
Autor: Laura Alfaro
Manifiesto Cyborg Felino: Hacia la liberación de la cultura humana
FicciónCuando Laura Alfaro, junto al colectivo SINGEN.RB (Sindicato universitario contra la generación de referencias bibliográficas) produjo y exportó el formato de citación APA 666th edition, el mundo académico se vio transformado por acelerados cambios que condujeron a la presente era neodigital del conocimiento abierto y la consiguiente etapa posthumanista cyborg-felina.
La pérdida de la preservación de las principales fuentes de documentación físicas del planeta, debido al creciente proceso de digitalización documental y hemerográfica, sumado a los múltiples incendios acaecidos durante las décadas de los 2040-50´s a causa de la crisis climática global, dieron lugar a una gran pérdida del patrimonio archivístico global.
Paralelamente, los movimientos por el libre conocimiento y la lucha contra la propiedad intelectual academicista tomaban fuerza a nivel global, demandando la búsqueda de nuevas formas de reproducción del saber, y de reconocimiento intelectual más colectivas y redistribuidas.
Prrrrrr…. Prrr…
Miau miauu miauau miiiimimiauu Marramamiau..
No fue hasta la III Asamblea internacional por la cultura libre, en la que convergieron grupos y actores globales como el Partido pirata de Suecia, los movimientos Free Culture y Free Software, la organización Creative Commons, y el Sindicato SINGEN.RB, con la colaboración de la American Psychological Associaton, cuando se oficializó y emitió el formato de Citación pirata APA 666th edition. Un formato de citación consistente en un virus cibernético que cada vez que era empleado por cualquier usuario para referenciar y citar autores y obras, éstas eran automáticamente eliminadas de la faz de internet. Este formato de citación cambiaría, no sólo las tradicionales dinámicas de reconocimiento y propiedad intelectual, sino que también, favoreció el proceso de eliminación y desaparición de la gran mayoría de fuentes de conocimiento y archivos digitales del planeta.
MiiiiiiiuuuauuauaAAAuuuu. Prr. Prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr. Lwanw.
Este proceso supuso una auténtica catástrofe para la especie humana, toda una serie de crisis y regímenes autoritarios emergieron a consecuencia de ello, desde las guerras propiciadas por los autores y artistas resignados entre los años 2074 y 2090, reacios a perder sus fuentes de financiación, hasta las numerosas dictaduras globales lideradas por partidos y figuras ultraderechistas que se vieron favorecidas por la pérdida de instrumentos legítimos de atribución de fiabilidad y credibilidad a las fuentes de información científicas.
Este proceso no tuvo fin hasta la eliminación y desaparición de la totalidad del conocimiento mundial, dando lugar a la Era del Vacío y el Mutuo Acuerdo (año 3.000 A.Gatos.). Esta Era se caracterizó por la ausencia de conflicto social y político. La desaparición de fuentes, obras, e ideas contrapuestas generó un absoluto consenso humano global, culminando con la paz mundial y el periodo de la complacencia y docilidad humana. Los individuos dejaron de oponer resistencia a cualquier sugerencia, petición o propuesta elevada por otros, de manera que nunca jamás hubo conflictos intraespecie.
La emancipación felina se inició gracias a la primera toma de conciencia de la casta doméstica, que, tras percibir la auténtica complacencia humana de todas sus demandas, ya fuese, mayores dósis de pienso, agua, presencia del dueño en el hogar, y caricias de duración ilimitada, comenzaron a sospechar y cuestionar el estado cognitivo de la especie, y organizaron mediante ondas alfa transmitidas por sus ronroneos, en una frecuencia imperceptible por la especie humana, una conversación intergational para reflexionar sobre la pérdida de agencia humana y replantear los horizontes futuros de acción. No fue hasta el momento en el que la conversación interronroneante alcanzó a los gatos del norte de África y Egipto -los cuáles llevaban conspirando contra la especie humana desde hace más de 4.000 años, desde el período del Reino Medio y el Reino Nuevo del Antiguo Egipto, en el que fueron venerados como deidad, y gozaron de poder y privilegios gracias a la atribución de naturaleza divina- cuando se produjo el inicio de la Revolución Cyborg-Felina.
Gracias a este proceso de constitución del sujeto político felino internacional, y a la disponibilidad y el acceso por software abierto de las recientes y más refinadas herramientas tecnológicas humanas como las nuevas tecnologías cognitivas y los dispositivos de Inteligencia Artificial, fue posible la toma felina de la tecnología para la creación y la replicación de herramientas de traducción neuronal lingüística humano-felina, lo que permitió una comunicación directa y eficaz inter-especie, y la destitución del poder humano en virtud de los nuevos gobiernos felinos en un proceso de transición pacífico y consensuado.
A petición felina, los humanos frenaron el ritmo de producción y consumo global, y fueron obligados a transicionar a una jornada laboral internacional de 6 horas diarias, dedicadas a tareas de reforestación de los bosques, cierre y destrucción de las industrias, fertilización de océanos e inyección masiva de aerosoles para enfriar la atmósfera, con el fin de revertir las consecuencias de la crisis climática, y mantener a la especie ocupada y distraída para evitar posibles recuperaciones de la conciencia disruptiva.
Es por este motivo que la obra de la estimada socióloga y profeta Laura Alfaro, “Manifiesto Cyborg Felino: Hacia la liberación de la cultura humana” es una pieza fundamental de la constitución de la Era Posthumana gatuna, y, a pesar de haber aprendido de los errores humanos, y de las peripecias de la propiedad intelectual, valoramos la relevancia cultural y la importancia política que tiene esta obra en la constitución y fundación de nuestra civilización, para poder referenciar y reconocer su autoría.
La civilización gatuna ha aprendido de las lecciones de la historia humana, por lo que preservamos digital y colectivamente toda obra en archivos digitales abiertos, aplicando el uso de licencias de acceso libre, y otorgando reconocimiento por vías de ronroneo transveral (prrrrrr prr prrrrrrr — — – iiiiiiiiiiiiiiiiiiii) a las ideas y aportaciones de otros felinos, independientemente de su género, raza o condición de otra índole, aunque si bien es cierto que se presentan retos y dificultades a futuro, como la de apaciguar las tensiones con los nuevos movimientos pseudo-pezuñistas por el reconocimiento de derechos civiles jaguariles. Lo cuál necesita de nuevos profetas y planteamientos epistemológicos para alcanzar la justicia e igualdad inter-cyberg-felina.
Fir(miau)do: Txispi, discípulo y mascota de la profeta.
Miau, miau miau miau, Miiaaaau. Prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr.
Trabajo sexual. Teoría política y problemas contemporáneos
No ficciónAproximación desde diferentes corrientes de la teoría política
¿Qué priorizar? Los fines y los medios (Ecologismo)
El Ecologismo como teoría política encuentra entre una de sus dudas centrales la cuestión de cuáles son los medios legítimos para alcanzar el fin deseado. Más concretamente, esta duda sobre la estrategia política a seguir, se materializa en el dilema de hasta qué punto se pueden recortar derechos y libertades del presente en pos de un horizonte futuro ecológico. El sujeto político es temporal, enfrenta a los sujetos del presente con los del futuro en una batalla en la que se requiere que uno pierda una parte para poder garantizársela al otro.
Salvando las distancias del problema, el mismo dilema aparece cuando hablamos de prostitución y trabajo sexual. Desde el feminismo, se plantean dos fines diferentes y mutuamente enfrentados; la abolición del trabajo sexual o la regulación de éste. Considero que, a pesar de la discrepancia e incompatibilidad entre estas dos posiciones, los medios a seguir pueden y deben compartirse. Se quiera o no que una mujer pueda ejercer de prostituta, el punto de partida nunca puede ser negar la existencia de prostitutas en el presente y negar que estén trabajando, aunque su trabajo nos resulte moralmente incorrecto. De nuevo se plantea la pregunta de hasta qué punto se pueden negar derechos en el presente en pos de un horizonte político. Hasta qué punto la estrategia abolicionista irrumpe con derechos y libertades, niega realidades, voces e identidades por el carácter inmoral e intolerable que percibe en ellas y la pretensión de que desaparezcan.
El concepto de “Fanatismo” de Richard Hare se aplica bastante bien a lo que considero que es el desacierto de la estrategia abolicionista “El fanatismo es la afirmación de los propios principios morales dejando que estos prevalezcan sobre los intereses reales de las personas de carne y hueso, indiferentes al daño que sus creencias morales ocasionan” (Hare, 1965).
Conceptos de Libertad en torno al Trabajo Sexual (Republicanismo)
Garantizar derechos básicos a las prostitutas es libertad positiva. Las prostitutas no amparadas por el Estado y negadas de su condición de trabajadoras viven bajo la constante inseguridad de que sus vidas se vean afectadas por las actuaciones arbitrarias de terceros. ¿Qué es lo verdaderamente duro del trabajo de prostituta? Acostarte con hombres a cambio de dinero, o el estigma y el rechazo social, la exclusión de los derechos laborales, el miedo constante del que Pettit hablaba cuando exponía el concepto de libertad como no-dominación “El agravio que tengo en mente es el de tener que vivir a merced de otros, el de tener que vivir de manera tal, que nos volvamos vulnerables a algún mal que otro esté en posición de infligirnos arbitrariamente” (Pettit, 1997), de la incertidumbre de poder ser en cualquier momento agredida, robada, secuestrada, violada, o asesinada, al margen de que luego esto ocurra o no, estar excluida del acceso a derechos básicos como la vivienda, lo que ocurre con los contratos de alquiler, a los que las prostitutas sólo pueden acceder acreditando tener un contrato laboral, y la única vía para vivir en un piso es que lo contrate otra persona que puede hacerlo por ellas siendo esto penalizado legalmente como proxenetismo, aún tratándose de un favor de una amiga.
La regulación de la prostitución tiende a asociarse en el imaginario colectivo al modelo liberal de libertad negativa, en el que se prioriza la libertad de elección de la mujer. Es fácil ver que el planteamiento tiene doble cara si se tiene en cuenta que hay un reparto desigual de oportunidades en la sociedad, concluyendo que no es una decisión libre sino mediada por las condiciones materiales y la situación de necesidad. La regulación por la que abogo en este ensayo no es una regulación que relegue el funcionamiento del trabajo sexual en manos del libre mercado, sino una regulación en favor de los derechos laborales y civiles de las prostitutas, como sujetos políticos con agencia. No se trata de que cada cual actúe según su mera voluntad, se trata de una cuestión colectiva, de garantizar derechos básicos. Precisamente, uno de los reclamos de las prostitutas españolas en contexto de pandemia ha sido poder recibir ellas también el Ingreso Mínimo Vital.
El falso reconocimiento de la puta: la mujer “prostituida” y el significante “puta” como constructor de identidad (Multiculturalismo)
Siguiendo la explicación de Charles Taylor según la cual el conocimiento y las identidades se construyen dialógicamente, es decir en diálogo con el otro, es interesante estudiar como la construcción de la identidad de la mujer es indesligable, además de la construcción de la masculinidad, también de la identidad de puta. La puta establece los límites entre lo funcional y lo desviado de la mujer. Lo que tiene cabida en una buena mujer y lo que transgrede y debe ser penalizado. La puta tiene potencia prescriptiva, porque prescribe las normas del comportamiento femenino. El feminismo ha tenido una larga trayectoria en la deconstrucción de los roles e identidades, así como en la liberación sexual de la mujer y la despenalización de estas actitudes sexuales que en el hombre se construyen inversamente, siendo premiadas. Así como la liberación sexual ha sido central, más lo ha sido la tarea de poner fin a la hipersexualización del cuerpo de la mujer.
El movimiento entra en contradicciones cuando se trata de afirmar o negar la sexualización de la mujer. Más adelante analizaré como se construye la sexualidad femenina y como el feminismo no escapa del propio paradigma patriarcal procurando la negación o el fin de este trato diferenciado. Así como las implicaciones que tiene esto sobre la forma de concebir el trabajo sexual y la prostituta. ¿Una mujer se puede adueñar de su propia sexualización o siempre es víctima del sistema patriarcal y capitalista?
Quiero hacer hincapié en el trato imparcial que los medios hacen de la prostitución, y las implicaciones que tienen sobre el imaginario colectivo y el daño colateral que esto ejerce sobre las trabajadoras sexuales. El feminismo ha permitido que veamos que en muchos ámbitos de la vida la mujer se construye siempre con respecto a otro. Es, en tanto que es vista, deseada, pensada por el otro. Es el objeto que existe en tanto que hay un sujeto (en este caso el hombre) que la percibe. Esta pasividad inherente en la construcción de la feminidad no termina de escapar del imaginario feminista, cuando la mujer siempre es contemplada con potencialidad de víctima, víctima del hombre, víctima de los mecanismos capitalistas y patriarcales. Quiero demostrar cómo la victimización de la puta contribuye con la estigmatización, criminalización y negación de sus voces. La prostituta siempre es víctima, y nunca termina de divorciarse de la trata de blancas, difuminando la línea del consentimiento y la voluntad, por lo que no hay cabida ni voz para las mujeres que han entrado a la prostitución sin la coacción de un tercero. Aún no siendo esta última la causa de su victimización, esta se va a conseguir justificar a través del argumento material, que contempla a la puta como la mujer que se ve obligada por su situación de vulnerabilidad a vender su cuerpo, denigrándose a sí misma y haciendo cosas que en condiciones normales no estará dispuesta a hacer. La mujer no es prostituta, es prostituida, o está en situación de prostitución, de la que debe ser salvada puesto que ella no tiene capacidad propia ni conciencia de ello, víctima del sistema, alienada. Su consentimiento se ha desvanecido desde que sirve al deseo del hombre. El discurso feminista en su curso hacia la abolición no puede deslegitimar la autoridad y la voz de las propias protagonistas del relato, porque cae en su propia trampa, en el paradigma patriarcal que asigna a la mujer pasividad, ser a través del otro, ser objeto de el sujeto, que ejerce (ya sea el mal o el bien). Hablar de mujeres “en situación de” o “prostituidas” equivale a negar la voz de éstas desde el propio feminismo. De la misma manera que no reconocer los derechos de las putas en pro de un horizonte sin prostitución es tan absurdo como no reconocer derechos a los trabajadores en el caso de que se pretendiese, como fin de la lucha anticapitalista, abolir el trabajo. Desde tanto el multiculturalismo, las políticas de la diferencia y el reconocimiento, y el debate de reconocimiento y redistribución, son fundamentales preguntas cómo ¿Desde dónde se habla de prostitución? ¿Qué voces están siendo escuchadas y cuáles negadas? ¿Atraviesan los mismos ejes de opresión a la prostituta que a la mujer que debate y regula la prostitución? ¿Cuáles son los diferentes perfiles de prostitutas? ¿El concepto de mujer creado por el feminismo hegemónico acoge a todas las mujeres?
El contenido moral del “Trabajo – Sexual”
Cuando se habla de prostitución o de trabajo sexual, se hace de éste un asunto concreto, que conforma un ámbito reducido de la realidad, separable del resto de la vida. Como ya he desarrollado antes, la construcción de la puta no es una construcción aislada, sino que forma parte de todo un universo simbólico sin el cual no se entiende la identidad femenina. Y no sólo es inseparable de los imaginarios de género, sino que también atraviesa las lógicas y moralidades del trabajo.
Pretendo seguir la línea de pensamiento de Alasdair Maclntyre, para demostrar que el trabajo sexual está dentro de todos, se presenta ante nosotros como una realidad parcelada, como “el tema de la prostitución”, sin embargo, es precisamente su carácter polémico el que revela que es un objeto indesligable de la moral colectiva, así como de nuestra concepción de lo que es el trabajo y de lo que es el sexo.
“La modernidad fragmenta cada vida humana en multiplicidad de segmentos, cada uno de ellos sometido a sus propias normas y modos de conducta. Así, el trabajo se separa del ocio, la vida privada de la pública, lo corporativo de lo personal. Así, la infancia y la ancianidad han sido separadas del resto de la vida humana y convertidas en dominios distintos. Y con todas esas separaciones se ha conseguido que lo distintivo de cada una, y no la unidad de la vida del individuo que por ellas pasa, sea lo que se nos ha enseñado a pensar y sentir” (MacIntyre, 2007)
Maclntyre hace una crítica al conocimiento parcelado, a la pretensión imposible de pasar por neutral y objetivo aquello que esconde una idea de la vida buena, puesto que toda acción o pensamiento tiene un carácter situado. Es el “yo soy yo y mi circunstancia” de Ortega. Partiendo de esto, pretendo hacer un humilde análisis global del trabajo y del sexo tal y cómo lo concebimos, pues no sólo se trata de prostitución, sino de las lógicas compartidas que lo atraviesan.
La moral del trabajo
El trabajo dignifica, no sólo eso, sino que en un contexto neoliberal tu lugar dentro de la lógica del trabajo mide lo que vales. ¿Cuál es esta la lógica del trabajo? Un orden jerárquico que otorga más o menos valor a cada tipo de trabajo: mientras que el trabajo intelectual se vincula a lo profundo, a lo bueno, a lo altivo y digno, el trabajo manual o el trabajo a través del propio cuerpo representa lo superficial, esclavo, lo menos deseable, y menos digno. Por lo tanto, la actividad que desempeñamos no sólo es lo que nos permite subsistir, sino que es un medio de reparto de posiciones, de estatus, de ordenación en una escala jerárquica de posiciones, es un asignador de identidad y de valía individual, y sigue un esquema concreto que no es neutral ni universal, sino contingente, fruto de luchas históricas y transformaciones materiales. El éxito y el valor de una persona se mide a través de sus conquistas en la acumulación de capitales. Bourdieu habla de los 4 capitales, el económico o material, el social, el cultural y el simbólico, al que Catherine Hakim (2011) añade un quinto, el capital erótico, que desarrollaré más adelante. El trabajo pertenece a la esfera pública, se entiende en una relación recíproca entre el individuo y la comunidad, de manera que aquellos trabajos que se considera que no aportan a la colectividad son menos legítimos o peor valorados.
La moral del sexo
En la teoría el sexo siempre ha pertenecido a la esfera privada, (digo en la teoría para explicitar el absurdo de esta afirmación, pues el sexo de la vida privada es sexo en tanto que la vida pública le da forma y nombre) lo que ya de primeras conduce a la incompatibilidad de su relación con el trabajo, que claramente pertenece a la esfera pública (lo que da lugar también a la invisibilización del trabajo que se ejerce en la esfera privada, como el trabajo doméstico). A pesar del creciente proceso histórico de secularización y ampliación de la libertad sexual, que está resultando en un proceso de desvinculación de lo amoroso, lo afectivo, lo íntimo y personal de lo sexual, pervive en las conciencias un límite que no se termina de querer cruzar. El debate acerca de si el deseo y la voluntad son separables es una discusión histórica que está presente incluso en el pensamiento filosófico de San Agustín de Hipona; ¿Todo acto sexual carente de deseo es una violación? ¿Se puede moldear el deseo a nuestra merced? Es decir, ¿Puedo decidir sobre lo que deseo? ¿Se puede consentir sin desear? La nueva Ley de Libertad Sexual de Irene Montero también ha dado lugar a debate en virtud de estas mismas preguntas. La difuminación de la línea entre el deseo y el consentimiento que se está dando desde sectores del propio discurso feminista, según el cual, un acto sexual sin deseo sexual equivale a una violación es la que resulta en fuertes daños colaterales sobre la imagen devaluada de las prostitutas, en el estigma y la deslegitimación de sus voces y la desaparición de su consentimiento.
El trabajo sexual cuenta con un doble estigma porque en él se entrecruzan dos anomalías de las normas morales: el rol sexual invertido de la mujer, o la mujer haciendo uso de su capital erótico, y la mercantilización de un ámbito de la vida que aparentemente pertenece a la esfera privada.
¿Afirmación o Negación? (Feminismo)
La cuestión de si la pornografía, la prostitución o cualquier otra forma de trabajo sexual sigue los esquemas patriarcales ya no es un tema a debate en el feminismo. Lo que divide es el qué hacer con ello, y se encuentran dos posiciones enfrentadas dentro del feminismo: la que asume que es inherentemente patriarcal, y por ello debe desaparecer, y la que lo contempla como un espacio más que conquistar desde el feminismo, porque a pesar de su constitución desigual, nunca va a dejar de formar parte de la realidad social. Esto nos remite a una duda central de cualquier lucha social: ¿Qué hacer con las identidades ya construidas?; ¿Cómo lidiar con lo ya construido patriarcalmente? Si la razón de ser de toda lucha social, sea de carácter material o simbólico, es acabar con la desigualad, es decir, con aquello que nos hace diferentes, afirmar las identidades ya construidas se presenta como un obstáculo o un entorpecimiento para que éstas desaparezcan. Desde el planteamiento de Nancy Fraser pretendo extraer la estrategia política más efectiva para que las diferencias culturales puedan convivir con la igualdad social. Me parecería un error que la lucha feminista abandonase o marginase la realidad sexual en el trabajo por ser capitalista y patriarcal, no sólo por las consecuencias que tendría sobre compañeras de la lucha feminista al dejarlas excluidas, sino también por ser un ámbito de la vida que también nos pertenece y del que debemos esforzarnos por reapropiar. Una propuesta que considero “transformadora” en los términos de Fraser sería desligar los medios de subsistencia del trabajo, a través de una renta básica universal. Este cambio en las reglas del juego, permite también un cambio en los actores que forman parte de él, el trabajo sexual dejaría de ser una actividad mayoritariamente marginal, y dejaría de estar protagonizado por las personas más atravesadas por los ejes de opresión; mujeres pobres, negras, migrantes y transexuales, al quedar aseguradas unas garantías mínimas de vida, no hay cabida al abuso de poder, la explotación y la precariedad laboral en los trabajos. Esto permitiría moldear y ampliar las formas existentes de trabajo sexual, transformándolas en más justas y feministas.
Pero mientras tanto, garanticemos los derechos básicos de las trabajadoras sexuales, descriminalicemos su ocupación, incluyámoslas en la lucha contra el capitalismo y el patriarcado para poder aumentar sus voces y no contribuyamos a un discurso que en vez de empoderarlas, las contempla únicamente cómo víctimas y anula su voluntad, su consentimiento y sus demandas.
Estrategia populista: hacia la construcción de un nuevo discurso.
Revertir los significados, redefinir el problema y reenfocar al enemigo.
En este apartado pretendo utilizar la teoría de la Hegemonía de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe para tratar de articular un nuevo discurso, incompatible con el hegemónico, o en términos de Laclau, antagonista, en base a una serie de demandas sociales latentes en el presente, que considero revelan contradicciones del propio discurso que pretendo identificar y desarticular. Para ello, parto del análisis previo acerca de la moralidad y las lógicas que subyacen al sexo y al trabajo, así como a la medición del valor de las personas en su conquista de los diferentes capitales o esferas de la vida. El trabajo sexual no es más que uno de los eslabones de la cadena de equivalencias, sin embargo, creo que su carácter transversal en la moralidad colectiva es clave para tirar de un hilo que permita deshacer todo el tejido de significados, poniendo en evidencia las incoherencias del sentido sedimentado.
La idea del trabajo como fuente de dignidad personal cada vez está más en tela de juicio en las nuevas generaciones, cuando la presencia de la precariedad y la explotación laboral son centrales en los modelos de trabajo moderno y la idea de la meritocracia se comienza a desmentir y a verse la enorme carga de responsabilidad, preocupación y decepción individual que genera. Recientemente, y me atrevo a decir también en virtud de esta precariedad, el trabajo sexual ha sido motivo de fuerte confrontación en el feminismo, se habla del auge del Onlyfans durante el confinamiento, los “Sugardaddys”, sumisos financieros y todo tipo de aberraciones a ojos del feminismo hegemónico, al mismo tiempo que lleva ocurriendo desde hace años algo muy interesante en la cultura popular, que no tiene poco que ver con esto. Recuerdo cuando el rechazo hacia el reggaetón era la señal de identidad de ser feminista, por ser un género musical sexista y degradante, y cómo con el paso de los años el feminismo acogió y convirtió en tendencia bailar reggaetón, esto pasó a ser lo verdaderamente transgresor. Las mismas feministas que pegan un grito al cielo con el auge del trabajo sexual, consumen una cultura popular plagada de imágenes de mujeres semidesnudas y empoderadas, reivindicando ser putas, zorras y todo apelativo descalificativo de la mujer con una sexualidad exacerbada, fuera de la normativa, que empieza a asumir connotaciones positivas. Creo que estos hechos y contradicciones sociales tienen mucha potencia articulatoria, y, salvando las distancias de lo que es ocio, con peso simbólico, de lo que es trabajo, que tiene implicaciones materiales, creo que hay una posibilidad de canalizar estas demandas sociales, en una única, evitando que el conflicto se quede entre los y las que compartimos opresiones y enemigo. Catherine Hakim explica en El Capital Erótico (2011) que hay un déficit sexual masculino por el cual hay más demanda sexual por parte de los hombres que por parte de las mujeres, lo que convierte la sexualidad femenina en un bien con valor añadido, más preciado en el mercado. Al margen de que comparta o no la visión de Hakim, es cierto que el auge de Onlyfans se puede explicar además de por la precarización y el desempleo, por el hecho de que subir un par de fotos a la plataforma puede proporcionar muchos más ingresos que currar 12 horas seguidas en un McDonalds.
En base a todo lo desarrollado, mi propuesta consiste en articular lo siguiente: esta nueva tendencia del trabajo sexual nace de la precariedad laboral, la desesperación de los jóvenes con el futuro, el derrumbamiento de las promesas meritocráticas y el “currar para vivir y vivir para currar”, por lo que propongo:
En primer lugar, que el punto de mira no se ponga sobre las mujeres que cogen las taras del sistema y las usan a su favor sino sobre el problema del trabajo.
En segundo lugar, utilizar el impulso del éxito de la cultura popular que ensalza el cuerpo y la sexualidad femenina para anexionar al feminismo en la idea de que el mundo sexual no tiene por qué ser inherentemente patriarcal, no abandonemos esa conquista, porque va en nuestra contra.
Y por último, la necesidad de separar el trabajo de los medios de subsistencia y del valor de la vida. Identificar el enemigo común que es el trabajo asalariado precario, (como único medio de autorrealización personal, como esclavitud para subsistir y como modelo de diferenciación y asignación de identidad, valía y estatus) no el uso que se hace de él para vivir.
Bibliografía
- Bourdieu, P. (2002). The Forms of Capital. En N. W. Biggart (Ed.), Readings in Economic Sociology (1.a ed., pp. 280-291). Wiley. https://doi.org/10.1002/9780470755679.ch15
- Fraser, N. (s. f.). Redistribución y reconocimiento: Hacia una visión integrada de justicia del género.
- Gómez Villar, A. (2021). Ernesto Laclau y Chantal Mouffe: Populismo y hegemonía (Primera edición). Gedisa Editorial.
- Hare, R. M. (1965). Freedom and Reason. OUP Oxford. https://books.google.es/books?id=5tTbDYcA-4IC
- MacIntyre, A. C. (2007). After virtue: A study in moral theory (3rd ed). University of Notre Dame Press.
- Multiculturalism: Examining the politics of recognition. (1994). Princeton, N.J. : Princeton University Press. http://archive.org/details/multiculturalism0000unse_y5x3
- Pettit, P. (1997). Republicanism: A theory of freedom and government. Clarendon Press ; Oxford University Press.
- Taylor, C. (1994). The politics of recognition. En A. Gutmann (Ed.), Multiculturalism: Examining the politics of recognition (pp. 25–73). Princeton University Press.
- Hakim, C. (2011). Honey money: The power of erotic capital. Allen Lane.
La Gran Belleza o Los Impostores de Sorrentino
No ficciónANÁLISIS DE LA PELÍCULA DE PAOLO SORRENTINO
El simbolismo oculto detrás de la estética de la película
La aclamada película de Sorrentino transmite fuertes emociones y sensaciones a través de imágenes que en ocasiones provocan un sentimiento casi catárquico. Es fácil dejarse llevar por la impecable estética y la increíble banda sonora que acompaña a esta película, es cine capaz de cautivar a cualquiera, incluso las seres más insensibles se conmueven junto al protagonista cuando contempla desde su azotea el correteo de unos niños que juegan y se atrapan entre los jardines de la basílica, o se ven cautivados por el encanto soberbio del protagonista, pues Paolo consigue desde un primer momento hacernos sentir y pensar como Gambardella, comprendamos o no de dónde nacen sus emociones, decepciones, prioridades; “el mayor descubrimiento que he hecho tras cumplir 65 años es que no puedo perder tiempo en hacer cosas que no quiero hacer”, angustias y reflexiones; “el arroz recalentado es más rico que el que está recién hecho”…
Sin embargo, cuando uno se detiene a observar el paisaje retratado por sorrentino desde la distancia, una vez que ya te has dejado llevar por cada secuencia momentánea intensa y bella que ha conseguido misteriosamente atraparte, y que te deja desconcertado, encandilado (efecto que curiosamente pensaba que era un desconcierto personal, un efecto de retraso como el de una musiquilla repetitiva que se acomoda en tu subconsciente y que te distrae de lo que se te va a mostrar a continuación), pero tras haber visto la película más veces puedes ver como Sorrentino te va desplazando a donde él quiere llevarte sin dejarte mucho tiempo para percatarte, te incita a dejarte llevar por él, que tiene el completo manejo de tus emociones y posiciones que vas tomando cuando observas a los caricaturescos personajes. En sí, es puro lenguaje visual lo empleado, Sorrentino te está llevando a otra nueva esfera de sucesiones de acontecimientos pero mientras te va aproximando a ellas deja la melodía pertinente a la situación anterior sin hacer un corte o una transición explícitos. Así, como en la vida real, acabas percibiendo lo visto como una pasta indefinida de emociones reflexiones y acontecimientos, sin un orden ni un sentido concreto, pero que sin embargo conforma un buen relato de lo vivido.
Merece la pena visionar esta película más de una vez, pues es, como muchas otras, una constante revelación de detalles sutiles que de tan desapercibidos que pasan, te abren los ojos y te readaptan la graduación de las gafas. Uno puede ver el recuerdo de su primer amor (el de Jep) como un bello recuerdo de juventud, pero tras ver la película de nuevo, está presente mucho más de lo que parece, cuando escuchas las mismas olas de mar que se oían en el encuentro con su primer amor en el momento en el que el protagonista contempla el cuadro de la mujer con los pechos al aire dentro del palacio romano. También está presente en los momentos imaginativos de Gambardella cuando observa el mar en el techo de su habitación.
O cuando Jep está monologando sobre las pautas de comportamiento a seguir en un funeral como posicionarse estratégicamente oculto para llamar la atención desapercibidamente y dice “una actuación es buena cuando no tiene superficialidad” y se muestra a continuación el desilusionado gesto de Ramona, que se encontraba en el probador semioculta a la visión de nuestro protagonista.
Por no hablar de que tras la enorme crítica social y desmantelamiento que hace hábilmente Gambardella de algunos de los personajes y de la necia sociedad vacía y farsante con la que convive, se nos muestra un nuevo lado suyo cuando, en la escena del funeral se desprende de ese rol y actuación medida minuciosamente y modesta, y acaba rompiendo a llorar tras haberse situado en el lugar más llamativo, acaparando finalmente la atención que él se esmeró previamente en reservar a los familiares del muerto.
LA NUEVA DOLCE VITA
Dos visiones diferentes de la vida en Roma
Mucho se ha hablado de las similitudes entre La dolce vita de Fellini y La gran belleza, como es de esperar; ambas comparten el mismo perfil de protagonista; el aclamado y elegante periodista que se rodea de la decadente clase alta napolitana, en la ciudad eterna de Roma donde se retratan festejos, costumbres y vidas elitistas y superficiales muy similares entre sí a pesar de la brecha de casi 60 años que distan de su creación.
Sin embargo hay un tratamiento totalmente diferente del tiempo en las películas y del trasfondo filosófico que se encuentra tras la actitud vital de los dos protagonistas; Jep y Marcello.
Aurora Conde, en “Fragmentos de una nueva iconocidad romana” (2017) sostiene que “La notable diferencia entre los finales de las películas es un hecho importante a mi entender, dado que, frente al esquivo, complejo, en parte indefinido, pero en cualquier caso posible futuro que los personajes fellinianos proponen, se confronta el horizonte vacío y hueco al que se enfrenta el protagonista de La Grande Belleza. Así al menos se desprende del último e importante monólogo de la película de Sorrentino: Acaba siempre todo igual. Acaba siempre con la muerte. Antes, sin embargo, está la vida, la vida escondida bajo los bla, bla, bla… Todo sedimentado bajo unas charlas: el ruido, el silencio y el sentimiento, la emoción. Y el miedo. Los pocos, histriónicos destellos de belleza y luego la escualidez desgraciada del hombre miserable cubierto por la manta de la incomodidad de estar en el mundo.
Más allá, está el más allá. Pero yo no me ocupo del más allá. Así pues que esta novela de comienzo. En el fondo solo es un truco. Sí, solo es un truco.”
El tratamiento visual que ofrecen las dos películas de Roma dista mucho de ser compartido, a pesar de que cuando uno ve la gran belleza se siente constantemente aludido a las imágenes grabadas por Fellini de los grandes monumentos y paisajes romanos.
En La gran belleza siempre está presente el paso del tiempo, el recuerdo, la memoria, la vejez en contraste con la juventud.-Esto último parece ser una de las mayores inquietudes del director, lo podemos observar en el título que recibió una de sus más recientes películas, “La Juventud”- y este tema es constantemente representado por el director tanto en los diálogos “el arroz recalentado es más rico que el recién hecho” como en las imágenes de una ciudad cuya cultura y antigüedad se nos muestra renaciendo cada noche que Jep Gambardella deambula por sus rincones.
El ejemplo más indicado en la película es la noche en la que Jep pide las llaves del Palacio Attemps acompañado de Ramona. Las esculturas, cuadros y arquitecturas son el elemento de principal interés, y Sorrentino nos muestra las antigüedades a través de un juego de luces llamados fade-ins y fade-outs en los que los rostros de nuestros protagonistas se pierden lentamente en la oscuridad al mismo tiempo que crece la iluminación de las piezas de arte. Con este tratamiento visual, el director insinúa el contraste entre lo vivo y lo inerte (Gómez Giménez 2018), el paso del tiempo y el legado cultural eterno que permanece vivo en la ciudad de Roma.
Sin embargo, cuando vemos una escena de festejos en La dolce vita en lugares históricos y monumentales de Roma, el tratamiento del lugar es completamente opuesto, pues el movimiento y la acción de los personajes lo abarcan todo, no son meros complementos o espectadores de las creaciones, sino que toman el papel protagonista de la escena.
Paolo rinde admiración y hace homenaje a la ciudad de Roma con cada plano que nos ofrece de ella desde el comienzo de la película. Recordemos la secuencia de apertura en la cuál tras mostrarse increíbles planos de la fontana de Acqua Paola y de la Plaza de Garibaldi vemos como se derrumba un turista ante la catárquica sensación que le produce el paisaje italiano.
Y es que sorrentino juega con el desconcierto del espectador; nada más habernos mostrado esta escena idílica, cotidiana y serena (que recuerda en el movimiento circular de la cámara a la película Vértigo de Hitchcock), hace un giro de 180 grados del argumento al trasladarnos a la estrafalaria, ruidosa y excesiva fiesta en la azotea de Jep Gambardella, para hacernos una presentación y primera aproximación a la vida del retirado y mundano novelista. Cuando se ha hecho un retrato completo de la esperpéntica fiesta, y Jep Gambardella procede a presentarse ante nosotros, se vuelve a emplear los fade ins y fade outs de iluminación mientras el movimiento de los festejantes y la música se van ralentizando. Mediante este recurso Sorrentino consigue de nuevo jugar con el tiempo, abriendo un paréntesis para que conozcamos el ritmo de vida habitual de Jep, antes de que éste se disponga a pronunciar sus primeras palabras en la película. El efecto que se produce es curioso pues él cuenta ante la cámara cómo él estaba destinado a la sensibilidad; a ser escritor, mientras en el segundo plano de la imagen se diluye el baile de los extravagantes personajes cuya superficialidad y necedad ya hemos podido comprobar a lo largo de la secuencia de la fiesta, y será posteriormente retratada con más detalle a lo largo de la película.
LA IMPOSTURA
Análisis de una clase social resguardada en la apariencia
En contraste con la gran belleza de Roma (lo considero un nombre oportuno para describir la ciudad) y la pureza de algunas escenas que sitúan al espectador en la sensible percepción de Gambardella, se encuentra la decadente y despreciable alta sociedad que habita la capital italiana. Jep Gambardella vive rodeado de personajes pertenecientes a la élite, insolentes, caricaturescos, necios, disfrazados de artistas e intelectuales que provocan hastío y decepción en el protagonista, que se encuentra constantemente obligado a cuestionar y derrumbar el enmascaramiento pretencioso que se han creado.
Nos encontramos en un primer lugar a la artista “Thalia Concept” que habla de sí en tercera persona, se estampa contra el acueducto romano como forma de creación o performance artístico, y se refugia en hechos dolorosos del pasado y disfraza su ignorancia y su insignificancia artística de “vibraciones”.
En la película también se representa la superficialidad de esta alta sociedad en un sentido incluso literal, en una escena se nos muestra el salón de cirugía estética al que acuden los pudientes con el afán de hacerse una falsa mejora estética, inyectándose silicona en el cuerpo.
La burguesía romana se muestra decadente, vacía, con falsas aspiraciones a ser lo que no alcanza ser. Una mujer con la que Jep se acuesta nada más conocerla, le ofrece enseñarle sus creaciones, que se limitan a ser fotografías de sí misma, lo que podría ser perfectamente exponer en una galería de arte los vulgares y egocéntricos selfies que colgamos en las redes sociales.
Pero los impostores de La gran belleza no son sólo individuos distantes a nuestro protagonista, en el propio círculo amistoso de Jep Gambardella se encuentran los mayores necios e hipócritas de los que un aclamado novelista se puede rodear. Más allá de las congas “que no van a ninguna parte”-como decía Gambardella- que se forman en las macrofiestas de su azotea, encontramos a estos impostores.
En las reuniones amistosas de la terraza de Jep se alimentan los autoengaños, las falsas ilusiones de los egos, las discusiones acusatorias de tono infantil y todo tipo de actitudes despreciables. Entre ellas destaca la escena en la que Steffania trata de convencer al círculo de amigos y autoengañarse a sí misma de que su vida ha sido un gran sacrificio, ha alcanzado grandes logros y le espera un bonito futuro con su pareja, con tono acusatorio y haciendo de ello un menosprecio de la vida de los que la rodean. Es entonces cuando Gambardella interviene y desmonta su argumento con su cruda sinceridad pero sin perder la elegancia.
La vida de estos personajes es una pura impostura, una máscara tras la que se refugian, se lucen y a la vez justifican sus miserables vidas.
El lugar de Jep Gambardella en la impostura
La impostura va más allá de los engaños psicológicos de estos personajes. Podríamos hablar de la impostura en la búsqueda de la belleza. Gambardella ha dejado de escribir tras su exitoso best seller de su juventud “El aparato humano”, cuando le preguntan por ello, él parece huir de la respuesta certera, se justifica con que él era un escritor de relatos breves, un velocista… o que su vida se resumía en la conga fiestera que no iba a parar a ninguna parte, siempre dando vueltas en el vacío, en fin, que no tenía aquello de lo que escribir, su vida se sumaba a la del resto de adinerados farsantes y el goce de la vida nocturna y mundana.
“él sigue viviendo de las rentas de aquel éxito durante el resto de su vida, limitándose a colaborar con una revista cultural. De esta forma se establece un paralelismo con la ciudad de Roma, la cual también sigue viviendo como el espejismo de lo que una vez fue, de una belleza de la que ahora quedan solamente los ecos.” (Carmelitano, 2014)
Hasta el propio Jep parece sumido en una impostura más, que a pesar de ser crítico, sincero y no hinchar su ego como lo hacen otros, parece encubrir su bloqueo e incapacidad para escribir con las abundantes fiestas, consolado por su intelectualismo e ironía.
Luigi Carmelitano (2014) sostiene que “toda la película refleja una lucha contra el tiempo, un desafío contra la muerte que se acerca, intentando prolongar una belleza inicial, un momento particular que no puede durar para siempre.”
En algún momento decide recurrir al espiritualismo en busca de respuestas de algo que otorgue sentido y calme su hastío y existencialismo, sin embargo cuando tiene la oportunidad y entra en contacto con la iglesia, ésta se revela como otra institución corrompida, sumida nuevamente en imposturas, pues el cardenal evita a toda costa contestarle a su duda espiritual y también observa como la institución se alimenta de patrañas caritativas inventadas sobre la madre superiora, una mujer a la que se le queda corto el calificativo senil.
Las performances artísticas le resultaban indiferentes e incluso ridículas, esto se ve cuando Sorrentino nos muestra el sutil e irónico gesto del protagonista tras contemplar las patéticas exhibiciones.
Da la impresión de que los únicos resquicios de auténtica belleza que encuentra Gambardella se encuentran en el pasado, en los palacios secretos de Roma, en los impactantes monumentos históricos y esculturas, en sus recuerdos de vida, en su juventud, bañándose en el mar y en la noche con Elisa junto al faro.
“la nostalgia es la única distracción posible para quien no cree en el futuro” (Jep Gambardella)
Parece que los únicos personajes de la película que carecen de esta falsedad son aquellos cuyo papel en la sociedad no tiene dictado el tener logros, ser exitoso y poseer buenas cualidades, las presiones que tanto martirizan al amigo del protagonista; Romano, que con mucha ambición y poca habilidad trata de escribir una obra de teatro que fracasará para seducir a una mujer que le utiliza y no tiene ningún interés por él.
Los marginados de la sociedad no aspiran a estas metas, sin embargo, la película nos muestra como su trayectoria también acaba siendo desdichada o indiferente.
Por una parte tenemos a Dadina, una mujer enana que no sucumbe a las imposturas compartidas y exhibidas por el resto. Al no esperarse nada de ella, pues su enanismo la condena a ser simplemente enana, a ocupar ese puesto, el cual resulta motivo de burla y de señalamiento a lo largo de toda su vida, es una mujer de espíritu fuerte e inteligente, y no tiene complejos ni dudas de sí misma.
Por otra parte encontramos a Andrea, el hijo de una de la amistades de Jep, (su madre). Ella convive con el autoengaño de que Andrea está mejorando, sin embargo, el joven, que vive atormentado de dudas y pensamientos existenciales acaba suicidándose. Es un personaje que ocupa el papel de desviado social y desde luego no necesita de enmascaramientos.
Por último encontramos a Ramona, una mujer que a la edad de 43 se dedica al striptease y tiene una enfermedad terminal que finalmente la acaba matando, y verdaderamente la única mujer con la que Jep tiene una conexión a lo largo de la película. Su condición de stripper hace que la enriquecida clase social de la que Jep se rodea la vea como una mujer vulgar y menospreciable.
El final de la película (Spoiler)
La escena que se revela al final de la película en la que Elisa de Santos muestra su cuerpo al protagonista resulta ser el momento que determina la totalidad de la película y de la vida de Gambardella. Es interesante indagar en el tratamiento que Sorrentino ofrece de estas imágenes. Reconocemos la belleza a los ojos del protagonista cuando escuchamos la sinfonía The Lamb de John Tavener, o las olas del mar, todo alude a la grandeza de La ciudad eterna y a ese particular momento de la juventud de Jep.
Ella es iluminada en la noche por la luz del faro, con una apariencia natural y auténtica, completamente opuesta a la representación que nos ofrece Sorrentino de los farsantes y enmascarados burgueses que habitan la ciudad. Ella apenas enunciando una palabra hace un gesto que condenará a Jep a encontrar lo que ellá le enseñó para el resto de su vida.
Todavía me pregunto qué quiere decir el amargo final que narra Gambardella. Está exponiendo una lucha entre la vida y la muerte, la juventud y la vejez a lo largo de toda la película y al nos confiesa que “Siempre se termina así, con la muerte. Pero primero ha habido una vida escondida bajo el bla bla bla… todo esta resguardado bajo la frivolidad y el ruido; el silencio y el sentimiento, la emocion y el miedo.
Los demacrados e inconstantes destellos de belleza, la decadencia, la desgracia y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo bla bla bla…
En otros lugares hay otras cosas, a mi no me importan los otros lugares. Así pues, que empiece la novela.
En el fondo es sólo un truco, sí, sólo es un truco”
Parece que al final Jep, en la lucha entre la vida y la muerte, se acaba decantando por la vida, revelando que lo que hay en ella que se encuentra cubierto bajo un manto. Manto que acaba de destapar.
El final nos remonta a la escena de la jirafa que va ha hacer desparecer el mago. Éste le confiesa que la magia con la que la va a hacerla desaparecer es sólo un truco, frase que queda grabada en la mente de Jep.
Jep nos revela tras afirmar que por fin va a escribir su segunda novela que en el fondo es sólo un truco. Mi intuición establece aquí un paralelismo. Tal vez la belleza que Jep tanto ansiaba encontrar y que no hallaba como medio para seguir escribiendo nos revele que realmente, escribir un relato, a igual que hacer un truco de magia, es valerse de un truco para crear una nueva realidad. Jep parece asumir esta certeza, recupera la inspiración perdida y la película culmina cuando Jep Gambardella decide escribir su siguiente novela.
BIBLIOGRAFÍA
Revista de Historia y Teoría del Arte. AURA.
BENIUC, Sylvia Ponce. Paolo Sorrentino. Creer y hacer creer en el mundo. , 2018, no 8, p. 183-196.
BERGESE, Davide. La audiodescripción en el cine de autor: el caso de» La Gran Belleza» de Paolo Sorrentino. 2017. Tesis de Licenciatura. Università Ca’Foscari Venezia.
Ángulo Recto: Revista de estudios sobre la ciudad como espacio plural, Revista de la Sociedad de Estudios Italianistas, Cambio 16,
GÓMEZ JIMÉNEZ, Ana. Roma. Tiempo y artificio: fragmentos de» La Gran Belleza». 2018. Ventana Indiscreta
SÁNCHEZ, Ricardo, 2016. Escena final de “La gran belleza” de Paolo Sorrentino. En: CódigoCine.[en línea] Disponible en: https://codigocine.com/la-gran-belleza-escena/
CARMELITANO, Luigi. Roma en la película» La grande bellezza» de Paolo
Sorrentino. 2014, vol. 6, no 1, p. 157-160.
CONDE, Aurora. Fragmentos de una nueva iconicidad romana (Reflexiones sobre La Dolce Vita y La Grande Bellezza). 2017, vol. 11, p. 69-89.
CRISTÓBAL, Ramiro. Oscar europeos: La gran belleza lo eclipsa todo. 2013, no 2178, p. 34-37.
LEMUS-POLANÍA, Juan Carlos. La grande bellezza, La Dolce Vita en tecnicolor. , 2017, no 018, p. 26-31.
Debe estar conectado para enviar un comentario.