Geografía elemental

Ficción

Sccieto Borgia presenció los tumultos de RPC e inmediatamente cogió un aleatorium para el aeropuerto.

Nueva Geografía Elemental en 27 lecciones: Sajalín, Sikok, Kiu-Siu y otras 24 más…

Las palabras que era preciso pronunciar: Nec valet dicere, quod…

-Toma estas monedas de oro y déjate conducir adonde yo te lleve y haz lo que yo te diga…

Respecto de las convenciones, nos declaramos darwinistas. Si un nombre es capaz de sobrevivir en esta jungla convenimos en que se ajusta a la convenciones. Allá tu.

La política de la República se basa en la construcción de la libertad, la igualdad y la fraternidad entre todos y para todos los ciudadanos. Cualquier intento de subversión y vandalismo de estos valores será castigado con el destierro, ya sea temporal o definitivo, mediante votación popular.

Le jour de gloire est arrivé!

¡Qué la libertad, la igualdad y la fraternidad sean tus Políticas y guías!

El mundo es imcompleto, imperfecto, inacabado, inquieto, aleatorio … para qué sufrir con sus Políticos y guías, dejemos que la alegre anarquía reine en nuestros serios despachos, catedrales, palacios, torres del capital y el poder se diluya en todas las manos.

Un vistazo a la microliteratura en los blogs

Poesía

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SOMEWHERE

Ficción

Desde aquel once de septiembre, Manuel –en que salimos espitados desde las torres gemelas a este cielo, mientras nos concedían la hipoteca– han pasado ya cinco años. Cinco largos años que damos vueltas en el aire intentando que nos dejen entrar en algún paraíso celeste. En los paraísos de Alá no nos dejan por occidentales y en los cielos cristianos por falta de pago. Estamos condenados a vagar por este cielo abismal que nos hemos fabricado nosotros. Pero ¿por qué no podríamos nosotros? ¿Por qué? ¡También nosotros somos pájaros de cuidado!

«Somewhere over the rainbow

skies are blue

bluebirds fly

Why, oh, why can’t I?»

AHASVERO

Ficción

Para colmo de mis desdichas, una vez en la habitación, Dánae no siempre se mostraba tan solícita como mi imaginación y mis deseos lo pergeñaban. Un día, cuando acababa de caer el sol, escalé la alta torre que me separaba de las placenteras victorias del amor, no sin hartos peligros. Con su amplio vestido de vuelo, ella estaba afortunadamente allí, y su corsé o justillo -como entonces le llamaban- elevaba sus erguidos, indomables y danaides senos. Mi inocente corazón trepidaba ansioso por acariciarlos cuando irrumpió la Damgalnunna en su ya, por fin, mancillada habitación para hacer su aún inmaculada cama. Imaginaos entonces mi azaroso rubor y patetismo tratando de ocultar lo que es más evidente que el sol de mediodía.