Yse, la mujer muerta,
aquella cuyo padre, miserablemente vestido,
veis acercarse a la tumba,
ignora el llanto que riega su tumba.
Sobre la tierra,
que recibe las perlas calientes de sus lágrimas,
el padre clava sus rodillas,
mientras oran al viento los cipreses.
Debe estar conectado para enviar un comentario.