Después de las tinieblas espero la luz.
Tinieblas
El Señor de las Tinieblas es…… ¡El Foco…
FicciónEl Señor de las Tinieblas es…… ¡El Foco o Bombilla Eléctrica!
¿Quieres que te diga el nombre del Señor…
Ficción¿Quieres que te diga el nombre del Señor de las Tinieblas?
Bosteza la luna un agujero negro en las…
FicciónBosteza la luna:
un agujero negro
en las tinieblas.
SKY
FicciónBosteza la luna.
La luna nueva,
un agujero negro
en las tinieblas.
Escribo desde las tinieblas
FicciónEscribo desde las tinieblas,
mientras los leones desgarran la negra noche
como un antílope y,
en su poética devoración,
les acompañasen
la brisa y la arena
musicales, monótonas…
Golpes de mar
FicciónLas vísperas de los éxodos sólo se visten de grises, se calzan de zapatos famélicos, se perfuman de silencios y se abrigan de gabanes harapientos. Varas golpean los ríos y los convierten en sangre y el hedor es insoportable y los peces mueren, y hay plagas de ranas y piojos, langostas, úlceras, granizo y tinieblas.
Y llega el holocausto.
La plenitud de los regresos sólo se viste de amarillos, se calza de sandalias, se perfuma de entrañas y se abriga de manos lujuriosas. Y cantan los cantares a los pies, curvas, ombligos, vientre, pechos, ojos y sólo corren entre dientes y labios vinos deliciosos.
Y llega la resurrección.
Gran sacrificio
FicciónExtendí el camastro del abatimiento y me entregué al coro de pensamientos que desde las tinieblas acosaban mi mente. Y, entre ellos, recordaba que tú estuviste allí también, coronada de rosas y jacintos.
sacrificio, Gran
Ficción
Después de las lágrimas, crucé la puerta que lleva a los lugares —no exentos de infamia— que llevan a las bahías y ciudades de la remota muerte.
Extendí el camastro del abatimiento y me entregué al coro de pensamientos que desde las tinieblas acosaban mi mente. Y, entre ellos, recordaba que tú estuviste allí también, coronada de rosas y jacintos.
Tango blasfemo para la Flaca
FicciónBajo el dosel ambiguo de la luna,
sobre el lúbrico altar de las tinieblas,
te hice la patrona de mis huesos,
la dulce confesora de mi sed.
Bebimos en secreto un elixir
de tuétanos y entrañas derramado
entre tibias banderas de saliva,
de sangre que aprendió nuestras heridas.
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