Las estaciones de servicio siempre cuentan con sombrero para los coches
Mes: diciembre 2006
Arcos
FicciónLos arcos son ojos con insomnio perpetuo
Abierto
FicciónEl Parthenon abre sus puertas todos los días


14 días de entrenamiento
FicciónAlgún día, si me atrevo, os contaré los 14 días de entrenamiento en la escuela de asesinos de la CIA. Una cosa es la policía española y otra esos energ… Ni yo mismo me atrevo.
Alcornoque
Ficción¿Por qué te llaman alcornoque si de dendritas neuronales con mielina de corcho estás hecho?
Celso
FicciónCelso tampoco aceptaba su sacrificio e hizo dejar bajo el septenario sus cándidos y transparentes zapatos. ¿Había llegado la hora cenit?
Cenit. No era la hora que Cenicienta estaba esperando. Un huracán procedente del polo la convirtió en cenizas. No era justo que así fuera. Todos lo lamentaron: aquel no podía ser su cenit, Cenicienta. Era demasiado joven para morir.
Cenicienta
FicciónCenicienta. Era demasiado joven para morir. Celso tampoco aceptaba su sacrificio e hizo dejar bajo el septenario sus cándidos y transparentes zapatos. ¿Había llegado la hora cenit?
Cenit. No era la hora que Cenicienta estaba esperando. Un huracán procedente del polo la convirtió en cenizas. No era justo que así fuera. Todos lo lamentaron: aquel no podía ser su cenit.
EXT. CALLE BALLESTA – DÍA
FicciónEl viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.
BONI. Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy.
Boni puso sus tacones en marcha.
Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares…
BONI. Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi…
Boni
Ficción
El viento golpeaba la lona contra los andamios. Frío y sol radiante típico de Enero. En la esquina, Boni, que siempre llevaba los antebrazos al descubierto, se contoneaba con la rodilla doblada. En ese momento estaba ella sola en la calle. Era como un ensayo para cuando viniera un cliente. Se cruzó la eterna malla transparente que cubría sus pechos como una vieja que arregla su toquilla para entrar a misa. A través de ella se desbordaban sus enormes y blandos senos como de plástico. De pronto se percató de que la miraban.
– Ya está aquí otra vez ese desgraciao. Yo me voy. – Y puso sus tacones en marcha.
Boni no hacía ascos a nadie. Sólo una persona le resultaba imposible de soportar. Augusto producía en ella una repulsión instintiva. Con esa cara de moscote muerto que pone, esa sonrisa de estúpido y esos andares… Eso jamás, –decía- no lo haría ni por mi madre. A mi no me hace ese lo que le hizo a la Pepi.
Monstruos
FicciónAtento a tus caos lacanianos.
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