SABIO

Ficción

El antiguo calendario romano comenzaba en el mes de marzo, Julio Cesar puso su nombre en el año 21 al mes quinto (Quinctilis) pasando a llamarse Iulios, julio para nosotros. Cuando llegó su sucesor Octavio Augusto hizo lo mismo cambiando el nombre del sexto mes (Sextilis), en el año 24 antes de nuestra era, desde entonces se llamó Augustus, agosto para nosotros. Ahora viene lo bueno, dar su nombre a Sextilis le pareció poco a Octavio ya que Iulius tenía 31 días, y Augustus, solo 29. Por esa razón, el emperador alteró la duración de varios meses, quitando y poniendo días, hasta lograr que su mes tuviera 31 días. Por eso, aún hoy, dos mil años después, julio y agosto tienen 31 días cada uno.

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El antiguo calendario romano comenzaba en el mes de marzo, Julio Cesar puso su nombre en el año 21 al mes quinto (Quinctilis) pasando a llamarse Iulios, julio para nosotros. Cuando llegó su sucesor Octavio Augusto hizo lo mismo cambiando el nombre del sexto mes (Sextilis), en el año 24 antes de nuestra era, desde entonces se llamó Augustus, agosto para nosotros. Ahora viene lo bueno, dar su nombre a Sextilis le pareció poco a Octavio ya que Iulius tenía 31 días, y Augustus, solo 29. Por esa razón, el emperador alteró la duración de varios meses, quitando y poniendo días, hasta lograr que su mes tuviera 31 días. Por eso, aún hoy, dos mil años después, julio y agosto tienen 31 días cada uno.

Hace tiempo un cazo era mi sombrero Hasta…

Ficción

Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.

Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Has …

Ficción

Hace tiempo un cazo era mi sombrero. Hasta este happy end de mi visión. Se acerca agosto y, agitado, me cambio de sitio para perseguir el sentido de vida que encuentro en cada sonrisa, en cada melodía, haciendo cybersex de juventud. No es tontería. Mi blanco es ahora sufrir amables felaciones que alguien con olor a diosa pueda hacerme sobre un piano. No es una estupidez, os lo aseguro.