William Shakespeare

Ficción

Words that dance with timeless grace,
Insight deep in every phrase.
Love and loss on stage entwined,
Legends born from his great mind.
Images rich, both dark and fair,
Actors speak what hearts don’t dare.
Mortals shaped by fate and flame.

Shadows fall in every name —
Hamlet’s doubt, Macbeth’s despair.
Arial songs fill magic air.
Kings and fools, in lines profound,
Echoes that still shake the ground.
Sonnets bloom with tender fire,
Penning truths that still inspire.
Each scene a mirror held with care,
A window to the soul laid bare.
Realms he built still call and flare,
Eternal voice: William Shakespeare.


Wisdom en cada verso inmortal se encierra,
Insignes tragedias que el alma desentierra.
Luz de la escena, eterno dramaturgo,
Labró en palabras el dolor más burgo.
Ideas que al amor y al odio confrontan,
Aman la risa, mas también se afrontan.
Mundos forjados en tinta y pasión.

Susurros de celos, destino y traición,
Hamlet medita entre muerte y razón.
Anhelos humanos en verso profundo,
King Lear, perdido en su viejo mundo.
En cada acto la emoción florece,
Sueños de una noche que el tiempo engrandece.
Palabras que aún laten bajo cada piel,
Ecos eternos de un genio fiel.
A través del tiempo, su arte no muere,
Reconocido en todo el orbe se quiere.
Es William Shakespeare, el bardo que no muere.

teocalli

Ficción

El hecho concreto es que se manifiesta así. Y no hay protección, ni defensa. Su arquitectura está condenada y acabará siendo un simple montón de polvo en el centro del poblado, entre el goteo persistente de los bongos y tambores de la tribu y los espectros del fuego en las noches interminables en que el caótico tam-tam da lugar a la cósmica unificación. Ni siquiera los más viejos recordarán cómo fue, quién lo hizo ni quién está enterrado bajo sus cimientos.

La heredera de Aquiles

Ficción

Pero hete aquí que aquel oráculo de la desdicha señala los peligros y algo indefinido sobre ciertas alucinaciones en las que, mientras estás atrapada hasta las axilas, surgen del mar nuevas naves con cascos abollados que desembarcan en el puerto. Entonces, las rezagadas muchachas sufrimos los espantosos estragos de sus huestes por todo el país.
Me revolcaré en el fango para camuflarme, pienso yo. Y, mientras dejo el arco sobre el suelo, les veo acercarse marcial y sigilosamente. Con aquella insoportable tensión mis músculos se agarrotan. No podría describir algo más real y terrorífico que aquellas guerreras moscas abatiéndose sobre mí. No puede ser humana esta alucinación, pienso yo. Al fin, me tiendo sobre el fango, pues ya mis piernas me han dado permiso para hacerlo. Oigo además, mientras casi me alcanzan, consejos susurrados por el bosque que se encuentra a mi espalda. Ya nada importa, me dice un viejo árbol, cúbrete bien con el barro milagroso de Aquiles, una gloriosa y larga vida te espera.