Tras el humo se revela
una verdad en ruinas,
un grito ahogado en sombras
que se arrastra como un susurro.
Locuras que habitan los cuerpos,
gallos y sapos ingenuos,
bajo una cama segura,
protegida del combate diario.
El mundo se desgasta,
y el sabor que dejaste
es una herida sin cicatriz,
un eco en el vacío de las obligaciones.
Rodábamos, perdidos,
en dramas vacíos,
pero la cuenta se paga,
en silencios y en poder.
Ni tu magia podrá secuestrarme,
soy dueño de mi sacrificio,
grito a las orugas,
que transforman la oscuridad
en un nuevo amanecer.
Narrador, guíame
con tus cánticos místicos,
en este caos que nos llama
a renacer.