Ahora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]
Mes: noviembre 2006
CARLOS GAYOL (OFF)
FicciónAhora la recordaba. Encerrada durante meses. No pudo resistir las influencias de aquellos opresivos dolores. Su enfermedad la iba matando con la lentitud de un sádico torturador. Y mientras, él, ajeno a todo. Engañado. Era niño, sí, pero no tenían ningún derecho a apartarlo de ella de aquella forma. Ahora está muerta. Ninguna pasión la hará volver de su tumba. Estos pensamientos se volvían insoportables en su mente. Recordaba los ecos de una guerra civil que no llegó al pueblo. En otros campos de batalla que no eran los infantiles. Llegaban también en los sueños, formando parte de un inconsciente que no era suyo, que no podía ser suyo, pero vívidos y azorados en su pecho, perseguido por una guerra que no había vivido, oída una y mil veces en las narraciones de los mayores, pregonando su horror real, contada como un cuento, como una pesadilla, más real que la propia realidad que le abrazaba en ese instante. Sentida a través de un antepasado, de un abuelo quizás, de un tío que estuvo allí y no volvió, y que, sin embargo enviaba en sus cartas el olor de la sangre, de la metralla, de las batallas en el barro y la sangre, la sangre, la sangre… […]

ESCALERA
FicciónTodas las escaleras debieran ser teclas de piano para hacer más armónicas las subidas y bajadas y más musical su recorrido.
Modernidad
FicciónRealmente se trata de una enfermedad no reconocida. No del cuerpo (hardware) sino del espíritu (software). Se trata de un auténtico virus del material blando de los occidentales. Se trata de su videocentrismo, algo que, como judío errante que ha visto casi todo, no contemplaba desde la Edad Media. Una especie de analfabetismo, oscurantismo, falta de racionalidad, de logos, de lenguaje, de palabra… que les impide enfrentarse a un largo texto literario sea o no de ficción. El hombre occidental necesita que le alimenten con videos, imágenes, televisión, fotos, carteles, cómics y, como no, de publicidad -esa basura mental que degrada todo lo que toca, especialmente las pizarras limpias de las mentes infantiles.
Arco Iris
FicciónEn una anotación marginal escribía «Arca, Puente, Ares». Investigué su significado. ¿Qué relación tenían aquellas tres palabras con el arco iris? Pero un día por fin lo encontré: eran las tres rubias rellenitas de las que tanto se hablaba en la Ballesta, mientras cabalgaban en el «Arco Iris», aquel antro de depravación tan del gusto de los ancianitos.
Torre
Ficción
No era fácil escalar aquella torre, inclinada, como en el Tarot. Su lado norte, el aparentemente más expedito, estaba poblado de musgo húmedo y líquenes escurridizos. Tenía por costumbre hacerme acompañar de Gérard de Nerval, cuya inestimable ayuda en las faenas de escalada previas a las amatorias nunca saldé por completo. Aquel atanor no era fácil de atacar ni aún con los más belicosos y provocadores consejos de Friedrich Nietzsche. Maldita sea, cada vez que pienso en mi entonces amada Dánae viene a mi mente aquella Torre de Babel y la inmaculada Virgen María que la habitaba. Yo allí debajo, como un Toro de Creta y aquella torre resistiendo a mis embistes… Perseo Símbolos arquitectura formas minarete tortuga…
SILVIO RODRÍGUEZ (TE DOY UNA CANCIÓN)
FicciónCómo gasto papeles recordándote.Cómo me haces hablar en el silencio.Y cómo no te me quitas de las ganas aunque nadie me vea nunca contigo.Y cómo pasa el tiempo,que de pronto son años sin pasar tú por mí. Detenida, te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces, el misterio del amor.Y si no lo apareces no me importa, yo te doy una canción. Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando.La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida porque no te conocen ni te sienten.Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar .Te doy una canción y digo «Patria» y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla…como doy el amor.
SILVIO RODRÍGUEZ (TE DOY UNA CANCIÓN)
PoesíaCómo gasto papeles recordándote.Cómo me haces hablar en el silencio.Y cómo no te me quitas de las ganas aunque nadie me vea nunca contigo.Y cómo pasa el tiempo,que de pronto son años sin pasar tú por mí. Detenida, te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces, el misterio del amor.Y si no lo apareces no me importa, yo te doy una canción. Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando.La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida porque no te conocen ni te sienten.Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar .Te doy una canción y digo «Patria» y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla…como doy el amor.
SILVIO RODRÍGUEZ (TE DOY UNA CANCIÓN)
FicciónCómo gasto papeles recordándote.Cómo me haces hablar en el silencio.Y cómo no te me quitas de las ganas aunque nadie me vea nunca contigo.Y cómo pasa el tiempo,que de pronto son años sin pasar tú por mí. Detenida, te doy una canción si abro una puerta y de las sombras sales tú. Te doy una canción de madrugada cuando más quiero tu luz. Te doy una canción cuando apareces, el misterio del amor.Y si no lo apareces no me importa, yo te doy una canción. Si miro un poco afuera me detengo, la ciudad se derrumba y yo cantando.La gente que me odia y que me quiere no me va a perdonar que me distraiga. Creen que lo digo todo, que me juego la vida porque no te conocen ni te sienten.Te doy una canción y hago un discurso sobre mi derecho a hablar. Te doy una canción con mis dos manos, con las mismas de matar .Te doy una canción y digo «Patria» y sigo hablando para ti. Te doy una canción como un disparo, como un libro, una palabra, una guerrilla…como doy el amor.
Viajes
FicciónEn nuestro principio hemos iniciado el más largo viaje jamás realizado… No un viaje a través de países, regiones, ciudades… sino a través de la vida, mi larga vida a través de los siglos como judío errante e inmortal.
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