¿Comercio Social o Comercio Justo?

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El nuevo teatro de las transacciones humanas

En este instante donde el pulso del mundo late a la velocidad de un clic, el Comercio Social ha dejado de ser una promesa futurista para convertirse en un paisaje que respiramos a diario. Como una enredadera salvaje, trepa por los muros de Instagram, serpentea entre los Reels de TikTok y se incrusta en los grupos de WhatsApp como un virus de deseo.

El comercio ya no habita frías páginas de catálogo: ahora se desliza entre stories, vibra en directos, se convierte en meme, en trend, en necesidad disfrazada de descubrimiento casual. La compra no se siente como compra; se siente como un guiño, una confesión entre amigos, un susurro de «yo también lo quiero».

¿Qué diablos es el Comercio Social?
Es el matrimonio posmoderno entre redes sociales y transacciones económicas. Una boda sin corbata, llena de filtros, emojis y ventas que parecen conversaciones entre almas gemelas. Es vender en el escenario donde la gente ya está —entre sus likes, sus comentarios, sus eternos desplazamientos de pulgar.

¿Cómo funciona esta alquimia?
Se nutre de dos carburantes potentes: confianza y urgencia.

  • La confianza se construye a través de influencers, reseñas, y recomendaciones boca-oreja digitales.
  • La urgencia se incendia con botones de “compra ahora”, ofertas que desaparecen como luciérnagas al amanecer y lanzamientos que se agotan antes de que puedas decir «¡lo necesito!«.

Los escaparates se han convertido en timelines, los vendedores en creadores de contenido, y los clientes en comunidades orgánicas de replicadores emocionales. Comprar es compartir, consumir es pertenecer.
El producto ya no basta: hay que vender una historia, un universo, una causa.

¿Por qué importa?
Porque quien ignore el Comercio Social hoy, será fósil mañana. Empresas grandes y pequeñas están entendiendo que su tienda virtual debe bailar al ritmo del algoritmo, hablar en hashtags, moverse en tendencia. Quien no sepa vender en los patios digitales, venderá para nadie.

Y atención: el Comercio Social no es solo para cosméticos o zapatillas con suela de espuma lunar. Estamos viendo seguros, cursos, muebles y hasta vehículos deslizarse dentro de este torbellino.

¿El futuro?
Llevamos la brújula clavada al pecho: la inteligencia artificial personalizará los escaparates hasta el delirio, las experiencias inmersivas (hola, Realidad Aumentada) convertirán el “ver para creer” en un “probar para querer”, y las comunidades de compra evolucionarán en verdaderas tribus digitales donde se elegirá qué comprar como quien elige un tótem.

En el horizonte ya se divisan nuevas bestias: compra por voz, live shopping gamificado, pagos invisibles. La frontera entre el contenido y el carrito desaparecerá como lágrimas bajo la lluvia.

El Comercio Social es una bestia que no piensa esperar a nadie. No importa si tienes una tienda o un proyecto de garaje: o te haces uno con la bestia, o acabarás siendo parte de su decorado fosilizado.
Y recuerda: en este nuevo mundo, no gana quien más grita, sino quien más conecta.

Comercio Justo: sembrar dignidad, cosechar futuro

Vivimos en un planeta que gira loco sobre su propio eje, donde la avaricia corta el hilo de la justicia como una tijera oxidada. En este tablero de juego desigual, surge el Comercio Justo: no como una moda de escaparate, sino como un latido necesario, un acto de rebeldía y ternura a la vez.

¿Qué es el Comercio Justo?
Es el arte de hacer negocios sin pisotear. Es un pacto silencioso entre productores, consumidores y comerciantes para que la balanza no se incline siempre hacia el más fuerte. No es caridad ni limosna: es intercambio con dignidad, un apretón de manos limpio de trampas.

Significa pagar precios que reflejen el verdadero valor del trabajo, respetar los ritmos de la tierra y de los cuerpos, garantizar condiciones de trabajo humanas, abolir las cadenas invisibles del abuso. Significa decir no a la explotación infantil, no a las jornadas eternas por migajas, no al envenenamiento de nuestros ríos y nuestras almas.

¿Cómo funciona esta utopía práctica?

  • Precios justos: el productor recibe lo que merece, no lo que dicta el capricho del mercado.
  • Relaciones a largo plazo: no se juega al usa y tira con las personas. Se construyen alianzas estables.
  • Respeto al medio ambiente: cada semilla, cada cosecha, cada gota de agua se honra como si fuera un poema.
  • Empoderamiento: especialmente de mujeres y comunidades vulnerables, dándoles voz, no solo un salario.

Las certificaciones como Fairtrade, WFTO o Ecocert funcionan como escudos: no perfectos, pero necesarios en esta jungla de etiquetas huecas.

¿Por qué importa hoy más que nunca?
Porque mientras tú lees esto en la comodidad de tu nube digital, millones de trabajadores cultivan, cosen, extraen, bajo soles que matan o bajo techos que gotean miseria.
Porque la globalización puede ser una máquina trituradora o un puente de manos entrelazadas: tú decides con cada euro que gastas.

El Comercio Justo es urgente porque el planeta no soporta más saqueos; porque la inequidad no se resuelve sola; porque la ética no debe quedarse colgada en discursos bonitos.

¿Y el futuro?
El Comercio Justo debe mutar, expandirse, infiltrarse en la corriente principal hasta volverse la norma, no la excepción.
El consumidor del futuro —ese ser despierto que no traga cuentos— exigirá trazabilidad, justicia, y coherencia.
Las marcas que no entiendan esto serán dinosaurios atrapados en ámbar.

Comprar Comercio Justo no es cambiar el mundo de un plumazo.
Es regar pequeñas semillas de equidad en un jardín que ha estado demasiado tiempo reseco.
No es perfección, es intención. No es caridad, es justicia.

Y la justicia, como el buen café de Comercio Justo, debe saborearse caliente, urgente, colectiva.

Automatización de Procesos Robóticos (RPA)

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La automatización de procesos robóticos es una tecnología que utiliza robots y software para automatizar tareas repetitivas y de baja complejidad. Se espera que la automatización de procesos robóticos tenga un impacto significativo en la forma en que las empresas operan y en la forma en que las personas interactúan con el mundo.

La RPA consiste en entrenar programas informáticos para realizar o ejecutar tareas mundanas y repetitivas. La RPA ayuda a los desarrolladores a trabajar más eficientemente y permite a los empleados no técnicos crear aplicaciones sin código. UiPath es el líder del mercado en este campo.

Los autómatas invisibles que construyen el futuro

Imagina un ejército de manos invisibles, danzando en las entrañas digitales de las empresas, tecleando, copiando, comparando, enviando informes con una eficiencia que avergonzaría al mismísimo Hermes. No descansan, no olvidan, no se quejan: son los bots de Automatización de Procesos Robóticos (RPA), los nuevos alquimistas del siglo XXI.

La RPA no es ciencia ficción ni una promesa embriagadora en una servilleta de bar; es una revolución silenciosa que ya late en el corazón de bancos, aseguradoras, hospitales y fábricas. Se trata de software —sí, simples líneas de código disfrazadas de operarios digitales— que ejecutan tareas repetitivas con precisión quirúrgica: gestionar correos, extraer datos de formularios, validar facturas, actualizar registros.

¿El objetivo? Liberar a los humanos del infierno de la monotonía. Arrancar de sus manos los grilletes de las tareas mecánicas para que puedan volver a crear, pensar, imaginar.

¿Cómo funciona esta magia?
La RPA observa cómo trabaja una persona en su ordenador, aprende la secuencia de clics, tecleos y accesos a programas, y luego la replica, como un pianista autómata tocando de oído. No entiende el porqué de las cosas —no necesita comprender—, solo sabe ejecutar y repetir, más rápido, más limpio, sin dramas ni café de por medio.

El paisaje que dibuja la RPA
Estamos viendo emerger un nuevo ecosistema híbrido: trabajadores de carne y hueso codo a codo con trabajadores de bits y algoritmos. Una sinfonía de inteligencia natural y fuerza sintética. Las compañías que ignoren esta transformación estarán condenadas a ser fósiles empresariales, vestigios de un pasado analógico donde todo era más lento, más caro, más torpe.

La RPA promete un futuro donde las oficinas serán menos fábricas de papeles y más laboratorios de ideas. Donde los profesionales no serán operarios de sistemas, sino arquitectos de soluciones. Y donde cada segundo de trabajo tendrá un propósito más noble que simplemente «mover datos de un sitio a otro».

Pero no todo es de color zafiro.
La RPA también levanta preguntas incómodas como fantasmas: ¿Qué trabajos desaparecerán? ¿Qué pasará con quienes solo saben repetir sin innovar? ¿Cómo asegurarnos de que la automatización sea una escalera y no una guillotina? Preguntas que no podemos esconder debajo de la alfombra, aunque a veces duelan más que una verdad desnuda en invierno.

Cabalgar la ola o ser tragados por ella
La Automatización de Procesos Robóticos no es una opción: es el oleaje inminente. Solo queda elegir: construir velas y surfear hacia nuevas tierras de creatividad y eficiencia… o quedarse atrapados, ahogados por la marea de la obsolescencia.

Porque al final, en esta danza frenética del progreso, no sobreviven los más fuertes, sino los que mejor saben bailar y adaptarse al ritmo cambiante del futuro.

Manifiesto RPA: La insurrección de los autómatas sin rostro

Que tiemblen los relojes. Que se derritan los cubículos.
La Automatización de Procesos Robóticos (RPA) no pide permiso: irrumpe, desgarra, rehace.
Ya no hay excusa para seguir siendo obreros del tedio, esclavos de la tecla, mártires del Excel.
El futuro ha hackeado la oficina.

Nos declaramos enemigos de la repetición.
Cada movimiento inútil es una cicatriz en el alma humana.
Cada formulario copiado a mano es un crimen contra el ingenio.
Cada dato trasladado como un burro digital es un poema de la mediocridad.
¡Basta!

Los bots son nuestros aliados invisibles.
No tienen cara, pero tienen propósito:
Liberarnos de la monotonía que adormece, de las cadenas de procesos que nunca terminan.
Que ellos hagan lo predecible.
Nosotros haremos lo imposible.

RPA: el motor clandestino del renacimiento corporativo.
No más jornadas que drenan el alma.
No más «copy-paste» hasta la extenuación.
No más talento sofocado bajo montañas de «procedimientos internos».

Nosotros, los nuevos artesanos digitales, exigimos:

  • Que los humanos se dediquen a imaginar, a innovar, a crear nuevos lenguajes y nuevas ciudades de bits.
  • Que la tecnología sea un ala, no una cadena.
  • Que el error humano sea un recuerdo nostálgico, no una condena diaria.

Sí, algunos trabajos caerán como hojas en otoño.
Y está bien.
Renunciar al anacronismo no es crueldad: es evolución.
Seremos jardineros de nuestras propias transformaciones.
Sembradores de cambios imposibles.

En el nombre de la velocidad, la precisión y la imaginación desatada:
¡Que se automatice todo lo automatizable!
¡Que viva lo humano en su estado más puro: soñando, creando, trascendiendo!

Hoy no firmamos documentos:
Firmamos destinos.

Hacking Ético

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Atacar sistemas informáticos con permiso oficial con el fin de localizar y corregir vulnerabilidades de seguridad

 

Hacking Ético: El lado positivo de la ciberseguridad

En un mundo cada vez más digitalizado, la información se ha convertido en uno de los activos más valiosos. Empresas, gobiernos e individuos confían diariamente en sistemas informáticos interconectados para almacenar, procesar y transmitir datos. Esta dependencia tecnológica, sin embargo, trae consigo una amenaza constante: los ciberataques. Frente a este escenario, surge una figura esencial para la protección digital: el hacker ético.

¿Qué es el hacking ético?

El hacking ético, también conocido como pentesting (pruebas de penetración), consiste en utilizar las mismas técnicas y herramientas que un ciberdelincuente para identificar vulnerabilidades en sistemas, redes o aplicaciones, pero con un objetivo positivo: reforzar la seguridad.

Un hacker ético es un especialista autorizado para “pensar como un atacante”, detectar fallas y proponer soluciones antes de que sean explotadas de forma maliciosa.

A diferencia de los hackers de sombrero negro (black hats), cuyo fin es lucrar mediante el robo de información o el sabotaje, los hackers éticos actúan bajo permisos legales y buscan proteger los activos digitales.

Orígenes del hacking ético

El término empezó a popularizarse en los años 90, cuando la industria tecnológica comprendió que la mejor defensa era conocer las estrategias del enemigo. En 1995, la empresa IBM comenzó a contratar a especialistas en seguridad para simular ataques controlados y así evaluar sus sistemas internos.

Con el paso de los años, esta práctica se institucionalizó y hoy en día existen certificaciones reconocidas a nivel mundial, como el CEH (Certified Ethical Hacker), que avalan las competencias de un profesional en hacking ético.

Tipos de hackers: sombreros y colores

Para entender mejor la labor del hacker ético, conviene conocer la clasificación más utilizada en el ámbito de la ciberseguridad:

Black Hat (sombrero negro): Ciberdelincuentes que atacan sistemas con fines maliciosos o económicos.

White Hat (sombrero blanco): Hackers éticos que buscan proteger la seguridad informática de manera legal.

Gray Hat (sombrero gris): Se mueven entre ambos mundos: pueden descubrir vulnerabilidades sin autorización, pero no siempre con intención criminal.

Red Team / Blue Team: En entornos corporativos, se conforman equipos especializados: el Red Team simula ataques (ofensiva) y el Blue Team los defiende (defensiva).

Principales técnicas del hacking ético

El hacking ético emplea un conjunto de metodologías y herramientas que permiten evaluar la solidez de un sistema. Algunas de las técnicas más comunes son:

Pruebas de penetración (Pentesting): Ataques controlados para identificar debilidades.

Ingeniería social: Evaluación de la seguridad humana, mediante técnicas de manipulación psicológica (phishing, pretexting, etc.).

Análisis de vulnerabilidades: Escaneo de redes y aplicaciones para detectar configuraciones inseguras.

Exploiting controlado: Intento de explotación de fallas para comprobar el alcance de una vulnerabilidad.

Pruebas de aplicaciones web: Detección de errores comunes como inyecciones SQL, XSS (Cross-Site Scripting) o fallas en la autenticación.

Beneficios del hacking ético

La práctica del hacking ético aporta múltiples ventajas a organizaciones y usuarios:

Prevención de ataques reales: Permite adelantarse a los ciberdelincuentes.

Protección de datos sensibles: Refuerza la privacidad de clientes, empleados y empresas.

Cumplimiento normativo: Ayuda a satisfacer regulaciones internacionales como GDPR, ISO 27001 o PCI-DSS.

Ahorro económico: Los daños de un ciberataque pueden ser millonarios; prevenirlos es más barato que enfrentarlos.

Conciencia organizacional: Promueve la cultura de la seguridad dentro de las empresas.

El marco ético y legal

Es fundamental remarcar que el hacking ético nunca se practica sin consentimiento expreso. El profesional debe contar con autorización formal y con un contrato que delimite el alcance de sus pruebas. Actuar fuera de estos parámetros puede convertir una buena intención en un delito.

La ética es lo que diferencia al hacking ético del cibercrimen: transparencia, confidencialidad y responsabilidad.

Retos actuales y futuro del hacking ético

El avance de la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas (IoT) y la computación en la nube ha abierto nuevos escenarios de riesgo. Cada dispositivo conectado representa una posible puerta de entrada para atacantes.

En este contexto, el hacking ético será cada vez más crucial. Se prevé que los próximos años demanden más profesionales especializados en áreas como:

Seguridad en la nube (Cloud Security).

Protección de dispositivos IoT.

Análisis forense digital.

Ciberseguridad con IA y machine learning.

Conclusión

El hacking ético demuestra que “hackear” no siempre implica algo negativo. Lejos de la imagen estereotipada del criminal informático, los hackers éticos son aliados estratégicos en la defensa del mundo digital. Su trabajo fortalece la confianza en la tecnología y garantiza que la innovación avance de manera segura.

En una era en la que la información es poder, contar con hackers éticos es más que una opción: es una necesidad.

Acerca de

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Conspiración y complicidad, idea de la luz y las sombras

Nos dedicamos a contar la luz y… las sombras, eso que se oculta en lo cotidiano, lo invisible, lo silenciado. Escribimos para dar forma a lo que no siempre se ve…

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Giuseppe Ungaretti

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La meta es partir. Giuseppe Ungaretti

Giuseppe Ungaretti (1888-1970) fue un poeta y ensayista italiano, considerado uno de los más importantes del siglo XX en su país. Nació en Alejandría, Egipto, en una familia de origen italiano. Desde joven, mostró una gran pasión por la literatura y la poesía, y comenzó a escribir a temprana edad.

En 1912, se trasladó a París para estudiar literatura y filosofía en la Sorbona. Allí entró en contacto con los movimientos artísticos y literarios más innovadores de la época, como el cubismo, el futurismo y el simbolismo. Estos encuentros tuvieron una gran influencia en su obra, que se caracteriza por la brevedad, la intensidad y la sencillez.

En 1914, estalló la Primera Guerra Mundial, y Ungaretti se enroló en el ejército italiano. Participó en diversos frentes de guerra, incluyendo el de la isla de Caporetto, donde tuvo una experiencia traumática que marcaría su obra para siempre. En 1916, publicó su primer libro de poemas, «Il porto sepolto» («El puerto sepultado»), que fue muy bien recibido por la crítica.

Después de la guerra, Ungaretti regresó a París y comenzó una carrera académica como profesor de literatura italiana en varias universidades francesas. Continuó escribiendo poesía y ensayos, y se convirtió en una figura destacada de la vida cultural italiana. En 1936, regresó a Italia para enseñar en la Universidad de Roma, y en 1952 obtuvo la cátedra de literatura italiana en la Universidad de Milán.

A lo largo de su carrera, Ungaretti recibió numerosos premios y reconocimientos, tanto en Italia como en el extranjero. Fue miembro de la Academia de los Lincei y de la Academia de Italia, y en 1958 recibió el premio internacional de poesía «Petrarca». Su obra ha sido traducida a numerosas lenguas y ha sido objeto de numerosos estudios y análisis críticos.

Giuseppe Ungaretti falleció en Milán en 1970, dejando una obra poética que sigue siendo una de las más importantes de la literatura italiana del siglo XX. Las obras más importantes de Giuseppe Ungaretti son:

  1. «Il porto sepolto» («El puerto sepultado»): Publicado en 1916, este fue el primer libro de poemas de Ungaretti, y es considerado una de las obras más importantes de la poesía italiana del siglo XX. Los poemas de este libro tratan sobre la experiencia de la guerra y la pérdida, y están marcados por una gran intensidad emocional y una gran concisión.
  2. «Sentimiento del tiempo» («Sentimento del tempo»): Publicado en 1933, este libro representa una evolución en la obra de Ungaretti, en la que comienza a explorar temas más existenciales y metafísicos. En este libro, el poeta reflexiona sobre el paso del tiempo, la fugacidad de la vida y la búsqueda de la verdad.
  3. «La vita dei campi» («La vida de los campos»): Publicado en 1954, este libro es una recopilación de los poemas que Ungaretti escribió durante su estancia en el campo durante la Segunda Guerra Mundial. Los poemas de este libro son de una gran sencillez y profundidad, y reflejan la relación del poeta con la naturaleza y con su propia identidad.
  4. «Un grido e paesaggi» («Un grito y paisajes»): Publicado en 1952, este libro recoge la poesía de Ungaretti desde 1936 hasta 1952. En él se aprecia una evolución en la obra del poeta, que se aleja de la poesía puramente emocional para adentrarse en temas más universales y filosóficos.

En general, la obra de Ungaretti se caracteriza por su lenguaje conciso y su estilo sencillo, pero profundamente evocador. Sus poemas son reflexiones sobre la vida, la muerte, la guerra, la naturaleza y la identidad, y reflejan una visión del mundo marcada por la angustia existencial y la búsqueda de la verdad.

Niña de la desolación en Gaza

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En medio de la desolación, la niña se erige como un eco silencioso de la resistencia, un verso perdido en la sinfonía rota de la ciudad. Su figura menuda, contornos de esperanza en una paleta de desesperación, se yergue como un lamento callado entre las ruinas.

En sus ojos, la travesía de los tiempos oscuros, un reflejo de estrellas desterradas, buscando su propio camino a través del humo y la sombra. Sus pies descalzos tocan la tierra herida, absorben la memoria de las calles que antes resonaban con risas infantiles, ahora ahogadas por el estruendo de la tragedia.

La polvorienta vestimenta que la envuelve se convierte en el estandarte de una resistencia que no cede ante el tiempo, una armadura frágil pero indestructible que lleva impresa la historia en cada hilo desgastado. Sus manos, pequeñas y firmes, sostienen la fragilidad de la vida en este teatro de desolación.

La mirada de la niña, un faro de determinación perdido en un horizonte de desesperanza, se proyecta hacia el futuro incierto. Un susurro de sueños olvidados danza en su mirar, desafiando a la desolación que la rodea. Su cabello, un río de ébano, fluye como un tributo a la libertad que aún persiste en los corazones, a pesar de la opresión de los escombros.

En este paisaje desgarrado, la niña se convierte en la musa de la resistencia, la poesía que emerge de las grietas del caos. Es el verso clandestino que se escribe con la tinta de la supervivencia, una promesa en el eco de la destrucción. En su soledad, se forja la epopeya de un renacimiento que desafía el silencio de la guerra, un eco que resonará en las páginas que la historia aún no ha escrito.

Ramón Gómez de la Serna y la Greguería

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Las fuentes coinciden en señalar a Ramón Gómez de la Serna como el creador del género literario conocido como greguería…. Se considera que fue él quien «desveló y la hizo evidente ante todos, presentándola en sociedad».

Gómez de la Serna definió la greguería de forma concisa como la resultante de la siguiente fórmula: «humorismo + metáfora = greguería»…. Para él, una greguería era una «sentencia ingeniosa y en general breve que surge de un choque casual entre el pensamiento y la realidad»….

El propio Ramón Gómez de la Serna ofreció una visión del origen de la greguería, describiéndola como algo que «nació aquel día de escepticismo y cansancio en que cogí todos los ingredientes de mi laboratorio, frasco por frasco, y los mezclé, surgiendo de su precipitación, de su depuración, de su disolución radical, la greguería». Él consideraba la greguería como «la flor de todo, lo que queda, lo que vive, lo que surge entre el descreimiento, la acidez y la corrosión, lo que resiste todo».

A pesar de reconocer ciertos antecedentes y antecesores en autores como Luciano de Samosata, Horacio, Shakespeare, Lope de Vega, Quevedo o Jules Renard…, Gómez de la Serna es quien les dio forma y nombre al género, estableciendo sus características y consolidándolas como una forma literaria independiente. Se destaca que, aunque otros autores practicaron formas de expresión con similitudes, fue Ramón quien singularizó la greguería.

Gómez de la Serna dedicó una parte significativa de su vida a la difusión de la greguería como género literario, cultivándola de manera asidua en secciones fijas de periódicos y publicando diversas ediciones de sus greguerías a lo largo de su vida literaria, entre 1917 y 1962…. Su obra en general es descrita como extensa y variada…, incluyendo biografías, artículos críticos, obras teatrales, novelas, cuentos y relatos.

Ramón Gómez de la Serna es caracterizado como un artista «curioso» con una curiosidad insaciable, un escritor adelantado a su época, polémico y fuera de lo común, y una figura clave del Novecentismo español, así como uno de los introductores de la Vanguardia Literaria en España. Su vida y obra se consideran una muestra de ruptura contra las convenciones establecidas. Su creación más conocida y reconocida es precisamente la greguería, descrita como un género completamente nuevo y lúdico.

En resumen, las fuentes son claras en atribuir la creación y definición de la greguería a Ramón Gómez de la Serna. Él no solo identificó una forma de expresión latente, sino que la bautizó, la definió con su fórmula característica y la promovió activamente a lo largo de su prolífica carrera literaria, marcando un hito en la literatura española de vanguardia.