EPITAFIO DE UN DESAHUCIADO HIPOTECARIO
Al fin tengo donde caerme muerto
hipoteca
A.M.D.G.
FicciónEra Caín, el hombre. Era Lilith, la mujer. Ambos eran depravados, insanos, perversos. Pero ellos sobrevivieron a todo. Habían inventado al dios que adoraban los demás. Eran los Sumos sacerdotes de un culto satánico vestido de piedad, coronado por la exaltación del dolor, ungido de la debilidad y la desdicha, alimentado por el miedo. Los había que incluso se atrevían a llamarlo el cuento de la cigarra y la hormiga. Las hormigas trabajaban incansables, las cigarras cantaban y bailaban. Las hormigas pagaban impuestos, las cigarras los evadían a paraísos fiscales. Las hormigas madrugaban, se desvelaban, sufrían. Las cigarras dormían hasta mediodía, trasnochaban, disfrutaban. Sometían a sus huestes a cuarenta años de hipoteca mientras ellos blanqueaban su dinero al diez por ciento tras cuarenta años de farras y desmadres. Y el cuento seguía dando sus frutos…. Ad Maiorem Dolar Gloriam. Amén.
Una hipoteca ¿es una colección de hipos
FicciónUna hipoteca, ¿es una colección de hipos?
Una hipoteca ¿es una colección de hipos
PoesíaUna hipoteca, ¿es una colección de hipos?
PADI
FicciónMalos tiempos para la hipoteca
Malos tiempos para la hipoteca
FicciónMalos tiempos para la hipoteca
PADI
FicciónMalos tiempos para la hipoteca
Malos tiempos para la hipoteca
FicciónMalos tiempos para la hipoteca
SOMEWHERE
FicciónDesde aquel once de septiembre, Manuel –en que salimos espitados desde las torres gemelas a este cielo, mientras nos concedían la hipoteca– han pasado ya cinco años. Cinco largos años que damos vueltas en el aire intentando que nos dejen entrar en algún paraíso celeste. En los paraísos de Alá no nos dejan por occidentales y en los cielos cristianos por falta de pago. Estamos condenados a vagar por este cielo abismal que nos hemos fabricado nosotros. Pero ¿por qué no podríamos nosotros? ¿Por qué? ¡También nosotros somos pájaros de cuidado!
«Somewhere over the rainbow
…
skies are blue
…
bluebirds fly
…
Why, oh, why can’t I?»
knockin’ on heaven’s door
FicciónMi hermano Ahasvero y yo aporreábamos inútilmente las puertas del cielo, pero allí dentro no parecía quedar ni una libra de piedad para nosotros. Y es que aún nos faltaba por pagar 60 cuotas de nuestras respectivas hipotecas.
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