que a ti más se parece 15
a mí más satisfazía.
Y el que nada te semeja
en mí nada hallaría
en ti solo me e agradado
¡o vida de vida mía! 20
Eres lumbre de mi lumbre
eres mi sabiduría,
figura de mi substancia
en quien bien me complazía.
Al que a ti te amare Hijo 25
a mí mismo le daría
y el amor que yo te tengo
esse mismo en él pondría
en razón de aver amado
a quien yo tanto quería. 30

De la creación
3.º
-Una esposa que te ame
mi Hijo darte quería
que por tu valor merezca
tener nuestra compañía
y comer pan a una mesa 5
del mismo que yo comía,
porque conozca los bienes
que en tal Hijo yo tenía
y se congracie commigo
de tu gracia y loçanía. 10
-Mucho lo agradezco Padre
-el Hijo le respondía-,
a la esposa que me dieres
yo mi claridad daría
para que por ella vea 15
quánto mi Padre valía
y cómo el ser que posseo
de su ser lo recevía.
Reclinarla e yo en mi braço
y en tu amor se abrasaría 20
y con Eterno deleite
tu bondad sublimaría.

Prosigue
4.º
-Hágase pues -dixo el Padre-,
que tu amor lo merecía.
Y en este dicho que dixo
el mundo criado avía.
Palacio para la esposa 5
hecho en gran sabiduría
el qual en dos aposentos
alto y baxo dividía.
El baxo de differencias
infinitas componía 10
mas el alto hermoseava
de admirable pedrería.
Porque conozca la esposa
el Esposo que tenía
en el alto colocava 15
la angélica jerarchía,
pero la natura humana
en el baxo la ponía
por ser en su ser compuesta
algo de menor valía. 20
Y aunque el ser y los lugares
desta suerte los ponía,
pero todos son un cuerpo
de la esposa que dezía:
que el amor de un mismo Esposo 25
una esposa los hazía;
los de arriva posseýan
al Esposo en alegría,
los de abaxo en esperança
de fee que les infundía 30
diziéndoles que algún tiempo
él los engrandecería,
y que aquella su baxeza
él se la levantaría
de manera que ninguno 35
ya la vituperaría,
porque en todo semejante
él a ellos se haría,
y se vendría con ellos
y con ellos moraría 40
y que Dios sería hombre
y que el hombre Dios sería
y que trataría con ellos
comería y bebería,
y que con ellos continuo 45
él mismo se quedaría
hasta que se consumase
este siglo que corría
quando se gozaran juntos
en Eterna melodía; 50
porque él era la cabeça
de la esposa que tenía
a la qual todos los miembros
de los justos juntaría,
que son cuerpo de la esposa 55
a la qual Él tomaría
en sus braços tiernamente
y allí su amor le daría,
y que assí juntos en uno
el Padre la llevaría 60
donde del mismo deleite
que Dios goza gozaría,
que como el Padre y el Hijo
y el que de ellos procedía
el uno vive en el otro; 65
assí la esposa sería
que dentro de Dios absorta
vida de Dios viviría.

Prosigue
5.º
Con esta buena esperança
que de arriva les venía
el tedio de sus trabajos
más leve se les hazía,
pero la esperança larga 5
y el deseo que crecía
de gozarse con su Esposo
contino les affligía.
Por lo qual con oraciones
con suspiros y agonía 10
con lágrimas y gemidos
le rogavan noche y día
que ya se determinase
a les dar su compañía.
Unos dezían: ¡O si fuesse 15
en mi tiempo la alegría!
Otros: Acava, Señor,
al que as de embiar embía.
Otros: ¡O si ya rompiese
essos cielos y vería 20
con mis ojos que baxases
y mi llanto cessaría!
Regat nuves de lo alto
que la tierra lo pedía,
y ábrase ya la tierra 25
que espinas nos produzía,
y produzga aquella flor
con que ella florecía.
Otros dezían: ¡O dichoso
el que en tal tiempo sería 30
que merezca beer a Dios
con los ojos que tenía,
y tratarle con sus manos
y andar en su compañía
y gozar de los misterios 35
que entonces ordenaría!

Prosigue
6.º
En aquestos y otros ruegos
gran tiempo pasado avía
pero en los postreros años
el fervor mucho crecía,
quando el viejo Simeón 5
en deseo se encendía
rogando a Dios que quisiese
dexalle ver este día.
Y assí el Espíritu Sancto
al buen viejo respondía 10
que le dava su palabra
que la muerte no vería
hasta que la vida viesse
que de arriva descendía,
y que él en sus mismas manos 15
al mismo Dios tomaría
y le tendría en sus braços
y consigo abraçaría.

Prosigue la Encarnación
7.º
Ya que el tiempo era llegado
en que hazerse convenía
el rescate de la esposa
que en duro yugo servía,
debaxo de aquella ley 5
que Moysés dado le avía
el Padre con amor tierno
desta manera dezía:
-Ya ves, Hijo, que a tu esposa
a tu ymagen hecho avía 10
y en lo que a ti se parece
contigo bien convenía,
pero diffiere en la carne
que en tu simple ser no avía.
En los amores perfectos 15
esta ley se requería,
que se haga semejante
el amante a quien quería
que la mayor semejança
más deleite contenía; 20
el qual sin duda en tu esposa
grandemente crecería
si te viere semejante
en la carne que tenía.
-Mi voluntad es la tuya 25
-el Hijo le respondía-,
y la gloria que yo tengo
es tu voluntad ser mía,
y a mí me conviene, Padre,
lo que tu Alteza dezía 30
porque por esta manera
tu vondad más se vería;
veráse tu gran potencia
justicia y sabiduría
yrélo a dezir al mundo 35
y noticia les daría
de tu belleza y dulçura
y de tu soberanía;
yré a buscar a mi esposa
y sobre mí tomaría 40
sus fatigas y trabajos
en que tanto padecía;
y porque ella vida tenga,
yo por ella moriría
y sacándola del lago 45
a ti te la bolvería.

Prosigue
8.º
Entonces llamó un archángel
que Sant Gabriel se dezía,
y embiólo a una donzella
que se llamava María,
de cuyo consentimiento 5
el misterio se hazía,
en el qual la Trinidad
de carne al Verbo vestía.
Y aunque tres hazen la obra
en el uno se hazía, 10
y quedó el Verbo encarnado
en el bientre de María.
Y el que tiene sólo Padre
ya también madre tenía
aunque no como qualquiera 15
que de varón concevía,
que de las entrañas de ella
él su carne recevía,
por lo qual Hijo de Dios
y del hombre se dezía. 20

Del nacimiento
9.º
Ya que era llegado el tiempo
en que de nacer avía,
assí como desposado
de su tálamo salía,
abraçado con su esposa 5
que en sus braços la traýa,
al qual la graciosa madre
en un pesebre ponía
entre unos animales
que a la sazón allí avía. 10
Los hombres dezían cantares
los ángeles melodía
festejando el desposorio
que entre tales dos avía;
pero Dios en el pesebre 15
allí llorava y gimía
que eran joyas que la esposa
al desposorio traýa;
y la madre estava en pasmo
de que tal trueque veýa, 20
el llanto del hombre en Dios
y en el hombre el alegría,
lo qual del uno y del otro
tan ajeno ser solía.

Finis

Otro del mismo que va por «Super flumina Babilonis»

                        Encima de las corrientes              
que en Babilonia hallava,   
allí me senté llorando  
allí la tierra regava,  
acordándome de ti   5   
¡o Sión!, a quien amava.    
Era dulce tu memoria    
y con ella más llorava. 
Dexé los traxes de fiesta   
los de trabaxo tomava,  10  
y colgué en los verdes sauzes   
la música que llevaba   
puniéndola en esperança 
de aquello que en ti esperava.  
Allí me hyrió el amor   15  
y el coraçón me sacava. 
Díxele que me matase    
pues de tal suerte llagava; 
yo me metía en su fuego 
sabiendo que me abrasava,   20  
desculpando al avezica  
que en el fuego se acababa; 
estávame en mí muriendo 
y en ti solo respirava; 
en mí por ti me moría   25  
y por ti resucitava,    
que la memoria de ti    
daba vida y la quitava. 
Gozábanse los estraños  
entre quien cautivo estava. 30  
Preguntávanme cantares  
de lo que en Sión cantava:  
-Canta de Sión un hynno,    
veamos cómo sonava. 
-Dezid, ¿cómo en tierra ajena   35  
donde por Sión llorava  
cantaré yo la alegría   
que en Sión se me quedava?  
Echaríala en olbido 
si en la ajena me gozava.   40  
Con mi paladar se junte 
la lengua con que hablava   
si de ti yo me olbidare 
en la tierra do morava. 
Sión, por los verdes ramos  45  
que Babilonia me dava,  
de mí se olbide mi diestra  
que es lo que en ti más amava,  
si de ti no me acordare 
en lo que más me gozava,    50  
y si yo tuviere fiesta  
y sin ti la festejava.  
¡O hija de Babilonia    
mísera y desventurada!  
Bienaventurado era  55  
aquel en quien confiava,    
que te a de dar el castigo  
que de tu mano llevava, 
y juntará sus pequeños  
y a mí, porque en ti esperava,  60  
a la piedra que era Christo 
por el qual yo te dexava.   

Debetur, soli gloria vera Deo.

San Juan de la Cruz

La otra Gloria

Ficción

Yo era aquel niño que trillaba al amanecer de aquel día amarillo de agosto que ascendía en forma de pajas secas desde la parva a las orejas. Era el último verano antes de irme al seminario. Mi padre y mis tíos seguían aún trillando en la era de mi abuelo con métodos medievales: una parva; una trilla tirada por un burro; un burro conducido por un niño; un niño que salía del más rústico de los veranos para ir a un seminario postconciliar que acabaría dejando por un instinto más atávico y poderoso: se llamaba Gloria y su cuerpo tenía un aspecto bastante más carnal e increíble que la del cielo.

Ella me sacó por primera vez de mi infantil estupor, transportándome a una ciudad provinciana que aspiraba a la vanguardia de los cafetines y en el fondo más cateta que yo. Al menos así lo veía yo en aquel momento. Recuerdo con vívida timidez el día en que vino convertida de una adolescente en una sensual mujer, sólo para impresionarme. Fue en una clase de arte, la primera de la mañana. Las ironías de los chicos y las cómplices sonrisas de las otras chicas, expresando todos ellos como una pareja colectiva lo que ni Gloria ni yo pudimos expresar. Fue otro día de calor como aquel en que trillaba en una interminable y medieval parva y en la entrepierna notaba hervir algo nuevo y placentero, como un nacimiento al desierto. El sol irradiaba desde ese nuevo centro, ahora ya no como un problema de enuresis infantil sino como un calor que hacía palpitar el torso erizado con una intensidad de vértigo. Desnudo en un desierto por primera vez, abrasándome en la promesa de un cuerpo voluptuoso de mujer recién salida de la adolescencia.

Se sentó a mi lado y mi cuerpo temblaba erizándome el vello a oleadas frías y calientes

Llegó vestida con una enorme capa y un peinado alisado y voluminoso, pintada de carmín y colorete; sombra de ojos y uñas salvajemente rojas. Al despojarse de la capa puso al descubierto su escultural cuerpo ya maduro y unas piernas para desmayarse. Mi imaginación completó el resto y empecé a verla vestirse: primero las bragas negras y caladas que ceñían su monte de venus y su rajita humedeciéndose de placer; luego un sujetador ajustadísimo que elevaba sus apuntados pezones; unas medias envainando sus piernas obscenamente. Seguramente unas ligas a las que me hubiera gustado reemplazar con mis manos…

Se sentó a mi lado y mi cuerpo temblaba erizándome el vello a oleadas frías y calientes. Todos sonreían sin atreverse a hacer ningún comentario hasta que el profesor de arte, que preparaba las filminas de la sesión, rompió el silencio y comentó: te has puesto varios años encima. Está guapísima, comentaron inmediatamente sus amigas que en todo momento protegían a Gloria con su complicidad. Miraban mis reacciones, delegadas quizás por ella para que luego le contasen mi azorada reacción. Entretanto ella intentaba hablar conmigo de algo. ¿Está libre este asiento?. Sí, sí, claro. Aunque yo sabía que Pepe querría sentarse donde siempre. Cómo vienes hoy, comenté en voz baja. No, normal… muchas veces me visto así…, dijo. Me hubiera gustado decirle que estaba guapísima, que me apetecía besarla y abrazarla, pero me lo impedía mi terrible timidez y me conformé con imaginarlo. Un leve e imperceptible suspiro se escapó de ambos. Otra vez será, pensé que decía, pero de nuevo debió ser mi imaginación.

¿Esa es Gloria?, comentó la enorme foca que acababa de llegar, como siempre tarde. Joder, chica, cómo te has puesto, ¿Vas de fiesta a estas horas? Se sentó al final haciendo comentarios en voz baja. Luego con un tono claramente audible dijo: ¡Ah, claro, el Carlos… ¡jolines! Me volví hacia ella y con una mirada asesina le hice callar. La hipopótama bajó la cabeza.

He olvidado por completo cual era el tema de la clase de arte, si es que alguna vez lo supe, que por fin dio comienzo. Yo continué, erizado el vello, transportado a los más cálidos y hermosos días de mi niñez. Días radiantes y azules, transparentes como el agua de los sueños en que sientes que tu cuerpo flota sumergido, se eleva, vuela caprichosamente, con la levedad de lo imperceptible y recordando -o quizás imaginando- su carnal y glorioso culo de piel melocotón retozando en mis manos sobre las sábanas. En la otra Gloria.

Libido (1 de 69)

Ficción

Esta mañana he visto como un sabueso perseguía a una mujer infiel. Es fiesta y ha llovido. Yo he mirado al sabueso y con la mirada le he transmitido que adivino lo que hace siguiendo a esa mujer. Se ha sonrojado. Evidentemente le ha llegado el mensaje subliminal e inconscientemente ha cambiado de dirección. No sabe disimular o no ha sabido hacerlo conmigo: mis pensamientos estaban desnudando sus intenciones. También la mujer ha vuelto la cabeza y me ha sonreído aliviada. Su libido, al fin liberada, ha salido corriendo en brazos de su amante para hacer juntos un 69. Ya no hay remordimientos de conciencia, ya no hay sabuesos –sólo uno de 69– y mi amante ha llegado. Puntual a su cita.

MERCADER

Ficción

EXT. BOSQUE – NOCHE.
Un bosque con frondosos árboles. Pájaros, lobos, zorros, ciervos, tormenta cada vez más intensa. Muy, muy lejos se divisa una cabaña.
Un rey, que está cazando, cabalga por un camino con su caballo. El rey va de caza con sus criados. Se nubla, llueve, el rey y sus criados se extravían y buscan refugio.
La tormenta arrecia y los criados y la guardia real se desbandan todos.
– CRIADOS. Majestad, volvamos, la tormenta arrecia.
– REY. No, no, sigamos al zorro, se fue por este camino.
El rey sigue el camino y encuentra la lejana cabaña.
– REY. ¡A mí la guardia!
– REY. ¡Cobardes y viles criaturas!
El rey dispara a los pájaros.
Los pájaros huyen en desbandada y luego vuelven a posarse.
Un pájaro muere. Los pájaros huyen en desbandada pero luego vuelven a posarse y atacan al rey.
– REY. Quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja.
– CABALLO. ¿Y yo que hago aquí? ¡Brrr..!

INT. CABAÑA – NOCHE.
La cabaña tiene unos catres, una mesa, unas sillas, etc. Fuego encendido crepitando. Patos, cisnes, pavos reales.
En la sencilla cabaña hay un viejo mal vestido, de barba larga y blanca.
– REY. ¿Me das albergue, viejo?
– VIEJO. Venid y secaos al fuego, Majestad.
El rey tiende la ropa en la silla.
El rey se acerca al fuego.
El rey se echa a dormir en el catre. Se despierta por la noche al oír hablar al viejo. Al no verlo dentro de la cabaña, sale a buscarlo fuera.

EXT. CABAÑA – NOCHE.
Estrellas titilando, búhos.
El rey sale. El cielo está despejado. El viejo está sentado en el escalón.
– REY. ¿Con quién hablas, viejo?
– VIEJO. Con los planetas, Majestad.
– REY. ¿Y que les dices a los planetas?
– VIEJO. Les agradezco la fortuna que me han dado.
– REY. ¿Qué fortuna, viejo?
– VIEJO. Me concedieron la gracia de que mi mujer diera a luz esta noche, y nació un varón; y a vos la gracia de que vuestra mujer diera a luz también esta noche, y le nació una niña; y cuando llegue el momento mi hijo será el marido de vuestra hija.
– REY. ¡Ah, viejo descarado! ¿Cómo te atreves a hablar de ese modo?
El rey entra de nuevo a la cabaña muy enfadado.
– REY. ¡Me las vas a pagar!
– REY. Bonita luna.

INT. CABAÑA – DÍA.
Canto de los gallos, cerdos, gatos.
El rey se vuelve a vestir.
Con las primeras luces el rey sale de la cabaña.
El rey toma el camino de regreso a su palacio.

EXT. PRADERA – DÍA.
Rechinar de ruedas oxidadas. Burros, vacas, liebres, conejos.
El rey se encuentra en el camino a caballeros y criados que vienen en su busca. Los caballeros se inclinan ante él exageradamente.
– CABALLERO2. Buenos días, Majestad, ¿Cómo se encuentra su Majestad?
– CABALLERO1. Felices nuevas, Majestad. Anoche la Reina dio a luz una hermosa niña.
– REY. ¡Apartaos, pelotas, déjadme seguir!
– REY. ¡Arre!
El rey fustiga al caballo y se dirige a palacio cabalgando a todo galope.
– REY. ¡Qué corte, señor, qué corte!
– REY. ¡Esbirros!
– CRIADO1. Su Majestad no parece de humor.
– CRIADO2. Nunca lo está.
– CRIADO2. Nuestros amos son unos…
– CRIADO1. ¿Genuflexos..?

EXT. PALACIO – DÍA.
Campanadas, trompetas.
El rey llega cabalgando al palacio real y desmonta de la silla en el patio de armas.
Las nodrizas le muestran la niña al rey.
Le rodean cortesanos que le felicitan.
– REY. Que busquen a todos los hijos varones nacidos esta noche en la ciudad y les quiten la vida.
– JUGLAR1. Fea o bonita será..
– JUGLAR2. Tonta o lista crecerá..
– JUGLAR1 ¡Oh, que terrible será..!
– REY. ¡Basta ya, desmedrados bufones!
Relinchan los caballos.
Los perros ladran y huyen asustados.

EXT. CIUDAD – DÍA.
Gritos, llantos, jaleo. Palomas, ratas y ratones huyendo.
Los soldados se dispersan por las calles de la ciudad y en poco tiempo la registran entera.
– SOLDADO1. Aquí no hay nada.
– SOLDADO2. Claro que sí, mira.
Los soldados encuentran a un varón nacido esa noche.
– SOLDADO2. Ya no busques más..
– SOLDADO1. ¿Tu hijo ha nacido esta noche?
– MUJER. No, no..
Los soldados se lo arrebatan a la madre.
– SOLDADO2. Tenemos que llevarlo al bosque para matarlo por orden del Rey.
– MUJER. ¡No, no..!
– SOLDADO1. Es una niña. No nos interesa.
– SOLDADO2. Ya no busques más..

EXT. BOSQUE – NOCHE.
Aullidos de perros. Ardillas.
Dos soldados llevan al niño y lo dejan en el suelo.
– SOLDADO1. Hazlo tú.
– SOLDADO2. No, no.. hazlo tú.
Uno de ellos levanta su espada para matarlo.
El soldado baja su espada, no se atreve a matar al niño.
– SOLDADO1. ¿Pero de veras tenemos que matar a este inocente?
– SOLDADO2. Yo tampoco puedo hacerlo.
– SOLDADO1. ¿Y ahora qué hacemos? El rey nos matará a nosotros.
El perro ladra a los soldados.
– SOLDADO1. Se me ocurre una idea. Matamos a ese perro y con su sangre empapamos los pañales y se los llevamos al rey.
– SOLDADO2. ¡Qué buena idea! Pero ¿Y el niño?
– SOLDADO1. Lo dejamos aquí y que dios le ayude.
Así lo hacen.
– SOLDADO2. ¡Pobre perro!
El niño llora.
El niño balbucea.
El niño llora.
– CABALLO1. ¡Qué crueles! ¿Serán capaces?
Los caballos relinchan.

EXT. BOSQUE – DÍA.
Llanto de niño.
Un mercader pasa por el bosque en viaje de negocios y oye llorar a un niño. Lo busca entre los arbustos.
El mercader encuentra un trozo de pañal.
El mercader busca y no haya nada.
El mercader busca y no haya nada.
El mercader encuentra al niño y trata de calmarlo.
El mercader se lleva al niño consigo y lo sube al caballo.

INT. CASA – NOCHE.
Balbuceos de bebé. Perros, gatos.
El mercader entra en su casa llevando en los brazos un atillo.
– MERCADER. Mujer, la mercancía que traigo esta vez no la he comprado. Es un niño que estaba en medio del bosque. Nosotros no tenemos hijos. Este es un regalo del señor.
– MUJER. Lo criaremos y educaremos como si fuera nuestro hijo y siempre creerá que realmente lo es.

INT. CASA – DÍA.
Música de fiesta. Moscas, mosquitos, avispas, abejas.
Fiesta en casa del mercader. El hijo del mercader cumple 20 años.
– MERCADER. Hijo mío, yo estoy envejeciendo, tú te haces hombre. Encárgate de mis cuentas, mis registros, mis cajas de caudales. Tú seguirás con mis negocios.
El joven prepara sus baúles dispuesto a partir con sus criados a recorrer el mundo para ejercitarse en los negocios con la bendición de sus padres.
– AMIGO. ¡Qué suerte la tuya!.

EXT. CIUDAD – DÍA.
Ruido de carros, caballos, burros, voces de arriero. Serpientes, tortugas, reptiles. Ajetreo del mercado.
El joven recorre un reino extranjero comerciando con sus joyas y piedras preciosas.
La fama del mercader llega al Palacio Real.
El rey le hace llamar para ver sus piedras preciosas.

INT. PALACIO – DÍA.
Juglares.
El rey, el mismo que ordenó matarle, le recibe en la sala de audiencias del palacio real.
El rey llama a la princesa, convertida ya en una bella muchacha de 20 años.
– REY. Acércate a ver si hay alguna joya que te guste.
La princesa apenas ve al joven mercader se enamora de él.
– REY. ¿Qué pasa, hija mía, qué tienes?
– PRINCESA. Nada, papá.
– REY. ¿Quieres algo? Habla.
– PRINCESA. No, papá, no quiero joyas ni piedras preciosas. Yo sólo quiero casarme con este hermoso joven.
El rey examina al joven mercader.
– REY. ¿Y tú quién eres? Dime.
– JOVEN. Soy hijo de un rico mercader y recorro el mundo para ejercitarme en los negocios, y ocupar después el puesto de mi viejo padre.
El rey, considerando las riquezas del joven mercader, decide conceder al joven la mano de su hija.
El joven parte para invitar a sus padres a la boda.
– CORTESANA. Qué apuesto.
– CORTESANO. Lo que tu digas, querida.
– CORTESANA. Qué apuestas a que…
– PRINCESA. Silencio, ya basta de cuchicheos.

INT. CASA – NOCHE.
Cuchicheo de comadres.
El joven se presenta en la casa de sus padres. Les cuenta el encuentro con el rey y la promesa de matrimonio. Entonces la madre palidece de golpe y empieza a injuriarlo.
– MUJER. Ah, ingrato, quieres dejarme, te enamoraste de esa princesa y ya no ves la hora de irte. ¡Puedes irte ahora mismo! ¡Que no te vuelva a ver en esta casa!
– JOVEN. Pero, madre mía, ¿Qué he hecho yo de malo?
– MUJER. ¡Qué madre, ni qué narices! ¡Yo no soy tu madre!
– JOVEN. ¿Cómo? ¿Y entonces quién es mi madre, si no tú?
– MUJER. Pues vete a saber quién es. ¡A ti te encontraron en medio del bosque!
Y el mercader le cuenta la historia al pobre joven que casi pierde el conocimiento.
– JOVEN. ¿Qué he hecho yo de malo?
El mercader, ante la cólera de su mujer, no tiene el valor de oponerse. Afligido, provee al joven de dinero y mercancías y le deja partir.
– CRIADO, en voz baja. ¡Cómo está la jefa!
– CRIADO. ¡Arrea, que notición!
– MERCADER. Espera, hijo, espera, no te marches así.
Cuchichean criados.
Ladra el perro.

EXT. BOSQUE – NOCHE.
Canto de cigarras y grillos. Hormigas trabajando.
El joven llega desesperado, se tira al pie de un árbol y dando puñetazos en el suelo suspira.
– JOVEN. ¡Ay, madre mía! ¿Qué voy a hacer ahora, tan solo y desconsolado? ¡Alma de mi madre, ayúdame!
Junto a él aparece un viejo mal vestido de barba blanca y larga.
– VIEJO. ¿Qué te pasa, hijo?
El joven le confía sus pesares.
– JOVEN. Así que no puedo volver con mi prometida puesto que no soy el hijo del mercader.
– VIEJO. ¿Y de qué tienes miedo? Tu padre soy yo y voy a ayudarte.
El joven mira al viejo harapiento.
– JOVEN. ¿Tú mi padre? ¡Lo habrás soñado!
– VIEJO. Sí, hijo mío, soy tu padre. Si vienes conmigo, te traeré suerte. Si no estás perdido.
El joven mira a los ojos del viejo y piensa ‘Perder por perder, mejor me voy con él. Después de todo no me queda mucho donde elegir’.
– JOVEN. ¿Tú qué dices caballo?
– CABALLO. Yo que tú le haría caso al viejo.
Hace montar al viejo a la grupa del caballo y parten para el reino de su prometida.
– JOVEN. Demuéstramelo.
– VIEJO. Si vienes te lo demostraré..
– VIEJO. ¿Qué, has decidido ya?
– CIGARRA. ¡Eh, que yo no soy de este cuento!
– HORMIGA. Ni estos tampoco.
La cigarra canta y la hormiga trabaja.
– GRILLO. ¡Bocazas, bocazas.. que lo demuestre, que lo demuestre!
El grillo canta y la hormiga trabaja.
– HORMIGA. Es como la cigarra y el grillo, un andrajoso.

EXT. PRADERA – DÍA.
Cascos de caballo y asnos.
Mientras vuelven al palacio, van conversando por el camino.
– VIEJO. ¿Y quién dices que te encontró?
– JOVEN. ..y me encontraron en el bosque..
– JOVEN. Un comerciante ismaelita fue.. es mi padre.

INT. PALACIO – DÍA.
Cuchicheos palaciegos.
El joven y el viejo llegan al Palacio Real y se presentan en la sala de audiencias del rey.
– REY. ¿Dónde está tu padre?
– JOVEN, señalando al viejo. Este es.
– REY. ¡Este! ¿Y tienes el coraje de venir a pedir a mi hija?
– VIEJO. Majestad, yo soy aquel viejo que hablaba con las estrellas y os anunció el nacimiento de vuestra hija y el de mi hijo, que debía casarse con ella. Y este, como ya os ha dicho, es ese hijo mío.
El rey da un brinco del trono.
– REY. ¡Viejo descarado, fuera de aquí! ¡Guardias a él!
El rey se queda petrificado.
– VIEJO. ¿Majestad?
Los guardias se adelantan a cogerlo, entonces el viejo se abre la raída vestimenta a la altura del pecho y aparece el Toisón de oro, símbolo del emperador
– GUARDIAS. ¡El emperador!
– REY. ¡El emperador!
– TODOS. ¡El emperador!
– REY. Perdón, Sacra Majestad. No sabía con quién hablaba. Esta es mi hija, cúmplase tu voluntad.
La princesa y el joven se besan y abrazan.

EXT. CIUDAD – DÍA.
Ajetreo de un mercado. Golondrinas, oso amaestrado, cabras, ovejas, gallinas, pollos.
– UNO. Así que el Emperador, cansado de la corte, recorría el mundo disfrazado de pordiosero, solo, hablando con los planetas y las estrellas.
– OTRO. ¿Y dices que hoy mismo se concertaron las bodas?
– UNO. Así es. Y hoy llega el mercader y su mujer, que han sido llamados por el joven para asistir a su boda.

INT. PALACIO – NOCHE.
Canto de juglares, bullicio palaciego.
El joven recibe a sus padres en el palacio real.
Les da un abrazo.
– JOVEN. Hoy me caso con la princesa. Vosotros me echasteis de casa y por ello..
– JOVEN. .. os debo mi fortuna, Pero vosotros siempre os quedaréis conmigo. ¡Padre y madre mía, porque para mí vosotros sois mi padre y mi madre!
Y los viejos, enternecidos, rompen a llorar.

EXT. CIUDAD – NOCHE.
Desde la plaza mayor se ve un gran festín nupcial en toda la ciudad.
El hijo del emperador se casa con la hija del rey.
– UNO. Y ellos vivirán contentos y felices..
– OTRO. Y nosotros con un palmo de narices..
Fuegos artificiales.
– JUGLARES. ¡Viva el rey!
– TODOS. ¡Viva!