De piel en piel amanezco a gatas para trasegar la dócil melancolía del vencido, del puro indolente olvidar. Y haber quién negará lo contrario, si al atusar mi pelo no encuentro razones para desamañar, para partir, para viajar a las más altas torres, a las más soberbias capitales.
Ciudades invisibles, visitadas por viajeros invisibles, recorridas por caminos invisibles, en invisibles caravanas. Destino. Jamás origen. Entre una y otra no hay caminos, no hay monturas. No hay.
Tropezando en las piedras, pisando los charcos y los lodos, atascando en campestres barrizales, para no hallar nada más que ciudades invisibles, puentes invisibles, calles invisibles, puertas invisibles, paredes invisibles, en invisibles solares. Y haber quién negará lo contrario.
0 comentarios en “Quién negará lo contrario”
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¿Es una referencia a Las ciudades invisibles de Italo Calvino? ¿Verdad?
Creía que era evidente que no sólo es una referencia sino que también es un homenaje, procuraré mejorarlo
¿Es un poema en prosa o en verso «prosado»?
Preguntones estamos…, leches! 😀