[Nota: léase con acento italiano, argentino o andaluz, a placer de uno]
Todos sabían que, en aquel puerto de piratas, la llegada del «Il Vicoratto» marcaba el comienzo de la ociosa tarde estival, la tangada, el vaso de ron.. y todo el mundo se puso a terminar sus últimas faenas para poder así iniciar el consumo del fruto de las «Parthenocissus quinquefolius» del país, como, misteriosamente para los demás, llamaba el boticario a lo que más les gusta a los Calamocanos.
Ugardo el Botánico fue el primero en acudir a la vera de la barra. Llevaba todo el día plantando una nueva semilla traída de ultramar y tenía -según él mismo dijo- «la cocotte seca por el sol y tenía que remojarla». Conderoti que ya conocía su especialidad, como la de todos sus parroquianos, sacó el vaso llenándolo de grappa hasta el borde. El «culto padrecito de las flores», apodo que debía desde hacia años al pasamanero, engulló su caldo de una sola gárgara, eructando satisfecho a continuación.
En pocos minutos la taberna de Conderoti había congregado a todos los religiosos practicantes de Calamoca, incluyendo a su oficiante mayor Chico Potaggio el Trompas, que tomo su habitual tequila.
Lombroso, con el metro aún en el bolsillo, quiso medir el volumen de cada uno de los vasos, anotando el consumo medio de cada uno de los bebensales, medidas con las que esperaba completar su teoría de la degeneración progresiva de la ética etílica de las razas, pero al quinto vaso, de las manos de un gigantón con sombrero que no se dejó medir los volúmenes etílicos, salió un bastonazo que degeneró sobre su cabeza, haciendo saltar el metro en quince astillas.
Juliaro Stacatto, el músico, sorteaba su violín entre la concurrencia para poder seguir pagando las deudas contraídas con Conderoti. Su habilidad para colocar el violín era sin duda menor que la que tenía para acabar con los vasos de hidromiel, puesto que aún no había conseguido vender ni un solo boleto. Claro que tampoco parecía mucho el interés de los presentes por un violín que únicamente les daba dolor de cabeza en las resacosas mañanas.
Más de una vez había sido amenazado de muerte musical -con el instrumento- por sus condescendientes vecinos si no dejaba de tocar. Era quizás por ello que el violín estaba un tanto cascado y, probablemente, alguno se lo hizo probar de hombros para arriba. Dado los problemas que este le acarreaba, esta mañana había decidido rifarlo en la taberna y por eso pasó todo el día abrillantándolo y dándole lustre…
deuda
El rastrillo de los destinos cruzados
FicciónEn el Rastrillo de los destinos cruzados ocurren los más inverosímiles intercambios. Desde una esteatopigia que transfiere la grasa inmunda de sus nalgas a una niña pija, que desde entonces es apodada «La Esteatopija» a través de un ojo que todo lo ve; hasta el soldado de la guerra civil que tras enviar un sobre con balas al vicepresidente empieza a desarrollar un extraño cáncer de vejiga que le llevará dolorosamente a la muerte; pasando por la eficiente forma con que una máquina de escribir como si fuera una diligente secretaria, corrige las cantidades anotadas en un banco, perteneciente al plutócrata de turno, haciendo que los endeudados se liberen de sus agobiados bolsillos; y terminando por la coulotte de una gitana que acaba recibiendo Monsieur Le President en el palacio del Eliseo, y cuyo sortilegio aún no parece haber obrado con claridad.
No se han podido documentar todos los destinos que se han cruzado en este rastrillo pero cada objeto es potencialmente una peligrosa o milagrosa oportunidad de justicia poética. Por medios indescriptibles, se realizan en este rastrillo de los destinos cruzados, innumerables transacciones poético-justicieras, que en poco tiempo pueden aliviar las tremendas injusticias de este imperdonable mundo.
¿Qué fascinante destino aguarda al casco de buzo, a la balanza rota, a la caja de herramientas incompleta, a las máscaras de gas de la segunda guerra mundial, a la cámara fotográfica de fuelle, a las piedras pulidas, a los recipientes de mil formas, a los metales herrumbrosos con miles de funciones?
Yo voto a los que los bancos dicen…
FicciónYo voto a los que los bancos dicen que no hay que votar, porque estoy en deuda con los bancos.
PACO NUESTRO
PoesíaPaco nuestro,
que estás en el cielo (fiscal),
salteado sea tu pobre
y venga a nosotros tu ibérico;
hágase mi inmoralidad,
en las perras que están en celo.
Danos hoy nuestro champán de cada día;
perdona nuestras deudas,
así como nos las perdona Hacienda;
no nos dejes caer del sillón
y líbranos del tribunal.
Amén.
Paco nuestro que estás en el cielo fiscal…
FicciónPaco nuestro,
que estás en el cielo (fiscal),
salteado sea tu pobre
y venga a nosotros tu ibérico;
hágase mi inmoralidad,
en las perras que están en celo.
Danos hoy nuestro champán de cada día;
perdona nuestras deudas,
así como nos las perdona Hacienda;
no nos dejes caer del sillón
y líbranos del tribunal.
Amén.
SSERPA
Ficción¿Qué reino bananero tiene el jugador más caro del mundo pero no puede pagar su deuda pública y es récord mundial de paro?
VIVA
FicciónTengo una deuda existencial.
Tengo una deuda existencial
FicciónTengo una deuda existencial.
PANDEMONIA
FicciónPega tus deudas.
Pega tus deudas.
FicciónPega tus deudas.
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