Oficios para la sombra

Poesía

Marchaba a nuestro lado,
ajeno a la cruel evocación,
con su vigor mezclado,
como quien lleva una antigua hoguera
debajo de la camisa.

Desconsuela. Agita peligros.
Una antigualla de inventores,
nuevos oficios para la sombra
y una orgía de semillas
que asusta a los fantasmas.

¡Abrazos demasiado bajos!
¡Calla, sonámbulo, calla!
Que se alzarán los lobos
congregados alrededor de la belleza
que tapa el rostro humano.

Admitía que éramos humanos.
Trabajábamos.
La realidad nos desplazaba lentamente,
como una ópera sin ojos,
como una ortografía perdida
en las charcas de lo divino.

Y yo encontré, alrededor,
los bosques conocidos
y aquellos otros semejantes
que uno no conoce sino cuando los añora.

Vi la viuda.
Vi los venenos.
Vi el yantar de los días,
su mucho soportarla,
sus locuras frívolas,
su honor sin honradez.

Entonces alabé la hoguera.

No porque ardiera,
sino porque todavía
guardaba entre sus cenizas
algo que marchaba a nuestro lado,
algo ajeno a la muerte,
algo terriblemente nuestro.

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