ARTEVIRGO

Ficción

LOS CÓDIGOS DESATADOS

Cada mañana prodigo
planes certeros, estrategias solemnes.
Cada mañana un rito, un respirar ancho
que me devuelva la llave,
que someta los signos. Un pozo cavado,
un laberinto, un bastón… Ninguno
me basta si me acosa la palabra,
si, imprudente, desato los códigos
del tiempo.

Maldigo los bordes y las cercas.
Escupo a los guardianes de la sangre.
Seiscientas sesenta y seis veces
seiscientas sesenta y seis
quede su afán derrotado, cada mañana.
Ni parapetados en cifras
me esconderán de nuevo.

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