Pasiones y jadeos

Ficción

Rosas y vino,
vino y rosas…
para regar mi cuerpo
para anegar mi vientre
para aplacar mis senos.
Rosas y vino,
vino y rosas…
Pasiones de los senos,
pasiones de los sexos,
pasiones y jadeos…

Vargas y la America’s cup

Ficción

Tuve que dejar de acudir al puerto de Valencia. Juro que el lenguaje de las regatas me ponía como rijoso grumete: entre tanto mástil, tangón, ceñidas, empopadas, botavaras, vergas mayor y menor… mi idem no dejaba de trempar. La espuma del Mediterráneo sabe muy bien de lo que hablo.

Vargas y la America’s cup

Ficción

Tuve que dejar de acudir al puerto de Valencia. Juro que el lenguaje de las regatas me ponía como rijoso grumete: entre tanto mástil, tangón, ceñidas, empopadas, botavaras, vergas mayor y menor… mi idem no dejaba de trempar. La espuma del Mediterráneo sabe muy bien de lo que hablo.

Vargas y la America’s cup

Ficción

Tuve que dejar de acudir al puerto de Valencia. Juro que el lenguaje de las regatas me ponía como rijoso grumete: entre tanto mástil, tangón, ceñidas, empopadas, botavaras, vergas mayor y menor… mi idem no dejaba de trempar. La espuma del Mediterráneo sabe muy bien de lo que hablo.

Vargas vuelve

Ficción

Caminábamos mi amigo Ahasvero y yo por los tuétanos de la noche, cuando hete aquí que, movido por la amistad y el entusiasmo, empecé a declamarle los pomposos versos de un pésimo y ferruginoso poeta a dos lascivas lamias que se pusieron inmediatamente cachondas al son de tan apestosos sonetos. Juro, desde ahora, considerar algo más a los poetas aunque sólo sean como engrasadores de los calenturientos sótanos de las hijas de la noche. ¿Verdad, primo?

Vargas vuelve

Ficción

Caminábamos mi amigo Ahasvero y yo por los tuétanos de la noche, cuando hete aquí que, movido por la amistad y el entusiasmo, empecé a declamarle los pomposos versos de un pésimo y ferruginoso poeta a dos lascivas lamias que se pusieron inmediatamente cachondas al son de tan apestosos sonetos. Juro, desde ahora, considerar algo más a los poetas aunque sólo sean como engrasadores de los calenturientos sótanos de las hijas de la noche. ¿Verdad, primo?

Dios no existe

Ficción

Dios no existe,
que quede dicho de antemano,
pero si un hombre lo soñó,
podemos diseñar su plano.

Construyendo a Dios
estaba el albañil y algún poeta,
no todos, claro está,
no desde luego tú,
guano fulano y vano.