Suspiros de lo marchado

Poesía

 

Bruto nuevo el día,
con pereza de volver a playas
donde las novelas susurran lóbrego destino.

Hemos de trabajar, dicen,
mientras los sofismas siguen atacando
ambos lados de la cólera,
ese minuto que oyen los encantamientos
antes de desmenuzar tristemente la desgracia.

Egoísmo en las sienes,
como un cuadrado mal trazado,
arrastraba lo terrenal entre tiranos
y ellas, que eran millones,
decían que poseo apenas un círculo de piedra.

Innoble el rumor de los avellanos:
caen, como caen las promesas
que pondrían fin a la sed de los rebaños
que prohibían la explosión de los brazos.

Enorme reino que ahorrará futuros,
conoceré el trabajo y las canciones
aunque la torpeza arda en quemadores de paciencia.

Muchas veces, en éxtasis, somos
lo que no sabemos guardarse,
lo que intenta traer lo precioso
entre músicas rotas y cuántas preguntas.

Suspiros de lo marchado,
de esa misma sombra donde logré
nombrar al terror
con la luz temblorosa de los cirios.

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