Heinrich Zimmer

Ficción

El bosque se interna en él a través de sus cabellos -he de aclarar que no siempre es el portador del caduceo pero la seguridad de su porte le da un color especial y, aquel miedo ancestral al despedazamiento que todos llevamos dentro, es conjurado por un disfraz mucho más aterrador aún.
Atravesamos la isla con el mandala pero no hallamos rastro de la máscara maldita. El Océano nos rodea como el aire a un pájaro indefenso, como una serpiente constrictor a su presa.
Y es de nuevo el tridente de Neptuno el que se clava en la túnica. Y Zimmer se desmaya.

BOY O SCOUT

Ficción

Me disfrazo de boy scout para que los vecinos me compadezcan cuando vuelvo a cuatro patas a las cinco de la madrugada de tomar copas con amigas solteras, pero ayer debí volver en tanga. La vieja del primero me ha devuelto hoy mi traje de boy scout, el de comunión, el de azafata de mi tía, un tutú y un cuero sado-maso… pero no consigo encontrar la tanga de leopardo en el armario.

ANTI BELLUM

Ficción

Mientras crecen enfurecidos los fusiles,
bien disfrazados de sonoros sauces,
resurgen, cantando himnos patrióticos,
esos mártires y poderosos pelotones
que aman la beatitud del condenado
o encantan a las ortigas del pillaje
sobre el incienso impuro y sacro
que reavivan caritativos cerdos
-como alimañas aldeanas y crueles-
y marchan tras violentas quimeras,
desembarcando en tierra de embriaguez,
en la herrumbre que dejan los gusanos
al escapar de sus entrañas bochornosas,
o en las decapitadas cabezas del caballo.