El árbol

Ficción

En primavera el árbol se llenaba de hojas verdes.

En verano, su sombra cubría la plaza. La gente extendía mantas bajo las ramas. Los niños corrían alrededor del tronco. Las parejas se besaban contra la corteza.

En octubre caía la primera hoja.

Después otra.

Después cientos.

Las hojas bajaban despacio, giraban en el aire, rozaban los tejados y cubrían los bancos. Entraban por las ventanas. Se quedaban prendidas en el pelo.

La plaza se volvía amarilla.

El árbol seguía soltando hojas.

Los fotógrafos levantaban sus cámaras. Los niños llenaban sus bolsillos. Las mujeres extendían las manos.

Una tarde, una hoja cayó dentro de una copa de vino.

Otra se quedó pegada a los labios de una muchacha.

Otra flotó durante horas en la fuente.

Al anochecer encendieron las farolas.

Las hojas continuaron cayendo.

La plaza resplandecía.

Una noche colocaron mesas bajo el árbol.

Otra noche, velas.

Después música.

Cada octubre acudía más gente.

El árbol crecía.

Y cada otoño tenía más hojas.

Una tarde, un anciano entró solo en la plaza.

Se sentó bajo las ramas.

Una hoja cayó sobre su frente.

Después otra.

Después muchas.

El anciano no se movió.

Las hojas le cubrieron los zapatos.

Las rodillas.

El pecho.

La cabeza.

Cuando oscureció, ya no se veía el banco.

El árbol siguió soltando hojas.

Durante semanas.

Llegó noviembre.

Diciembre.

Enero.

Febrero.

En primavera, los jardineros entraron en la plaza con palas.

Apartaron las hojas.

Encontraron una mano.

Después un brazo.

Después los huesos.

Sobre el pecho había una hoja de oro.

La guerra fragmentada, global y multidimensional

No ficción

ESTADO ACTUAL DE LAS GUERRAS en curso en el mundo en diciembre de 2025, con las fuentes más recientes y fiables disponibles:


Panorama global general

El mundo atraviesa un nivel de violencia y conflictos armados más alto que en décadas. Según el Global Peace Index 2025, la paz mundial continúa deteriorándose, con un aumento sostenido de guerras y violencia desde 2014. (Vision of Humanity)
Datos clave:

  • Hay docenas de conflictos activos (56–59 según distintos informes). (Diario El País)
  • La implicación internacional es amplia: decenas de países participan directa o indirectamente en guerras más allá de sus fronteras. (Vision of Humanity)
  • El número de muertes relacionadas con conflictos sigue en niveles históricamente altos. (Vision of Humanity)

1) Sudán — Guerra civil prolongada

Uno de los conflictos más devastadores del mundo actualmente
La guerra civil en Sudán, que comenzó en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas (SAF) y la milicia Rapid Support Forces (RSF), sigue activa y extremadamente violenta. (Wikipedia)
Impactos humanos:

  • Más de 12–14 millones de desplazados internos y refugiados. (AP News)
  • Miles de civiles muertos, con informes creíbles de crímenes graves y violaciones sistemáticas de derechos humanos. (AP News)
  • Sudan encabeza la lista de crisis humanitarias de mayor gravedad según la IRC. (AP News)

2) Rusia vs. Ucrania — Guerra prolongada y letal

Conflicto interestatal que continúa tras casi cuatro años de invasión rusa iniciada en 2022.
Situación actual:

  • La guerra fue el conflicto más mortífero del mundo en 2025, con decenas de miles de muertos y enfrentamientos intensos a lo largo del año. (The Kyiv Independent)
  • Diplomacia estancada pese a intentos de negociaciones mediadas por Estados Unidos y otras potencias. (The Kyiv Independent)

3) Israel–Palestina (Gaza y Cisjordania)

La violencia sigue, con períodos de escalada militar recurrente después de la ofensiva de 2023–2024. Aunque los datos precisos varían según fuente, sigue siendo uno de los mayores focos de víctimas civiles y destrucción. (Diario El País)
Este conflicto no es una “guerra europea” clásica ni un conflicto bilateral simétrico: tiene una dimensión civil humanitaria masiva, con grandes desplazamientos y niveles de daño continuo. (Diario El País)


4) Yemen & Red Sea — Crisis ampliada en el sur de Arabia

El enfrentamiento entre los rebeldes hutíes y una coalición liderada por Arabia Saudita continúa con ataques aéreos, marítimos y terrestres, además de tensiones internacionales con fuerzas occidentales. (Council on Foreign Relations)


5) Guerra civil en Myanmar

Tras el golpe militar de 2021, décadas de violencia interna continúan en múltiples frentes. (Wikipedia)
La junta y grupos insurgentes siguen combatiendo en varias regiones del país, con intensidades variables.


6) Conflicto República Democrática del Congo–Rwanda

La lucha en el este de la RDC, especialmente por territorios en Kivu y la ofensiva del grupo rebelde M23 apoyado por fuerzas rwandesas, sigue activa y desplazando a civiles. (Wikipedia)


Otros conflictos y tensiones significativas

Aunque menos intensos en términos de muertes directas que los descritos, estos conflictos también siguen activos e inestables:

  • Tensiones fronterizas entre Tailandia y Camboya por disputas territoriales históricas. (The Guardian)
  • Conflictos armados intensos en varias regiones de África y Oriente Medio que generan episodios violentos, aunque con menos cobertura internacional. (Vision of Humanity)
  • Centros de tensión adicionales incluyen insurgencias en países del Sahel, luchas internas en Etiopía, Somalia, Mali y tensiones cruzadas en Asia meridional. (Vision of Humanity)

Datos globales clave

✔ Según diversas mediciones internacionales, en 2024–2025 ha habido más conflictos armados estatales que en casi 80 años. (El Tiempo)
✔ El impacto humano de la guerra sigue siendo enorme: millones desplazados, miles de niños y civiles muertos cada año, y crisis humanitarias de largo plazo. (Vision of Humanity)
✔ Algunos modelos de previsión señalan que en 2026 los conflictos más mortales seguirán siendo o aumentando en Ucrania, Palestina-Israel, Sudán, Pakistán y Nigeria. (prio.org)


Conclusión actual

El mundo no está en un único gran conflicto como en 1939. Hoy la guerra es fragmentada, global y multidimensional:

  • Intereses geopolíticos, rivalidades entre grandes potencias y fronteras no resueltas.
  • Guerras civiles prolongadas con actores estatales y no estatales.
  • Crisis humanitarias masivas que sobrepasan los límites de lo militar y se vuelven sociales, económicas y estructurales.

La suma de estos conflictos no solo eleva el número de víctimas y desplazados, sino que también erosiona las expectativas de paz duradera a corto plazo. (Vision of Humanity)

LAS CIFRAS Y LOS HECHOS

Vamos a poner cifras y hechos, sin adornos. La épica aquí sobra y la claridad hace falta.

A continuación tienes el desglose de las principales guerras en curso en el mundo, con víctimas, desplazamientos y situación actual, según datos consolidados hasta finales de 2025. Las cifras son aproximadas porque en las guerras modernas contar muertos también es un campo de batalla.


GAZA / ISRAEL–PALESTINA

Tipo: Guerra asimétrica, ocupación prolongada, destrucción masiva civil
Inicio de la fase actual: Octubre de 2023

  • Muertos: más de 40.000 confirmados, mayoría civiles; miles más bajo escombros
  • Niños muertos: decenas de miles
  • Desplazados: ~1,9 millones (casi toda la población de Gaza)
  • Estado actual: ofensiva continuada, colapso humanitario, hambre inducida
  • Infraestructura: más del 70 % destruida o inutilizable

Es el conflicto con mayor impacto civil proporcional del planeta hoy.


RUSIA – UCRANIA

Tipo: Guerra interestatal convencional
Inicio: Febrero de 2022

  • Muertos militares y civiles: cientos de miles combinados (estimaciones conservadoras: >300.000 bajas totales)
  • Civiles muertos: decenas de miles
  • Desplazados: ~14 millones (internos y refugiados)
  • Estado actual: guerra estancada, alta intensidad, sin acuerdo cercano
  • Riesgo: escalada prolongada, agotamiento social

La guerra más letal en números absolutos en Europa desde 1945.


SUDÁN

Tipo: Guerra civil entre élites armadas
Inicio: Abril de 2023

  • Muertos: al menos 15.000–20.000, probablemente muchos más
  • Desplazados: 12–14 millones (récord mundial actual)
  • Estado actual: colapso total del Estado
  • Crímenes: limpieza étnica, violencia sexual sistemática

La peor crisis humanitaria del mundo hoy y una de las más ignoradas.


YEMEN

Tipo: Guerra civil internacionalizada
Inicio: 2014

  • Muertos directos e indirectos: >377.000
  • Desplazados: ~4,5 millones
  • Estado actual: conflicto latente, treguas frágiles
  • Amenaza global: ataques en el mar Rojo

Una guerra que ya no sale en portada porque dura demasiado.


MYANMAR

Tipo: Guerra civil tras golpe militar
Inicio: 2021

  • Muertos: >50.000 estimados
  • Desplazados: >2,6 millones
  • Estado actual: conflicto activo en múltiples frentes
  • Civiles: bombardeos aéreos sobre aldeas

Represión interna convertida en guerra abierta.


REPÚBLICA DEMOCRÁTICA DEL CONGO (Este del país)

Tipo: Guerra regional y milicias
Activo: intermitente desde los 90

  • Muertos acumulados: millones desde 1996
  • Desplazados actuales: >6 millones
  • Estado actual: combates activos con apoyo externo
  • Factor clave: minerales estratégicos

Guerra silenciosa alimentando la economía global.


SAHEL (Mali, Burkina Faso, Níger)

Tipo: insurgencias armadas múltiples

  • Muertos anuales: decenas de miles
  • Desplazados: >8 millones combinados
  • Estado actual: expansión de la violencia
  • Civiles: objetivo habitual

El colapso del Estado como forma de vida.


RESUMEN GLOBAL

  • Conflictos armados activos: ~56–59
  • Desplazados forzados en el mundo: >120 millones
  • Tendencia: aumento sostenido desde 2014
  • Característica común: civiles como blanco principal

Lo esencial para entenderlo todo

No vivimos una “gran guerra mundial”. Vivimos muchas guerras normalizadas, simultáneas, administradas.
El patrón se repite:

  • civiles primero
  • diplomacia después
  • justicia nunca

GUERRAS EN CURSO EN EL MUNDO – TABLA COMPARATIVA (finales de 2025)

Conflicto Tipo Inicio fase actual Muertos estimados Desplazados Situación actual Rasgo clave
Gaza / Israel–Palestina Guerra asimétrica / ocupación Oct. 2023 +40.000 confirmados (mayoría civiles) ~1,9 millones Ofensiva continuada, colapso humanitario Destrucción civil masiva
Rusia – Ucrania Guerra interestatal Feb. 2022 >300.000 bajas totales ~14 millones Guerra estancada de alta intensidad Guerra convencional a gran escala
Sudán Guerra civil Abr. 2023 15.000–20.000 (mín.) 12–14 millones Estado colapsado Peor crisis humanitaria actual
Yemen Guerra civil internacionalizada 2014 >377.000 (directos e indirectos) ~4,5 millones Tregua frágil, violencia latente Hambre como arma
Myanmar Guerra civil 2021 >50.000 >2,6 millones Combates múltiples Bombardeos a civiles
RDC (este del país) Guerra regional / milicias Recurrente Millones desde 1996 >6 millones Combates activos Minerales y poder regional
Sahel (Mali, Burkina Faso, Níger) Insurgencias armadas Intensificación 2015– Decenas de miles/año >8 millones Violencia en expansión Colapso estatal
Somalia Guerra interna Recurrente Decenas de miles >3 millones Conflicto crónico Estado frágil
Etiopía (tensiones post-Tigray) Conflicto interno 2020– Cientos de miles (acumulado) Millones Inestabilidad persistente Fragmentación étnica


LECTURA RÁPIDA (lo que dice la tabla sin decirlo)

  • Sudán y Gaza concentran el mayor sufrimiento civil proporcional.
  • Ucrania es la guerra más grande en escala militar y geopolítica.
  • África acumula la mayoría de conflictos ignorados.
  • El desplazamiento forzado ya es el rasgo dominante de la guerra moderna.
  • Casi ninguna guerra está “en vías claras de solución”.

Esto no es un momento excepcional. Es una forma de mundo.

Dos años de genocidio. Gaza para la memoria

No ficción

Escribir sobre Gaza después de dos años de destrucción continuada no es hacer una crónica. Es recoger restos. Fragmentos de vidas, de calles, de nombres que ya no están completos. Habría que empezar no por las cifras, sino por el polvo. El polvo que se mete en la boca, en los pulmones, en la memoria. El polvo que iguala a los vivos y a los muertos.

Todo empezó, como siempre, con un hecho concreto y una explicación inmediata. Luego vinieron las justificaciones largas, las palabras solemnes, las ruedas de prensa. Y mientras el mundo discutía el vocabulario correcto, Gaza se iba quedando sin verbos. Solo quedaban sustantivos básicos: hambre, miedo, refugio, cadáver.

Durante estos dos años, la palabra “genocidio” se convirtió en un campo de batalla en sí mismo. Algunos la pronunciaron con urgencia moral. Otros la rechazaron con tecnicismos jurídicos. En Gaza, la discusión no existía. Allí no se debate el término que nombra la aniquilación cuando esta ocurre todos los días a la misma hora. Allí se cuenta el tiempo por bombardeos, no por calendarios.

La guerra no fue una línea recta, sino un aplastamiento progresivo. Primero los barrios. Luego los hospitales. Después las escuelas, los convoyes, los refugios improvisados. Cada destrucción venía acompañada de una explicación. Demasiadas explicaciones. La violencia moderna siempre llega con notas al pie.

Los civiles dejaron de ser daño colateral para convertirse en paisaje. Familias enteras borradas en una sola noche. Niños que aprendieron a distinguir el sonido de los misiles antes que el alfabeto. Madres que dejaron de llorar porque el cuerpo también se agota de tanto duelo. El sufrimiento no fue accidental. Fue persistente, acumulativo, metódico.

Las imágenes salieron de Gaza como mensajes en botellas. Algunas llegaron a las pantallas del mundo. Otras se perdieron en el mar de la saturación informativa. Al principio hubo conmoción. Luego debate. Después cansancio. El horror prolongado tiene ese efecto perverso: deja de sorprender. Y cuando deja de sorprender, deja de importar.

Las organizaciones humanitarias hablaron de colapso. De hambruna. De sistema sanitario inexistente. De niños amputados sin anestesia. Los informes se acumularon como ruinas burocráticas. Muy bien escritos. Muy bien ignorados. El derecho internacional se convirtió en un idioma ceremonial que nadie se atrevía a hablar en voz alta cuando más falta hacía.

Las grandes potencias midieron cada palabra como si el lenguaje pudiera romper alianzas. Condenaron con cuidado. Lamentaron sin consecuencias. La diplomacia trabajó intensamente para que nada esencial cambiara. La paz fue mencionada muchas veces y practicada ninguna.

Israel habló de seguridad, de supervivencia, de amenazas existenciales. Palestina habló de exterminio, de ocupación, de asfixia histórica. Ambos discursos no eran simétricos en poder ni en consecuencias. Uno tenía ejército, cielo, fronteras. El otro tenía cuerpos.

En Gaza, la vida se redujo a una pregunta diaria: quién sigue vivo. Todo lo demás se volvió secundario. La política, la ideología, incluso la esperanza. Sobrevivir se convirtió en una forma de resistencia silenciosa. No heroica. Cansada.

Y aun así, algo persistió. Médicos que operaron sin luz. Periodistas que escribieron sabiendo que podían ser los siguientes. Vecinos que compartieron el último trozo de pan. No porque creyeran en un futuro cercano, sino porque rendirse del todo era una forma de muerte anticipada.

Dos años después, Gaza no es solo un territorio devastado. Es una acusación permanente. No solo contra quienes apretaron el gatillo, sino contra un orden internacional que miró, midió, calculó y decidió que el coste político de detener la matanza era demasiado alto.

La historia recordará estos años no solo por la destrucción, sino por la normalización de la destrucción. Por cómo el mundo aprendió a convivir con la aniquilación retransmitida. Por cómo la palabra “nunca más” volvió a quedarse sin destinatario.

Esta no es una crónica cerrada. Porque Gaza no ha terminado. Sigue. Bajo los escombros, en los campamentos, en la memoria de quienes sobrevivieron y en la conciencia incómoda de quienes miraron desde lejos. Es una herida abierta en tiempo real. Y escribir sobre ella no es un acto literario. Es un intento torpe, insuficiente, de no aceptar que todo esto haya sido tratado como algo inevitable.

Porque lo verdaderamente insoportable no es solo la violencia. Es la idea de que podía haberse evitado.

Vale. Dejemos la retórica a un lado y pongamos orden para la memoria, que es lo único que suele sobrevivir cuando la justicia llega tarde o no llega.

Esto es una cronología esencial, no exhaustiva, de lo ocurrido hasta ahora. No para cerrar el relato, sino para que no se diluya.

Cronología esencial del genocidio en Gaza

Antes de 2023. El terreno preparado

Gaza llevaba más de 15 años bajo bloqueo terrestre, marítimo y aéreo. Dos millones de personas confinadas en un espacio mínimo, con control externo de fronteras, electricidad, agua, importaciones y salidas. No era paz. Era una tregua estructuralmente violenta. La población ya vivía en emergencia permanente antes de que empezara la fase abierta de aniquilación.

Octubre de 2023. El punto de ruptura

Tras los ataques de Hamás en Israel, el Estado israelí declara una ofensiva total sobre Gaza.
Se anuncia el “asedio completo”: sin electricidad, sin combustible, sin agua, sin ayuda suficiente.
Desde el inicio, la respuesta no se plantea como una operación limitada, sino como castigo colectivo.

Bombardeos masivos sobre zonas densamente pobladas. El discurso oficial empieza a deshumanizar explícamente a la población gazatí.

Finales de 2023. Destrucción sistemática

Barrios enteros arrasados.
Hospitales atacados o inutilizados.
Escuelas, universidades, mezquitas y refugios destruidos.

Las cifras de muertos civiles crecen de forma vertiginosa, con una proporción altísima de niños y mujeres.
Las advertencias internacionales empiezan, pero sin consecuencias reales. El mundo “pide contención” mientras envía armas o protege diplomáticamente.

Principios de 2024. Colapso humanitario

El sistema sanitario deja de funcionar.
Cirugías sin anestesia.
Enfermedades prevenibles reaparecen.
El hambre empieza a utilizarse como arma de guerra.

Organismos de la ONU y ONG hablan ya de hambruna inducida.
Las imágenes de niños desnutridos recorren el mundo. Duran poco. La saturación informativa hace su trabajo.

Mediados de 2024. Normalización del horror

La guerra entra en fase de rutina.
Cada semana hay nuevas masacres, nuevos desplazamientos, nuevos “errores”.

Más del 70–80 % de la población desplazada, muchas veces varias veces.
El sur de Gaza, presentado como “zona segura”, también es bombardeado.

La palabra genocidio empieza a aparecer en informes jurídicos, declaraciones de expertos, resoluciones simbólicas. Los Estados poderosos la evitan cuidadosamente.

Finales de 2024. El derecho internacional en coma

La Corte Internacional de Justicia dicta medidas provisionales para prevenir actos genocidas.
No se cumplen.
No hay sanciones efectivas.

Israel continúa la ofensiva.
El suministro de ayuda sigue siendo insuficiente y condicionado.
El mensaje implícito es devastador: el derecho internacional existe, pero no para todos.

2025. Dos años de destrucción continuada

Gaza es ya un territorio físicamente irreconocible.
Decenas de miles de muertos confirmados, probablemente muchos más bajo los escombros.
Una generación entera traumatizada, mutilada, huérfana.

La infraestructura civil está destruida de forma casi total.
Hablar de reconstrucción suena obsceno mientras continúan los ataques.

El mundo debate cómo llamar a lo ocurrido.
En Gaza, esa discusión no tiene ningún sentido práctico.

Para la memoria

Esta cronología no es neutral. No puede serlo.
La neutralidad ante un proceso prolongado de destrucción masiva de una población civil no es equilibrio. Es posición.

Recordar el orden de los hechos importa porque dentro de unos años alguien dirá que fue confuso, que era complicado, que no se sabía.
Sí se sabía.
Se vio.
Se documentó.
Se permitió.

La memoria no devuelve a los muertos.
Pero evita que la mentira sea lo último que quede en pie cuando todo lo demás ha sido reducido a escombros.

El síndrome del dictador electo

No ficción

Bajo el liderazgo de Benjamin Netanyahu, la guerra —particularmente la campaña en Gaza— ha servido como instrumento político para sostener y consolidar su poder, a menudo a costa de la democracia y de los derechos civiles.


1. Extensión prolongada del conflicto para asegurar la supervivencia política

Investigadores han señalado que Netanyahu aprovechó la guerra tras el ataque del 7 de octubre de 2023 para aplanar tensiones internas y posponer elecciones. Según un estudio de abril de 2025, su objetivo ha sido prolongar el conflicto para mantenerse en el poder y retrasar sus procesos judiciales relacionados con corrupción (Arab Center Washington DC). Otro análisis afirma que “un fin a la guerra podría significar el fin de la carrera política de Netanyahu” (The New Arab, Arab Center Washington DC). En este escenario, la administración degrada las dinámicas democráticas, presentando la gobernabilidad bajo el pretexto de una emergencia nacional.


2. Estado de guerra como excusa para suspender debates democráticos

Tras el estallido del conflicto, el Knesset aprobó un gabinete de guerra el 11 de octubre de 2023, congelando toda legislación no relacionada con la guerra, incluida la controvertida reforma judicial (Wikipedia). Esto fortaleció la narrativa de que cualquier crítica interna “beneficia al enemigo”, reduciendo el espacio para el debate político y reforzando la coalición de Netanyahu incluso ante la erosión de los frágiles equilibrios democráticos.


3. Represión interna y vigilancia reforzada

Las autoridades israelíes han arrestado a decenas de ciudadanos árabes-israelíes por compartir mensajes de solidaridad con Gaza, generando fuertes críticas por parte de grupos de derechos humanos. Muchas detenciones giraron en torno a la expresión en redes sociales (El País, Wikipedia). Además, se han implementado medidas de censura mediática y restricciones a protestas —especialmente las relacionadas con la reforma judicial de 2023—, consolidando un ambiente de autoritarismo de facto (Wikipedia, Wikipedia, haaretz.com).


4. Uso político de la narrativa bélica y discursos nacionalistas

Netanyahu ha refrendado un enfoque de “guerra sin fin” con el lema de que “la paz no puede ni debe durar”. Columnistas destacan cómo mantiene el aparato bélico activo para justificar su permanencia como “líder fuerte” (theguardian.com, Atlantic Council, The New Yorker, haaretz.com). Además, usa la guerra para darle respaldo político a sectores ultranacionalistas y religiosos dentro de su coalición, quienes presionan por una anexión explícita de territorios (Middle East Institute, The New Yorker, The New Arab).


5. Distracción de la crisis judicial y disolución del espacio opositor

El conflicto ha sido aprovechado para postergar los juicios por corrupción que enfrenta Netanyahu —recursos judiciales se congelaron y se alegó que un estado de guerra impedía avances en materia legal (Arab Center Washington DC). Mientras tanto, la presión desde el exterior y las familias de los rehenes (se estiman 650 días de guerra) han sido manejadas como herramienta de control político interno, apuntalando la narrativa de que “sólo un líder firme puede garantizar la seguridad” (theguardian.com, El País).


6. Erosión institucional y retrocesos democráticos

Desde antes del conflicto, Netanyahu promovió reformas que debilitaban el poder judicial y fortalecían su control político (como la Nakba Law, leyes anti-ONG, la reforma judicial de 2023) (Middle East Institute, Wikipedia, Wikipedia). La guerra ha servido como catalizador, permitiendo que estas medidas autoritarias hayan avanzado sin freno, bajo la justificación de una supuesta “preservación del Estado de emergencia”.


Síntesis comparativa

Estrategia autoritaria Ejemplos en Israel
Prolongación de la guerra para evitar elecciones Estudios académicos detallan esta conexión (The New Arab)
Suspensión del debate legislativo Creación del gabinete de guerra y congelamiento de reformas (Wikipedia, Wikipedia)
Represión de disidencia interna Detenciones por solidaridad con Gaza y censura mediática (Wikipedia, Wikipedia, haaretz.com)
Militarización de la narrativa política Uso de la guerra como identidad nacional – “paz no puede durar” (theguardian.com, Atlantic Council, The New Yorker)
Distracción de crisis judicial Postergación de procesos y uso del discurso bélico (Arab Center Washington DC, ISPI, Wikipedia)
Retroceso institucional Reformas judiciales antes y durante el estado de guerra (Middle East Institute, Wikipedia, Wikipedia)


Conclusión

En el caso de Israel, bajo Netanyahu, la guerra en Gaza —iniciada tras el 7 de octubre de 2023— ha funcionado como un mecanismo político que:

  • Refuerza su poder y coalición, neutralizando la oposición interna.
  • Justifica el autoritarismo y la censura bajo el pretexto de seguridad nacional.
  • Retrasa procesos judiciales, disolviendo los frenos democráticos.
  • Fomenta un discurso nacionalista, favorito de los sectores ultraderechistas.

Esto traza un patrón histórico recurrente: las democracias en crisis se transforman bajo el amparo de estados de excepción, retrocediendo hacia formas de gobierno DICTATORIALES como las de Hitler, Franco, los militares argentinos (1976–1983) o el conflicto Rusia-Ucrania . En este contexto, la guerra actúa como catalizador y legitimador interno, lo que denominamos el Síndrome del dictador electo.


Fuentes:

El regreso imposible

Ficción

En el año sombrío de mi juventud, cuando los vientos parecían murmurar secretos en lenguas olvidadas y los relojes latían con la angustia del tiempo maldito, emprendí un viaje. No fue un viaje común, no, sino una huida desesperada, envuelta en el sudario de una mentira cuidadosamente tejida, como una mortaja perfumada de esperanza falsa.

A los ojos del pueblo —ese enjambre de ojos suspicaces y bocas ansiosas de devorar escándalos— me marché investido de gloria: una beca para la facultad de medicina, dijeron, un destino luminoso al que sólo los elegidos acceden. Así lo proclamé, y ellos, sedientos de prodigios, lo creyeron. ¡Oh, cuánto gozo infernal hallé al verlos consumirse de envidia bajo la máscara de admiración!

Pero mi corazón —ese órgano traicionero y profético— palpitaba no con orgullo, sino con el tumulto de un crimen no cometido aún, y sin embargo ya condenado. Pues yo no marchaba a estudiar, sino a perderme, a disolver mi ser entre las grietas de una ciudad monstruosa, como un insecto que se arrastra entre las ruinas de un templo profanado. Mis bolsillos iban vacíos de letras académicas y llenos de silencios. Mi alma, ajada por la deuda y la ignominia, deseaba sepultarse en el anonimato de los miserables.

Durante años —¡ay, años!— mantuve mi ficción como un cadáver embalsamado que aún sonríe. Escribía cartas con tinta robada y relatos imaginarios que palpitaban de logros que jamás viví. Mi madre, dulcemente engañada, bordó un retrato mío con bata blanca; mi padre, ya muerto, se volvió mártir de un hijo triunfante; y los vecinos, ¡esos sepultureros del juicio!, me elevaron como un santo profano.

Mas el tiempo, ese cuervo que picotea la verdad hasta desnudarla, no duerme.

Una noche de octubre —oscura, húmeda, suspendida en un silencio de tumba— vi ante mí a un niño. No era fantasmal, sino real como el pecado. Me observaba desde la entrada del tugurio donde lavaba platos para vivir. A su lado, una mujer de rostro familiar —¿quizás hija de un vecino antiguo?— lo sostenía con la misma mezcla de piedad y horror que se reserva a los condenados.

—¿Ese es el doctor? —preguntó el niño, señalándome con un dedo tembloroso.

El filo de su voz hendió mi alma como un bisturí oxidado. Quise hablar, justificar, gritar. Pero las palabras eran plomo en mi lengua, y sólo un susurro escapó:

—Con una mentira… uno puede ir muy lejos…

La mujer bajó la mirada. El niño ladeó la cabeza, inquisitivo.

—¿Y por qué no volvió?

Ah, qué pregunta. Qué sencilla y qué mortal.

—Porque el que miente para huir —musité— deja enterrado el camino de regreso. Y lo que se entierra… ya no vive.

Ellos se alejaron. Yo quedé, como un espectro atado a su pecado, en ese rincón maloliente donde la esperanza no entra y la verdad no tiene rostro. Y aún hoy, cuando el reloj marca la medianoche y los muertos abren los ojos bajo la tierra, me parece oír esa voz infantil, repitiendo:

—¿Por qué no volvió?

¡Oh, Dios misericordioso! Porque el regreso no existe para los que cabalgan sobre mentiras.

Y así, como en un relato ya escrito en las páginas del infierno, aguardo… sin esperanza.

La mayor perversión del árbol es su lluvia dorada de follaje en otoño

Poesía

El árbol empezó a hacerlo a finales de octubre.

Nadie supo decir cuándo había aprendido.

Por las mañanas, los vecinos encontraban las aceras cubiertas de hojas amarillas. Al principio las barrían. Luego dejaron de hacerlo porque el barrendero descubrió que, al amontonarlas, desaparecían durante la noche.

Una madrugada decidió vigilar.

A las tres y diecisiete, el árbol se estremeció.

No fue el viento.

De sus ramas comenzó a caer una lluvia dorada, lenta y abundante. Las hojas descendían con una especie de alegría obscena, pegándose a los coches, a las ventanas, al pelo de los transeúntes dormidos.

El barrendero levantó la cabeza.

El árbol parecía desnudo de cintura para arriba.

Entonces vio que todavía quedaba una hoja.

Estaba en la rama más alta.

Temblaba.

El hombre esperó.

La hoja cayó.

Pero no llegó al suelo.

A mitad de camino se convirtió en una moneda.

El barrendero la recogió.

Tenía grabado su rostro.

A la mañana siguiente encontró otras doce.

Todas llevaban su cara.

Durante semanas fue recogiendo monedas.

Dejó de trabajar.

Compró una casa.

Después otra.

Finalmente compró la plaza entera y mandó cercarla.

El árbol quedó dentro.

Desde entonces nadie pudo acercarse a él.

Excepto el nuevo dueño.

Cada otoño entraba solo, cerraba la verja y esperaba.

El árbol comenzaba entonces su lluvia.

Monedas de oro.

Cientos.

Miles.

Todas con el mismo rostro.

Hasta que una noche cayó una distinta.

El hombre la recogió.

No tenía su cara.

Tenía la de un niño que aún no había nacido.

Levantó los ojos.

Por primera vez, el árbol estaba completamente desnudo.

Y sonreía.

Octubre

Poesía

Tus ojos son las alas de la noche en que miro las estrellas de mi amor y el fresco rocío de nuestra sedienta madrugada.
HAIKU BLANCO Bordes de nieve, sueño en la almohada que te adormece.
El ruido de las olas, columpio en el vacío de mi eterna juventud.
Extraño efluvio: soles de himeneo con las estrellas.
Rosas al viento, sus pétalos flotando y persiguiendo quimeras.
He desnudado tu vertical sonrisa, ninguna prisa.