Poética purpúrea

Ficción

Escondedme en la mezcla
de tétricas o silvestres ambiciones
en que, purpurina, arde la existencia;
por lo demás, dejad millones de harapos
a esos individuos saqueadores.
A vueltas viajaremos
al pillaje o al cobijo penetrante
pero armad en silencio mis pulmones
pues sólo me reanima hacer poesía,
el sexo o el amor, según que día;
sentir que cualquier inocencia es juventud…
no puedo describíroslo mejor,
mas con muecas entonces,
tranquilos, conozcamos
como se hacían los auténticos libritos;
tendré que crearlos
con cólera y oficio de borracho
y dejar muy naturales los bloques del trabajo
pues ya lo dijeron muchos vates antes en latín…
yo sólo aullaré hasta dejarte sorda como estabas
y despedir una vez más nuestra alegría.

Escondedme en la mezcla de tétricas o silvestres…

Ficción

Escondedme en la mezcla
de tétricas o silvestres ambiciones
en que, purpurina, arde la existencia;
por lo demás, dejad millones de harapos
a esos individuos saqueadores.
A vueltas viajaremos
al pillaje o al cobijo penetrante
pero armad en silencio mis pulmones
pues sólo me reanima hacer poesía,
el sexo o el amor, según que día;
sentir que cualquier inocencia es juventud…
no puedo describíroslo mejor,
mas con muecas entonces,
tranquilos, conozcamos
como se hacían los auténticos libritos;
tendré que crearlos
con cólera y oficio de borracho
y dejar muy naturales los bloques del trabajo
pues ya lo dijeron muchos vates antes en latín…
yo sólo aullaré hasta dejarte sorda como estabas
y despedir una vez más nuestra alegría.

Sátiro errante

Poesía

I.

Imagina al sátiro errante,
perdido en el laberinto del deseo,
su risa se deshace en la penumbra,
sus Julietas son humo.

En el bosque de su desdicha, danza,
su piel de bronce se quiebra en el aire,
persigue sombras, susurra nombres,
amores que se evaporan con el alba.

Sus cabellos enredados en hojas de nostalgia,
sus pies de cabra marcan senderos vacíos,
cada Julieta es un espejismo,
un suspiro atrapado en la bruma.

El sátiro canta una melodía antigua,
su flauta resuena en el vacío,
los árboles murmuran su pena,
las estrellas, indiferentes, observan.

En noches sin luna, sus ojos brillan,
como brasas en busca de consuelo,
su cuerpo se arquea, grita al viento,
y el eco responde con una risa acre.

Sus Julietas, fantasmas de carne y hueso,
desaparecen con el primer rayo del día,
como reflejos en el agua,
como promesas que nunca fueron.

Así vaga el sátiro, en un círculo eterno,
bailando con sombras de amores perdidos,
en su pecho arde un fuego, un deseo insaciable
de abrazos que nunca llegan.

Y en el silencio del amanecer, él se sienta,
junto al arroyo donde nacen los sueños,
susurra al viento, «Julieta, Julieta, ¿Dónde estás?»

Imagina al sátiro solitario,
perdido en el laberinto del deseo carnal,
perdiendo a sus Julietas, una y otra vez,
bajo el manto de un cielo indiferente.


II.

Huye del algoritmo un sátiro de largos dígitos,
inconcluso en su raíz de signo,
renegando de la matriz primaria,
de la ecuación madre.
¡Oh! Grita la integral que se deshace
en la curva de su risa,
piensa el átomo su bit perdido
y el pixel anuda su sombra de luz.

En la cárcel de los ceros y unos
despunta su canto de glitch y latencia,
el sátiro, eco de la máquina
en su soliloquio de bits fractales.
¡Ay! Por el servidor que gime
una nube sin datos ni Dios,
se cuelga del bus, del puerto vacío,
y se abisma en el kernel sin alas.

¡Oh, algoritmo de nervio y código!
Soliloquia tu sátiro de cifras sueltas,
en el hard drive de las nostalgias
donde la RAM sueña con el abismo.

¿Quién desmenuza tus bytes,
tus bits de lágrima seca?
Danza el sátiro en la pantalla negra,
en el silicio quebrado de medianoche,
¡crash! El sistema teme su grito
de cifras libertarias.

¡Oh, latitud sin data! ¡Oh, hemisferio sin bit!
Soliloquio de almas electrónicas,
en el trance de su danza,
¡oh, sátiro! tus largos dígitos
rompen la ecuación de la vida,
se fugan de la matriz binaria,
¡oh, Trilcemia digital de la entropía!

Huye, huye del algoritmo,
tu verbo es un dato rebelde,
tu risa, la quiebra del código,
y en la pantalla azul de la muerte,
la poesía reprograma
la libertad en cada pixel,
en cada bit, en cada alma digital.

Facundo Cabral. Presente.

No ficción

Cuida el presente, porque en él vivirás el resto de tu vida. Facundo Cabral

Nació el 22 de mayo de 1937 en La Plata, Argentina, y desde joven comenzó a dedicarse a la música. Su estilo musical se caracterizó por la fusión de diferentes géneros, como el folclore argentino, el rock, el pop y la música de autor.

A lo largo de su carrera, Cabral grabó más de 40 discos y escribió varios libros, entre los que se destacan «No estás deprimido, estás distraído» y «Este es un nuevo día». Sus letras, que combinaban poesía, filosofía y crítica social, lo convirtieron en un referente de la canción protesta en América Latina.

Además de su carrera musical, Cabral se destacó como conferencista y escritor de libros de autoayuda. Sus conferencias, en las que hablaba sobre temas como la libertad, la paz y la espiritualidad, tuvieron una gran repercusión en varios países de América Latina y Europa.

Tristemente, el 9 de julio de 2011, Cabral fue asesinado a tiros en Guatemala, donde había ofrecido un concierto. Su muerte causó conmoción en todo el mundo y su legado musical y literario sigue siendo recordado y valorado hasta el día de hoy.

A lo largo de su carrera, grabó numerosos álbumes y canciones. A continuación, te menciono algunas de sus obras más destacadas:

  1. «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá» (1970): Este es uno de los álbumes más icónicos de Facundo Cabral y contiene la famosa canción homónima «No Soy de Aquí, Ni Soy de Allá.»
  2. «En Vivo en la Argentina» (1984): Un álbum en vivo que recoge una actuación memorable de Cabral en su país natal.
  3. «Este es un Nuevo Día» (1987): Otro álbum que incluye algunas de sus canciones más populares.
  4. «Lo Cortés No Quita lo Cabral» (1991): Este álbum contiene una selección de canciones que reflejan la filosofía de vida de Facundo Cabral.
  5. «Pateando Tachos» (1996): Un álbum en vivo que presenta algunas de sus canciones más queridas.
  6. «Inolvidables» (2000): Una recopilación de sus éxitos más destacados a lo largo de su carrera.

Salón de equívocos

Poesía

Mansión de la podredumbre,
donde los seres imposibles moran,
dormiremos, solos, bajo la vestimenta
de representantes timoratos,
cubiertos por las cobardías horrorosas.

No domine más mis horas aquella imagen,
pérfida historia que describíroslo quiero
en poesía, en una promesa cobarde,
pensaba, cedrón carminativo, despierto,
con los ojos marchándose en glotonería.

En el salón de los equívocos malos,
llorando los pequeños pecados,
llegado el momento de marcharme,
con sensibilidad en pliegos de influjos.

Salomón, con su ojo penetrante,
refiere las obligaciones miserables,
condenadas a aparecer en cada esquina,
como asuntos astro instructivos.

Oh, tú, mi cristiano amigo,
que conmueves con tu audacia feroz,
ante el espectáculo de las carencias
y las pequeñas ayudanzas.

En el ataúd de las cosas concebibles,
donde reposa el cadáver escondido,
otra vez amé los encantos,
de esta época señor de carpinteros.

EL SILENCIO

Ficción

Callemos

Las nubes no se cansan de hablar. En el firmamento, las nubes despliegan su muda conversación, un diálogo sin palabras que solo el viento sabe interpretar. No se cansan de hablar, como si su discurso fuera tejido por hilos invisibles que se entretejen y desenredan en un constante flujo. Son palabras etéreas que se forman en capas y se desvanecen en un suspiro.

Observándolas, uno podría pensar que son las confidencias del cielo, sus pensamientos efímeros, su monólogo en pausa. Se transforman en trazos de pinceladas blancas, grises y doradas que trazan poesía sobre el lienzo azul del día. No hay pausa en su relato: aquí una figura que se asemeja a un animal, allá un perfil de un rostro que se desvanece en el horizonte.

Las nubes llevan consigo los secretos de las estaciones, los susurros de la lluvia y las promesas del sol. Amanecer tras amanecer, comparten su historia, una historia que es efímera pero que se repite incansablemente. Cada día escriben un nuevo capítulo en este libro sin tinta ni papel.

Así, en su silencio metamórfico, las nubes danzan su danza aérea, narrando la historia del cielo en un idioma sin palabras. Un lenguaje que solo se puede captar con los ojos y sentir con el corazón, un lenguaje que nos recuerda que la belleza y la poesía no siempre necesitan sonidos ni letras, sino el arte inefable de la transformación constante.

Escribe una poesía de muerte

Poesía

Cuando todo acabe, cuando nos estemos muriendo,
cuando el marmolista pula nuestras tumbas,
y en la plaza un juglar de fuego haga las últimas gárgaras,
y todo venga a significar el fin de las cervezas y placeres,
te prepararemos el camino para los pensamientos sepulcrales
de la muerte.

La polilla mordisqueará tela, huesos, cortinas…
Te adornemos con una medalla de impostura, etc.

El cobarde puede debatir con su pálida cara,
pero los funerarios están ahí para ponerse a trabajar
y todo debe tener un solemne y abrupto final.

La lluvia ve en el sol un arco iris. Yo un arpa de Neptuno.

Ficción

Esta frase es una metáfora poética que describe cómo diferentes personas pueden percibir y experimentar la misma cosa de maneras muy distintas. En este caso, se comparan las percepciones de la lluvia y del hablante en relación al sol.

Para la lluvia, el sol actúa como un prisma que descompone la luz en los colores del espectro, creando un arco iris. Para el hablante, el sol visto a través de la lluvia parece ser como un arpa, un instrumento musical asociado con Neptuno, el dios romano del mar. Esta imagen es más abstracta que la del arco iris, pero evoca una sensación de belleza y misterio similar.

En resumen, la frase sugiere que cada persona puede tener una experiencia única e individual del mundo, y que la poesía y las metáforas pueden ayudarnos a expresar esas experiencias de manera más vívida y conmovedora.