Fantasma de Hébuterne en el espejo

Ficción

Homenaje a Jeanne Hébuterne y Amedeo Modigliani

 

Fantasma de Hébuterne en el espejo

En la Casa Grande había un espejo que nadie quería mirar después de la puesta del sol.

Estaba en una de las cámaras más antiguas, detrás de una puerta que casi siempre permanecía cerrada. El espejo era alto, estrecho y tenía el marco cubierto de pequeñas flores talladas. Nadie sabía quién lo había llevado allí.

Los adultos decían que era un espejo viejo.

Los niños sabían que aquello no explicaba nada.

Tomás fue el primero en descubrirlo.

Una tarde entró en la cámara buscando una pelota que había desaparecido. La encontró debajo de una mesa, pero antes de salir levantó los ojos y se miró en el espejo.

Al principio vio su propio rostro.

Después vio la habitación.

Y luego vio a una niña.

Estaba detrás de él.

Tomás se volvió.

No había nadie.

Volvió a mirar.

La niña seguía allí.

Tenía el cabello oscuro y un vestido antiguo. No parecía triste ni alegre. Parecía, sencillamente, estar esperando.

Tomás salió corriendo.

Aquella noche se lo contó a Clara.

—¿Cómo era?

—Como una niña.

—Eso ya lo has dicho.

—No sé cómo explicarlo.

Clara pensó un momento.

—¿Te habló?

Tomás negó con la cabeza.

—No.

—Entonces quizá quería que la escucharas.

Al día siguiente volvieron juntos.

La cámara estaba vacía.

El espejo también.

Pero cuando Clara se acercó, la niña apareció.

Esta vez estaba sentada.

En sus manos tenía una flor.

Clara levantó una mano.

La niña hizo lo mismo.

—¿Quién eres? —preguntó Clara.

La aparición señaló el espejo.

En el cristal comenzaron a formarse unas letras.

HÉBUTERNE.

Los dos niños no conocían aquel nombre.

Debajo apareció otra palabra:

AUGUSTIN.

Tomás recordó entonces algo que había oído a su abuela.

Hébuterne era el nombre de un lugar lejano, y también el apellido de una familia que había vivido allí muchos años antes.

Pero nadie sabía por qué el espejo mostraba aquel nombre.

Clara tocó el cristal.

Estaba frío.

La niña acercó la mano desde el otro lado.

Durante unos segundos, las manos de ambas parecieron tocarse.

Entonces el espejo cambió.

Ya no mostró la cámara.

Mostró un jardín.

Había árboles, una casa y un camino cubierto de hojas.

La niña caminó por aquel jardín.

Al fondo apareció un hombre.

La niña corrió hacia él.

Pero antes de llegar, la imagen desapareció.

Quedó solamente el reflejo de los dos niños.

—Creo que no es un fantasma —dijo Clara.

—¿Entonces qué es?

Clara miró el espejo.

—Quizá es un recuerdo.

Aquella explicación les pareció más extraña que un fantasma.

Durante varios días regresaron a la cámara.

Cada vez que aparecía la niña, les mostraba una parte distinta de su historia.

Una mesa.

Un jardín.

Una ventana.

Una casa.

Un hombre.

Una flor.

Nunca hablaba.

Nunca sonreía.

Nunca pedía ayuda.

Finalmente, una tarde, la niña señaló a Tomás.

Después señaló el espejo.

Tomás comprendió.

Se acercó.

La niña puso la flor contra el cristal.

Tomás hizo lo mismo con una pequeña hoja de la huerta.

Durante un instante, ambos objetos parecieron ocupar el mismo lugar.

Luego el espejo quedó completamente oscuro.

La niña había desaparecido.

Desde aquel día nadie volvió a verla.

Pero Tomás conservó la hoja.

La guardó dentro de un libro.

Muchos años después, cuando ya era adulto, regresó a la Casa Grande.

La cámara seguía allí.

El espejo también.

Tomás entró.

Se miró.

Vio su propio rostro, envejecido por los años.

Pero durante un instante, detrás de él, apareció la niña.

Ya no parecía una niña.

Era una mujer.

Y en sus manos llevaba la misma flor.

Tomás comprendió entonces algo que nunca había entendido de pequeño.

Quizá los fantasmas no son los muertos.

Quizá son las personas que quedaron atrapadas en un instante de su propia vida.

Y quizá los espejos no reflejan solamente aquello que somos.

A veces reflejan aquello que fuimos.

O aquello que alguien, en algún lugar del tiempo, todavía recuerda.

Tomás cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, el espejo estaba vacío.

Pero sobre el cristal había quedado una pequeña palabra escrita desde dentro:

GRACIAS.

Jeanne Hébuterne

Ficción

Homenaje a Jeanne Hébuterne

La mujer que habitaba los espejos

Hubo una joven llamada Jeanne Hébuterne que aprendió muy pronto que los espejos pueden mentir.

Le decían que era hermosa.

Le decían que era la compañera de un pintor.

Le decían que su nombre debía pronunciarse junto al de Modigliani, como si una mujer pudiera convertirse en la sombra de otro hombre por el simple hecho de haberlo amado.

Pero Jeanne pintaba.

Y antes de ser recuerdo, fue una muchacha que miraba el mundo.

Había en sus ojos una paciencia triste, esa forma de tristeza que no pertenece todavía a la desgracia sino al presentimiento. Caminaba por las calles de París con sus cuadernos y sus colores, y acaso ignoraba que algún día otros hombres escribirían sobre ella sin preguntarle nada.

Tal vez por eso me gusta imaginarla frente a un espejo.

No al espejo que devuelve un rostro, sino a ese otro espejo secreto que conserva lo que el tiempo destruye.

Jeanne se mira.

Tiene el cabello recogido.

Sus manos sostienen un pincel.

Detrás de ella está París.

El París de los talleres, de las habitaciones pobres, de los cafés donde los artistas hablaban demasiado y pagaban demasiado poco. Afuera llueve.

Ella no sabe que el futuro la ha condenado a una fecha.

No sabe que habrá libros.

No sabe que habrá cuadros.

No sabe que millones de ojos buscarán en los retratos de Modigliani la forma de sus ojos, de su cuello, de su silencio.

Sólo sabe que quiere pintar.

Y pinta.

Quizá en alguno de sus cuadros haya una puerta.

Quizá detrás de esa puerta esté la verdadera Jeanne, la que no conocemos.

Una Jeanne sin leyenda.

Sin tragedia.

Sin el nombre de ningún hombre junto al suyo.

Una muchacha que ríe.

Una mujer que envejece.

Una pintora que continúa trabajando cuando todos se han marchado.

Una anciana que todavía conserva aquel primer pincel.

Ésa es la Jeanne que quisiera rescatar del espejo.

Porque el tiempo tiene una crueldad particular con las mujeres jóvenes: las convierte demasiado pronto en símbolos.

A unas las llama musas.

A otras, amantes.

A otras, víctimas.

Y casi nunca les pregunta quiénes fueron.

Por eso este homenaje no quiere hacer de Jeanne una estatua.

Quiere devolverle movimiento.

Que camine.

Que mire.

Que se equivoque.

Que pinte.

Que tenga una tarde cualquiera en la que no ocurra absolutamente nada.

Que pueda salir de casa sin saber que el porvenir la está observando.

Que tenga, aunque sea dentro de este cuento, todos los años que la realidad le negó.

En el espejo, Jeanne levanta el pincel.

Pero esta vez no pinta su rostro.

Pinta una ventana.

Después pinta un árbol.

Después una calle.

Después una casa.

Y finalmente pinta a una mujer que se parece a ella, pero que no es ella.

La mujer del cuadro mira hacia afuera.

Jeanne comprende entonces el secreto.

No ha pintado su pasado.

Ha pintado una posibilidad.

La mujer del cuadro tiene ochenta años.

Está sentada junto a una ventana.

Hay luz sobre sus manos.

Sobre la mesa descansan pinceles.

En la pared cuelgan cuadros que nadie ha visto.

Y debajo de uno de ellos, apenas visible, hay una firma:

Jeanne Hébuterne.

La joven contempla el cuadro.

Por primera vez sonríe.

Después deja el pincel.

Y sale del espejo.

Desde entonces, cuentan que en ciertas tardes de lluvia, cuando París parece una ciudad inventada por alguien que ha olvidado el final de su historia, puede verse a una mujer caminando junto al Sena.

No lleva flores.

No busca a nadie.

Lleva consigo un cuaderno.

Se detiene.

Mira el agua.

Y comienza a dibujar.

Quizá sea un fantasma.

Quizá sea un recuerdo.

Quizá sea simplemente Jeanne, que por fin ha conseguido escapar de la historia que otros escribieron para ella.

El espejo queda vacío.

Pero en su superficie permanece una última imagen:

una mujer pintando.

No la mujer de Modigliani.

No la tragedia.

No la leyenda.

Jeanne.

Sólo Jeanne.

Y eso, después de tantos años, es quizá la forma más justa de recordarla.

¡Ay la leche!

Ficción

…pero di que serás mía
al alba y al ocaso.

del lado oscuro
estoy pensando en ti
en la ensenada de la perdición

para, gozosos, celebrar el día.
parte de mi
mira de cara o de reojo
—¡abrid la ventana!

de vuelta a la melodía
¡ay la leche!
por ti bebe y brinda
eléctrica avenida.

relumbrando en mi cabeza,
no lloro lágrimas,
capaz de morir sin decibelios.

el espejo no aprende nuestro gesto
con el humo y ceniza terminales.

Puerta del Mago

Aventura, Ficción

TAU
¿Y esta puerta?
BODOS
Parece que da a otra sala igual simétricamente.
TAU se dirige a la puerta y esta se cierra de golpe.
TODOS
Risas.
ALEPH
¡Cuidado, es la Puerta del No!
TODOS
¡No!
TAU abre la puerta. Las aguas del Mar del No entran a oleadas manchadas de sangre, TAU cierra la puerta y la sujeta con la espalda asustado.
TODOS
¡No!
ALEPH
Es un falso sendero.
TAU
¡El mar está rojo!
No se puede abrir y se convierte al girar en una puerta con un espejo.

EXT. ESFINGE – DÍA

Aventura, Ficción

Una playa muy extensa que se prolonga en un desierto de dunas en el que se encuentra una gran esfinge de la sabiduría de terrible aspecto. Todos los personajes están delante esperando. Como desperdigados están los elementos que dan las respuestas, UnJarro, UnCaballo, LasOlas, UnaMina, UnaHuella, UnaAlmohada, UnEspejo, UnaCebra, UnParaguas. Música misteriosa de órgano electrónico, la esfinge espera tamborileando con los dedos de una pata y apoya su mejilla en la otra con cara de aburrirse.
TXT (SUBTÍTULOS): «ChokmahCherub» (Querubines de la sabiduría)
Llegan con la emperatriz y encuentran al papa y al emperador con sus caballeros. El primer caballero está siendo devorado ahora. Otro valiente caballero es devorado por la esfinge que bosteza abriendo su enorme bocaza, se le escapan unos eructos, se monda los dientes y arroja un trozo de mano del caballero.
ESFINGE, molesta.
¡Oh, no, otra vez aquí!
La ESFINGE amenaza con tragarlos a todos pero no lo hace.
ESFINGE
¡Alto! ¡No puedes pasar! Antes tienes que adivinar un acertijo o seréis devorados.
CABALLERO
¡Para poder pasar hay que responder una pregunta o acertijo de la esfinge, en caso contrario, al que se equivoque lo devorará!
TAU.
Queremos pasar. A ver esas preguntas.
ESFINGE.
¡Qué valientes, os empeñáis en ser devorados! Acabo de comerme un valiente capitán… Algo duro… Pero tú no estarás mal de postre, pareces más tierno.
La esfinge se levanta sobre la arena del desierto dispuesta a devorarlos, un gran interrogante sale de su boca también amenazador. Todos intentan huir despavoridos. Un caballero de la tabla redonda será devorado en cada error.
TODOS
¡No!
Todos huyen menos TAU.
TAU
Está bien, está bien, pregunta…
La ESFINGE se sorprende de su arrojo pero acerca sus garras a TAU relamiéndose la boca.
ESFINGE
A ver quien sabe el siguiente enigma… «Crece y mengua aunque no se ve y se apaga aunque no es luz».

Susanna Griso descubre 2 millones de tragedias al día

Ficción

La periodista, conductora de Espejo Público, de 8.30 a 12.20h en Antena3 TV descubre 2 millones de tragedias al día en su programa matutino (el que mata con tino).

La periodista será propuesta al Nobel de la truculencia, el mal gusto y la tragedia griega.

«Es difícil conseguir un récord mundial  pero así es nuestro periodisgusto.» -Ha declarado.

TO YOURSELF FROM MYSELF

Poesía

TO…

To Those Who Resist
Those Who Hold Me And Hold
And Especially To My Soul Women

A…

A Los Que Resisten
A Los Que Me Aguantan Y Sostienen
Y Especialmente A Mis Mujeres Del Alma

A los lectores, followers, likers, commenters…

A Modesto, A Mari, A Eugenio, A Vicen, A Jesús, A Maria Isabel, A Alvaro, A Pablo, A Anabel, A Jorge, A Inés, A Yago, A Carmen, A Diana…

A Manuel, A Carmen, A Pablo S., A Cristina, A Federico, A Carmen C., A Sara, A José Manuel…

A Laura, A Isabel, A …

FROM ME…

From Annihilation And Madness
From Disease And Death
From Shadows And Anxiety
From The Delusions And The Panic
From The Alienation And The Absurd
From The Infinite Deformed Mirrors…
From Myself…
I’m Just Someone To Write…

DESDE MI…

Desde La Aniquilación Y La Locura
Desde La Enfermedad Y La Muerte
Desde Las Sombras Y La Ansiedad
Desde Los Delirios Y El Pánico
Desde La Alienación Y El Absurdo
Desde Los Infinitos Espejos Deformados
Desde Mi Mismo…
Sólo Soy Alguien Para Escribir…