Hay moscas que agotarían al mismísimo ejército de salvación en pleno.
mosca
Pescada
FicciónLas ideas se pescan «a mosca».
ALFONSO TIPODURO
FicciónSonaba una de esas canciones de los setenta pretendidamente eróticas en las que únicamente se oyen suspiros y un órgano eléctrico de fondo…
–Hola, guapo.
–Hola, busco a Mauricio.
–Yo no conozco a ningún Mauricio, chato -dice una.
–Además, te has confundido de sitio, aquí no hay chaperos, no ves que somos todas chatis de gordos melones -dice otra enseñando los suyos.
–Para machos -dice otra vez la primera.
–Si te gustan los tíos este no es tu sitio, maricón -dice una tercera.
–Es…, bueno, era boxeador -digo.
–¿Boxeador? Vaya con el mosca muerta, le gustan los boxeadores -dice una.
–Ah, ¿No será Mauro el essayeur? -dice otra.
–¿Essayeur? -digo.
–Es verdad, antes era boxeador -dicen a coro dos de ellas.
En ese instante sale de una de las puertas mi antiguo amigo Mauricio. El no necesitaba anunciarse más. Ahora era uno de aquellos hombres alquilados por el burdel para ser muy atrevidos con las prostitutas, de manera que los clientes tímidos siguieran su ejemplo. Lo que llamaban un «essayeur». Nos abrazamos.
–Eh, tíos, aquí no, por favor, esta es una casa decente -dice la de los melones.
–Va, calla ya, Lucy, es un viejo amigo, no un novio.
…
Después del “que tiempos aquellos” y todo eso le conté la historia. Había que hacerlo. No quedaba más remedio. De todas formas aún no tenía tomada la decisión. No había nombres, ni muertos, ni nada. Y, joder, había sido mi mejor amigo en tiempos difíciles para los dos.
…
Me dio las instrucciones. Sonaba un poco pedante pero contundente. No debía renunciar a mis sueños. Aunque nunca se cumpliesen, alimentaban mi vida. Todo lo contrario. Que un sueño se cumpliese lo convertía inmediatamente en una bazofia. Era mejor así. Los sueños cumplían su función. Era la acuciante realidad la que no me dejaba en paz.
…
–Un baño caliente. ¿Aquí? No, mejor lo dejo para otro momento, pero te tomo la palabra, ¿vale?
PFNHDM 4.EL “ESSAYEUR” Y EL APRENDIZ
FicciónSonaba una de esas canciones de los setenta pretendidamente eróticas en las que únicamente se oyen suspiros y un órgano eléctrico de fondo…
–Hola, guapo.
–Hola, busco a Mauricio.
–Yo no conozco a ningún Mauricio, chato -dice una.
–Además, te has confundido de sitio, aquí no hay chaperos, no ves que somos todas chatis de gordos melones -dice otra enseñando los suyos.
–Para machos -dice otra vez la primera.
–Si te gustan los tíos este no es tu sitio, maricón -dice una tercera.
–Es…, bueno, era boxeador -digo.
–¿Boxeador? Vaya con el mosca muerta, le gustan los boxeadores -dice una.
–Ah, ¿No será Mauro el essayeur? -dice otra.
–¿Essayeur? -digo.
–Es verdad, antes era boxeador -dicen a coro dos de ellas.
En ese instante sale de una de las puertas mi antiguo amigo Mauricio. El no necesitaba anunciarse más. Ahora era uno de aquellos hombres alquilados por el burdel para ser muy atrevidos con las prostitutas, de manera que los clientes tímidos siguieran su ejemplo. Lo que llamaban un «essayeur». Nos abrazamos.
–Eh, tíos, aquí no, por favor, esta es una casa decente -dice la de los melones.
–Va, calla ya, Lucy, es un viejo amigo, no un novio.
…
Después del “que tiempos aquellos” y todo eso le conté la historia. Había que hacerlo. No quedaba más remedio. De todas formas aún no tenía tomada la decisión. No había nombres, ni muertos, ni nada. Y, joder, había sido mi mejor amigo en tiempos difíciles para los dos.
…
Me dio las instrucciones. Sonaba un poco pedante pero contundente. No debía renunciar a mis sueños. Aunque nunca se cumpliesen, alimentaban mi vida. Todo lo contrario. Que un sueño se cumpliese lo convertía inmediatamente en una bazofia. Era mejor así. Los sueños cumplían su función. Era la acuciante realidad la que no me dejaba en paz.
…
–Un baño caliente. ¿Aquí? No, mejor lo dejo para otro momento, pero te tomo la palabra, ¿vale?
PFNHDM 3.UNA DECISIÓN DIFÍCIL
FicciónSe despertó sobresaltado. La música seguía sonando en el iPod. Y era de nuevo Aretha Franklin con su Think quién le devolvía a la realidad. ¿Dónde había dejado la tableta de chocolate? Le dolía la cabeza. Le había metido garrafón, el jodido camarero, ese jodido novato le había metido garrafón y él sin enterarse. Para que luego presumas de distinguir el Jack Daniels a cien metros sólo por el olor. Un poco de Milka y se me pasa esta jaqueca -pensó.
Miró a la almohada y le hizo un gesto de desprecio. Últimamente no me ayudas en nada, jodida perra, tendré que decidirlo yo solito. Dio un mordisco al chocolate y un trago a su auténtico Jack Daniels. ¿Le gustará el güisqui a Leonard Cohen? Seguro que sí. Esa voz no se fabrica sin un poco -que digo un poco- con una buena cantidad de Jack Daniels. Y tú, imbécil, qué, sigues ahí, dándole a la tecla. Pero, por favor, como tengo que decirte que no hables de mí. Sobre todo ahora que tengo que decidirme.
Aquello era más difícil que chuparme los pezones.
Un fiambre. Un millón. La cárcel. Todo o Nada. Una apuesta fuerte. Huir para siempre. Adiós a los problemas o problemas para siempre. Un trago más. No puedo hacerlo yo solo. No. Tendría que hacerlo solo. Es poco un millón. Tendría que hacerlo solo. No todos los días te hacen una oferta así. No voy a compartirla. Debería pedirle más. No va a querer. ¿Escrúpulos? No. Yo no tengo. Pero ¿Y si me trincan? En chirona te hacen eso por detrás. Otro trago. Relajarse. Es mejor relajarse. Te destrozan el culo y a ver a quién reclamas. A ver a quién reclamas. Ciento sesenta y seis millones de pesetas. El doble son… casi trescientos treinta y … No querrá. Es mucho. Sería suficiente para mí. No. No va a querer. Cualquiera de esos lo haría por menos. Pero no puede darle publicidad. No puede ir por ahí diciendo si matas a este te doy un millón. No va a poner un anuncio. No conoce a muchos matones. Basta con uno. Claro. Basta con uno. Un trago. Y si le hago chantaje… No. Me liquida él a mí. Un trago. Ah, me duele la jodida cabeza.
Con dos millones se puede contratar un buen abogado. Que te limpie la mierda. Y sales del trullo ¿Y qué te queda? Nada ni un puto duro. Otra vez a empezar. Ni un puto duro. Joder. Esos si que saben cobrar por su limpieza. Y ni siquiera se manchan. Ni guantes, ni nada. Bueno sí. Con su lengua. Lo hacen con su lengua. Qué jodíos los tíos. Bla, bla, bla. Lamen por aquí, lamen por allá. Y si pagas lo suficiente, limpio. Como el culito de un bebe recién cambiado. Y ni se manchan. Qué tíos. Tú matas a un tío. Y ellos, bla, bla, bla, que no, que no, que este tío es más bueno que el pan, que le confiaría a mi madre, que no mataría a una mosca… Y se quedan tan tranquilos. Ni remordimientos les quedan. Tampoco tienen escrúpulos. Todo por la pasta. Lo juro. Como todos. Todo por la pasta. Te limpian limpiamente. La conciencia y los bolsillos. Qué tíos. Y tú estás limpio pero ya no puedes ir de copas. No. Ni un duro para copas. Estás limpio. Aunque acabes masturbándote por el ano. Estás listo.
¿Un porvito mi arma – le dice al…
Ficción—¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
—¿?
—¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.
—…
Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.
La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.
La lozana andaluza
Ficción- ¿Un porvito, mi arma? – le dice al pequeño japonés con cara de inocente.
-
¿?
-
¡Un porvito, hombre…! …tres mil quinientas por ser tú… más la cama.
-
…
Tras un titubeo, asiente con la cabeza y una sonrisa. La lozana echa a andar y él la sigue como un corderito, como un niño malo sigue a su madre después de hacer una travesura. Ella por delante, en cambio, como si llevara a su hijo a hacer la primera comunión, orgullosa y altanera.
La generosa andaluza no necesitaba rogar mucho a los clientes, todos caían como moscas, ella los elegía cómo y cuándo le apetecía.
Noviembre
FicciónLo que no soporto de noviembre es que además también tenga moscas.
MERCADER
FicciónEXT. BOSQUE – NOCHE.
Un bosque con frondosos árboles. Pájaros, lobos, zorros, ciervos, tormenta cada vez más intensa. Muy, muy lejos se divisa una cabaña.
Un rey, que está cazando, cabalga por un camino con su caballo. El rey va de caza con sus criados. Se nubla, llueve, el rey y sus criados se extravían y buscan refugio.
La tormenta arrecia y los criados y la guardia real se desbandan todos.
– CRIADOS. Majestad, volvamos, la tormenta arrecia.
– REY. No, no, sigamos al zorro, se fue por este camino.
El rey sigue el camino y encuentra la lejana cabaña.
– REY. ¡A mí la guardia!
– REY. ¡Cobardes y viles criaturas!
El rey dispara a los pájaros.
Los pájaros huyen en desbandada y luego vuelven a posarse.
Un pájaro muere. Los pájaros huyen en desbandada pero luego vuelven a posarse y atacan al rey.
– REY. Quien se mete debajo de hoja, dos veces se moja.
– CABALLO. ¿Y yo que hago aquí? ¡Brrr..!
INT. CABAÑA – NOCHE.
La cabaña tiene unos catres, una mesa, unas sillas, etc. Fuego encendido crepitando. Patos, cisnes, pavos reales.
En la sencilla cabaña hay un viejo mal vestido, de barba larga y blanca.
– REY. ¿Me das albergue, viejo?
– VIEJO. Venid y secaos al fuego, Majestad.
El rey tiende la ropa en la silla.
El rey se acerca al fuego.
El rey se echa a dormir en el catre. Se despierta por la noche al oír hablar al viejo. Al no verlo dentro de la cabaña, sale a buscarlo fuera.
EXT. CABAÑA – NOCHE.
Estrellas titilando, búhos.
El rey sale. El cielo está despejado. El viejo está sentado en el escalón.
– REY. ¿Con quién hablas, viejo?
– VIEJO. Con los planetas, Majestad.
– REY. ¿Y que les dices a los planetas?
– VIEJO. Les agradezco la fortuna que me han dado.
– REY. ¿Qué fortuna, viejo?
– VIEJO. Me concedieron la gracia de que mi mujer diera a luz esta noche, y nació un varón; y a vos la gracia de que vuestra mujer diera a luz también esta noche, y le nació una niña; y cuando llegue el momento mi hijo será el marido de vuestra hija.
– REY. ¡Ah, viejo descarado! ¿Cómo te atreves a hablar de ese modo?
El rey entra de nuevo a la cabaña muy enfadado.
– REY. ¡Me las vas a pagar!
– REY. Bonita luna.
INT. CABAÑA – DÍA.
Canto de los gallos, cerdos, gatos.
El rey se vuelve a vestir.
Con las primeras luces el rey sale de la cabaña.
El rey toma el camino de regreso a su palacio.
EXT. PRADERA – DÍA.
Rechinar de ruedas oxidadas. Burros, vacas, liebres, conejos.
El rey se encuentra en el camino a caballeros y criados que vienen en su busca. Los caballeros se inclinan ante él exageradamente.
– CABALLERO2. Buenos días, Majestad, ¿Cómo se encuentra su Majestad?
– CABALLERO1. Felices nuevas, Majestad. Anoche la Reina dio a luz una hermosa niña.
– REY. ¡Apartaos, pelotas, déjadme seguir!
– REY. ¡Arre!
El rey fustiga al caballo y se dirige a palacio cabalgando a todo galope.
– REY. ¡Qué corte, señor, qué corte!
– REY. ¡Esbirros!
– CRIADO1. Su Majestad no parece de humor.
– CRIADO2. Nunca lo está.
– CRIADO2. Nuestros amos son unos…
– CRIADO1. ¿Genuflexos..?
EXT. PALACIO – DÍA.
Campanadas, trompetas.
El rey llega cabalgando al palacio real y desmonta de la silla en el patio de armas.
Las nodrizas le muestran la niña al rey.
Le rodean cortesanos que le felicitan.
– REY. Que busquen a todos los hijos varones nacidos esta noche en la ciudad y les quiten la vida.
– JUGLAR1. Fea o bonita será..
– JUGLAR2. Tonta o lista crecerá..
– JUGLAR1 ¡Oh, que terrible será..!
– REY. ¡Basta ya, desmedrados bufones!
Relinchan los caballos.
Los perros ladran y huyen asustados.
EXT. CIUDAD – DÍA.
Gritos, llantos, jaleo. Palomas, ratas y ratones huyendo.
Los soldados se dispersan por las calles de la ciudad y en poco tiempo la registran entera.
– SOLDADO1. Aquí no hay nada.
– SOLDADO2. Claro que sí, mira.
Los soldados encuentran a un varón nacido esa noche.
– SOLDADO2. Ya no busques más..
– SOLDADO1. ¿Tu hijo ha nacido esta noche?
– MUJER. No, no..
Los soldados se lo arrebatan a la madre.
– SOLDADO2. Tenemos que llevarlo al bosque para matarlo por orden del Rey.
– MUJER. ¡No, no..!
– SOLDADO1. Es una niña. No nos interesa.
– SOLDADO2. Ya no busques más..
EXT. BOSQUE – NOCHE.
Aullidos de perros. Ardillas.
Dos soldados llevan al niño y lo dejan en el suelo.
– SOLDADO1. Hazlo tú.
– SOLDADO2. No, no.. hazlo tú.
Uno de ellos levanta su espada para matarlo.
El soldado baja su espada, no se atreve a matar al niño.
– SOLDADO1. ¿Pero de veras tenemos que matar a este inocente?
– SOLDADO2. Yo tampoco puedo hacerlo.
– SOLDADO1. ¿Y ahora qué hacemos? El rey nos matará a nosotros.
El perro ladra a los soldados.
– SOLDADO1. Se me ocurre una idea. Matamos a ese perro y con su sangre empapamos los pañales y se los llevamos al rey.
– SOLDADO2. ¡Qué buena idea! Pero ¿Y el niño?
– SOLDADO1. Lo dejamos aquí y que dios le ayude.
Así lo hacen.
– SOLDADO2. ¡Pobre perro!
El niño llora.
El niño balbucea.
El niño llora.
– CABALLO1. ¡Qué crueles! ¿Serán capaces?
Los caballos relinchan.
EXT. BOSQUE – DÍA.
Llanto de niño.
Un mercader pasa por el bosque en viaje de negocios y oye llorar a un niño. Lo busca entre los arbustos.
El mercader encuentra un trozo de pañal.
El mercader busca y no haya nada.
El mercader busca y no haya nada.
El mercader encuentra al niño y trata de calmarlo.
El mercader se lleva al niño consigo y lo sube al caballo.
INT. CASA – NOCHE.
Balbuceos de bebé. Perros, gatos.
El mercader entra en su casa llevando en los brazos un atillo.
– MERCADER. Mujer, la mercancía que traigo esta vez no la he comprado. Es un niño que estaba en medio del bosque. Nosotros no tenemos hijos. Este es un regalo del señor.
– MUJER. Lo criaremos y educaremos como si fuera nuestro hijo y siempre creerá que realmente lo es.
INT. CASA – DÍA.
Música de fiesta. Moscas, mosquitos, avispas, abejas.
Fiesta en casa del mercader. El hijo del mercader cumple 20 años.
– MERCADER. Hijo mío, yo estoy envejeciendo, tú te haces hombre. Encárgate de mis cuentas, mis registros, mis cajas de caudales. Tú seguirás con mis negocios.
El joven prepara sus baúles dispuesto a partir con sus criados a recorrer el mundo para ejercitarse en los negocios con la bendición de sus padres.
– AMIGO. ¡Qué suerte la tuya!.
EXT. CIUDAD – DÍA.
Ruido de carros, caballos, burros, voces de arriero. Serpientes, tortugas, reptiles. Ajetreo del mercado.
El joven recorre un reino extranjero comerciando con sus joyas y piedras preciosas.
La fama del mercader llega al Palacio Real.
El rey le hace llamar para ver sus piedras preciosas.
INT. PALACIO – DÍA.
Juglares.
El rey, el mismo que ordenó matarle, le recibe en la sala de audiencias del palacio real.
El rey llama a la princesa, convertida ya en una bella muchacha de 20 años.
– REY. Acércate a ver si hay alguna joya que te guste.
La princesa apenas ve al joven mercader se enamora de él.
– REY. ¿Qué pasa, hija mía, qué tienes?
– PRINCESA. Nada, papá.
– REY. ¿Quieres algo? Habla.
– PRINCESA. No, papá, no quiero joyas ni piedras preciosas. Yo sólo quiero casarme con este hermoso joven.
El rey examina al joven mercader.
– REY. ¿Y tú quién eres? Dime.
– JOVEN. Soy hijo de un rico mercader y recorro el mundo para ejercitarme en los negocios, y ocupar después el puesto de mi viejo padre.
El rey, considerando las riquezas del joven mercader, decide conceder al joven la mano de su hija.
El joven parte para invitar a sus padres a la boda.
– CORTESANA. Qué apuesto.
– CORTESANO. Lo que tu digas, querida.
– CORTESANA. Qué apuestas a que…
– PRINCESA. Silencio, ya basta de cuchicheos.
INT. CASA – NOCHE.
Cuchicheo de comadres.
El joven se presenta en la casa de sus padres. Les cuenta el encuentro con el rey y la promesa de matrimonio. Entonces la madre palidece de golpe y empieza a injuriarlo.
– MUJER. Ah, ingrato, quieres dejarme, te enamoraste de esa princesa y ya no ves la hora de irte. ¡Puedes irte ahora mismo! ¡Que no te vuelva a ver en esta casa!
– JOVEN. Pero, madre mía, ¿Qué he hecho yo de malo?
– MUJER. ¡Qué madre, ni qué narices! ¡Yo no soy tu madre!
– JOVEN. ¿Cómo? ¿Y entonces quién es mi madre, si no tú?
– MUJER. Pues vete a saber quién es. ¡A ti te encontraron en medio del bosque!
Y el mercader le cuenta la historia al pobre joven que casi pierde el conocimiento.
– JOVEN. ¿Qué he hecho yo de malo?
El mercader, ante la cólera de su mujer, no tiene el valor de oponerse. Afligido, provee al joven de dinero y mercancías y le deja partir.
– CRIADO, en voz baja. ¡Cómo está la jefa!
– CRIADO. ¡Arrea, que notición!
– MERCADER. Espera, hijo, espera, no te marches así.
Cuchichean criados.
Ladra el perro.
EXT. BOSQUE – NOCHE.
Canto de cigarras y grillos. Hormigas trabajando.
El joven llega desesperado, se tira al pie de un árbol y dando puñetazos en el suelo suspira.
– JOVEN. ¡Ay, madre mía! ¿Qué voy a hacer ahora, tan solo y desconsolado? ¡Alma de mi madre, ayúdame!
Junto a él aparece un viejo mal vestido de barba blanca y larga.
– VIEJO. ¿Qué te pasa, hijo?
El joven le confía sus pesares.
– JOVEN. Así que no puedo volver con mi prometida puesto que no soy el hijo del mercader.
– VIEJO. ¿Y de qué tienes miedo? Tu padre soy yo y voy a ayudarte.
El joven mira al viejo harapiento.
– JOVEN. ¿Tú mi padre? ¡Lo habrás soñado!
– VIEJO. Sí, hijo mío, soy tu padre. Si vienes conmigo, te traeré suerte. Si no estás perdido.
El joven mira a los ojos del viejo y piensa ‘Perder por perder, mejor me voy con él. Después de todo no me queda mucho donde elegir’.
– JOVEN. ¿Tú qué dices caballo?
– CABALLO. Yo que tú le haría caso al viejo.
Hace montar al viejo a la grupa del caballo y parten para el reino de su prometida.
– JOVEN. Demuéstramelo.
– VIEJO. Si vienes te lo demostraré..
– VIEJO. ¿Qué, has decidido ya?
– CIGARRA. ¡Eh, que yo no soy de este cuento!
– HORMIGA. Ni estos tampoco.
La cigarra canta y la hormiga trabaja.
– GRILLO. ¡Bocazas, bocazas.. que lo demuestre, que lo demuestre!
El grillo canta y la hormiga trabaja.
– HORMIGA. Es como la cigarra y el grillo, un andrajoso.
EXT. PRADERA – DÍA.
Cascos de caballo y asnos.
Mientras vuelven al palacio, van conversando por el camino.
– VIEJO. ¿Y quién dices que te encontró?
– JOVEN. ..y me encontraron en el bosque..
– JOVEN. Un comerciante ismaelita fue.. es mi padre.
INT. PALACIO – DÍA.
Cuchicheos palaciegos.
El joven y el viejo llegan al Palacio Real y se presentan en la sala de audiencias del rey.
– REY. ¿Dónde está tu padre?
– JOVEN, señalando al viejo. Este es.
– REY. ¡Este! ¿Y tienes el coraje de venir a pedir a mi hija?
– VIEJO. Majestad, yo soy aquel viejo que hablaba con las estrellas y os anunció el nacimiento de vuestra hija y el de mi hijo, que debía casarse con ella. Y este, como ya os ha dicho, es ese hijo mío.
El rey da un brinco del trono.
– REY. ¡Viejo descarado, fuera de aquí! ¡Guardias a él!
El rey se queda petrificado.
– VIEJO. ¿Majestad?
Los guardias se adelantan a cogerlo, entonces el viejo se abre la raída vestimenta a la altura del pecho y aparece el Toisón de oro, símbolo del emperador
– GUARDIAS. ¡El emperador!
– REY. ¡El emperador!
– TODOS. ¡El emperador!
– REY. Perdón, Sacra Majestad. No sabía con quién hablaba. Esta es mi hija, cúmplase tu voluntad.
La princesa y el joven se besan y abrazan.
EXT. CIUDAD – DÍA.
Ajetreo de un mercado. Golondrinas, oso amaestrado, cabras, ovejas, gallinas, pollos.
– UNO. Así que el Emperador, cansado de la corte, recorría el mundo disfrazado de pordiosero, solo, hablando con los planetas y las estrellas.
– OTRO. ¿Y dices que hoy mismo se concertaron las bodas?
– UNO. Así es. Y hoy llega el mercader y su mujer, que han sido llamados por el joven para asistir a su boda.
INT. PALACIO – NOCHE.
Canto de juglares, bullicio palaciego.
El joven recibe a sus padres en el palacio real.
Les da un abrazo.
– JOVEN. Hoy me caso con la princesa. Vosotros me echasteis de casa y por ello..
– JOVEN. .. os debo mi fortuna, Pero vosotros siempre os quedaréis conmigo. ¡Padre y madre mía, porque para mí vosotros sois mi padre y mi madre!
Y los viejos, enternecidos, rompen a llorar.
EXT. CIUDAD – NOCHE.
Desde la plaza mayor se ve un gran festín nupcial en toda la ciudad.
El hijo del emperador se casa con la hija del rey.
– UNO. Y ellos vivirán contentos y felices..
– OTRO. Y nosotros con un palmo de narices..
Fuegos artificiales.
– JUGLARES. ¡Viva el rey!
– TODOS. ¡Viva!
5. La irisada
FicciónLa irisada mosca se posó en la gris celosía del confesionario.
-Ave María Purísima.
-Sin pecado concebida.
-He vuelto a pecar, padre.
-No, no, no… yo no puedo escucharte otra vez en confesión, hijo.
-Será la última vez, se lo juro, padre, he decidido reformarme.
-…
-¿Padre? ¿Padre? ¿Está bien?
-¿Eh? Sí, sí… pero… ¿lo has vuelto a hacer y dices que quieres reformarte? ¿Cómo piensas que voy a creerte?
-Es la última vez, se lo juro.
-¡No jures! ¡Vete, vete, no quiero escuchar tus horrendos crímenes! […]
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