Así fue: el Lobo surgió de las aguas en el preciso instante en que cruzamos el mar de Jonás. No era a causa del Incesto, como hubiera supuesto C. G. Jung, después de su pesada Digestión. Nuestro barco crujía tras el Envolvimiento y ya no pudimos zafarnos del Viaje nocturno por el mar, al que tanto temía Paul Diel. Viaje al vientre de la Ballena de los Símbolos. ¿Sería posible la Resurrección? La idea me asqueaba enormemente.