Ruland, Martin

No ficción

Todos somos como una luna, a nadie enseñamos nuestra cara oculta.

Martin Ruland el Joven fue un médico y alquimista alemán que vivió en el siglo XVII. Nació el 9 de junio de 1569 en Lauingen, Baviera, y murió el 19 de diciembre de 1611 en Maguncia, Alemania. Ruland es conocido principalmente por sus contribuciones a la alquimia y la medicina, así como por su obra escrita en estos campos.

Biografía

Educación y Carrera Médica

Martin Ruland el Joven estudió medicina en la Universidad de Tübingen, donde obtuvo su doctorado en medicina en 1596. Luego, se convirtió en médico personal de varios nobles, lo que le permitió desarrollar su interés en la alquimia y la química.

Alquimia

Ruland se dedicó intensamente a la alquimia y escribió varias obras sobre el tema. Sus escritos alquímicos incluyen libros como «Lexicon alchemiae sive dictionarium alchemisticum» (1612), que es un diccionario de términos alquímicos, y «Cynosurae artificum» (1618), una obra que trata sobre la filosofía hermética.

Contribuciones a la Medicina

Además de su interés en la alquimia, Ruland también realizó contribuciones significativas a la medicina. Es conocido por su trabajo en farmacología y terapia farmacológica.

Obras

Lexicon alchemiae sive dictionarium alchemisticum (1612): Este libro es una recopilación de términos y conceptos alquímicos que ayudó a estandarizar y difundir el lenguaje de la alquimia en su época.

Cynosurae artificum (1618): Esta obra explora los aspectos filosóficos y prácticos de la alquimia y es considerada una de las contribuciones más importantes de Ruland al campo.

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Martin Ruland el Joven desempeñó un papel importante en la promoción y el desarrollo de la alquimia en su época, y sus escritos siguen siendo estudiados por aquellos interesados en la historia de la alquimia y la química. Sus obras contribuyeron a la expansión del conocimiento alquímico en Europa durante el período barroco.

EN MI FINCA

Ficción

En mi finca hay uno que pasa el día mirando talk-shows a todo volumen. Un día bajo y le pico y le digo «Oye, ¿podrías hacer el favor de, cada tanto, pillar un buen libro? Aunque fuera uno de esos que trae La Vanguardia. Europa no saldrá nunca del abismo si todo lo que tú sabes de la vida es a quién se tiró ayer Manolete.» Él me mira bien confundido y suelta robótico «You may say I’m a dreamer, but I’m not the only one. I hope some day you’ll join us and the world will be as one …»

Capitán chinchilla

Ficción

Bajo la sombra cilíndrica de cipreses perpetuos, el nuevo capitán chinchilla, antaño cebada, bebió su primer Aperol a la sombra vesperal, frente a los muros de un convento enclaustrado. Susurros de antaño vibran en el aire estancado,
cual reliquias de las tardes de oro de un pasado, donde el alma trocaba su cebada por chispeantes burbujas, y la sed, por un fragmento de melancolía añeja.

Los monjes de silencio custodian los secretos del viento, mientras el capitán chinchilla, poeta en la mira, destapa el elixir naranja de crepúsculos tardíos, brindando con los fantasmas de sus días olvidados. Esas paredes, tan altivas, tan plenas de ausencias, contienen más rezos que voces, más ecos que presencias; y el Aperol, con su danza rubí, tienta a la memoria, a deshojar los capítulos en un libro de sombras. «Hoy soy chinchilla,» dice, «mañana quizá paja, y siempre la sed, el ardor en los labios, el anhelo de lo nunca habido, de lo jamás pronunciado, de esa espuma dorada que no retorna, sólo vaga.»

En el pozo del vaso, los cipreses se reflejan, mezcla de realidad y desvelo en un sorbo, donde el convento se disuelve, se redime y olvida, y el capitán chinchilla ve más allá de su embozo. Escribir es beber del cáliz de los dioses dormidos, y con cada trago, cada sílaba, se desata un destino. Así, el capitán chinchilla, entre sorbo y verso, rememora su ser cebada, su futuro incierto.

Ya con tres Aperoles más hundidos en su ser, el capitán chinchilla, ebrio de revelaciones, bajo cipreses que apuntan al infinito, se desnuda de su nombre, de su piel, de las máscaras del día. Sus dedos, tinta y carne, trazan constelaciones en el aire denso de una tarde sin relojes. El convento murmura plegarias olvidadas, y él, desbordado, es eco y viento, es llama y agua. «Sólo un capitán de cenizas, de destellos efímeros,» susurra al vaso vacío que refleja sus ojos perdidos, y en los cipreses, sombras alargadas como recuerdos, se mezclan los silencios de la noche venidera.

Cada Aperol, un poema no escrito, una lágrima naranja que corre por su garganta como un río de antaño, lavando su pasado de cebada, y con ello, la memoria de los campos dorados bajo soles idos. «Soy chinchilla, y en mi ebriedad soy también polvo, fragmento de sueños rotos, versos inconclusos,» piensa, mientras el convento se desdibuja en la penumbra creciente, la noche inminente. Las estrellas, esos testigos impasibles del hombre, parpadean sobre su cabeza, riendo quizás, de este capitán chinchilla que, en su delirio, ha visto el universo en el fondo de un Aperol. Así, entre cipreses y sombra, el tiempo se disuelve, y el capitán chinchilla, marioneta de su deseo, se hunde en la madrugada, poeta ebrio, buscando en el abismo el sentido de su viaje.

Facundo Cabral. Presente.

No ficción

Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida. Facundo Cabral

Nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, Argentina, y desde joven comenzó a dedicarse a la música. Su estilo musical se caracterizó por la fusión de diferentes géneros, como el folclore argentino, el rock, el pop y la música de autor.

A lo largo de su carrera, Cabral grabó más de 40 discos y escribió varios libros, entre los que se destacan «No estás deprimido, estás distraído» y «Este es un nuevo día». Sus letras, que combinaban poesía, filosofía y crítica social, lo convirtieron en un referente de la canción protesta en América Latina.

Además de su carrera musical, Cabral se destacó como conferencista y escritor de libros de autoayuda. Sus conferencias, en las que hablaba sobre temas como la libertad, la paz y la espiritualidad, tuvieron una gran repercusión en varios países de América Latina y Europa.

Tristemente, el 9 de julio de 2011, Cabral fue asesinado a tiros en Guatemala, donde había ofrecido un concierto. Su muerte causó conmoción en todo el mundo y su legado musical y literario sigue siendo recordado y valorado hasta el día de hoy.

A lo largo de su carrera, grabó numerosos álbumes y canciones. A continuación, te menciono algunas de sus obras más destacadas:

  1. «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá» (1970): Este es uno de los álbumes más icónicos de Facundo Cabral y contiene la famosa canción homónima «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá.»
  2. «En Vivo en la Argentina» (1984): Un álbum en vivo que recoge una actuación memorable de Cabral en su país natal.
  3. «Este es un Nuevo Día» (1987): Otro álbum que incluye algunas de sus canciones más populares.
  4. «Lo Cortés No Quita lo Cabral» (1991): Este álbum contiene una selección de canciones que reflejan la filosofía de vida de Facundo Cabral.
  5. «Pateando Tachos» (1996): Un álbum en vivo que presenta algunas de sus canciones más queridas.
  6. «Inolvidables» (2000): Una recopilación de sus éxitos más destacados a lo largo de su carrera.

El síndrome del tercer hombre

No ficción

El síndrome del tercer hombre es un fenómeno psicológico que se produce en situaciones extremas de estrés o peligro, en las que una persona experimenta la sensación de que hay otra presencia física a su lado, aunque no haya nadie allí en realidad.

Este síndrome fue identificado por primera vez en expediciones polares y en escaladas a montañas elevadas, donde los exploradores informaron haber sentido la presencia de un tercer hombre durante momentos de gran peligro y tensión. El nombre del síndrome se debe a que, en muchos casos, la persona que lo experimenta siente que la presencia adicional es un compañero, un amigo o un guía que lo ayuda a superar el miedo y la angustia.

Aunque no está completamente claro por qué algunas personas experimentan el síndrome del tercer hombre en situaciones extremas, se cree que puede estar relacionado con mecanismos de defensa psicológicos que se activan durante momentos de gran estrés. En algunos casos, también se ha relacionado con la fatiga, la falta de oxígeno o la deshidratación.

El término «síndrome del tercer hombre» fue acuñado por el explorador y alpinista británico Frank Smythe en su libro «The Mountain Vision» en 1940. Smythe describió cómo, durante un intento fallido de escalar el K2 en el Himalaya, experimentó la sensación de que un «tercer hombre» lo estaba acompañando en la escalada, incluso cuando estaba solo en la montaña. Sin embargo, Smythe no fue el primer explorador en experimentar esta sensación, sino que otros exploradores polares y alpinistas habían informado de experiencias similares antes que él. Desde entonces, el síndrome del tercer hombre ha sido estudiado por psicólogos y exploradores de todo el mundo.

Aunque el síndrome del tercer hombre es poco común, es importante tener en cuenta que, si experimenta síntomas similares durante momentos de estrés o peligro, no está solo y que hay ayuda disponible. Es importante buscar apoyo emocional y profesional si siente que el síndrome del tercer hombre está afectando su vida diaria.

Euclides

No ficción

Euclides fue un matemático y geómetra griego, nacido alrededor del 325 a.C. en Alejandría, Egipto. Fue uno de los más grandes matemáticos de la antigüedad, y es conocido por su obra maestra «Los Elementos», un tratado de geometría que ha sido una fuente de conocimiento y enseñanza por más de 2000 años.

Se sabe muy poco sobre la vida de Euclides. Se cree que recibió su educación en la Academia de Platón en Atenas, antes de regresar a Alejandría, donde fundó una escuela de matemáticas en el Museo de Alejandría. Allí, enseñó matemáticas y geometría a una gran cantidad de estudiantes y, según se dice, se mantuvo fiel a sus principios y no cobró por sus clases.

La obra más famosa de Euclides, «Los Elementos», consta de trece libros y es considerada una de las obras más influyentes de la historia de las matemáticas. En ella, Euclides presenta una serie de teoremas y proposiciones geométricas, estableciendo una base para la geometría euclidiana clásica.

Euclides también escribió sobre otras áreas de las matemáticas, incluyendo la teoría de números, la astronomía y la óptica. Se sabe que escribió al menos otros trece libros, pero muchos de ellos se han perdido a lo largo del tiempo.

Euclides falleció alrededor del 265 a.C. en Alejandría. Su legado matemático ha sido una fuente de inspiración para generaciones de matemáticos y su obra «Los Elementos» sigue siendo un texto fundamental en la enseñanza de la geometría.

EL SILENCIO

Ficción

Callemos

Las nubes no se cansan de hablar. En el firmamento, las nubes despliegan su muda conversación, un diálogo sin palabras que solo el viento sabe interpretar. No se cansan de hablar, como si su discurso fuera tejido por hilos invisibles que se entretejen y desenredan en un constante flujo. Son palabras etéreas que se forman en capas y se desvanecen en un suspiro.

Observándolas, uno podría pensar que son las confidencias del cielo, sus pensamientos efímeros, su monólogo en pausa. Se transforman en trazos de pinceladas blancas, grises y doradas que trazan poesía sobre el lienzo azul del día. No hay pausa en su relato: aquí una figura que se asemeja a un animal, allá un perfil de un rostro que se desvanece en el horizonte.

Las nubes llevan consigo los secretos de las estaciones, los susurros de la lluvia y las promesas del sol. Amanecer tras amanecer, comparten su historia, una historia que es efímera pero que se repite incansablemente. Cada día escriben un nuevo capítulo en este libro sin tinta ni papel.

Así, en su silencio metamórfico, las nubes danzan su danza aérea, narrando la historia del cielo en un idioma sin palabras. Un lenguaje que solo se puede captar con los ojos y sentir con el corazón, un lenguaje que nos recuerda que la belleza y la poesía no siempre necesitan sonidos ni letras, sino el arte inefable de la transformación constante.