En la actualidad ya no me llaman el judío errante. He cambiado para que nadie me reconozca. Que uno rejuvenezca no extraña a nadie en esta época de cirugía estética y remiendos. Y afortunadamente vivo en paz. Y sin embargo, no podéis ni imaginar la infinita soledad que me acompaña. Cada muerte me vuelve a vaciar…