Las nubes

Ficción

LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
sobre el lago azul y sereno del cielo.
El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
con la montura celeste en que cabalga
el monte o las montañas.
Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
por todos los vivientes.
Mientras el frío viento las va esquilando,
se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
las banderas de paz de los abismos de la noche.
La nube, aquella larga nube de plata,
dorada también por el crepúsculo,
es enhebrada por la torre para coser
los abismos del cielo de la noche.
La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
esos camellos verdinegros que por la aguja
pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
En esas nubes grises, blancas y negras
naufragan las palabras y sus almas.

No son ya nubes de agua o nieve,
son nubes de palabras y de almas,
que reman, como un Caronte de arriba,
con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
-pasa otra nube-
un rebaño de nubes, de palabras y de almas.

EXT. TORRE – DÍA

Ficción

LAS NUBES son cisnes, cisnes blancos, grises o negros,
sobre el lago azul y sereno del cielo.
El sol es su jinete, y de las nubes, sube y baja
con la montura celeste en que cabalga
el monte o las montañas.
Las nubes del monte lloran el mar sobre nosotros
y nos devuelven, puras, las lágrimas lloradas
por todos los vivientes.
Mientras el frío viento las va esquilando,
se precipitan como minúsculas banderas blancas de nieve:
las banderas de paz de los abismos de la noche.
La nube, aquella larga nube de plata,
dorada también por el crepúsculo,
es enhebrada por la torre para coser
los abismos del cielo de la noche.
La torre enhebra nubes, jugando entre campanas,
esos camellos verdinegros que por la aguja
pasan, juegan, tañen, cantan, bailan… a las almas.
En esas nubes grises, blancas y negras
naufragan las palabras y sus almas.
No son ya nubes de agua o nieve,
son nubes de palabras y de almas,
que reman, como un Caronte de arriba,
con el remo de la torre, y que pasan, pasan, pasan
—pasa otra nube—
un rebaño de nubes, de palabras y de almas.

Salvaje

Ficción

Encelado como un potro salvaje
te acercas con la lanza
del caballo enamorado y travieso
y en la pradera de la cama
hacemos de jinetes desbocados.
Me cubres de pétalos de rosa.
Me cubres y descubres…
Me descubres de ropa
y de pesares…
Y me cubres.

ÁGUILA

Ficción

(por Paco Pepe)

Que remonte su vuelo, que te lleve
tu latido de águila a la altura;
yo que intento volar en esta oscura
noche, te siento cerca, eterno, leve.

Firme es tu voz de estrella, y es de nieve
tu respirar del alma !Qué segura
tu soledad! ¡Qué fiel cabalgadura
para mi azul jinete, lento y breve!

Vuela, conquista el aire y lleva el pecho
de la ansiedad celeste en la mirada
siembra de luz la tierra a cada trecho.

Vuela, Imdugud amigo, y sé la espada
para la oscura sed; rómpete el lecho,
se corazón, se estrella, se morada.

(con cariño, feliz cumpleaños)