Enterraron la cabeza de Sigou bajo un cedro gigante y, a pesar del tiempo transcurrido, seguía siendo tan Openminded como siempre. Sus pensamientos no habían cambiado respecto de nosotras. Regresamos a la Tommeo, después de haberla limpiado cuidadosamente. El tiempo no había hecho grandes estragos en su Qoim, y emprendimos el largo viaje. En el horizonte se divisaba un Paiwufoe esplendoroso.