Celso tampoco aceptaba su sacrificio e hizo dejar bajo el septenario sus cándidos y transparentes zapatos. ¿Había llegado la hora cenit?
Cenit. No era la hora que Cenicienta estaba esperando. Un huracán procedente del polo la convirtió en cenizas. No era justo que así fuera. Todos lo lamentaron: aquel no podía ser su cenit, Cenicienta. Era demasiado joven para morir.
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He was too young to die
Rabbit: