Tumbacuartillos y Calamocanos 2

Ficción

[Nota: léase con acento italiano, argentino o andaluz, a placer de uno]
Todos sabían que, en aquel puerto de piratas, la llegada del «Il Vicoratto» marcaba el comienzo de la ociosa tarde estival, la tangada, el vaso de ron.. y todo el mundo se puso a terminar sus últimas faenas para poder así iniciar el consumo del fruto de las «Parthenocissus quinquefolius» del país, como, misteriosamente para los demás, llamaba el boticario a lo que más les gusta a los Calamocanos.
Ugardo el Botánico fue el primero en acudir a la vera de la barra. Llevaba todo el día plantando una nueva semilla traída de ultramar y tenía -según él mismo dijo- «la cocotte seca por el sol y tenía que remojarla». Conderoti que ya conocía su especialidad, como la de todos sus parroquianos, sacó el vaso llenándolo de grappa hasta el borde. El «culto padrecito de las flores», apodo que debía desde hacia años al pasamanero, engulló su caldo de una sola gárgara, eructando satisfecho a continuación.
En pocos minutos la taberna de Conderoti había congregado a todos los religiosos practicantes de Calamoca, incluyendo a su oficiante mayor Chico Potaggio el Trompas, que tomo su habitual tequila.
Lombroso, con el metro aún en el bolsillo, quiso medir el volumen de cada uno de los vasos, anotando el consumo medio de cada uno de los bebensales, medidas con las que esperaba completar su teoría de la degeneración progresiva de la ética etílica de las razas, pero al quinto vaso, de las manos de un gigantón con sombrero que no se dejó medir los volúmenes etílicos, salió un bastonazo que degeneró sobre su cabeza, haciendo saltar el metro en quince astillas.
Juliaro Stacatto, el músico, sorteaba su violín entre la concurrencia para poder seguir pagando las deudas contraídas con Conderoti. Su habilidad para colocar el violín era sin duda menor que la que tenía para acabar con los vasos de hidromiel, puesto que aún no había conseguido vender ni un solo boleto. Claro que tampoco parecía mucho el interés de los presentes por un violín que únicamente les daba dolor de cabeza en las resacosas mañanas.
Más de una vez había sido amenazado de muerte musical -con el instrumento- por sus condescendientes vecinos si no dejaba de tocar. Era quizás por ello que el violín estaba un tanto cascado y, probablemente, alguno se lo hizo probar de hombros para arriba. Dado los problemas que este le acarreaba, esta mañana había decidido rifarlo en la taberna y por eso pasó todo el día abrillantándolo y dándole lustre…

29 de abril

Poesía

Entre dos 29 de abril encontró y retuvo su VOLUPTUOSIDAD Konstantino Kavafis. Hoy disfrutamos nosotros el fruto de la misma: pura belleza en forma de poema…

La delicia y el perfume de mi vida es el perfume de esas horas
en que encontré y retuve el placer tal como lo deseaba.
Delicias y perfumes de mi vida, para mí que odié
los goces y los amores rutinarios.

24 de abril

Ficción

Del Diario de Sissi La Seductora:

Yo, Elizabeth de Babiera, más conocida como Sissi, no he revelado aún las inconfesables pasiones que me han atormentado durante mi desafortunada vida. Hoy, recordando aquel otro 24 de abril de 1854 ante el altar, he decidido no ser tan amable con los que me conocieron como lo he sido hasta ahora. No sólo voy a hablar de mí. Sobre todo voy a hablar de los que me hicieron sufrir y así devolverles a la altura que se merecen, no precisamente al altar en que ahora les tenéis.