LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
sobre el lago azul y sereno del cielo.
El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
con la montura celeste en que cabalga
el monte o las montañas.
Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
por todos los vivientes.
Mientras el frío viento las va esquilando,
se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
las banderas de paz de los abismos de la noche.
La nube, aquella larga nube de plata,
dorada también por el crepúsculo,
es enhebrada por la torre para coser
los abismos del cielo de la noche.
La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
esos camellos verdinegros que por la aguja
pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
En esas nubes grises, blancas y negras
naufragan las palabras y sus almas.
No son ya nubes de agua o nieve,
son nubes de palabras y de almas,
que reman, como un Caronte de arriba,
con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
—pasa otra nube—
un rebaño de nubes, de palabras y de almas.
Camello
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Zend-Avesta
FicciónConfesiones de un escritor sin éxito
FicciónNulla dies sine linea
no dejaban de repetirme todos, en sospechoso acuerdo, Plinio el Viejo, mi editor, mi camello.
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ZÓHAR VENDE
FicciónSubidos en su árbol,
adoran su cabeza,
esa víscera urna de camello enjuto y cuaternario.
Descienden la escalera cual divas impolutas.
Mas venden hilo viejo de vanos Sefirotes.
No hay simbolismo más mudo
que el rebuzno fonético
de estos pardos gramáticos.
Ni orín errante
que aclare sus comerciales y bárbaras tinieblas.
SKY
FicciónMicrocarta a Popi:
En eso estamos muchos, popi, sin el teclado siento angustia, desazón, algo me falta… estoy empezando a pensar… ¿qué le habrán puesto? Pero no consigo saberlo…
Sin embargo, el otro día, encontré entre las teclas polvo blanco ¿Será una droga? ¡Qué listo Bill Gates! ¡Es el mayor camello del mundo!
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