La espera

Poesía

Sigo la lucha con una fe arisca,
como quien atraviesa brumas
sin saber si habrá un destino
al otro lado de la roca.

El agua llena la habitación,
y los truenos dejan señales
que el tiempo no consigue borrar.
Eso decía el campanario
cada vez que el viento callaba.

He sufrido los vicios,
los celos y alguna paliza
que la vida entrega sin juicio.
Sin embargo, quedaré de pie,
aunque mis miembros parezcan cansados
y el horror deambule cerca.

Hubieran sido alegría
los resplandores de aquella pasada tarde.
Habrían bastado una boca sincera,
una barca sobre la arena,
un anillo compartido,
para creer otra vez.

Pero la espera evapora las delicadezas.
La lengua aprende a suplicar,
los corazones dejan de esconderse,
y hasta los ingenuos descubren
que la educación del dolor
también enseña.

Nació entonces una fuerza tranquila.
Solo ella pudo soltar
el peso de los días pasados.
Los universos siguieron girando,
el castillo permaneció inmóvil,
y yo comprendí, por fin,
que la fe no consiste en vencer,
sino en seguir caminando
cuando las brumas todavía rodean el camino.

Polvo del reloj

Poesía

También lloro adelante,
porque el reloj no sabe
que la existencia nos demuestra pureza
mientras, divirtiéndonos, la fábrica
cría un insecto de verde polvo.

Vuestra fuerza, armados apenas
con la inocencia de las criaturas,
quiso partir el bajel
que parecía hecho de sombras
y de un tratado triste.

Los olmos pintará el viento,
como si la tierra inmensa
contentaré algún día con su piedad natural.
Pero los deshonrados instintos,
parásitos del tiempo,
aguardan abajo.

La primogénita de mis vueltas,
amante de cuanto vértigo respira,
es mía y de las mías;
corrían los bolos del mundo
sin considerar el desenfreno
de los maniáticos que rebelo.

Hay estampas que el narrador disipo
con una consonante solamente.
Hay espantos que darán fuerza
a quien perseguirla quiso
hasta crearlo todo de nuevo.

Estamos juzgados
por un polvo suave
que no distingue entre la ganada
y la pérdida,
entre veinte relojes
y un solo instante.

Simplemente la tierra
nos mira existir.
Y también lloro adelante,
porque el tiempo,
cuando parece detenerse,
empieza otra vez a correr dentro de nosotros.

El libro que me escribe

Ficción

Las páginas, amarillentas y quebradizas, estaban llenas de anotaciones hechas por manos distintas. Unas corregían el texto; otras lo insultaban; unas terceras parecían responder a preguntas que no figuraban en ninguna parte. Había márgenes donde alguien había escrito fechas separadas por siglos con la misma tinta, como si el tiempo hubiera decidido abandonar toda disciplina.

La primera frase que despertó mi interés no pertenecía al tratado, sino a un lector desconocido:

«No busques el crimen en la sangre. Búscalo en quien necesita nombrarlo.»

Aquella observación me incomodó. Cerré el libro y permanecí un momento inmóvil, con la impresión de que el verdadero autor se encontraba fuera de las cubiertas y utilizaba a los comentaristas como ventrílocuos.

Volví a abrirlo.

Imdugud no hablaba de leyes. Ni siquiera hablaba de hombres. Describía, más bien, una ciudad donde cada familia conservaba una habitación sellada que jamás debía abrirse. Según él, toda estirpe edificaba un cuarto para encerrar aquello que no podía transmitirse con palabras. Los hijos heredaban la llave sin conocer la cerradura; los padres conocían la cerradura, pero ignoraban ya el motivo del encierro. Así, generación tras generación, la llave viajaba mientras el secreto crecía en la oscuridad.

Pensé que se trataba de una alegoría mediocre. Sin embargo, unas páginas después descubrí que el manuscrito no pretendía explicar ningún tabú. Pretendía explicar la memoria.

Los símbolos, decía Jung en aquel extraño apéndice, no son máscaras del inconsciente, sino sus cicatrices.

Levanté la vista. La ventana del despacho seguía abierta. Juraría que la había cerrado una hora antes.

Continué leyendo con una atención que ya no era curiosidad, sino cautela.

Entonces apareció el diagrama.

No era un árbol genealógico, aunque lo imitaba. Sus ramas no descendían hacia los hijos ni ascendían hacia los antepasados. Se curvaban hasta encontrarse unas con otras formando círculos, espirales y nudos imposibles. Cada nombre reaparecía varias veces ocupando lugares distintos, como si una misma persona hubiera nacido en diversas familias o como si el parentesco obedeciera a otra geometría.

Reconocí uno de los apellidos.

Era el mío.

Convencido de una coincidencia, busqué la fecha que debía acompañarlo. En su lugar había una nota escrita con una caligrafía sorprendentemente moderna:

«El lector llegará aquí creyendo estudiar un libro.»

Pasé la hoja.

«Todavía ignora que el libro lo estudia a él.»

Fue entonces cuando comprendí la verdadera naturaleza del tratado. No contenía respuestas sobre el origen de ciertos delitos ni sobre la arquitectura del deseo. Era una máquina de lectura. Cada capítulo esperaba a un lector determinado, modificándose apenas lo suficiente para conducirlo hasta una sospecha íntima. Quizá todos habían leído un texto diferente. Quizá ninguno había salido de aquellas páginas con las mismas preguntas con las que había entrado.

Durante un instante pensé en arrojar el volumen al fuego.

Pero al levantarlo advertí que pesaba más que unos segundos antes.

Como si, mientras yo leía, el libro hubiese empezado lentamente a escribirme. A continuar mi vida.

Bautismo del topo

Poesía

Éramos seres inmóviles,
como topos que la libertad
cercó con una salvación demasiado estrecha.
Nadie abría la mañana.
La mañana se abría sola,
fingiendo otra vez su oficio.

Permanecí intacto
dentro de mis alucinaciones,
donde el pan no alimenta
y el almuerzo huye
antes de aprender mi nombre.

Tened imaginación,
hermanos de las ausentes trenzas,
para holgazanear entre los ruidos,
donde el frío pronuncia
un latín insignificante
que nadie recuerda
y, sin embargo,
traduce nuestros deseos.

Si me muero,
revolcaré el bochorno
hasta que las fuerzas malolientes
aprendan a quererme.
Daré principio de bautismo
a la rabia,
al vino arrancado del muro,
a la cuadratura imposible
del círculo que insiste
en llamarse verdad.

Ignoro la imagen del mundo.
Apenas conservo
una madre,
unos pocos buenos días,
el tabaco cansado,
la caída que todavía escribe
sobre la arquitectura del pecho.

Vendrá un pelotón
con uniformes de purpurina
a divulgar diversiones respetables.
Yo no abriré la puerta.
Bastará mi sombra,
ese topo último,
excavando hacia arriba,
para demostrar
que incluso la equivocación
puede respirar
cuando nadie la tortura.

👶 La entrevista empieza mucho antes del día de la entrevista!

No ficción

Empieza cuando:

  • Aceptas una oferta sin leerla bien
  • No analizas la empresa
  • No sabes explicar tu valor en 2 minutos

En entrevista no gana quien más habla. Gana quien mejor se explica.

Preparar entrevistas no es memorizar respuestas. Es entender tu historia profesional.

La entrevista empieza mucho antes de sentarte delante del reclutador

Muchas personas preparan entrevistas cuando ya las tienen. Ahí empieza el problema.

Preparar entrevistas no es memorizar respuestas

Preparar una entrevista significa:

  • Entender tu recorrido profesional
  • Saber explicar tu valor, evidencias profesionales y diferencia respecto de otros
  • Conocer la empresa y el puesto

La improvisación se nota. Y se penaliza.

Explicarte bien marca la diferencia

En una entrevista no gana quien más habla. Gana quien sabe qué decir y por qué.

 

💫 Después de muchos años orientando personas, hay algo que se repite:

No ficción

La mayoría no fracasa por falta de talento. Fracasa por:

  • No tener un objetivo claro
  • No saber por dónde empezar
  • Hacer “de todo” sin una estrategia

Buscar empleo sin plan desgasta. Y el desgaste mina la confianza.

La orientación sirve precisamente para eso: 👉 parar, ordenar y volver a avanzar con sentido.

Buscar empleo sin plan: la causa invisible del bloqueo

Tras muchos años trabajando con personas en búsqueda de empleo, hay un patrón que se repite constantemente: la ausencia de un plan claro.

Qué ocurre cuando no hay estrategia

  • Se envían muchas candidaturas sin foco
  • El CV se vuelve genérico
  • Aparece el cansancio y la frustración

No es falta de capacidad. Es desorden.

Para qué sirve la orientación profesional

La orientación no es solo “hacer un CV”. Sirve para:

  • Parar
  • Analizar
  • Ordenar
  • Volver a avanzar con sentido

Tener una hoja de ruta cambia por completo la experiencia de búsqueda.

👥Perfil frecuente que veo en orientación:

“Sé hacer muchas cosas, pero no sé a qué puesto optar.”

Esto genera:

  • CVs genéricos
  • Candidaturas poco eficaces
  • Sensación de bloqueo

La solución no es hacer más cursos. Es definir foco.

Cuando el objetivo se aclara, todo encaja mejor.

“Sé hacer muchas cosas, pero no sé a qué puesto optar”

Este es uno de los bloqueos más habituales que encuentro.

Cuando el perfil es amplio… y difuso

Saber hacer muchas cosas no es negativo. Pero sin foco, se convierte en un problema.

Genera:

  • CVs dispersos
  • Candidaturas poco eficaces
  • Sensación de estancamiento

La clave: definir objetivo

No es cuestión de hacer más cursos. Es cuestión de decidir hacia dónde vas.

Te leo 👇

✔️Buscar empleo con +45 no es imposible. Pero sí es distinto.

No ficción

El error más común que veo en perfiles senior es intentar competir como si el mercado no hubiera cambiado.

Hoy se valora:

✔️ Claridad
✔️ Enfoque
✔️ Capacidad de adaptación
✔️ Saber qué aportas y a qué tipo de puesto

No se trata de “quitar años”. Se trata de poner bien el valor.

La edad no es el problema. La falta de estrategia, sí.

Buscar empleo con más de 45 años: claves reales

La búsqueda de empleo senior no es imposible, pero sí diferente

Con más de 45 años, muchas personas intentan competir en el mercado laboral como si nada hubiera cambiado. Ahí suele aparecer el bloqueo.

El problema no es la edad. El problema es no adaptar la estrategia.

Qué valora hoy el mercado

En perfiles senior se valoran especialmente:

  • Claridad en el posicionamiento
  • Experiencia aplicada y útil
  • Capacidad de adaptación
  • Discursos profesionales bien construidos

Ocultar la experiencia no funciona. Lo que funciona es ponerla en valor correctamente.

Estrategia frente a desgaste

Buscar empleo sin estrategia desgasta emocionalmente. Con una orientación adecuada, se puede:

  • Redefinir el objetivo
  • Ajustar el discurso
  • Recuperar seguridad profesional

 

El ruido y el silencio son verdad

Poesía

El ruido y el silencio son verdad.

Uno levanta el polvo de las cosas,
el otro deja ver
cómo cae.

El ruido dice:
«he vivido».

El silencio responde:
«también has muerto un poco».

Entre ambos
aprende el corazón
ese idioma antiguo
que nadie enseña,
donde el grito
y la ausencia
significan exactamente
la misma herida.

💱 Cambio profesional: normalizarlo para poder trabajarlo. ¡Te leo aquí!

No ficción

Cambiar ya no es un fracaso. Es una realidad cada vez más común.

Reinventarse no es improvisar

Un cambio profesional trabajado implica:

  • Análisis y exploración
  • Planificación
  • Tiempo
  • Acompañamiento

Cuando se hace con criterio, es una oportunidad real.

Pregunta abierta (y real):

¿Qué es lo que más te está costando ahora mismo en tu búsqueda de empleo?

  • CV
  • Entrevistas
  • Falta de respuestas
  • No saber qué rumbo tomar

Te leo 👇

La muerte de pan silencioso

Poesía

Había en ti una muerte de pan silencioso, una sed que bebía las ternuras hasta romper los huesos. El luto no confesaba nada; apenas respiraba entre nosotros como un animal cansado. Los celos, mientras tanto, levantaban sus pequeñas guerras bajo este día estéril, hecho de desdenes que ya nacían viejos.

También la victoria puede doler cuando llega descalza. La cargan los humildes como quien sostiene una piedra tibia contra el pecho. Los otros, en cambio, celebraban con una alegría mutilada, riéndose desde la herida que ellos mismos se habían abierto. Qué pobres resultaban en su estruendo.

Atravesaban sin permiso la tierra seca, donde el polvo parecía recordar nombres que nadie pronunciaría otra vez. El aire olía a criaturas abandonadas, a un mundo que persistía pese a su propia vergüenza, mientras las guerras seguían alimentando al animal ciego que todos soñamos alguna vez. Allí lo inerte pesaba más que la sangre; lo infantil envejecía de pronto; hasta el dolor inventaba su propio cuerpo para seguir respirando.

Yo vivía, extraviado entre aquellos misterios, como si el sueño hubiese aprendido a abrir los ojos sin despertar jamás. Todo pasaba lejos y, sin embargo, me atravesaba de rodillas: los fantasmas, los reyes sin reino, la suerte endurecida, los magos incapaces de devolverle el pulso a la tierra.

Pero él seguía amando aquellos estribillos.

Y esa fidelidad, tan pequeña y tan inútil, era quizá lo único que todavía no había sido derrotado.

 

I. Los que no nos vieron

Los que no nos vieron
todavía creen que el mundo
cabe entero dentro de una ventana.

Ignoran el hambre
que tienen las manos
cuando aprenden el nombre de otra mano.

Nosotros pasamos
como pasan los pozos:
guardando una sed
que nunca fue del agua.

Y nadie supo
que una sombra puede abrazar a otra
hasta dejarle luz.

II. La muerte de pan silencioso

Había una muerte
hecha de pan silencioso.

No venía a llevarse a nadie;
se sentaba a la mesa,
partía la tarde en migas
y esperaba.

La mordíamos sin saberlo.

Por eso el hambre
se parecía tanto a la memoria,
y el trigo,
después de haber sido esperanza,
terminaba pareciéndose a una piedra.

Quién diría
que también el pan
aprende a llorar por dentro.

III. Victoria descalza

Llegó sin trompetas.

Traía los pies
llenos de polvo y espinas,
como quien ha cruzado
todos los fracasos
para encontrar apenas
un rincón donde respirar.

Nadie la reconoció.

Los vencedores
iban demasiado ocupados
contando sus medallas.

Ella,
la verdadera,
se quitó el último dolor de los hombros
y siguió andando,
porque sabía
que el camino nunca aplaude
a quien lo sostiene.