Alguien debiera darle una bofetada en su carnal moflete. Vuelve a comer como un estúpido cochino, sin ningún respeto por el mar, con su engañosa y feliz apariencia. Siento frío. La herida de mi infancia se reabre ante este necio joven. Le prepararé un lugar en el laberinto de la muerte, me digo. No le manifiesto mi desprecio todavía. Escucho la melodía, como al principio. La puerta sigue su ritmo, sin sentido. Qué sorpresa te espera, patán, pienso. La tormenta se acerca. Ajusto mi visión. Vale.
visión
No es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, …
FicciónNo es feliz. Es manifiesto. Sin embargo, mientras hurga en el laberinto carnal de su herida, no ha dejado de comer. Oigo el ritmo al que engulle. Esa visión me transporta a una engañosa melodía de mi infancia en clave de sonora bofetada. De principio, un té rojo, dice. Abro la puerta y él pierde el sentido. Es joven, alguien para quien la sorpresa continúa siendo el frío de la tormenta en el mar. Aprende, le digo.
Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Has …
FicciónHace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.
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