La fuerza del Tarot reside no tanto en su capacidad de explicar y predecir, cuanto en su capacidad para crear combinaciones de historias y universos. En ese sentido es más parecido a un complejo mecano infantil, un juguete para construir mundos, objetos e interpretaciones que un sistema de explicación universal -como muchos de sus estudiosos han pretendido. Que, a veces, la realidad se parezca al Tarot no es una refutación de lo dicho sino, muy al contrario, la confirmación de que la realidad también es una combinación aleatoria de elementos como lo es el propio Tarot. Personalmente prefiero, al igual que Italo Calvino, utilizarlo como juego para la creación literaria que como instrumento profético o interpretativo. Véase, como ejemplo de su potencia creativa, su mapa de conceptos, que permitió a Temístocles de Alejandría llenar cientos de papiros enrollados, por desgracia hoy perdidos, y que yo, el judío errante, leí con avidez de adolescente mientras permanecí como discípulo suyo.
Dodecanario
Tarot
Ficción
Como era de temer la psicosis colectiva ha cundido entre la población, no sólo el pánico. El Serpiente, como ahora le llaman los medios de comunicación, ha inoculado su virus destructivo a todos los asesinos de la ciudad. Los asesinatos se suceden en masa y, aunque se ha descartado la autoría de Serpiente en muchos casos, incluso los ajustes de cuentas se firman con símbolos utilizados por el supuesto masacrador.
viento
Ficción
El fluido invisible, el olfato de cazador… y, mientras el viento nos azota con su látigo invisible, continuamos el camino señalado por la rama mojada.
Saint-Yves d’Alveydre
Ficción
Schoenberg, Arnold
Poesía
Tabla Redonda
Ficción—Estamos hartos de este juego. Todos esos objetos maravillosos de los que hablas no son más que pamplinas, …el Graal, el rey Arturo, la Tabla Redonda… Historietas medievales de caballeros andantes dignas de la más ácida novela de Cervantes.
—Sí ciertamente, arrojemos al pantano el número doce. Al fin y al cabo, yo sólo soy un loco más.
viento
Ficción
El fluido invisible, el olfato de cazador… y, mientras el viento nos azota con su látigo invisible, continuamos el camino señalado por la rama mojada.
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